De la obsesión que llega luego de la espera

27 Jun

Hoy me he pasado casi todo el día frente a la computadora, en este saber que tengo pendientes y luchar con mi cabeza para que no se distraiga, que no ande recordando cosas. Por más que el universo se encargó de enviar distracciones, al final siempre acabo pensando en lo mismo, con el dolor de cabeza que hace acto de presencia, igual que ayer más o menos a esta hora, en que me preguntaba si mejor inventar algún pretexto.

(Aseguro y garantizo que mi alma pugna por escaparse ya de este cuerpo y por ello de repente me dan estos ataques de suspiros descontrolados.)

Suena un playlist que yo no hice pero que es uno de mis favoritos, chicas cantando covers con musiquita suave de fondo, sí, totalmente adecuados para seguir con las ensoñaciones. Porque a estas alturas ya comienzo a confundir lo que fue de lo que imagino. Ando como siempre, cual equilibrista tanteando con cuidado dónde poner el pie, cómo, cuándo dar el siguiente paso. Con esta conciencia renovada de que lo que menos me sobra es tiempo y que a la par es lo que más desperdicio.

(Espero que no, porque complicaría (más) las cosas. Así que haré mi mayor esfuerzo para ello. Vamos a abrir las ventanas, a quitar los mosquiteros para que todas estas mariposas salgan de aquí. No combinan con la decoración.)

La verdad es que no sé qué pretendo. Creía tener las cosas claras, con esto de que desde hace años los sucesos en mi vida han estado girando a temporalidades de 2 años aprox, porque sí, casi que hace dos años. Y en sí, pareciera que no ha pasado «tanto» tiempo, lo dicho, cada año que pasa, cada mes, cada semana, cada día, cada hora, cada pinche minuto, que pasa, que dejamos pasar, es tiempo que ya no podremos recuperar, pero me sigo convenciendo de que aún tengo harto, que no hay problema. Que pasen otros dos años, las cosas se acomodarán cómo deben, como siempre.

(Me preparo para la nueva rutina. Intentar dormir temprano, no estar pensando, esperando, imaginando, agobiándome, como toda la mañana. Necesito un viaje. En serio lo necesito.)

De repente se cuelan esas canciones que nunca dediqué ni me dedicaron y me pregunto por qué me hacen tanto eco. Será que de otro tiempo, por eso las miradas se reconocen y el tiempo fluye diferente, como si sencillamente retomara desde la vez anterior. Mi reino por poder transportarme a dónde sea solo con pensarlo. De menos no se me ha querido escapar alguna frase. Aunque sí he comenzado con el autosaboteo.

(Esta semana que apenas inicia, que en días laborales va apenas para la mitad, tengo chingomil pendientes porque da igual que tenga una agenda física, una app en el cel para apuntar los pendientes, el calendario de Google, da igual, yo encimo mis pendientes o digo que los anoto y no es cierto.)

Dicen que la curiosidad mató al gato. Bueno, réstenme otra vida, y si alguien lleva bien la cuenta, no me diga, lo dicho, me gusta pensar que aún tengo chingo de tiempo disponible para todos los pendientes que vengo acumulando. Porque repetir está en la lista de pendientes, allá donde fuiste feliz no deberías tratar de volver, dicen, pero a mí me gusta ir contra corriente.

De esas obviedades que me siguen asombrando

23 Jun

Claro que por supuesto que desde luego que sí pasó que ayer luego de ya un buen rato el cel llegó al 0% y pues se apagó. Y ya era «bien» noche así que solo lo conecté y «a dormir», pero no, la Musa vino a platicar como ya hace rato no venía, y por más que quise retener algo de todo lo que dijo, sencillamente no recuerdo, ni el tema del que habló, nada, solo este horrible recuerdo/sensación del todo que se presenta difuminado. Así las cosas. Seguiré en la lista de espera para el dispositivo ese que «escribe» lo que nos va pasando por la cabeza.

