Algunas de las canciones de mi lista de música llamada «Románticas Alegres» consiguen entristecerme más que las que habitan la lista «Cortavenas», como esta que suena ahora. Estoy en ese rato de andar en un limbo de ensoñaciones y recuerdos que no consigo separar, no me queda claro qué es real, qué fue real. (Se me empieza a empañar tu recuerdo.) Y es parte del encanto también. De esta certeza que sabía llegaría o pasaría en algún momento, pero siempre espero que el momento sea más alejado de lo que siempre suele ser. (Apareces, siempre apareces.) Pero la verdad es que no te quiero solo para algo, no te quiero para un rato, así que a ello me sigo agarrando. Porque saber que eso es lo único que quieres, lo único que ofreces, saber que no me basta, que no me satisface… Todo terminara de acomodarse, eventualmente, algún día. Y de menos tengo la certeza de que lo intenté, más veces de las que debí, quizás, pero no cejé en el intento, y eso le da cierta tranquilidad a mi siempre atribulada alma. (Qué difícil saber que sí se podría pero que por temor a que se pudra no será.) Esta mezcla de escalofríos y anhelos me desespera. Suspiros acompañados de dolores de cabeza. Justo ahora suena esa canción que podría bien llevar el título de «la canción que me hizo equivocarme», pero nah, me iré, como siempre, por la tangente, y culparé, deleguaré, al destino, la responsabilidad de lo que fue y no fue.
Hoy fue un buen día pese a todo.
