De que acá seguimos

10 Nov

Entre lasmil cosas que he estado haciendo y procastinando, que han derivado en no pasar a asomarme por acá, está el hecho de que finalmente he puesto en marcha un programa de fomento a lalectura,inspirado,parecido, al que en su momento me hizo, a mi, je, encontrarle el gusto a esto de leer. A ver qué tal nos va.

(Mi vida es una eterna permanencia y cambio,que a la larga se vuelven «permanentes» también, tengo que crear rutinas,tengo que llevar cierto orden, si las cosas no marchan de cierto modo, siento que no puedo seguir así sin más.)

Así quemi lista de pendientes no hace más que crecer, por más que los anoto acá y allápara tenerlospresentes,en mente,y por ende irlos realizando y que ya dejen de acumularse, deirse encimando unos sobre otros y que se enreden y confundan y me cueste distinguir cuáles son «más importantes» que los otros. Como siempre, ahora justo ando pensando,recordando, la de cosas que tenía que hacer «para ayer» y las he idomoviendo de día, para mañana, mañana, mañana, desde hace ya incontables ayeres.

(Ahora justo,acabo de perder casi una hora haciendo nada…)

Tengo tantos pendientes y tantas cosas que hacer, que por eso al final terminono haciendo gran cosa.

Pero de menos ya empecé con el proyecto, y de eso quería dejar constancia.

Algo es algo,repite la que jura que hoy hará «casi» todos los pendientes de su lista.

De retazos y desvelos

29 Jul

Ian cumplió 6 años. Y aún no termino de procesarlo, oficialmente ya no debería decirle bebé pero es inevitable, y más ahora que él entiende más las cosas y me pregunta si lo quiero, si lo amo, si aún es mi bebé. Siempre lo será. Intento que lo crea. Porque así es y así será.

(A esta hora debería estar durmiendo, aprovechando que ellos ya duermen y puedo acomodarme tranquilamente entre ambos. Porque desde hace ya un tiempo duermo en medio. Pero algo me tiene despierta.)

Ya casi para terminar sus clase extracurriculares, tuvo un pequeño percance, algo dijo/hizo una de sus compañeritas que él se molestó y va y la agrede picándola con su lápiz. Pero eso no fue lo relevante, entre la corrección y el regaño la maestra le dijo, la maestra ya es mayor, de la vieja escuela, por decirlo de modo que entiendan a qué me refiero, le dijo que eso no se hacía, menos a las niñas. Yo soy niña, sé que las niñas podemos ser malas. Esa niña fue quien propició la reacción. Debemos dejar de repetir que los niños no lloran y que a las niñas no se les pegan solo por ser niñas. Ambos lloran y a ambos no se les debe agreder. Pero me causó gracia que la maestra buscó mi aprobación a su regaño y yo le dije que sí, que estaba bien. Pero ya en privado le dije a Ian lo que no he dejado de repetirle: no hagas a otros lo que no quieres que te hagan, ¿te gustaría que a ti te picaran con un lápiz? Y le agregué que si una niña lo molesta y le dice que él no puede molestarla y debe aguantarse solo porque ella es niña, que eso no es cierto, eso está mal, pero siempre debe buscar primero el apoyo de la maestra, decirle lo que pasa. Y si por alguna razón no le hacen caso, pos con la pena. Pero que él no responda a agresión con agresión. Y siempre me mira con sus ojitos brillantes de: «Sí, entendí, no lo volveré a hacer», y a ver cuando me dicen de otra cosa que haga.

(A estas alturas tengo un par de muertos. Pero los que no son de sangre son los que más eco me hacen.)

Yo que siempre debo estar escuchando música, que a toda la música nueva que se me ha cruzado la he agregado al playlist y repetido sin descanso. Finalmente hay una que no he podido escuchar completa, la «Tequila» porque me recuerda a mi tía Elvira.