Me aventuraré a decir que seguro era por mis sinvergüenzadas. Y es que hay personas que me inspiran a hablar sin filtro, y termino diciendo/escribiendo las cosas tal cual las estoy pensando, haciendo confesiones que quizá sería mejor seguir conservando en mi cabeza, por siempre, pero no, me da por compartir, y luego me quedo pensando en si será que «me entendieron», luego va y me dice que recuerde que el problema «siempre» ha sido que yo digo las cosas de una manera tal que creo que están clarísimas y hasta el más imbécil del universo debería entenderlo… y resulta que entiende cualquier cosa menos eso. Y eternamente estaremos en este estira y afloja de no estar seguros de si «se entendió» lo que queríamos decir. Creo que sí me hago a la idea de cómo se siente, una vez estuve «de ese lado», y eso me dejó tan pero tan jodida, que si yo aún conservarse tantito más recato y sentido común del que tengo, le diría que mejor le paremos y que se ahorre el mal trago que podría generarle esta locura. Pero estamos en una etapa de la vida en que ya nadie nos obliga a nada, hacemos o no hacemos, totalmente concientes de que toda acción derivará inevitablemente en una consecuencia que a su vez podría ser «fatal» así las cosas se hagan «bien», así que eso. Yo bien como Pilatos, me lavo las manos, ya le dije, le advertí, y soy feliz de que ignore las señales y quiera seguir avanzando por este camino, que eso sí lo juro, es un camino que tengo relativamente cuidado y que siempre he procurado que esté libre de trampas y sorpresas.

Si me preguntan la edad, la digo, si me preguntan mi estado civil, lo digo, si me preguntan por hijos, igual respondo y hasta enseño fotos. Pero tienen que entender que no somos nuestra edad y estado civil, incluso no somos la hermosa etiqueta que nos ponen nuestros hijos.

Hace muchos, muchos años, tantos que ni me acuerdo del año concreto, pero que en realidad deben ser inicios del 2000 y si «apenas» estamos en el 2023 entonces creo que en sí no son tantos, decía, por ahí en ese lapso de tiempo sucedió que comencé a escribir por acá. Y es complicado encontrar nombres, casi no los pongo, el mío está un par de veces por cuestiones de Copyright y por un efímera chispa de banal eternidad, pero fuera de eso, no hay constancia de que yo sea yo, al igual que mis etiquetas genéricas se repiten, y aclaro, ya de paso, que cuando nombro Estúpido a alguien no suele ser, hay que leer todo el contexto, siempre de manera peyorativa, claro que sí en vez de eso le escribí Idiota, ahí sí, seguro fue tanto el enojo o la decepción que ameritó un adjetivo más «fuerte», porque ha pasado, sobre todo por el siempre culpable de mis traumas y manías más arraigadas. Si es que yo estaba segura de que a esos 5 amores que uno dicen que uno debe experimentar en algún momento, a todos ya los conocí, y solo es que los ciclos aún no se completan. Es tan loco el asunto, crees saber todo porque sientes tanto, pero en sí, las nimiedades que al final son las que destruyen, tipo no te gusta la misma música, no le da la misma importancia que tú a ese algo, no tienes idea de todo eso, pero acá andamos. Y es que igual, hace ya un par de años, descubrí que, de nuevo, el tiempo es relativo, y te puedes «enterar» de todo lo que «necesitas» en cuestión de horas y días. Así que en sí, jamás deberíamos estar preocupados por ello, pero uno no piensa tan conciente cuando las hormonas andan haciendo de las suyas. Todas las hormonas, las que nos alcocan y las que en nuestra cabeza se encargan de remover escombros buscando miedos y recuerdos que creíamos perdidos.

No soy ninguna santa, pero de mártir sí la sigo rifando, aunque todos los días un rato frente al espejo me vaya convenciendo de que ya perdí mi encanto… Sí, tengo miedo, de que esos ojos pierdan el brillo que aún le dedican.

Mi día a día gira entorno a la persecución de quimeras, mantenimiento de sueños maltrechos, elaboración de castillos de aire y dosis de realidad con los niños, porque aunque me es tan difícil mantenerme con la cabeza fuera de una nube, sí entiendo que ellos crecen a cada segundo y debería aprovechar este rato en que creen que su mamá es la mujer más maravillosa de todo el universo.

Pero, como la mayoría de los humanos, soy un ser eternamente insatisfecho, y quiero más, necesito más, así luego no sepa qué hacer con ello.

