Archivo | agosto, 2021

De cosas que anduve pensando ayer y más atrás

26 Ago

No me puedo concentrar en mis pendientes porque desde ayer ando pensando en escribir esto, i algo parecido, ya ven que si no escribo al momento en que la inspiración llega luego termino tergiversándome a mí misma.

Ayer en un rato de no tener ganas de hacer algo en particular me topé con una serie de Netflix que empecé a ver y luego la dejé (Sex/Life), que va de la vida de una chica que disfrutó como quiso su vida de soltera y el cambio hacia la vida de casa de madre y ama de casa comienza a hacerla cuestionarse sobre todo lo que hizo y cómo terminó donde se encuentra en ese momento. Obvio pensé en mi y mi desvariada situación actual, la cuál visto objetivamente, no tiene nada qué ver. Pues aquí ella lucha con un amor correspondido en la misma medida y yo naranjas, jajaja Pero en sí la serie me gustó y me dejó fantaseando con el asunto.

Sí, uno se replantea todo en ciertos momentos, por ciertas personas, por ciertas situaciones, uno de repente está seguro de las cosas, y de repente ya no. Y si la otra persona te demuestra una determinación igual, debería ser fácil decidir, pero no lo es. Cuando no te demuestra lo mismo, debería ser aún más fácil, y lo dicho, tampoco lo es. Dios los hizo y yo «los junté», a ratos me responden prácticamente igual a las cosas. Y m desespera. Porque sé que tienen razón y soy yo y mi manía de buscar culpables y no arriesgarme. Todo el meollo de este asunto gira en base a que dejé que me ganara el miedo. A estas alturas podría, de hecho, estar donde estoy ahora, pero ya sin las dudas (obvio que seguramente con otras), o podría estar allá, en cualquier otro lugar, y todas esas opciones están bien.

En un universo nunca nos conocimos. En otro este es el día en que seguimos sin habernos visto en persona. En otro nos vimos y no hubo magia y cada quien siguió su camino. En otro nos vimos en cuanto lo hicimos posible y aún seguimos juntos, en otro no duró tanto. En un universo no me ganó el miedo y esperé, y todo siguió como lo planeaste. En otro universo no esperé y fui tras de ti. En otro no te dejé ir (no en ese momento), interpreté la señal de la pérdida del camión como una señal de que no debías irte, y no te fuiste. En otro solo te fuiste para volver de nuevo, y no te fuiste otra vez. En otro universo, apenas reapareció «esto» me subí a un avión, y pese a que seguimos aquí y allá, no tengo estás pinches dudas. En otro igual fui, y ahí tú no me dejaste volver. (En esos universos donde no tengo a mis bodoquitos, en la mitad de ellos este asunto se resuelve «fácil» y la otra sigue en veremos.) En el universo donde solo tengo un bodoque no ha sido tan difícil el asunto, y te está costando adaptarte, pero ahí vas. En otro de plano no funcionó, XD En un universo no terminamos ese viaje juntos, de hecho, en uno ni siquiera lo iniciamos, en otro te encontré de nuevo acá en este rancho, y ahí sí se reanudó el asunto.

Me da cierta «paz» pensar que hay universos donde este asunto va bien. Va como quisiera que fuera en este.

Sí, yo siempre echándote la responsabilidad, pero si me dijeras que sí lo intentas…

Bueno. Ya. Salió de mi cabeza. Es hora de enfocarse a los mil pendientes que aún tengo. Parte de mi plan actual radica en ya no andar postergando las cosas que puedo solucionar «al momento», así que ahí voy, paso a pasito.

De diástoles que de llegar tenían

23 Ago

Quizás hoy sería un buen día para ponerle fin a este asunto. Pero no lo voy a hacer. Y creo (espero) que tú tampoco. Solo no puedo dejar de darle vueltas. Sí, quizá todo esto te lo debí decir a la cara ahora que pude. Pero me daba miedo ver en vivo que me ignoraras y no respondieras, que te fueras por las ramas como yo suelo irme. O peor aún, que no lo hacieras. (Apareces… Siempre apareces.)

Tienes razón, el problema es que no me quieres como quiero que me quieras.
Lo cual es lógico, ya no puedes quererme de esa manera.
Y aunque lo tengo tan claro… No puedo aceptarlo. No es que no quiera, es que no puedo, sencillamente.  