(De menos mi cerebro particionado se ha acordado de un pendiente que traigo de hace días porque no recuerdo ponerlo por escrito para así no olvidarlo, y ahora me acordé. Y ahora procedo a escribirlo, no acá.)

Han pasado muchas cosas desde cuando me dije que debía venir a escribir a ahora. Típico. Ya es la constante. Procuro no distraerme con la música y con la película y con las caricaturas y con escuchar los diálogos de los niños. Intento seguir ignorando la alergia, el dolor de cabeza y el ardor de los ojos. Las ganas locas de seguir atentando contra mi cabello. Ayer casi me dormí en la tarde, justo cuando estaba por quedar bien dormida, desperté. Así las cosas. Y ahora el clima está para ir a enchamarrarse y encender el ventilador y despertar tarde. Porque ya oficialmente estamos de vacaciones. Aunque lo estamos desde el fin pasado. Pero hay tantos pendientes, porque tenemos ocupado este fin próximo. Y mis cabras extienden sus alas y ya se fueron a otro mundos más enmontados.

He de confesar algo: estoy muy adolorida porque maté un árbol. Lo eutanasié. Pero me dolió hacerlo, dolor psicológico más allá del dolor físico que conllevó hacerlo. Porque fue lo mejor y el árbol que quedó crecerá ahora mejor y más grande y con suerte podré verlo algo de lo grande que con suerte llegará a ser. Pero tengo el olor del árbol aún en la nariz. Y hasta se desató el viento, y tronaban los rayos. Y estaba segura de que me caería uno encima. Pero no. Hasta terminé de hacer uno de los tantos pendientes para intentar distraerme, pero este árbol será ahora uno más de mis fantasmas.

De las manías

20 Jun

De nuevo intento distraerme con «lo de siempre»,con música, películas y libros. Hasta dizque estoy haciendo ejercio diario. Pero creo nada funciona tal cual porque sigo pensando (le) la mayor parte del tiempo. Y como siempre me maravilla encontrarlo en/donde nunca antes estuvo.

Es una guerra constante entre ver cosas nuevas o volver a ver cosas que tiene rato vi. Ayer comencé, y hoy terminé de ver la de «Impacto profundo» y ahora la vi desde otra perspectiva, desde el recentimiento al padre que se divorcia y se casa con una más joven, desde el saber que no puedes hacer nada y tienes hijos por los cuales ver, me aguanté las lágrimas porque no venían al caso, pero me gusta saber que aún me conmueven estas cosas. Aunque no me gusta gran cosa ponerme a pensar en ello, yo con lo fatalista que soy. Le sonrió a la obra de arte que decora «la barra» y justo está acá para hacerme compañía porque debo trabajar. Aunque ni yo misma pueda explicar(me) bien a bien de qué va mi trabajo.

(Yo con mis mil pendientes.)

Me desespera que llevaba días con el pendiente de venir a escribir sobre mil cosas aprovechando que las traía en la mente y obvio ahora no me acuerdo de ninguna.

Últimamente ando más enfocada en leer que en escribir. Siempre me dan estos periodos de decantarme más por una cosa que por la otra. Cuando es así le presto más atención a la letra de las canciones y termino poniéndome a cantar y no hay forma de hacer que la Musa se ponga las pilas y me diga lo que íbamos a escribir, en vez de eso se me empiezan a escapar los bostezos. Terrible este asunto. Aunado al teclado que no deja avanzar porque hay que ir corrigiendo, poniendo las letras y espacios que no pone.

Como siempre, todo un drama mi vida.

Igual igual

4 May

Es curioso como en este avanzar del tiempo las cosas que uno creía y juraba que jamás cambiarían, lo hacen, cambian. Hoy como otros tantos días atrás pasé por nuestro lugar, por nuestra banca del parque que este es el día en que no sé cómo se volvió nuestra.

