Quizás hoy sería un buen día para ponerle fin a este asunto. Pero no lo voy a hacer. Y creo (espero) que tú tampoco. Solo no puedo dejar de darle vueltas. Sí, quizá todo esto te lo debí decir a la cara ahora que pude. Pero me daba miedo ver en vivo que me ignoraras y no respondieras, que te fueras por las ramas como yo suelo irme. O peor aún, que no lo hacieras. (Apareces… Siempre apareces.)
Tienes razón, el problema es que no me quieres como quiero que me quieras.
Lo cual es lógico, ya no puedes quererme de esa manera.
Y aunque lo tengo tan claro… No puedo aceptarlo. No es que no quiera, es que no puedo, sencillamente.
¿Sabes? Debí haberte pedido perdón.
Algún día. En la siguiente oportunidad. Porque me vuelvo chango si no te vuelvo a ver antes de que pasen 10 años nuevamente. (5 a lo mucho, es lo que le queda de vida a mi pasaporte.) Me gusta ir por la vida dejando pendientes.
Creo que se me están agotando las lágrimas. Hasta a mis lagrimales ya los tengo aburridos con mis dramas. Debería ya soltar el pasado y dejar que la vida siga. Debería dejar de estarte dando lata. Debería aceptar esto, que ya fue. Pero es tan difícil, estúpido enamoramiento. Sí, me gusta complicar las cosas y sufrir por gusto. Pero nunca he podido controlar de quien me enamoro. Solo (según yo) tenía control sobre el desenamoramiento, pero ya vimos que no. A ese tampoco lo puedo hacer que suceda cuando quiero.
Tengo que decirte «Adiós».
Sí, sé que lo dije y lo escribí, que no lo haría, pero ya ves, yo aquí como siempre incumplimiendo lo que digo. (Lo que te digo.) A estas alturas ya no sé qué te he dicho «a ti» y qué he sencillamente escrito para sacarlo de mi sistema. Pero, aclaro, decirle Adiós al ente del que sigo perdidamente enamorada. No a ti, el otro tu, porque a ti te quiero siempre en vida. De alguna forma. En alguna medida. Como ahora. Como siempre.
Aquí va un poco de contexto que nadie pidió. Siempre me ha dado miedo su determinación. Siempre le he sacateado cuando demuestran que quieren algo serio conmigo. (Yo como siempre echándole la culpa a otros, esto es culpa del Innombrable #1, porque no importó todo lo que hice, no fui suficiente, y pasó en una etapa de mi vida donde ese tipo de cosas se te graban. Y este es el día en que sigo segura de que no soy suficiente. No importa lo que haga. Justo me siento así contigo, pero no te estoy culpando, aunque parezca, me culpo a mi por engañarme al creer que esta vez sería diferente.) Decía. Hace siglos. Cuando éramos cybernovios. En algún punto empezamos a barajar la posibilidad de vernos. (Tan jóvenes e ingenuos. Yo ya tan mensa como ahora.) En algún punto me di cuenta de que sí ibas en serio. Recuerdo claramente que dijiste que ibas a conseguirte un trabajo, que no importaba si era de ir a cargar bultos a las 4am… Yo no valía ese tipo de esfuerzo, claro que no. Así que empezó mi campaña para terminar nuestra relación. Me costó. A la fecha lo vengo pagando aún. (Puedes dudar de lo que tú quieras, pero jamás, jamás he mentido cuando te he dicho que te amo.) Y como ya sabes, fue. Pero desde ahí siempre me quedó la duda: ¿Qué habría pasado? Tuvieron que pasar años para que al final sí nos viéramos. Tuve que pasar una noche de relativo insomnio, la previa a tu llegada, para «medio» entender que la oportunidad que dejé pasar podría estar de nuevo al alcance. Pero ya sabes, me convencí de lo contrario, o eso creí. Pude haber hecho tu cartel de bienvenida de tantas maneras, pero lo hice como lo hice… Pude, en serio pude, no haberte besado esa noche. Pero lo hice.
Tú a través del cyberespacio me enamoraste, ¿cómo chingado no ibas a enamorarme otra vez estando en persona? Si. Tú me enamoras. No al revés. Así pues, pasó lo mismo, volví a verte serio y comprometido para con mi persona… y volví a tener miedo. Más que la vez anterior. La primera vez estábamos en una relativa igualdad de condiciones, ambos estudiantes dependientes de un tercero. Sin nada que ofrecer más que nuestro amor. Esa vez, tú ya tenías un trabajo, ya habías costeado el viaje y maquinabas incluso el llevarme contigo. ¿Y yo qué tenía para ofrecerte? Ni siquiera yo en ese momento tenía una idea clara de qué quería para mi vida. Si es que alguna vez pretendía hacer algo «de bien» con mi existencia.