¿Sabes? Debí haberte pedido perdón. 
Algún día. En la siguiente oportunidad. Porque me vuelvo chango si no te vuelvo a ver antes de que pasen 10 años nuevamente. (5 a lo mucho, es lo que le queda de vida a mi pasaporte.) Me gusta ir por la vida dejando pendientes.

Creo que se me están agotando las lágrimas. Hasta a mis lagrimales ya los tengo aburridos con mis dramas. Debería ya soltar el pasado y dejar que la vida siga. Debería dejar de estarte dando lata. Debería aceptar esto, que ya fue. Pero es tan difícil, estúpido enamoramiento. Sí, me gusta complicar las cosas y sufrir por gusto. Pero nunca he podido controlar de quien me enamoro. Solo (según yo) tenía control sobre el desenamoramiento, pero ya vimos que no. A ese tampoco lo puedo hacer que suceda cuando quiero.

Tengo que decirte «Adiós».

Sí, sé que lo dije y lo escribí, que no lo haría, pero ya ves, yo aquí como siempre incumplimiendo lo que digo. (Lo que te digo.) A estas alturas ya no sé qué te he dicho «a ti» y qué he sencillamente escrito para sacarlo de mi sistema. Pero, aclaro, decirle Adiós al ente del que sigo perdidamente enamorada. No a ti, el otro tu, porque a ti te quiero siempre en vida. De alguna forma. En alguna medida. Como ahora. Como siempre.

Aquí va un poco de contexto que nadie pidió. Siempre me ha dado miedo su determinación. Siempre le he sacateado cuando demuestran que quieren algo serio conmigo. (Yo como siempre echándole la culpa a otros, esto es culpa del Innombrable #1, porque no importó todo lo que hice, no fui suficiente, y pasó en una etapa de mi vida donde ese tipo de cosas se te graban. Y este es el día en que sigo segura de que no soy suficiente. No importa lo que haga. Justo me siento así contigo, pero no te estoy culpando, aunque parezca, me culpo a mi por engañarme al creer que esta vez sería diferente.) Decía. Hace siglos. Cuando éramos cybernovios. En algún punto empezamos a barajar la posibilidad de vernos. (Tan jóvenes e ingenuos. Yo ya tan mensa como ahora.) En algún punto me di cuenta de que sí ibas en serio. Recuerdo claramente que dijiste que ibas a conseguirte un trabajo, que no importaba si era de ir a cargar bultos a las 4am… Yo no valía ese tipo de esfuerzo, claro que no. Así que empezó mi campaña para terminar nuestra relación. Me costó. A la fecha lo vengo pagando aún. (Puedes dudar de lo que tú quieras, pero jamás, jamás he mentido cuando te he dicho que te amo.) Y como ya sabes, fue. Pero desde ahí siempre me quedó la duda: ¿Qué habría pasado? Tuvieron que pasar años para que al final sí nos viéramos. Tuve que pasar una noche de relativo insomnio, la previa a tu llegada, para «medio» entender que la oportunidad que dejé pasar podría estar de nuevo al alcance. Pero ya sabes, me convencí de lo contrario, o eso creí. Pude haber hecho tu cartel de bienvenida de tantas maneras, pero lo hice como lo hice… Pude, en serio pude, no haberte besado esa noche. Pero lo hice. 

Tú a través del cyberespacio me enamoraste, ¿cómo chingado no ibas a enamorarme otra vez estando en persona? Si. Tú me enamoras. No al revés. Así pues, pasó lo mismo, volví a verte serio y comprometido para con mi persona… y volví a tener miedo. Más que la vez anterior. La primera vez estábamos en una relativa igualdad de condiciones, ambos estudiantes dependientes de un tercero. Sin nada que ofrecer más que nuestro amor. Esa vez, tú ya tenías un trabajo, ya habías costeado el viaje y maquinabas incluso el llevarme contigo. ¿Y yo qué tenía para ofrecerte? Ni siquiera yo en ese momento tenía una idea clara de qué quería para mi vida. Si es que alguna vez pretendía hacer algo «de bien» con mi existencia.