De lo irremediable que es dejarse arrastrar por la corriente por la efímera esperanza de llegar a salvo a la orilla.

22 Jun

Siempre se me ha hecho más fácil decir lo que no me gusta, lo que no quiero. No me gustan las fresas, las detesto con todo mi ser, no quiero aburrir ni aburrirme de algo que antes me removía de tal manera el alma que sencillamente no concibo que suceda lo que auguro. Porque acá las aves de mal agüero son las que tienen las mejores jaulas, las que comen las mejores viandas, las que ponen el soundtrack a cada suceso. Ya saben que acá no funcionamos si no hay música sonando todo el tiempo, incluso al dormir estoy segura de que se queda «encendido» el reproductor y por eso de repente despierto con las vagas reminiscencias de sueños más bien locos. Esas conexiones a otras realidades, no me van a convencer de lo contrario.

Mañana será el inicio de una serie de días ajetreados que espero llevar a buen puerto. Tengo la manía de sobre ocuparme cuando no quiero distraerme pensando en solo una cosa. Quiero no estar disponible durante ese periodo de transición o ligada que no pedí y que por ende no quiero pasar, aunque la verdad sea que en una parte de mi ser lo deseaba y esperaba que se diese «ya». Así las cosas, el universo al final siempre me escucha, pero lo hace cuando aburrida de estar repitiendo los mantras termino diciendo cualquier cosa que es más o menos lo que quería decir de inicio.

Acá cerca están ese par, ocupados, dejándome tiempo para este desahogo obligado, que no completo, porque ni siquiera es la mitad de lo que traigo rondando por la cabeza lo que estoy escribiendo. Porque es de noche y ya se apagaron las luces del cuarto y por ende ya no traigo los lentes puestos y solo distingo e intuyo, este entrecerrar los ojos que hace que me duela la cabeza y a la par invita al sueño a venir. Tan acorde a la música que aún suena, para quedarme con esa en bucle indefinido, para ver si te encuentro por algún rumbo y adelantamos un poco.

La verdad es que nunca volví a poner el letrero de «Vacantes», porque desde hace años entendí que todos los inquilinos son cíclicos y acá no hay ni habrá nadie nuevo.

Estúpida vanidad que me agobias y no ayudas. Que me haces maquinar plan tras plan y ninguno me convence, yo, la reina de la improvisación y el «Ai se va», el tiempo nos vuelve cautos, dicen, más bien nos vuelve más inseguros, siguen sonando esas canciones que siempre pensé en que estaban chidas para dedicarlas pero no había a quien. Así es esto. Como tenía que ser. Solo estoy tanteando el suelo que piso, ya ven que me gustan las trincheras, seguro que si caigo en alguna por esta aventura ahí me quedaré un rato, y bien que me estoy ocupando de tener de qué asirme para que no pase, para no acomodarme tranquilamente en el hondo y empolvado fondo.

He de seguir, he de avanzar, acá con mis fracasos premeditados a cuestas.

Aquí nadie jamás ha asegurado que seamos gente positiva.

No te espantes, mientras dure, valdrá la pena. Tengo años de experiencia en esto de sostener barcos de papel sobre charcos de agua. Un mago jamás revela sus secretos. Sacude el pañuelo, y Zas, desaparece. Doña cobarde le dicen. Llega y atuza el fuego, ve la llama, y huye.

Mi gardenia que creo que no es gardenia sino huele de noche finalmente ha floreado, y gracias al sacrificio por supuesto que no voluntario ni desinteresado de la trinitaria, sus flores ahí siguen. Estúpidas arrieras que se niegan a ser erradicadas, tercas como la que teclea a estas horas, como el pinche «predictivo» que pone acentos donde no debe y «acepta» palabras mal escritas absurdas.

Mañana con calma hacemos la revisión ortográfica.

De la persecución absurda de quimeras

19 Jun

Nunca deja de sorprenderme mi capacidad para enamorarme. Para volverme a enamorar. Para seguirme enamorando, locamente, tercamente, invariablemente de un amor no correspondido. Por mientras, se me acelera el corazón y se me eriza el cuerpo recordando, rememorando, imaginando lo que pudo pasar.