(Siempre ando a la caza de canciones para agregarlas a mI playlist, suele ser mayoría las canciones «viejas» que vuelvo a escuchar y las recuerdo, pero de repente aparecen nuevas, como esta que estoy escuchando ahora, que me da hartas ganas de llorar, porque habla de pérdida, la entiendo de la perdida inevitable que significa la muerte de la persona que amas, y pienso en cuando yo tenga que enfrentarme a una muerte de esas. Cuando alguien a quien amo muera. Y si hay algo en lo que me esfuerzo en no pensar, es justo en eso.

Así que, decía, no sé cómo ni en qué momento pasó a ser nuestra y luego dejó de serlo. Irónicamente me fue más fácil ponerle el punto final a esa historia que a la primera. Quizá porque dio lo que había que dar, porque el amor romántico de pareja se consumió todo y no quedaron cabos sueltos. Al menos 1 de 3, creo que voy por buen camino, de la primera ya no me acuerdo con tanto rencor. Y sí, eso es harto avance. Pero la otra sigo sin poder volver a ponerla en el estante.

(Se me hace tan, pero tan tonto el no poder dejar de pensarle a cada rato por todo.)

No tenemos un igual igual como ese, es de esas cosas únicas e irrepetibles que, duh, no volverán a suceder, pero creo sí tenemos nuestro par de cosas «nuestras». Aunque si ahora me pidieran que diga una, o peor aún, que haga una lista, temo que no se me viene alguna a la cabeza. Y seguramente cuando el tema pase se me ocurrirán un chingo o de menos unas cuantas. Así las cosas.

(Obviamente, era de esperarse y de suponerse que la inspiración me iba a llegar como siempre, a deshoras y sin forma de poder hacer de menos anotaciones.)

Mi manera de amar es mía, así que amerita toda tu falta de confianza y credibilidad, alguien en algún lugar dijo que debemos entender que la gente no nos ama como queremos, si no como pueden, y así he sido yo siempre, amando a mi manera, a ratos tan intensa y a ratos (en apariencia) tan desinteresadamente, de repente tan agobiante se vuelve el asunto que quisiera en serio tener un switch para apagarlo y que ya dejara «de dar lata». Creo que he ido mejorando y ya no ando tan latosa, como ahora que en vez de seguir buscando respuestas o enviando emails que también dejarán en Visto mejor ando acá intentando con esto sacarme de dentro un poco de lo tanto que quisiera decir y repetir (le), porque eso también quedó claro, ahí ya no hay por dónde. Y me lo repito cada día a ver si así ya me lo creo, pero pues obviamente aún no. «Culpa» de mi poca, escasa, menguada fuerza de voluntad que gustar de andar saboteándose a sí misma y diciendo que va a borrar ese playlist pero no, acá está sonando.

(¿Alguna vez pensaste que el perder el autobús era una clara señal de que no había que hacer el viaje?)

Pero bueh, retomando, en mi actual ida semanal a la lejana Tuxtla paso por el parque y veo la banca e intento vernos y aveces si y aveces no, pero siempre sin este dolor en el pecho que se aparece cuando nos sobrepongo a ese recuerdo (y así sigo preguntándome en serio qué sí pasó y qué me ando inventando) y me asombra lo natural que nos vemos en mis paisajes «de siempre».

Algún día dejaré de buscarte en los lugares en los que jamás has estado.

P

De cosas que pienso por culpa de la calor

9 Mar

Mi vida es y siempre ha sido una sucesión de sinsabores y sinsentidos, la prueba de que el ser humano es eternamente insatisfecho y que siempre queremos lo que no tenemos y no apreciamos lo que ya es nuestro hasta que deja de serlo.

Acá mientras sufro mi alergia matutina que ya va para medio día recordé que hace años, durante un curso de computación, el instructor, que era un par de años mayor que yo, me comenzó a tirar la onda y una semana antes de finalizar el curso finalmente se me declaró y me dijo de salir cuando ya no fuéramos profesor y alumna. No recuerdo cómo lo bateé, pero lo hice. Porque obviamente yo andaba clavada de alguien que ni caso me hacía. Y no es que siempre haya sido así, pero es una constante: suelo ignorar a quien está y enfocarme en quien no.