No, no soy un partido que valga la pena. Así que lo que ya sabes.

Volví a maquinar para mandar todo al carajo.

Y caí en una espiral de decisiones apresuradas de la que aún no salgo. (Dudo si saldré.)

Es hasta ahora. A mis 35 daños. Que tengo claro lo que quiero. Pero, igual con esa misma claridad, veo que ya no es posible. Tuve tantas oportunidades para dejar de avanzar… Pero recomponer mi ruta… De menos has respondido a mis últimas preguntas, con respuestas que no me gustan, pero al menos poco a poco voy viendo a través de esta niebla de enamoramiento en la que actualmente vivo, qué difícil se me hace el sobrellevar mi día a día, pero aquí sigo, terca, resistiendo, soy una yerba mala pues. Troya no ardió. Ni arderá. Pero la mudanza es inevitable.

Por mientras estoy (sigo) donde estoy: me gusta esto de ser mamá, me maravilla ver cómo los niños van creciendo y aprendiendo, me encanta verlos felices, jugando, riendo, haciendo de las suyas. (Aunque a ratos no lo parezca.) Espero que la Esquina se consolide como un proyecto cultural que, eventualmente, me genere un ingreso extra. Y a la par espero terminar de agarrarle bien el hilo a esto del arriendo de los locales. Para, como dices, dedicarme solo a delegar y cobrar. Pero de aquí a que eso pase… Sigo teniendo harto tiempo libre para martirizarme con mis pensamientos, con recuerdos y ensoñaciones. 

Te quiero aquí conmigo.

Me quiero allá contigo.

Nos quiero juntos donde sea.

Pero, siempre los peros, ¿ya no es posible, verdad? Lo pienso y lo pienso, y no, neta que no, si comenzaras a dar trazas de en serio estarlo considerando… Volvería a sentirme insuficiente, volvería a sabotearlo. Lo deseo con toda mi alma. Lo temo con toda mi alma. Creo que finalmente tengo las cosas (medianamente) claras y puedo ofrecerte algo más que este amor que te he ido guardando a lo largo de los años. (Si este banco generara intereses, en serio, amor, no tendrías ya nada de qué preocuparte. Pero soy yo, la peor inversión de riesgo de la existencia.) No veo fallas en la lógica de que no quieras arriesgarte. Y ello me lleva a esta «necesidad» de, entonces, mejor, ya no insistir, dejarte en paz. Intentar por todos mis medios desenamorarme de ti. Aferrarme a tus últimas respuestas, a tus negativas finalmente expresadas.

«El problema» es que me eres irresistible, conseguí bloquear gran parte de tu recuerdo, pero ahí voy de bruta a verte de nuevo y ahora tengo harto material para no dejar de pensarte 24/7, material para mis cursiladas, porque con eso fantaseo, aunque me la pase queriendo que creas que solo me importa lo físico. 

Me muero recordando tu mano bajo mi barbilla. Me muero con ese beso fugaz que me diste antes de irte. (¿Por qué, por qué me besaste? No puedo dejar de darle vueltas a esta pregunta porque solo una respuesta me parece lógica y aplicable. Pero manda al traste todo.)
Me muero recordando lo fácil que era dejarme llevar por tus brazos y pegarme a tu cuerpo, recargarme en tu pecho y escuchar tu respiración.

…te amo.

Pero ya sé, lo sé, en serio, te juro que lo sé, que ese barco ya zarpó. Pero me cuesta tanto aceptarlo. Yo que no sé nadar quiero echarme al agua e intentar alcanzarlo. Pero vuelvo a lo mismo, lo alcanzó, ¿y luego? ¿Finalmente soy suficiente? Ahora soy demasiado, XD 
(Un día de estos. Eventualmente. Cambiaremos de código postal, igual no hoy ni mañana, pero en un futuro no tan lejano. El tiempo sí es relativo. Sé exactamente cuándo y por qué será.
Así que intentaré no fantasear tan a futuro. Terminar de gestionar las cosas que tengo pendientes y entonces sí, a la chingada con maletas y un bodoque a cada lado.)

Por mientras, lucho incansablemente con este amor que siento por ti. Con esta imperiosa necesidad de que lo aceptes, de que me creas. Me desespera que todo este amor que tan celosamente guardé para ti te pase de largo…

Acabo de ver la hora. De nuevo se me ha hecho tarde. La historia de mi vida. Siempre voy tarde.