(Necesito sentir (otra vez) tu mano en mi rostro previo al inevitable encuentro de nuestros labios.)

Dice Shakira que «nos deseábamos desde antes de nacer», y no lo descarto, porque es una descarga física cabrona, que me deja cavilando en mis ensoñaciones por días, pensando (masoquistamente, deliciosanente), en todos los posibles caminos que habríamos recorrido juntos. Aunque mi ser siempre atormentado y romántico asegura que este es el camino, el más tortuoso, el más imposible, el que al final valdrá la pena, así sea porque acabaremos odiándonos finalmente tras haber consumido hasta la última chispa del amor.

(¿Dónde chingado te metes, cómo calculas el tiempo justo para reaparecer cuando ya te (nos) olvide, justo para conseguir volver a avivar la llama?)

Pero, aún así, me pregunto si no serán, de nuevo, para no variar, solo imaginaciones mías si soy yo quien tergiversa y ve lo quiere ver, y escucha lo que quiere oír, e imagina todo, y en realidad tu no haces más que solo ver hasta dónde llego, cual cruel científico fascinado por el poder que ejerce sobre esta imbécil criatura que no aprende.

Alguna vez, hace ya tiempo, jamás dudé del Deseo. Sabía que tenía ese poder. Pero tú siempre has parecido inmune a ello, incluso ahora lo creo, ahora lo creo más de hecho. Son imaginaciones mías, delirios desvariados de esta cabeza loca que finalmente siente el dolor en las sienes una vez más. Nada pasa, nada pasará. Mi frágil ego (aunque crean lo contrario), mi remendada autoestima, sufro, sufro, sufro. Pero soy una hierba mala, así que ni con esto he de morir.

(Aunque todas las canciones de mi playlist te las podría dedicar y cantar. Con tal de volver a ver esa sonrisa en tus labios.)

Mi reino por que seas tú quien de el salto. Sí, yo soy cobarde, siempre, jamás lo he negado.

De que el tiempo es relativo

6 Jun

Estaba segura de que había visto la película «Arrival» («La llegada»), porque es de ciencia ficción, porque Amy Adams es protagonista, así que estaba segurísima de que la había visto, tenía vagos recuerdos, la recordaba con más acción. El asunto es, acabo de terminar de verla y fue como si la viera por primera vez, solo una parte se me hizo conocida y todo lo demás fue nuevo. Y ahora la buscaré para tenerla porque si o sí en unos años debo verla de nuevo.

Está hermosa, tiene todo lo que me gusta, incluyendo aliens que no me gustan porque me dan miedo, pero estos son aceptables, aunque son feos, pero son «amigables»; decía, me gustó porque la historia tiene giros muy interesantes que te dejan pensando, sobre todo lo del título de esta entrada, que siempre lo he pensado, el tiempo sí, en serio, es relativo, y no es que nada importe, sino lo contrario, todo cuenta, desde el hecho de parpadear justo ahora. Todo nos lleva a algo, y aunque eso pareciera significar que el tiempo es lineal, creo que al contrario, está ramificado y todas las realidades alternativas están a su vez ahí, es una maraña que nuestro entender no entendería.

En algún punto de la película preguntan: ¿si supieras todo lo que va a pasar en tu vida, cambiarías algo? Se supone que incluso el pensar en cambiarlo o al fin cambiar algo ya está «considerado» y el «resultado» sería el mismo, así que la respuesta «obvia» sería la que dicen, je: «Quizás el decir más seguido lo que siento». Porque sí, haría una gran diferencia en nuestro día a día decir lo que sentimos en vez de solo esperar a que otro nos lea la mente y nos lo de, esperar a obtener lo que queremos sin comunicar nuestro deseo. Es tonto leerlo, pero así vamos por la vida, todo el tiempo, todos los días. Es parte de nuestra naturaleza humana. Somos siempre inconformes por puro pinche gusto.

Y trata del amor de madre, que en ese momento, el de su estreno, aún no conocía, en este estar segura de que por los hijos harás y soportarás lo que sea, con tal de que ellos estén bien. Aunque eso suponga el que tu corazón se terminará rompiendo.