Y culpo a todos menos a mi.

Todos los días me digo y me repito que todo son imaginaciones mías y que ya debo bajarle a la intensidad y que debo escribir solo cuando me escriban (a ratos creo que él piensa lo mismo ya que no escribe tan a menudo como antes) y pues acá estoy, escribiendo aquí para no irle con la historia de lo que sucede en todas las horas que llevo sin escribirle (já, justo suena de fondo «Wicked Gane») y a la par espero que pase como las veces anteriores y me escriba por el puro hecho de yo andar acá deseando que lo haga. Sospecho que no pasará. (Pasó. A «destiempo», como siempre.)

Ahora que ando de recordadora, creo recordar que hubo 5 o 6 chicos a los que me esforcé por no darles ni la más mínima señal de interés y aún así ahí andaban. En ratos como estos me pregunto qué habrá sido de ellos. La mayoría fue en la secundaria, hace siglos, para muchos la preparatoria es su etapa favorita y más significativa, a mí me encantó la secundaria, recuerdo a casi todos mis excompañeros.

En la prepa me atonté y agarré novio desde la primera semana y estuvimos juntos por 4 años, cuando ya en el nuevo y diferente ambiente de la universidad caí en cuenta de que eso de andar por tanto tiempo con él, con su forma de ser, había sido más por cercanía y costumbre que por otra cosa. No tuve «tantos» novios luego de que él me dejara, porque para colmo fue él quien se dignificó y me dio tiempo para «pensar y darme cuenta» de que él era el amor de mi vida. Tal cual. Ni de lejos lo considero un amor relevante, pese a los 4 años de relación, que tuvo sus momentos lindos y tal, pero a estas alturas, cuando uno ya ve todo diferente, «más claro», estoy totalmente segura de que fue eso: la costumbre. Y siempre me viene a la cabeza la frase de una canción: «es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor.»

El primer gran amor de mi vida fue un pinche desgraciado. Y eso es todo lo que diré al respecto, ja ja ja

El segundo es imposible de catalogar, fue el constructor de la montaña rusa en que suelo subirme con frecuencia. (Hace poco me envalentoné y borré todos los emails que conservaba, me sentí liberada. De él sí ya estoy totalmente desenamorada. Pese a que aún conservo cartas suyas por la pura nostalgia y el romanticismo que me evocan.

Cuando finalmente acabó la historia con el segundo gran amor de mi vida empezó este torbellino del que no sé si algún día escaparé. Y no es queja, ya me acostumbré, me gusta estar con esta incertidumbre de no saber qué va a pasar, de pese a ellos imaginar a detalle todos los posibles escenarios, y a la par no hacer gran cosa por encaminarme a alguno. Todos los días pienso en que hacer una sola cosa diferente me llevaría totalmente lejos de donde termino cada día. Pero en eso queda, en solo pensarlo.

La alergia finalmente va cediendo. Pero ya rete pasó de medio día. De menos hoy no tengo un tarde tan ajetreada como las anteriores. Tengo mi pila de pendientes, como siempre. Ahora mismo debería ya estar escaminando mis pasos a casa para ocuparme de los pendientes que tengo allá, pero acá sigo, haciendo memoria sobre qué otro es que iba yo a escribir y preguntándome si será mejor seguir dejando esto «así» o ya buscarle un final y publicarlo de una vez. Porque mis mil manías no me dejan hacer algunas cosas, como el tener que releer para ver que no queden errores ortográficos/sintácticos… Así las cosas.

