Pese a que por ratos parece que ya no hay nada en el cine que pueda sorprendernos, resulta que no, aún hay cosas que van surgiendo y nos dejan pensando. Me acabo de topar con una película que tiene pinta de francesa, que en inglés se llema «The Longest Week», y va de un hombre rico que súbitamente se ve en la pobreza y conoce a una chica que es la chica a la que pretende su mejor amigo. En resumen. Y así de trillado como suena, tiene su encanto. Y es que sí, las cosas por más trilladas que suenen y se vean siempre tienen la ventaja de que como jamás sucede nada dos veces de la misma manera, siempre habrá ese algo que le de un toque de originalidad al asunto. Así pues, una vez más, bendito internet.
(Es nada fácil esto de sobrellevar más de una década de inseguridades surgidas de quién sabe dónde, porque sí, en efecto, todas las mujeres (o la mayoría) somos felices de serlo y nos encanta y lo presumimos y nos gustamos a nosotras mismas y de repente, conforme vamos creciendo, resulta que no nos gusta nuestra sonrisa, nuestra nariz, nuestro cabello, nuestros ojos, nuestro cuerpo en general, queremos ser más como ella o como aquella, comenzamos a usar maquillaje, nos vestimos diferente, nos teñimos el cabello, lo alacioamos, enchinamos, cortamos, hacemos lo posible por transformarnos en otra, en esa otra que se parezca lo menos posible a esa que cada día se asoma al espejo a saludarnos. Y ni idea por qué. A mi me gusta bastante como soy, al menos puedo asegurar que soy de las pocas que usa lentes y le gusta cómo se ve con ellos y no hace ni el intento (pues no le veo el caso) de quitárselos para las fotos o por ratos u opta por usar pupilentes,no, al menos en ese aspecto estoy feliz conmigo misma. Mi cabello si fuera más largo y tantito menos pesado estaría mejor. Si mi dentadura no se empeñara en no estarse acomodada, sería mejor. Y si el acné finalmente decidiera ya no aparecer, genial. Pero sobre si estoy gorda o flaca o si hubiera sido mejor crecer unos centímetros más, no, así estoy bien. Aunque hay días en cada mes en que sí, como todas, daría lo que fuera por no tener que admitir que sí soy yo la que se refleja en el espejo, esa que de repente tiene arrugas y un cutis no perfecto de piel tersa. Y lo más curioso, es que ni de lejos debería ya preocuparme todo eso, pues mi esposo está loco (jajaja) y aunque actualmente esté más preocupada que de costumbre por mi hermoso y bello rostro el se cansa diciéndome que no me preocupe, que así estoy bien, y que así estoy linda. Sí, así somos, y no es que nos guste que nos repitan que somos hermosas, sino que sencillamente no lo creemos…)
En efecto, los dichos no por nada son siempre ciertos, es verdad eso de que «nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde» y demás similares que existen, nosotros (los seres humanos en general) que somos básicamente egoístas, en menor o mayor medida, siempre hemos de necesitar un punto de quiebre para darnos cuenta de lo que hay a nuestro alrededor y empezar a valorarlo, tan simple como lo que ya he dicho, que somos sumamente afortunados por tener internet, que ello simplemente conlleva a tener accseso a electricidas, una computadora o un teléfono, cosas que gente en pobreza no conoce y quizá no conozca, pero a cambio vivimos encerrados en una especie de burbuja y nos olvidamos de que a la par tenemos salud, aire para respirar, agua para beber, ojos y oídos sanos, tantas cosas. Pero el tema no era ese. Para variar me desvío, el tema (como siempre y para no perder la costumbre), iba a entorno a mi, y lo que me pasa o no me pasa, y en este caso, sigo sin poder asimilar la suerte que tengo y he tenido, unas cosas llegan y otras se van, todo encuentra su equilibrio y acomodo, gente ha ido tomando otros camios, y caminos que pensaba ya extraviados han vuelto a ponerse a la par del mío. Es curioso cómo todo siempre se acomoda. Y me da tristeza pensar que tuvo que haber momentos en que la esperanza casi desaparecía, y en esa transparentez que le daba, es que veía todo lo que había aparte, en ese momento me di cuenta de que el mundo no se acaba, el mundo sigue girando y así. Qué triste que siempre suela ser necesario darse el ranazo para aprender a esquivar los obstáculos.
(Me preocupa mi panza que ya no está tan lisita y coqueta como hace algunos años. Me preocupa que mi metabolismo no sea el mismo y mi capacidad de regeneración siga siendo deficiente. Me preocupa que parece cierto eso de que los hombres van mejorando con el tiempo y las mujeres no. Que a mi esposo pasan los días y lo veo más o igual de guapo y yo no me encuentro arreglo. Que al menos a mis 28 sigo viéndome de menos pero quién sabe cuánto más me dure. Que mi autoestima es alta porque está tantito sobre la media, pero eso es todo. Qué difícil es esto de ser mujer y que nuestra peor enemiga sea una misma.)
Hubo momentos en que me habría gustado tener un par de segundos para hacer y decir las cosas diferente.
(Espero que todos los remedios caseros que he encontrado surtan efecto y quede igual de más o menos como estaba, XD)
Seguiré distrayéndome con mis vicios: libros y películas, en lo que acaba mi cuarentena que no va ni por la mitad. Seguiré divagando y buscando pretextos para terminar escribiendo aquí y no allá, y para leer aquello y no eso. Que en este fino arte de sabotearse uno mismo, más que sabido es que voy por el 6to doctorado con especialidad en sigilo certero. ¡Ah, pero cómo se me siguen antojando unos pingüinos! Y él tan lejos para decirle que me compre unos.