(Tengo tantos pendientes y cosas «pendientes» que las listas se van acumulando y aunque el orden de importancia no suele variar. Ahí va más o menos. Lucho a diario contra la procastinación cuasi crónica que me agobia desde hace ya saber cuántos años.)

Y si, está basado en un libro. Como buena película de ciencia ficción, es una novela llamada «History of your life» de Ted Chiang. Así que la agregaré a mis lista de lecturas pendientes «cercanas», ahora que tengo estas «ganas» de ahondar en esta historia, si es como en la película, que nos dejará pensando sobre el tiempo.

Nos leemos pronto. Espero.

De que no es un despedida, pero parece, por si las moscas.

21 Mar

Cumplí 37 años este pasado 19 de Marzo. Me bajó la regla por primera vez recién cumplidos mis 12 años. Así que llevo ya 25 años, un cuarto de siglo, desangrándome. Como ahora, que justo ayer 20 apareció. Aunque, técnicamente son 3 años menos, entre mis dos embarazos y el tiempo que tardó en reaparecer. Pero a fin de cuentas, son más de 20 años. 20 años de estar hormonal, incomprensible, de ni yo saber qué onda. Dicen que solo los niños y los borrachos dicen la verdad, curioso, creo que descubrí quién, en quién, me inspiré para el personaje de una historia de amor que nunca fue. Porque el asunto es que soy bien, pero re bien, súper pinche rencorosa, me gusta planear venganzas pero no las llevo a cabo, pero el rencor acá lo tengo almacenado, guardado, a resguardo, ni un poquito menos de lo que originalmente fue, siempre pendiente de sacarlo a relucir si es posible. Y por ende, recuerdo, sobre todo lo malo, lo triste, lo humillante, aunque no lo pienso siempre, cuando se da la ocasión, lo vuelvo a sentir, como los surcos que quedan en el papel, imborrables, irreparables.

Tengo un dolor de cabeza que comienza a preocuparme, creo que lo tengo desde hace ya 3 días. Si amanezco igual serán 4, si no amanezco habrán sido 3. Hoy fue un buen día. Disfruté de las locuras de los niños, de las carteras con Ian, de las ocurrencias de Héctor. El Hectorin que ahora está acá a mi lado echando chisme, esperando a ver si pondré algún videito para verlo juntos o será que mejor ya se duerme. Ajeno a que siento que el corazón me está dando de brincos. Y no brincos «bonitos». Se me contraponen, sobreponen, enciman las ideas, y pienso en que debería procurar dejar por escrito la mayoría de ellas. Todas las posibles. Dejar anotaciones, como las que tengo en esa novela que no hay para cuando la termine. Para nunca a este paso. Si cierro los ojos la cabeza me da vueltas.

Tiene lógica, seguro tenía que ser así. Irme dejando todo inconcluso.

Me limitaré a abrazar a Héctor y veremos qué pasa. O no veremos. Al final, es casi lo mismo.