Manuel, Luis Miguel, Milton. Otra de esas casualidades incomprensibles que vengo a notar hasta ahora. Los tres tienen un nombre que inicia con M. En serio tengo que hacerle caso a mi intuición y comprar un billete de lotería, o de menos no hacer/decir/escribir lo que mi cabeza dice que no debo, me ahorraría tantos líos… ¿Pero qué sería de mi vida sin el drama diario que me autoasigno? Hasta la batería de la bocina se acabó indicando que es momento de cambiar de aires. El aire que sopla el ventilador es todo menos refrescante. Hay que ir a la rutina «de allá» para luego regresar a la «de acá». Y así hasta que se termine «mi último» día laboral y empiece la noche. Para a deshoras como siempre estar pensando en lo que pude y debí escribir acá y lamentarme por no haberlo hecho y no poder hacerlo en el momento. ¡Ah, mis preciosos círculos viciosos!

Nos leemos luego.

De plantas y canciones

17 Feb

En este rato libre decidí desmadrarme las uñas de manos y pies, desmadrar digo porque siempre termino cortando mal y alguna queda peor que las otras y hay que recurrir al vaporub y al mertiolate para solucionarlo. El saldo de hoy fue una de un pie nada más. Nada mal. Pero mientras eso, escucho las canciones de siempre y me quedé pensando en lo claro que «veo» el momento en que decidí que debían ser parte de mi playlist. Siento lo que me recuerdan. Y aunque muchas han cambiado de destinatario, con los años, el sentimiento no cambia. Nunca jamás me han dedicado ninguna de ellas. Y estoy segura de que jamás sucederá. Y no es queja. Nomás lo digo porque se me acaba de pasar por la cabeza. Obvio mientras escucho una que me remueve chingo de sentimientos. Cómo me gustan mis playlists ^^

Ahora bien, mientras regaba las plantas, también me puse a pensar en que yo también pienso, ilógicamente, que soy el centro del universo (¿que estrellas ves cuando levantas la vista al cielo? Yo lo único que sé distinguir es a las tres del cinturón de Orión y ya «traspasé» ese conocimiento, los niños salen al patio y buscan y me dicen que ahí está Orión 🤭) y como centro mismo todo gira a mi alrededor y así, pero en esta casa hay plantas (árboles) que son más viejos que yo, y pienso en que sí, de hecho, si a las plantas que se nos ha dado por enmacetar les damos los cuidados adecuados ahí estarán por años, acompañándonos sin que seamos plenamente conscientes de ello. El año pasado, que creo fue uno de los veranos más calurosos de que tengo memoria, daba igual regar dos veces, varias plantas no aguantaron. A otras con cambiarlas de lugar conseguí salvarlas. Pero hubo una que siempre la di por «resistente», me olvidaba totalmente de ella y era hasta que floreaba que la recordaba y ahí iba a echdrle agua. Y ahí estaba, «siempre», y este verano pasado se secó, no hubo forma de salvarla. Y desde entonces pienso en ella, en que tan vieja sería, en sí también «pensaba y sentía», en su habrá pedido ayuda y no la escuchamos. Sí, bien fumado el asunto. Así que abandoné mi política de no repetición y ahora tengo dos o hasta tres plantas «iguales», he sacado pedazos de algunas y conseguido que «peguen», así en teoría no se me volverá a morir una… Y esa ya encontré una parecida pero no conseguí que se adaptara acá a la casa. Seguiré intentando.

Y justo ahora que pienso en lo obsesiva y aferrada que soy con ciertas cosas. Suena esa canción que justo dice que uno puede estar seguro segurísimo del sentimiento y solo hay que seguir adelante y no meterse no mismo la pata. Y justo yo ya ando excavando para poner trampas para caer en alguna a la primera de cambio.

Así las cosas en esta casa con plantas «nuevas» y música «eternamente» vieja.

