Archivo | enero, 2015

Verdades que se descubren a deshoras

6 Ene

Pues nada. Se acabó el año y está empezando otro año y no me ha dado sueño aún. Son casi las 3 de la mañana y estoy tecleando en un intento por terminar de liberar mi mente para intentar dormir. Escribí una carta a mano, escribí un email, escribpi en facebook, mandé un tweet y ahora aquí. Y en ningún lado resultó la gran cosa. He empezado este año con el pie derecho (creo) y eso implica que tengo poca inspiración. Tengo más pendientes que antes. (En mi mente están sonando canciones viejas y sosas que no sé de dónde salieron.) Ya no hay ruido aquí en la sala, salvo el del tictac del reloj que ahora que lo mencioné parece haber cobrado más fuerza. Así, tal cual. Un perrito que ladra en la cercanía. Algo parecido a un grillo. Y el tecleo no uniforme de estas teclas oprimidas por los mismos dos dedos de siempre. Que por este escribir solo con dos dedos es que me cuesta tanto escribir a mano. (Eso y ese miedo de siempre a profanar las hojas en blanco con cosas que no valgan la pena.) Pero me gustó lo que escribí, no fue la gran cosa, repito, pero estuvo bien. Cumplirá su objetivo. Aunque escribir esa carta me llevó a estar buscando cartas virtuales y a releer esa sarta de patrañas y mentiras que alguna vez me creí. (Es broma. Fueron verdad a su manera.) Y a la par descubrí algo, la revelación del tweet más reciente. Este año, según mis cuentas, se cumplen esos tres años que en ese momento, osea hace tres años, parecían tan lejanos. (Y ese suceso no consigo acomodarlo en la línea de tiempo.) Y aunque me detengo y escalo a lo más alto y veo hacia atrás no consigo ver por dónde se torció el camino y cómo es que terminé aquí, ahora, con esta certeza de que «ya mero» se cumple ese plazo y que ya da igual. Y me pregunto (a la par) si por eso decidió darle más tiempo a la siguiente o será solo coincidencia Aunque en este asunto las coincidencias son cosa poco común. Eso de la casualidad y la causalidad siempre andan dando lata. Y sí, tres años que en cierta forma se fueron «volando» pero cuyos rezagos me costó (me cuesta) desprender y deshacerme de ellos, incinerarlos, desperdigar sus cenizas. (Me empieza a dar frío y me hace feliz la idea de saber que la cama ya no está sola y vacía esperándome.) Ya casi pasaron esos tres años y no soy tan «vieja» como pensé que sería, sin duda las cosas nunca terminan siendo como una las imagina, y aquí estoy, aun de cierta manera. Tres años que ya son nada en este instante porque las cosas se acomodaron de esa manera y no es posible que sea de otro modo porque en verdad que no hay forma de volver en el tiempo y hacer las cosas de otro modo y sobre todo ahora que conozco las implicaciones que habría si cambiara algo pues me convenzo de que sí, así debió ser. Pero bueno, el hubiera, como siempre, haciendo acto de presencia, alisándose el traje arrugado de costumbre porque es siempre el mismo hubiera, no es otro, solo se cambia el peinado, sube y baja de peso, se ve más ojeroso, pero es el mismo, quizá ahora que pasen bien estos tres años verá de ausentarse por un rato más largo. (Viene el dolor de cabeza, este que hace poco volvió a aparecer. Será por el clima. Creo que hoy aún había rezagos de luna llena.) Y es que por cosas que pasan también me dio por pensar en la fugacidad de la vida y en la futilidad de nuestros actos y me gusta saber que no me quedé estancada esperando a que los años siguieran pasando, con esa certeza que de cierta tenía solo la fachada. Porque cuando la última pieza terminó cayendo por el peso de la anterior ya no había poder que las hiciera levantarse. Porque esa anécdota del papel arrugado y alisado cobró tanta realidad que no importa la cantidad de sentimientos que invite al recordatorio, las lágrimas ya no se les pegan a las suelas, ya pasó. (Y aquí va el primer bostezo.) Pero qué curioso que justo a principios de un año que pinta a ser el primero de muchos que serán siempre nuevos y fascinantes sea justo en el que caigo en la cuenta de que esos tres se cumplen. Tres, como siempre. Ese número me sigue. La vida es este algo que está aquí ahora y ahora ya no, que se va así como viene, y no estaba yo para seguir esperando, sobre todo porque la fachada de esa certeza ya se había caído y mi naturaleza rencorosa y vengativa jamás me iba a permitir hacer borrón y seguir, retomar, el asunto como si nada, como si ese tropezón hubiera sido igual que los anteriores, como si el pequeño sismo no hubiese derrumbado todo y abierto grietas. Así, de repente, resulta, que ya casi pasaron esos tres años. no sé bien cómo ni en dónde ni en qué parte de mi vida estoy. Pero si sé que me gusta este no saber y este ir acompañada por quien voy. Porque mi corazón de condominio siempre lo seguirá siendo pero eso no implica que las habitaciones deban estar todas ocupadas por diferentes inquilinos para que el nombre tenga chiste. Hace frío allá afuera, hace frío pero ya no como en la tarde que me dio por salir a hacer mandados y se me alborotó el cabello más que de costumbre con ese aire tan fuerte que aunque lo intentó no pudo elevarme y hubiera estado bueno que pudiera para ver a dónde llegaba porque no es que quiera pero sí, me gustaría darme una elevada a nuevos horizontes, por un ratito, nomás por ver qué hay. Ya casi pasaron esos tres años y no sé en qué parte de la línea de tiempo no pasó lo que iba a pasar. Y este año que apenas inicia ya ha traídos tristezas, se fue Paulita a otra parte del universo y nos quedamos a consolarnos con su recuerdo. Su ausencia más presente que nunca. Ella que fue un ejemplo de lo que era vivir la vida plenamente y con intensidad. (Este anillo dorado en mi dedo anular izquierdo que me dice que ya debería irme a la cama.) El email más viejo que encontré es del 2009 y en ese mismo año conocí a esa gran mujer que nos dejó. Todo en mi vida lleva sincronía. Toda la locura de mi universo parece estar perfectamente acomodada y cronometrada. Y aún así hay cosas que olvido y no o mal recuerdo. A mi que me encanta andar interpretando las cosas a mi sacrosanto gusto. Mi lista de deseos para este año es más larga que las anteriores pero con casi todos los deseos reciclados de los años de la década. Los números siempre se andan repitiendo y acaba de ocurrióseme que debería probar a comprar un billete de lotería. ¿Quién sabe? Según el horóscopo este será un buen año para los pescesitos. ¿Será? Con que le atine a una cosa (a esa en particular) me «conformo», que ya no soy conformista, dejé de serlo, no hace tres años, pero casi. Por estoy donde estoy. Me quedo aquí con el extrañamiento, con las ganas, con ese hubiera, con nuevos sueños (aunque se ven tan parecidos a otros, seguro solo están disfrazados), con ese tic tac tan perpetuo y armónico que hace que uno no note cómo pasaron ya casi tres años.

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