De alguna manera

5 Mar

Resulta que ya estamos en Marzo. No sé a ciencia cierta cómo es que ya es domingo por la noche otra vez. El domingo anterior me soltaron una bomba. Y ya es domingo otra vez, y los pendientes se siguen acumulando, así como dije hace poco, ensimándose, así que resulta que, a veces, termino haciendo uno que no tenía tanta urgencia como el que le seguía. Sé que Febrero es el mes más corto, pero esperaba que durara un poco más. Suena mi playlist titulada «Corta venas», y suenan canciones que no me dan ganas de cortarme las venas, más bien me hacen recordar y perderme en ensoñaciones, en los hubieras, cada que escucho esas dos canciones pienso en él. Ayer ví la película que se llama «Todo en todas partes todo el tiempo», y tal cual me imagino que debe ser, realmente, nuestra existencia, deben estar sucediendo y no, en simultáneo, todas las posibles e infinitas realidades que se dan por cambios tan simples como que estés aquí leyéndome en vez de haciendo otra cosa. Pensar en ver esa película me llevó igual a ver, luego de años, la primera de «El efecto mariposa». La ciencia ficción con el amor como detonante me super engancha. Así es y así será. Casi siempre, lo repetiré porque me gusta repetir las cosas, la de «La esposa del viajero del tiempo» sigue sin ser de mis favoritas. Tons esa mezcla no es infalible. Entre las mil cosas que traigo en mente y que a la par intento realizar, está la de haber creado un par de clubes de lectura, entre los cuales está uno de ciencia ficción y uno enfocado solo a novelas de amor, con o sin final feliz. Pero ahora justo pensando en esto de la mezcla de ciencia ficción con romance, me pregunto en cuál poner cuál libro, o si vale repetirlos, je Se acerca el tercer aniversario del proyecto «más reciente», nuestro espacio cultural acá cerca. Y creo que, como con casi todo, me caerá el veinte hasta ya el mero día. De momento ya están las actividades y «todo» lo necesario para esos días, aunque resulta que tengo que escribir un discurso, y tal cuál, cuando me dicen que tengo que escribir, pos me bloqueo, a diferencia de las casi 20 líneas que agregué a una novela hace unos días, que esas como nadie las estaba pidiendo ahí están ya. Y en vez de pensar en la idea para el discurso, acá estoy, sacando un poco de lo tanto que anda haciendo bulto. No consigo imaginar cómo es que funciona mi cabeza, con una parte enfocada en ver y escribir acá en el cel y a la par escuchar y cantar las canciones y que no termine yo escribiendo lo que canto. Es como eso de que nos la pasamos haciendo cosas sin pensar en ellas: respirar. Mi bodoquito más pequeño ya va al baño solito y eso supuso, nuevamente, de alguna manera, tiempo libre para seguir divagando y así. Que bajó el precio del dólar y que Tesla tendrá una fábrica acá en México, y que la gente cree que ambas cosas son buenas, yo solo sé que cada que voy al súper las cosas están más caras. Ya tengo preocupaciones de gente adulta: pagos, compras, pendientes. Me comeré un par más de galletas antes de terminar con los pendientes del día e ir a dormir ya que mañana empieza nuevamente la rutina y hay que hacer la lista de los pendientes de la semana. Decidimos probar el «remedio » de quemar el cono de los huevos para alejar a los mosquitos, y la que sale corriendo de aquí soy yo. vayan a ver la luna. Salgan a sentir el viento. Escucharé y cantaré un par más de canciones.

De cuando me da el insomnio

24 Feb

Tenía sueño. No bastante, pero sí esa cantidad de sueño que me habría llevado lejos de acá si hubiera apagado el cel (esos hubiera de siempre), pero decidí ir a buscar una película que ya había visto pero que quería ver de nuevo, para divertirme, y no la encontré, quería ver la de «Amigos con beneficios», porque se me hace linda y divertida, el buscador, al no tenerla ya en su catálogo, me recomendó ver «Siempre el mismo día», y ahí fui, de ahí vengo.

(El pasado 16 de Febrero se «celebra» el «Día de los Amores Imposibles». Aunque a destiempo, como siempre, ya ahondaremos en ello, como siempre, también, para no variar, estuvo tal cual debía ser.)

En principio, la primera vez que la vi, casualmente luego de un rompimiento, de eso trágicos, así tal cual la peli, estaba segura de que se trataba de mi, de nuestro, historia. Ahora, años después, muchas cosas después, me doy cuenta que no, es una historia a ese amor, el amor de cada uno, de quien ve la película, un historia sobre ese amor que al final, por la circunstancia que haya sido, pues no fue.

(Creo que hasta la tercera o cuarta ver de verla sí lloré. Esta, la enésima, ya no.)

Me pongo a pensar, como siempre, en que lo mío es ir (estar), a destiempo, como cuando toco la guitarra, que nomás hago ruido, de repente pareciera que sí con una melodía «que se entiende», pero la mayor parte del tiempo sólo ruido.

(Qué difícil se me hace, conforme más pasa el tiempo, mantener las ideas en mi cabeza, que no se me vayan volando conforme comienzo a escribir.)