De divagaciones varias

12 Feb

Suena «Amor se llama el juego» como soundtrack, está el playlist que se llama «Cortavenas», hoy me topé con esa frase que dice: No sé si cortarme las venas o dejármelas largas. Creo es una película. El asunto es, que vi una película que traducida se llama «Fanático del tiempo» y va de un chico que construye una máquina del tiempo para nunca pelear con su novia y tener la relación más ideal posible. Y obvio al final resulta que una relación donde concuerden en todo y jamás discutan ni por la cosa más mínima no tiene chiste. Me deja pensando en que si nos dieran la oportunidad de regresar y hacer las cosas tantito diferentes, sencillamente decir o no decir algo, cuánto podría cambiar. Pero soy fiel creyente de que al final todo pasa (o no) por algo. Claro que eso no es sinónimo de que siempre será porque vendrá algo mejor, muchas veces sencillamente es algo diferente, algo que igual y no esperabas o querías, y te termina convenciendo, te adaptas, al final siempre así es, te adaptas (te aguantas…) y sigues, adelante, siempre, aunque estés en el mismo lugar. De repente te acuerdas que tienes alas que una vez volaste, y lo intentas, y aveces sí, vuelas. Seguro sí en algún lugar dejaron sembrado mi cordón umbilical y por eso no puedo estar lejos mucho tiempo. Lo pienso y imagino y lo fatalizo, porque es lo que mejor se me da, y me regodeo en ello, en lo real que se siente, y me gusta creer que con ello estoy lista para que no importa lo que pase, no me tomará por sorpresa. Aunque seguro así será. Dicen los Enanitos Verdes que «hay que correr el riesgo, de levantarse y seguir cayendo», y aunque no parezca así lo he hecho. Caí tanto una vez, y aquí estoy.

(Obvio tenía que sonar esa justo ahora.)

Estoy en mis 5min previos a apagar las luces y con ello obligar a los niños a dormir. Ya en serio debemos empezar a dormir más temprano. Tienen que comenzar a adaptarse a horarios más «normales», aunque sigan sin ir a la escuela, aunque yo siga empeñada en que aún no es seguro y me escude en que hay quien piense igual. Porque siento que si salen más crecerán más rápido. Y cuando ellos crezcan y no me necesiten como ahora…

A pesar de todo. A pesar de mi y mis decisiones.

Pero yo también sigo siendo inconforme y cobarde. Pero ese cuento ya lo rumiamos hasta el cansancio.

Pero, decía, que la peli esa se suma a mi lista de películas para ver de tanto en tanto. Yo que soy masoquista de tiempo completo aunque no lo ejerzo todo el día.

De recuerdos, anhelos y ensoñaciones

30 Ene

La única temporada vacacional que recuerdo (ahora justo me viene otra a la memoria) que me gustó fue una que pasé en casa de mis sobrinas-primas con quienes nos llevamos 1 y 2 años de diferencia, así que siempre hemos sido bastante afines, ellas son hermanas y yo no tuve hermanas, así que todo se acomodaba. Me sé casi que de memoria las películas de «Casper (Gasparín)» y la de «Aladdin» pues la vimos, en vhs, infinidad de veces, y por las noches reíamos y cantábamos hasta que su papá no soportaba más y nos regañaba y amenazaba para que ya nos durmiéramos. Y ahora con una de ellas yo tengo dos hijos y ella uno y me pregunto si ellos desarrollarán esa camaradería que en nosotras persiste a pesar de los años y la distancia. Eso espero.

(Por más que trato de recordar lo que quiero escribir, que siempre me llega la inspiración a deshoras, cuando ya estamos cómodos en la cama, bien tapaditos, y el cel allá lejos, me repitoque debo acordarme, y no hay modo, porque pese a que aveces recuerdo, no termino acá y me vuelvo a olvidar. O como ahora,que acá estoy y tengo otras distracciones rondando. Pese a que hasta música puse para ver si con eso me concentro, no hay modo, se me va la idea, se escapa mientras me hace gestos, burlándose y alejándose.)