De que un día de estos…

21 Ago

Dijo «No lo sé», pero es un: «No, lo sé», porque esas cosas se saben, se sienten, sobre todo siendo nosotros. Así que es un «No». Y tan tan. Pero el asunto aquí es, que aunque duele, no ha pasado más. Creo estoy en etapa de negación, de sencillamente no creerlo ni aceptarlo. Supone un replanteo a todo lo que recién andaba planeando. Aunque «el principio» del plan sigue siendo el mismo, resolver mis pendientes, dejar todo lo más en orden que se pueda. Esperar. Y entonces tomar otro camino. Sola si no hay de otra. Aunque obvio, quisiera no fuera así. Pero aunque duele, supone un cierto alivio tener ya esto en claro.

Vuelven, se acrecentan, imponen su presencia, los dolores «de siempre», el de cabeza y el del tobillo, punza incluso.

Me quedo en blanco a ratos. Ya puse música para llenar esos vacíos. Ya escribí las cosas con las que pienso distraerme. Seguiré intentando dejar las cosas en claro. Por este rumbo. A ese ya lo dejaré por la paz. Iré a buscar mis emails no enviados para volverlos entradas. Yo sí soy profeta en mi tierra.

Solo algunas cosas previas a otras

18 Ago

Solo tengo una categoría establecida para mis entradas aquí. Pero bien podría ponerlas bajo el nombre del Fulano a quien iban dedicadas. Ocurrencias que se me ocurren de repente. Tengo una app aquí en el cel donde están «juntos» mis tres emails y en eso de andar brincando de uno a otro de repente me encuentro con emails de hace años. Justo encontré unos que creía perdidos por siempre, y que no, resulta que ahí andan a relativo buen resguardo, porque conmigo nunca se sabe, y podría, eventualmente, como ahora, querer borrarlos algún día. Allá en ese otro email hay correos que borraré finalmente en cuanto termine de escribir aquí. Me ha costado mucho, me ha tomado años, pero finalmente he conseguido cerrar algunos ciclos. Poner puntos finales. Cerrar puertas. Y avanzar.

Tengo otro email donde ando juntando «borradores», intento ya no dar «tanta» lata y siento un relativo alivio tras escribirlos aunque no los envíe.

Aún no consigo sacar en limpio, establecer bien las bases para nombrar al culpable y por ende culparlo por todas las decisiones que tomé. Sí, obvio no aceptaré toda la culpa así nomás, sin resistirme. (Te pienso, te pienso tanto.) He logrado sacar en claro que estaba enculada, y aparte estaba bien mensa. No quería terminar en una situación como en la que estoy ahora. Sí, ironías de la vida. Tons la cagué, y la recagué, y lo arruiné, y aunque tardé en darme cuenta de ello, y peor aún, no hice algo por solucionarlo, ya me di cuenta. Y creo en lo que respecta a pedir disculpas a quien las amerita, ya lo hice. Más no puedo hacer, salvo «arreglar» el lío en el que me metí después. Y al fin de cuentas, en eso ando, pero como siempre, bien feliz de la vida poniendo trabas y dejando minas para irme complicando el camino.

«Jugamos» con que yo solo esperaré a que mis hijos terminen la universidad y se casen y sean felices para yo volver a tomar las riendas de mi vida. Pero no será así, lo sé, de alguna manera lo sé, pero tampoco podré compartir estos años de tierna infancia con él, que creo no son compatibles, se terminarían odiando los tres, o quizá no. Ya ven, yo siempre asumiendo cosas para postergar otras. Dejo que mi ánimo cambie como las canciones que el aleatorio va poniendo, aunque ahora concretamente varían como las canciones del mix que «me mandó» a escuchar hace unos días. (Si me mandara la lista de las cosas que quiere que haga, las haría. Pero no lo va a hacer. Y yo de ello me agarro igual para no actuar y «acelerar» esto.) Yo lo quiero aquí conmigo, al menos por unos años. Y cuando sea el momento. Irnos a dónde usted diga. Ese plan tengo, ese me agrada. Siento que con ese podría funcionar. Sí, es el mismo que usted tenía y no quise. Lo sé.

