Aún recuerdo la vez que Guillóm me defendió cuando dijeron que mi escritura era muy naif, que toda yo lo era. En ese momento no sabía a qué se referían, lo googleé en la noche, y me sorprendió la vehemencia con que me defendieron para que no me encasillaran en ello. «Naif», para quien como yo en ese momento lo desconozca, es una palabra en inglés que pasa a significar: ingenuo. Yo toda la vida he escrito más ciencia ficción y fantasía que otro género, incluso acá donde intento sacar «tal cual» mi realidad y anhelos termino metiendo fantasías, así que, a estas alturas, creo que soy más Naif de lo que creian que no era, pero pues ya, fue, pasó, al pobre que me dijo eso lo tundieron por decirme así. En fin. Pasemos al tema.
Voy a exhorcizar aquí esto, un poco, porque no quiero ir a escribirle ahora que tomé la decisión de ya no hacerlo. Pero mis distractivos no están funcionando: comí, escuché música, escribí, hice ejercicio, y no puedo sacármelo de la cabeza.
Lo habría hecho, habría dejado «todo» por ti, pero no ahora ni mañana, te dije cuándo, te di un estimado, pero vale, si resulta que el veintiunico email que me respondiste fue porque te agarré con la guardia baja y de ahí lograste liberarte, no sé por qué lo escribiste en plural, solo me respondiste una vez. ¿Tu también fuiste coleccionando borradores? Te lo dije, todo este circo lo he ido armando con la esperanza de que vengas a ver la función, porque diste señales de que lo harías. O de plano ya estoy re bien deschabetada y la verdad es que lo único que has hecho ha sido repetir que no quieres y que no quieres y que no quieres y yo ahí de terca creyendo que dices que no por decir si…
Me caga y me jode la vida, la existencia y el futuro que no seas capaz de perdonarme. Que no quieras darme otra oportunidad, que te obstines en quedarte con el mal recuerdo de la persona que fui, que hagas oídos y ojos sordos y ciegos a la yo actual, a esta que por todos sus medios ha buscado demostrarte que la que la cagó ya no existe y que esta yo sabe muy bien que luego de esta oportunidad no habría otra y por ello me esforzaría como jamás lo he hecho. Pero pues ya no puedo hacer más, sabes, lo entiendes, por qué no pude salir corriendo antes, cuando aún estabas en mis garras, como te gusta llamarlo, lo sabes, incluso sé que lo sientes. Pero pues no quieres. Y ni modo.
Sí, tanteaba terreno porque está difícil cambiar de vida llevando dos hijos a cuestas. Pero resulta que incluso decías que ello no te haría cerrar la puerta y ponerle doble llave… ¿Ves por qué a ratos te llamo mentiroso?… Te gusta estar conmigo, mi «amplio» repertorio culinario podría satirfacerte… Pero pasó lo único que temía, que sabía que podría pasar: yo no encajo con tu estilo de vida. No me darás la oportunidad de ver si me harías cambiar de opinión, te ofrecí de entrada no cortar tus alas y dejarte seguir volando. Y ni así. Es tan difícil «aceptar» tu negativa, sobre todo porque sé la razón por la que te niegas.
Te odiaría si pudiera.
Quisiera poder odiarte por haber bajado la guardia, si soy tan maldita como me recuerdas, ¿por qué chingado no te esforzaste más para no «volver a caer» en mis garras y por ende no me hicieras creer que sí podías, querrías, darme otra oportunidad? Voy a agarrarme a esto para ya no darte lata. Lo repetiré como un mantra a partir de ahora para no volver a escribirte cuando siento que se me va el aire por tanto pensarte, por tanto añorar el tenerte acá conmigo.
Esta vez no toda la culpa es mía.
Cada vez que te pienso, es tan difícil volver a encausar esto. Siento que cambié tanto aunque no parezca. Añoro tanto tu presencia. Recuerdo tan claro cada minuto que estuvimos juntos. Tal vez consiga olvidarlos como años atrás. Espero poder hacerlo. A mi salud mental le hace falta que deje de pensarte tanto. Maldito playlist con su reproducción nada aleatoria. Otro día más sin ti, ¿cuántos faltan?
Pongo el celular en silencio y me la paso buscando la notificación que diga que respondiste. Sea la hora que sea. Siento que en serio no dejas de esforzarte para volver a poner toda la distancia que había entre nosotros. Y cuando estoy segura de ello y decido que es momento de seguir y ya no estar aquí, «apareces». No ha pasado, hasta ahora, que no «aparezcas» casi al instante, y aunque no siempre, cuando no, hasta explicas por qué no…. No es que todo eso me confunda, es que todo eso me esperanza. Quiero poder imaginarte con alguien, compartiendo tu día a día, para dejar de estarte pensando a lo wey. Pero a la par obvio no quiero hacerlo, soy egoísta, siempre lo he sido, y aunque tú afirmación de soledad me duele, la prefiero mil veces a que dijeras que justo buscarías evitarla. Es tan tú el enseguecerte y obstinarte en ello.
Me cuesta tanto «agarrarme» a esto para no escribirte nuevamente estas cosas, porque ya chole, no sé si lo has notado, pero ya no es igual, me esfuerzo, en respetar tus muros, en ver de reforzarlos para que no caigan.
Ahora justo me imagino tu cara de desaprobación… Y eso me vuelve a desarmar.
Todas estas canciones que puede que nunca hayas escuchado me hacen pensarte tanto. Tu música «alegre» me entristece más que mi música más depre. Hay canciones que me recuerdan a otros. Y pese a ello te termino pensando, así de mal estoy. Incluso ahora, con el mundo a punto de irse al carajo nuevamente, sigo fantaseando. Pero se me agotó el valor. Ya no me queda más. Si me dijeras: «Ven», me echaría a llorar porque no lo haría. Ya no.
Tengo dos hombrecitos a quienes debo enseñarles que cuando perciban que se les quiere acercar alguien como yo, no deben bajar la guardia.

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