No, no soy un partido que valga la pena. Así que lo que ya sabes.
Volví a maquinar para mandar todo al carajo.
Y caí en una espiral de decisiones apresuradas de la que aún no salgo. (Dudo si saldré.)
Es hasta ahora. A mis 35 daños. Que tengo claro lo que quiero. Pero, igual con esa misma claridad, veo que ya no es posible. Tuve tantas oportunidades para dejar de avanzar… Pero recomponer mi ruta… De menos has respondido a mis últimas preguntas, con respuestas que no me gustan, pero al menos poco a poco voy viendo a través de esta niebla de enamoramiento en la que actualmente vivo, qué difícil se me hace el sobrellevar mi día a día, pero aquí sigo, terca, resistiendo, soy una yerba mala pues. Troya no ardió. Ni arderá. Pero la mudanza es inevitable.
Por mientras estoy (sigo) donde estoy: me gusta esto de ser mamá, me maravilla ver cómo los niños van creciendo y aprendiendo, me encanta verlos felices, jugando, riendo, haciendo de las suyas. (Aunque a ratos no lo parezca.) Espero que la Esquina se consolide como un proyecto cultural que, eventualmente, me genere un ingreso extra. Y a la par espero terminar de agarrarle bien el hilo a esto del arriendo de los locales. Para, como dices, dedicarme solo a delegar y cobrar. Pero de aquí a que eso pase… Sigo teniendo harto tiempo libre para martirizarme con mis pensamientos, con recuerdos y ensoñaciones.
Te quiero aquí conmigo.
Me quiero allá contigo.
Nos quiero juntos donde sea.
Pero, siempre los peros, ¿ya no es posible, verdad? Lo pienso y lo pienso, y no, neta que no, si comenzaras a dar trazas de en serio estarlo considerando… Volvería a sentirme insuficiente, volvería a sabotearlo. Lo deseo con toda mi alma. Lo temo con toda mi alma. Creo que finalmente tengo las cosas (medianamente) claras y puedo ofrecerte algo más que este amor que te he ido guardando a lo largo de los años. (Si este banco generara intereses, en serio, amor, no tendrías ya nada de qué preocuparte. Pero soy yo, la peor inversión de riesgo de la existencia.) No veo fallas en la lógica de que no quieras arriesgarte. Y ello me lleva a esta «necesidad» de, entonces, mejor, ya no insistir, dejarte en paz. Intentar por todos mis medios desenamorarme de ti. Aferrarme a tus últimas respuestas, a tus negativas finalmente expresadas.
«El problema» es que me eres irresistible, conseguí bloquear gran parte de tu recuerdo, pero ahí voy de bruta a verte de nuevo y ahora tengo harto material para no dejar de pensarte 24/7, material para mis cursiladas, porque con eso fantaseo, aunque me la pase queriendo que creas que solo me importa lo físico.
Me muero recordando tu mano bajo mi barbilla. Me muero con ese beso fugaz que me diste antes de irte. (¿Por qué, por qué me besaste? No puedo dejar de darle vueltas a esta pregunta porque solo una respuesta me parece lógica y aplicable. Pero manda al traste todo.)
Me muero recordando lo fácil que era dejarme llevar por tus brazos y pegarme a tu cuerpo, recargarme en tu pecho y escuchar tu respiración.
…te amo.
Pero ya sé, lo sé, en serio, te juro que lo sé, que ese barco ya zarpó. Pero me cuesta tanto aceptarlo. Yo que no sé nadar quiero echarme al agua e intentar alcanzarlo. Pero vuelvo a lo mismo, lo alcanzó, ¿y luego? ¿Finalmente soy suficiente? Ahora soy demasiado, XD
(Un día de estos. Eventualmente. Cambiaremos de código postal, igual no hoy ni mañana, pero en un futuro no tan lejano. El tiempo sí es relativo. Sé exactamente cuándo y por qué será.
Así que intentaré no fantasear tan a futuro. Terminar de gestionar las cosas que tengo pendientes y entonces sí, a la chingada con maletas y un bodoque a cada lado.)
Por mientras, lucho incansablemente con este amor que siento por ti. Con esta imperiosa necesidad de que lo aceptes, de que me creas. Me desespera que todo este amor que tan celosamente guardé para ti te pase de largo…
Acabo de ver la hora. De nuevo se me ha hecho tarde. La historia de mi vida. Siempre voy tarde.