Pasé gran parte del día de ayer pensando en la tonelada de cosas que iba a escribir, y para variar terminé rumiando la idea en la cama hasta quedarme dormida. (Han sucedido bastantes cosas que quisiera dejar escritas por el mero hecho de poder releerlas alguna vez.) No obstante, hoy hace apenas unos minutos, descubrí que es el mentado y esperado por muchos, día Pi, aquí está la explicación:
«Yes, the time is upon us. Everyone knows Pi day is March 14th, but any true nerd realizes Pi is not 3.14, but rather an irrational constant which continues infinitely in decimal expansion. Starting at 9:26:53 (.589… sec) AM, the longest extended Pi Day of our lives will come into action. The date, at the AM and PM hours, will be » 3/14/15 at 9:26:53.589. Days like this only come once in a lifetime!»
En resumen, hoy Marzo 3 día 14 desde las 9:26:53:589 am ha empezado el día Pi. A los que les gusta la numerología deben haber planeado con harta anticipación hacer cosas hoy. Porque también es una fecha que se repite cada 100 años, así que en teoría aún estamos a tiempo de hacer algo.
(Yo me quería casar ayer viernes 13, en serio, pero entre esto y aquello al final no. Así que seguiré a la caza de una nueva fecha «interesante» y «trascendetal» para mi siguiente bodorrio.)
Anteayer murió una vecina, una señora de apenas 70 años que en apariencia no estaba enferma de algo grave, medio mundo quedó espantado cuando se supo que había fallecido. Yo soy de los que aún no se la cree, la escucho claramente saludando, deseando los buenos días, preguntando por lo que vamos a comprar (ella vendía pescados en el mercado, me pregunto, seriamente, ahora dónde cuentos compraremos…), era una señora muy alegre, de esas que creo despiertan la envidia en mi mamá que es tan reservada, de esas que iban a fiestas y bailes y salían y disfrutaban la vida. No deja de ser curioso cómo en verdad uno se da cuenta del valor que tienen ciertas personas en nuestra vida hasta que sabemos que ya no estarán más. Descanse en paz, doña Bertita, siga alegre y disfrutando allá donde se encuentre ahora.
(De cierta forma, lo anterior me lleva a pensar en que mi mejor amiga Ale está «obsesionada» en festejar mi próximo cumpleaños, no quiere que la fecha pase desapercibida y estoy segura de que sólo porque actualmente se encuentra lejos no organizó algo y se ha limitado a insistirme en salir a algún lado. Y es que este año no me inspira para festejarme, quiero un par de sucesos, pero mi celebración de cumpleaños no entra en esa categoría. De hecho, creo que es porque me mentalicé a que los 30 sí los quiere festejar porque serán mis dobles XV. Quién sabe, aún falta.)
Porque hay frases que se han grabado en mi mente de forma y motivo inexplicable. Estoy totalmente segura de que mi gusto por el rock surgió a causa de que escuché a una chica mayor, cuando recién empezaba la secundaria, comentándole a otra chica, que finalmente había conseguido su cassette de los «Enanitos Verdes». No me pude sacar la frase y me carcomía la duda, hasta que yo también tuve un cassete, y de ahí siguió todo, Soda Stéreo, Hombres G, Maná El Tri, Duncan Dhu, Caifanes, Jumbo… Tantos que no importa cuánto tiempo pasa de una reproducción a otra, escucho los acordes y comienzo a cantar. Todo por escuchar un comentario casual.
(Hice un poco de jardinería hace rato. Las plantas crecen tan felices que se andan desmandando y empiezan a invadir territorios y a expandirse y robarle el sol a las que no han dado el estiró. Tengo que andar pendiente de los cambios lunares para no darles en la torre y que les cueste curarse de las ramitas cortadas. En algún lado leí que las plantas sienten, no concretamente el dolor, pero sí perciben que uno les quita hojas y ramas, que incluso uno las arranca y tala. No puedo evitar pensar que Dios es en verdad sabio y no les dejó sentir dolor porque ya sería demasiado que también las plantas sufrieran. Así que me entretengo un rato explicándole a mis plantas que «deben» crecer de cierta manera y que las querré aún más si dejan de estorbarse las unas a las otras. Sí, bien chantajista.)
Me da harto coraje que últimamente no he dejado de darme cuenta de que en verdad el dinero rige nuestra existencia, este andar por la calle y querer algo y no poder comprarlo porque te faltan tantos pesos. Y pensar que al menos son unos cuantos los que te faltan y en cambio hay gente que no tiene ni uno. Si los humanos no fuéramos tan naturalmente egoístas sí podríamos ver eso de volvernos una sociedad en la que todo fuera compartido y cambiado para beneficio de todos. Si tu quieres eso que yo tengo, y yo quiero aquello, simplemente cambiemos, y si luego lo quiero de vuela, y yo tengo otra cosa que quieres, pues volvemos a cambiar. El asunto es, como ya dije, que somos avariciosos, acumulativos y egoístas. Lo sé bien, culpo en parte al hecho de no tener hermanos mi falta de «gusto» por compartir y prestar MIS cosas. Los libros son intocables, siento una especie de dolor físico cuando alguien los toma y hacen afán de querer llevárselos, así que los tengo escondidos en algún lado y sigo acumulando más. Sería bien complicado esto de volvernos una sociedad compartitiva (si existe la palabra), pero chance, con suerte, en algún momento futuro sería posible.
(Extraño tanto a mis mascotas, a los que ya no están porque murieron y a los que cambiaron de casa porque ya no podía darles la atención que merecían. Quisiera que el popó de las mascotas se eliminara mágicamente al contacto con el aire y así poder tener a tantos como fuera posible.)
Ya lo dije una vez (creo) que mi mamá quería que me llamara Karla pero le arruiné los planes y me opuse decididamente (jajaja), y lo creo, porque doña Bertita siempre me llamó Karlita. Ya no la voy a escuchar cuando pase por su casa y ella esté parada en su puerta. Y lo pongo por escrito, si algún día tengo dos hijas, a la segunda le pondré ese nombre.



Debe estar conectado para enviar un comentario.