Tengo tantos, tantos pendientes, cada vez son más, se van acumulando, encimándose unos sobre otros , sin orden, con la ley del más fuerte impulsándolos, así que al final conforme los voy realizando no suele ser en el orden de «importancia», necesidad, presteza, el «apuro» cronológico en que debería realizarlos. Me pongo a pensar en las historias, ficticias, que tengo pendientes, y me dijo a mí misma que en serio debería dedicar, de menos, una hora al día para avanzarlas y, de menos, terminar un más este año. Pero de pensarlo a hacerlo…

(Quiero, deseo, anhelo tanto, tanto, tanto que mi cabello crezca, que me llegue hasta la cintura 😅😢🤣)

Las rutinas de mi vida siguen, sus componentes cambian. Sigo en la misma ciudad y en el lugar de siempre 🎶

Se «acabó» el 2022

1 Ene

Se acabó ayer el año de los patitos, no pasó sin pena ni gloria, sucedieron varias cosas que me dieron ganas de venir a contar por acá, pero que siempre por una u otra cosa no se dió. Los proyectos personales ahí van, «quitándome» tiempo, haciendo funcionar mi ardilla, entreteniuéndome y haciéndome querer tirar la toalla a partes iguales. Pero obvio tiene su encanto, así que ahí seguiremos por al menos todo este año que recién comienza. Tengo que hacer más planeaciones, cronogramas y calendarios de actividades y apegarme a ellos, en serio seguir una rutina y no hacerme la loca y no seguirla.

(Este 31 no hubo rituales, se me olvidó totalmente el único que hago, ese de guardar en un monedero rojo 13 monedas para que no nos falte el dinero todo el año… Tampoco le compré sus 12 velas a mi mamá. A ver qué tal nos va ya que supersticiamos de inicio.)

Mis bodoquitos crecen sin parar, cada uno a su imparable ritmo, cada uno sorprendiendo diariamente con sus ocurrencias. Me cuesta seguirles el paso a veces, pero creo que van bien. Este Enero será ajetreado en el ámbito cultural-regional, así que lo más probable es que no vuelva a aparecerme por acá hasta por ahí de Febrero, mínimo espero asomarme una vez al mes. Lista de deseos tampoco hice, pero venmgo acarreando varios desde hace años, mis eternos pendientes que se ven desplazados por nuevos pendientes.

(Quize escribir, avanzar un poco en las historias pendientes, no pude, no más de un par de líneas. Y descubrí que tengo que «sacar» un par de actualizaciones de la Mac, quizás finalmente dejarla descansar, ahora que acá la lap «nueva» tiene un DD gramde y «debe» caberle «todo». Lo anoto en mi lista de pendientes.)

Y no pasamos de solo estas líneas, porque ya reclaman mi atención.

Feliz 2023 a todos.

De cosas que uno recuerda

3 Dic

Ayer me tocó ver una escena recurrente, los chicos de secundaria saliendo de clase. Me acordé de cuando yo estudiaba justo en esa escuela. Me acordé de mi primer novio (no mi primer amor), del primero que me rompió el corazón porque un día, una mañana, así como así, me dejó, diciéndome, que era porque quería mejor tener a otra compañera de nuestro salón como su novia. Ay. Primera y única vez que lloré en clase, en la escuela. Recuerdo que se armó un desmadre porque la mayoría de los compañeros de salón se solidarizaron conmigo, la chica en cuestión de desvivía diciendo que ella no había hecho nada, que él no le gustaba siquiera, je Al final, esto fue empezando segundo año, él se pasó los dos años restantes rogándole para volver, y pos nanay, una es rencorosa, vengativa a veces, así que jamás volvimos.

En mi aleatorio diabólico sonaba una canción de Timbiriche: Vuelvo a comenzar. Y después otras que no recuerdo. Pero fue una escena coqueta que me hizo viajar al pasado por un rato.

Para muchos la preparatoria es su mejor etapa, de ella tienen sus mejores recuerdos, yo casi no recuerdo, me dió por conseguir novio la primera semana de clases, y fuimos novios 4 años. Pero en cambio de la secundaria sí me acuerdo, me gustó esa etapa, y aunque no conservo amigos de esos tiempos. Sí tengo muchos recuerdos de casi todos.

Y ya, eso era. Hay más, en mi cabeza, pero son ideas sueltas que como siempre andan por ahí flotando y no tengo tiempo, ni ganas, de quedarme acá esperando a que vayan aterrizando, y sí, obviamente, en cuanto cierre esto ahí vendrán todas de a montón, cuál enjambre, pero ya se sabe.

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