En el cel tengo una carpeta de imágenes llamada «Estados de WhatsApp» y ahí tengo, lo dicho, imágenes que me da por poner de estado, esa carpeta existe desde algún momento del recién pasado 2021,y hay ya más de 100 imágenes ahí, por ratos me da por esta ahí viéndolas, leyéndolas, agrupándolas en mi mente (en esta atrofiada y poco confiable mente mía) para luego irlas compartiendo, y con varias me quedo pensando en que algunas ya no me hacen sentir lo mismo que cuando decidí guardarlas, y otras sí. (¡Ah, pero cómo odio el teclado de esta lap!, la tecla space sobre todo, que no importa qué tan fuerte la oprima, no siempre da el espacio, así que tardo el doble de lo usual tecleando.) La música la tengo agrupada en 5 carpetas. Y la app de Notas igual tiene 5 y de esas 3 son las que sufren modificaciones cada tanto. Como ahora que recuerdo algún pendiente y en automático me voy a anotarlo, «no se me vaya a volver a olvidar». Veo la hora y ya deberíamos estar encaminándonos a dormir, mañana no tengo pendientes temprano pero «me toca» trabajar y tengo otros pendientes, como siempre, de los rezagados. Tantos, tantos pendientes.

(Y se me fue la idea. Y las ganas de escribir sobre otra cosa. Me las voy a guardar por otro rato.)

Mañana lunes, último día de este primer mes del año, tantas oportunidades para hacer (o dejar de hacer) tantas cosas.

La primera del 2022

2 Ene

Este inicio de año fue diferente. Por andar en la tragadera no hubo brindis ni pedí deseos,no renové las monedas de mi ritual para la abundancia (o en mi caso, para que no falte), ya habían pasado algunos minutos cuando fui a darle el abrazo a mi mamá y a los niños. Y al final, resultó que me caí y me doblé el pie «de siempre», aún hoy y ahora lo traigo resentido, pero lo relevante fue que no pasó a mayores, sigo librándome del yeso, así que supongo no empecé tan mal el año.

Me dejé un buen de entradas en el aire, las unas más dramáticas que las otras.

Sigo esperando el año en el que pueda publicar solo con irlo pensando.

Quería escribir algo medianamente decente pero no será posible, reclaman mi atención en otros sitios, aparte que anímicamente no ando al 100 todavía, y súmenle que aún no le encuentro el truco a este teclado. Pero ahí vamos, este 2022 apenas va empezando.

De lamentos y lamentaciones

1 Dic

Algunas de las canciones de mi lista de música llamada «Románticas Alegres» consiguen entristecerme más que las que habitan la lista «Cortavenas», como esta que suena ahora. Estoy en ese rato de andar en un limbo de ensoñaciones y recuerdos que no consigo separar, no me queda claro qué es real, qué fue real. (Se me empieza a empañar tu recuerdo.) Y es parte del encanto también. De esta certeza que sabía llegaría o pasaría en algún momento, pero siempre espero que el momento sea más alejado de lo que siempre suele ser. (Apareces, siempre apareces.) Pero la verdad es que no te quiero solo para algo, no te quiero para un rato, así que a ello me sigo agarrando. Porque saber que eso es lo único que quieres, lo único que ofreces, saber que no me basta, que no me satisface… Todo terminara de acomodarse, eventualmente, algún día. Y de menos tengo la certeza de que lo intenté, más veces de las que debí, quizás, pero no cejé en el intento, y eso le da cierta tranquilidad a mi siempre atribulada alma. (Qué difícil saber que sí se podría pero que por temor a que se pudra no será.) Esta mezcla de escalofríos y anhelos me desespera. Suspiros acompañados de dolores de cabeza. Justo ahora suena esa canción que podría bien llevar el título de «la canción que me hizo equivocarme», pero nah, me iré, como siempre, por la tangente, y culparé, deleguaré, al destino, la responsabilidad de lo que fue y no fue.

Hoy fue un buen día pese a todo.

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