(Mi bebé más bebé ya es más autosuficiente, hay que darle un año más.)

Por mientras me distraigo planeando otra escapada. A sitios desconocidos o a lugares por donde creo no me perderé fácil. Porque ya no puedo hacer planes sin pensar en incluirle. Quizá la clave aquí también es la distancia y la espera. No estoy comparando, pero funcionó bien por un tiempo. Y aunque yo soy yo, él no era usted, así que el resultado definitivamente no será el mismo. Hay que ver, tengo que poner orden en este punto, en el yo, para que las cosas funcionen. Este yo que somos tres.

Bueno. Ya no lo posterguemos más. Vamos a la eliminación definitiva.

De nuestras efemérides

15 Ago

Un día como hoy, hace diez años. Él viajó a México. En conmemoración a ello, hoy me la pasé hablando de él, en voz alta, por un rato. Intentando explicar (me) de qué va este asunto actual en el que estamos. Dejamos en limpio que sí, gran parte del lío y del problema es mío. Así que hace rato me dormí pensándole y casi que acabo de despertar, igual.

Hoy, hace un mes, yo viajé para verle.

Y este asunto sigue siendo un enredo, pero de a poco he conseguido encontrar el hilo y aunque no parezca ya comencé a desenredarlo. Lento. Pero voy. Porque al parecer lento es nuestro paso, así nos ha funcionado.

Esperemos que así siga funcionado.

De que hay que sacar un poco de lo que me anda dando dolor de cabeza

14 Ago

Casi no me he movido de este espacio en el que estoy. Con todo el contexto que eso significa. Con todo el trasfondo que podrían encontrarle al asunto. En mi actual proyecto/trabajo tenemos el acuerdo de que siempre debemos estar tres presentes. Así que hoy tocó estar, aunque parezca que de las tres soy la que menos hace. Pero, como siempre, decía, que llevo ya 10 horas aquí. Y me empieza a pasar factura. Empiezo a desvariar y divagar por ratos. Aparte que estar frente al ventilador siempre hace que uno se relaje. Y a mi que nunca me ha costado estar en las nubes. Ahorita escuchando reggae, que a fuerza de ser parte de la nueva rutina de los fines de semana ya le voy agarrando el gusto. Y con todo, con esta música que nunca antes había escuchado, te pienso, como desde hace meses lo vengo haciendo, sintiendo que todo me recuerda a ti. Y quizás, estoy llegando ya a un punto en que empieza a ser demasiado, demasiado para ser algo sin retroalimentación, y es que aunque suena a queja, y en parte, esta vez, sí lo es, todavía no quiero rendirme, la terquedad no le deja, pese a que Pesimismo tira de mi con fuerza hacia el otro lado, pese a que Depresión sentada en mis hombros y recargando su cabeza en la mía no hace más que nublado todo. Empiezo a dudar sobre la veracidad de mis más recientes recuerdos, si sí pasó o también lo ando inventando. Te extraño. Te echo de menos. Me duele no estar contigo en el mismo punto geográfico. Pero así son las cosas. Estas son las consecuencias de nuestras mutuas decisiones, y no queda más que aceptarlas ya que no vamos a hacer nada por cambiar las circunstancias. Sí, tenía que ser, empieza a sonar una de mis nuevas canciones corta venas favorita. ¿Qué hago si no quieres? Me desespera estar así, no poder mandarte a la chingada como ya lo hice antes. Porque no quiero, por eso, porque te quiero.

Ya casi hago mis doce horas aquí.

Ya casi vuelvo a casa.

De algunas manías y fijaciones

14 Ago

Si alguien ha leído todo hasta acá, ya deberá tener en claro varias cosas sobre mi carácter, hay varias constantes en mi vida, que aunque aveces se disfrazan y cambian de nombre, en esencia son las mismas siempre.

