He juntado una colección de memes e imágenes con frases que ya no voy a enseñarte. Porque ahora estoy segura de que sigo terminaré haciéndote daño otra vez, y esta vez será peor, porque sé que pasará y no me detengo. (Una parte de mi, digamos que el 49%, está seguro de que lo mejot es, en tus palabras, ya no alargar esto. Pero el 51% restante se aferra a todos los resquicios, faltando a todos y cada uno de los juramentos que te hecho, buscándole otros sentidos a los dices y no dices, concediéndose de que lo que creemos que querías decir era eso y no aquello.) No eres tú, soy yo, siempre soy yo. Al menos cada vez me convenzo de que sí estás seguro de que esto (yo) es (soy) un paquete que no vale la pena echarse encima. No he mejorado, nada, ni tantito. Sólo he aprendido a diferenciar las cosas. A sacar las cosas en claro aunque parezca que no, porque todo el tiempo me tergiverso y contradigo a mi misma.
Estoy más bipolar que antes. Estoy más depresiva que antes. Estoy más enamorada que antes. (Este enamoramiento estúpido y enfermizo que traigo.)
Ya perdí la práctica. Nunca la tuve. No domino esa técnica, de hecho. No sé cómo «llevarme» con un ex. Quisiera poder hacer lo que (según yo) ya una vez hice y poder verte como sólo un amigo, no para que me valga madre lo que hagas románticamente por otro lado, si no para no ponerme así. En serio quiero que seas feliz. Y tu felicidad no está conmigo… Así que debería alejarme. Dejarte que vayas por ahí y veas qué/a quién encuentras, pero lo dicho, no quiero, y es verdad solo en parte, ahora, en este instante, no puedo. No puedo, pero más importante, no quiero. Y es un absurdo. Porque no tiene pies ni cabeza. Solo tiene un corazón atrofiado que se empeña en seguir latiendo por ti. Para ti.
La verdad es esta: tú tendrás seguir buscando formas de alejarme. Soy una maldita plaga que te anda rondando. Y tendrás que erradicarme. Arrancarme de raíz. Creo que a estas alturas ya tienes una idea de como podrías hacerlo. No está tan difícil la verdad (o yo en mi pendejada así lo veo) y por eso el 51% sigue soñando, fantaseando, rezando.
Duele.
Sí, lo sé, distingo que parecen reproches, reclamos, algunas partes, pero no, en serio no lo son. Lo dejaste claro en su momento. Por eso lo repito, no eres tú, soy yo. La que pese a estar claro se niega a no verlo así.
No debí remover ese fantasma. No debí hacerlo. Pero estoy en un punto en que necesito castigarme, recordarme que por algo me va como me va y que no merezco que me vaya de otra manera. Porque ni para tirar la toalla tengo el valor.
Te rememoro.
Te añoro.
Te extraño.
Te necesito.
Yo sé por qué el destino (el karma) me hace estas amargas pasadas. Lo sé. Como tantas cosas sé. Y por obviarlas es que me sigue yendo como me va. Debería hacerle caso a estos «calambres» de mis manos y dejar de atosigarte con mis pendejadas. Porque ya no distingo si me estás dando cuerda para que siga o para poner distancia. Distancia. Como si hiciera falta más. Ya no me voy a quejar.
Si algo en serio no le gusta causar es lástima.
Debo sacar valor de algún lado para ponerme a borrar cosas.
Debería hacer una hoguera (y echarme dentro) y desaparecer esa pinche madre inservible ahí y dejar de soñar de una vez por todas. Debería. Como tantas cosas debería. Debería no leerte con tu voz y la entonación que mejor me parece. No quiero alejarme, no quiero que tú te alejes. Yo misma sostengo el filo contra mi garganta. Eso está claro.
Debe estar conectado para enviar un comentario.