Me encantan las películas de ciencia ficción con giros de viajes en el tiempo e historias de amor. Acabo de ver, por segunda vez, el anime «Your Name», y me quedo pensando, en eso que siempre he pensado, que hay señales por todos lados, que aveces las obviamos, pero que a la par, cuando algo va a pasar, pasa, encuentra el modo, las cosas se acomodan para que suceda. Eso me lleva inevitablemente a pensar en «Señales de amor» y pensar en que debería volver a verla. O ver de nuevo «Cuestión de tiempo». Y pese a este precedente, «The Time Traveler’s Wife» no es de mis favoritas, sí, podría volver a verla, incluso ahora, pero si encuentro con qué distraerme voy y me voy con la distracción.

Al final no todas las historias de amor me convence. Me gusta la mía, con todos sus enredos, algún día, cuando pase de mis 50’s, veré de escribirla. Vendré aquí a tomar notas.

Pero, decía, como siempre, distrayéndome o yéndome por las ramas, que haré el intento de chutarme un par más de películas de amor, algunas que no he visto. Que me recordarán a las que ya vi, y volveré a verlas, y así siempre. ¿Si ya sabes qué te gusta, qué (quien) te hace feliz, para qué chuchas buscas por otro lado? Ay, si es que tenía yo que llegar a mis 35 para tener las cosas medianamente claras. Pero bueh, seguimos trabajando en ello. (De menos el pasaporte lo saqué a varios años.) Ya veremos qué nos deparan mis desvaríos y el acontecer del mundo.

De las reflexiones que surgen luego de cantar por horas

5 Ago

Siempre he tenido esa facilidad de construir castillos en el aire. Da igual lo desastroso e improbable que sea el entorno, ahí estoy, poniendo piedra sobre piedra, dándole forma, sin que nada lo afecte, sin que nada me afecte. Como si mi vida dependiera de ello. Ahí estoy, agregando alas, pasadizos, abriendo ventanas, decorando los balcones… Hasta que llegan días (momentos) como este, en que todo se derrumba, lo derrumbo.

No puede durarme mucho la «buena» racha. Así no (me) funcionan las cosas. No obstante, ahora, en este instante, estoy (sigo) de buenas. Estoy lúcida. No estoy triste. Estoy aquí porque «tuve» que silenciar finalmente la música, porque se acaba la batería del celular y los niños duermen, de lo contrario seguiría cantando, como desde hace horas. Hoy estar cantando me ha ayudado a aclarar(me) las ideas.

Quizás esta vez sí debería hacer caso y desistir. Dejar de intentarlo. De una buena vez. Ya. Ahora. La marea no va a cambiar. Bastante claro está el panorama. Pero soy terca… Estoy encaprichada, me dijo, estoy «bastante» segura de que no es así. Me… Sería una buena revolución para mi mundo que así fuese… Me jacto de saber diferenciar las cosas, las realmente importantes, de las que no lo son, creo firmemente que distingo las cosas «reales» de las que no son más que invenciones mías. Y esto… Esto no es un capricho. Pero es bastante un imposible que solo se volvería posible si hubiera dos para remar el barco. Y no los hay. Solo estoy yo, que ni nadar sé.

Lo he dicho, te lo he dicho, me lo digo y me lo repito, no quiero usarte de pretexto, pero lo sigo haciendo. Esta vez para no decidirme. Porque una parte de mi no quiere. (Ahí lo tienes, una verdad finalmente.) Y la otra aunque sí quiere, sabe que tú no. Así que se escuda en ello. Y entonces aquí acabamos, en la vieja y confiable trinchera.

Quisiera decirte que voy a amarte como tú quieras. Que juro que lo haré. Pero justo el meollo del asunto es que no quieres. Estás (estamos) en un punto relativamente cómodo, donde sí mi enamoramiento decidiera por fin dejar de joder, todo sería calma. Me gusta cómo me quieres, lo tanto que lo haces. No me satisface al cien (si así fuera no seguiría aquí chinchando), pero aunque conformarse no es la palabra adecuada, lo tomo, lo acepto, me quedo con ello. Sabes que yo podría amarte más. Pero dado que esta madre del amor es una onda recíproca y ya dejamos claro que tu me quieres en «esa» medida, pues en esa misma he de corresponderte, para que finalmente encontremos el equilibrio. Para que cuando los planetas vuelvan a alinearse y pueda tenerte frente a mi de nuevo no me distraiga pensando en otra cosa que no sea ese momento. Para ya dejar de darle vueltas a este asunto.

Te querré como ahora quieres que te quiera.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar