Archivo | agosto, 2014

Esto de andar sufriendo a los 28

23 Ago

Pese a que por ratos parece que ya no hay nada en el cine que pueda sorprendernos, resulta que no, aún hay cosas que van surgiendo y nos dejan pensando. Me acabo de topar con una película que tiene pinta de francesa, que en inglés se llema «The Longest Week», y va de un hombre rico que súbitamente se ve en la pobreza y conoce a una chica que es la chica a la que pretende su mejor amigo. En resumen. Y así de trillado como suena, tiene su encanto. Y es que sí, las cosas por más trilladas que suenen y se vean siempre tienen la ventaja de que como jamás sucede nada dos veces de la misma manera, siempre habrá ese algo que le de un toque de originalidad al asunto. Así pues, una vez más, bendito internet.

(Es nada fácil esto de sobrellevar más de una década de inseguridades surgidas de quién sabe dónde, porque sí, en efecto, todas las mujeres (o la mayoría) somos felices de serlo y nos encanta y lo presumimos y nos gustamos a nosotras mismas y de repente, conforme vamos creciendo, resulta que no nos gusta nuestra sonrisa, nuestra nariz, nuestro cabello, nuestros ojos, nuestro cuerpo en general, queremos ser más como ella o como aquella, comenzamos a usar maquillaje, nos vestimos diferente, nos teñimos el cabello, lo alacioamos, enchinamos, cortamos, hacemos lo posible por transformarnos en otra, en esa otra que se parezca lo menos posible a esa que cada día se asoma al espejo a saludarnos. Y ni idea por qué. A mi me gusta bastante como soy, al menos puedo asegurar que soy de las pocas que usa lentes y le gusta cómo se ve con ellos y no hace ni el intento (pues no le veo el caso) de quitárselos para las fotos o por ratos u opta por usar pupilentes,no, al menos en ese aspecto estoy feliz conmigo misma. Mi cabello si fuera más largo y tantito menos pesado estaría mejor. Si mi dentadura no se empeñara en no estarse acomodada, sería mejor. Y si el acné finalmente decidiera ya no aparecer, genial. Pero sobre si estoy gorda o flaca o si hubiera sido mejor crecer unos centímetros más, no, así estoy bien. Aunque hay días en cada mes en que sí, como todas, daría lo que fuera por no tener que admitir que sí soy yo la que se refleja en el espejo, esa que de repente tiene arrugas y un cutis no perfecto de piel tersa. Y lo más curioso, es que ni de lejos debería ya preocuparme todo eso, pues mi esposo está loco (jajaja) y aunque actualmente esté más preocupada que de costumbre por mi hermoso y bello rostro el se cansa diciéndome que no me preocupe, que así estoy bien, y que así estoy linda. Sí, así somos, y no es que nos guste que nos repitan que somos hermosas, sino que sencillamente no lo creemos…)

En efecto, los dichos no por nada son siempre ciertos, es verdad eso de que «nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde» y demás similares que existen, nosotros (los seres humanos en general) que somos básicamente egoístas, en menor o mayor medida, siempre hemos de necesitar un punto de quiebre para darnos cuenta de lo que hay a nuestro alrededor y empezar a valorarlo, tan simple como lo que ya he dicho, que somos sumamente afortunados por tener internet, que ello simplemente conlleva a tener accseso a electricidas, una computadora o un teléfono, cosas que gente en pobreza no conoce y quizá no conozca, pero a cambio vivimos encerrados en una especie de burbuja y nos olvidamos de que a la par tenemos salud, aire para respirar, agua para beber, ojos y oídos sanos, tantas cosas. Pero el tema no era ese. Para variar me desvío, el tema (como siempre y para no perder la costumbre), iba a entorno a mi, y lo que me pasa o no me pasa, y en este caso, sigo sin poder asimilar la suerte que tengo y he tenido, unas cosas llegan y otras se van, todo encuentra su equilibrio y acomodo, gente ha ido tomando otros camios, y caminos que pensaba ya extraviados han vuelto a ponerse a la par del mío. Es curioso cómo todo siempre se acomoda. Y me da tristeza pensar que tuvo que haber momentos en que la esperanza casi desaparecía, y en esa transparentez que le daba, es que veía todo lo que había aparte, en ese momento me di cuenta de que el mundo no se acaba, el mundo sigue girando y así. Qué triste que siempre suela ser necesario darse el ranazo para aprender a esquivar los obstáculos.

(Me preocupa mi panza que ya no está tan lisita y coqueta como hace algunos años. Me preocupa que mi metabolismo no sea el mismo y mi capacidad de regeneración siga siendo deficiente. Me preocupa que parece cierto eso de que los hombres van mejorando con el tiempo y las mujeres no. Que a mi esposo pasan los días y lo veo más o igual de guapo y yo no me encuentro arreglo. Que al menos a mis 28 sigo viéndome de menos pero quién sabe cuánto más me dure. Que mi autoestima es alta porque está tantito sobre la media, pero eso es todo. Qué difícil es esto de ser mujer y que nuestra peor enemiga sea una misma.)

Hubo momentos en que me habría gustado tener un par de segundos para hacer y decir las cosas diferente.

(Espero que todos los remedios caseros que he encontrado surtan efecto y quede igual de más o menos como estaba, XD)

Seguiré distrayéndome con mis vicios: libros y películas, en lo que acaba mi cuarentena que no va ni por la mitad. Seguiré divagando y buscando pretextos para terminar escribiendo aquí y no allá, y para leer aquello y no eso. Que en este fino arte de sabotearse uno mismo, más que sabido es que voy por el 6to doctorado con especialidad en sigilo certero. ¡Ah, pero cómo se me siguen antojando unos pingüinos! Y él tan lejos para decirle que me compre unos.

De divagues, desvaríos y demás demases

8 Ago

Este cuarto tan siempre mío ahora es nuestro, parece estar igual pero ahora de siempre hay dos ventiladores trabajando el turno de noche (y él aquí a mi lado, quizá durmiendo), hoy acompaña a su ronroneo  un mix de esa música que no sé qué género es pero que suena a electrónica y lleva sax y la encontré en Youtube hace rato cuando me estaba bañando porque ahora hasta tengo la mala costumbre de bañarme antes de acostarme. Así de rápido y así de fácil se van acoplando las cosas y vamos caminando cada día este sendero tan coqueto lleno a reventar de curiosidades diversas.

(Y mi mano derecha ya quejándose por escribir, dado que sí, esto lo escribí a la antigua, con lápiz y sobre papel, en esta libreta que tiene hojas manchadas con historias que pasaron, inventé o ya no recuerdo.)

No es nostalgia ni melancolía, es algo parecido pero no así. Pocas cosas he planeado en mi vida, y las que sí y han resultado se han quedado en blanco luego de la palomita de «Hecho». De ahí todo se ha ido improvisando. (¡Ah, pero qué ganas de saber escribir con la izquierda!)  Aquí está el aire movido por el ventilador, la música desde el cel, el foco allá arriba y el colchón aquí debajo, y yo con ganas de estar afuera bajo la luz de la luna, con el viento (y los mosquitos, ya qué) y mis ensoñaciones que se ven más presentables con luz natural. Quién sabe por qué.

(Pausa para llenar la habitación de burbujas.)

Siento la imperiosa necesidad de ponerme los lentes (que a esta hora luego del baño y ya en la cama se supone que lo que debería estar haciendo es dormir, o al menos estarlo intentando) aunque sea para ver lo mal trazadas que están estas letras. Que sí, le ando dando vueltas al asunto, no sé cómo agarrarlo, está resbaladizo y corre rápido y salta alto. Y es que sí, en efecto, una parte de mí tenía ganas de que el sacerdote preguntara: «¿Hay alguien que conozca algún motivo para que esta unión no deba llevarse a cabo?, que hable ahora o calle para siempre» (sí, por muy trillado que sea), y que alguno se levantara diciendo: «¡Yo e opongo!». Aunque, la verdad sea dicha, no me habrían hecho cambiar de opinión y me habría limitado a lanzar mi mirada asesina de pocos amigos, negado con desaprobación y de ahí, con mi mejor sonrisa, le habría dicho al sacerdote que siguiera. Sí, mi ego tenía ganas de algo así, porque pese a que todo mundo dijo que mi vestido es hermoso y que me veía bien bonita, porque analizándolo, dudo que alguien hubiera tenido los calzones para decirme lo contrario, y bueno, no pasó y fue por algo, que arrepentida no estoy (aclaro) pero a mi corazón de condominio le cuesta hacerse a la idea de que habrá inquilino permanente y ya no se aceptarán viajeros (por muy frecuentes que se hayan vuelto.) Este cuarto tan mío y ahora nuestro sigue teniendo una pila de ropa suya y mía esperando algo de atención.

(Se le empieza a acabar la punta al lápiz y me pregunto dónde estarán los sacapuntas. Se me antoja tanto el que ya existiera la forma de que todo lo que pienso (pensado con este propósito) se fuera escribiendo directo en la entrada y se publicara solo.)

Y las violetas de vainilla comiendo galletas con chispas, inmutables a mi mirada pidiendo que me conviden.

(Y mi mano derecha escribiendo a la par su renuncia de las labores escribanas.)

Ya casi se acaba el mix musical y yo aún siento la cabeza llena de ideas sueltas y confusas (él se levantó se fue a bañar y volvió, ¡qué lenta soy escribiendo!) De repente (muy de repente, como ahora) me da por preguntarme para qué escribo, quién espero lea esto (tú, obvio), me pregunto qué pasará con todo eso que tengo escrito y nadie ha leído (que sí, que aunque el título de mi mayor fan (que sostengo soy yo misma) está peleado), no me ha dado por compartir mis disparates, que sí lo he intentado (no mucho, la verdad), pero de intentos fresas no ha pasado, de esto que es un desahogue constante. Y es que entre las guajireses que viven aquí, me dan ganas de que los hijos que aún no tengo se entretengan con esas historias que aún no termino. Que este blog lo empecé a escribir por culpa y causa del para siempre inmortalizado como «mi primer amor», que justo ayer hablábamos de eso y resulta que me pasó lo de que el tercero es el vencido, porque aunque hubo alguno(s) antes y después del primero y otros algunos después del segundo, el único jodidamente relevante fue y será ese: «mi segundo gran amor», que me costó un buen bajar del pedestal (lo derrumbé, de hecho.) Si las cosas hubieran funcionado de otro modo, muy seguramente yo no estaría ahora en este nuestro cuarto escribiendo mientras otro mix suena. No, definitivamente, quizás estuviera en la misma ciudad, pero seguramente no, puede que no estuviera en el mismo estado, y chance ni en el mismo país, quizá ya tuviera hijos, mi complexión física sería otra, no tendría algunas de las amistades que tengo ahora, puede que ni me gustara (nah, lo dudo) la música que escucho ahora, de hecho, más bien, puede que no tuviera la, digamos, oportunidad de escucharla tanto como quisiera. Será tantas cosas diferentes.

(Un día de estos llenaré el tendedero con peluches recién lavados.)

Pero bueno, en resumen: me gusta esto de tener un esposo como el que tengo. Y eso es lo último que diré al respecto.

De que el mundo sigue habitado por bichos humanos

5 Ago

Es absurdo, vergonzoso e incluso aterrador que mi mayor preocupación estos días sea el hecho de que hay una pila de ropa para planchar y no quiero hacerlo. Está el lío de la reforma energética, las muertes en Ghaza y el ébola recién llegando en avión a EEUU. Y yo pensando en mi pila de ropa. ¿Pero qué le hacemos? En eso tampoco he mentido y soy de esos humanos que mientras no me pase ni a nadie de mi círculo cercano, no le presto más atención de la que la novedad provoca, sí, así, ya llegarán las consecuencias de que aprueben una ley que nos dará aún más en la torre, seguirá muriendo gente que jamás conocí pero que de morirse todos no dudo que los que sobrevivan quieran seguir matando y terminen cruzando países para satisfacer el deseo y acaben aquí mismo, y el virus del ébola que por más que lo pensamos no creemos que sea ya el mismo si no que ya mutó (o lo andan queriendo mutar) y que en el momento menos pensado se vuelve aéreo/viral y habremos valido cacahuate, son cosas que pueden o no pasar, y a estas alturas de mi vida ya entendí que no hay forma de que pueda evitar que este tipo de cosas tan globales sucedan, así que a preocuparme por que cada uno de estos días que tenemos pase con más gloria que pena, que la ropa siga amontonándose y hasta que empiece a caerse la plancharé y guardaré, que me gusta pensar que mientras esté ahí significa que hay cosas (o no las hay) más importantes con las cuales mantenerme ocupada.

(Que los días sigan dándonos momentos para reír a carcajadas.)

Entre sus demadres y los míos, tengo que sufrir con que un borrego de peluche haga de las suyas todo el tiempo, que no aprenda a decirle que no a mis antojos y chantajitos, que me ando «aseñorando» de a poco y me preocupe si comió, si se bañó, si durmió bien, y hasta si ya fue al baño. (Que mis hormonas andan más bien alocadas y re dispersas y no puedo evitar soñar con traer a un par de bebés a este feo mundo…) Que aunque lo aparente más bien poco me preocupa que me vea despeinada, mal vestida y hago el intento de solucionarlo, aunque tampoco lo consigo (y dejo de preocuparme rápido) pues ya sé qué no importa él dirá que así estoy bien, aunque me moleste y es que lo dije, que procuraría no ser de esas mujeres dejadas que se abandonan cuando ya tienen «asegurado» al hombre, pero vamos, que desde un principio nunca fui de esas súper bien arregladas, que mi mayor preocupación es que mis uñas estén presentables, que mi cabello no se esponje y esté suave, y que el acné se mantenga a raya (y visto así si me preocupo bastante), ya lo de empezar a tener lonjita me preocupará cuando la ropa ya no me cierre o me quede demasiado pegada. Y es que se me hace tan sexy verlo haciendo las mismas cosas pero con el anillo resplandeciendo en su dedo (y el tan desconocedor e incomprendedor de estas cosas). Que urge tener un jardín decente y un cuarto de «distracción» decente,que hay quiero poner unos libreros, decentes, para que mis libros anden ahí, y conseguir un par de bocinas y poder estar allí con música y libros y hacer algo para que el wifi no logre colarse que sino será lo mismo de terminar distrayéndome con los jueguitos (que él está más enviciado que yo, aclaro, informo, y sostengo), que mientras escribo aquí me salen las ganas de querer escribir algo ahí donde ya tiene que no escribo, y me dan ganas de leerle un poco para ver qué opina, y me viene el sueño, así todo, tan intempestuoso como siempre.

(Mi columpio sigue esperando.)

 El mundo se está yendo a pique ya no tan lentamente como antes. Pero en mi patio hay mucho verde, en sus ojos y en los de mi madre hay alegría, y en mis oídos resuena la música. Así que le echaré otro poco de barniz a la burbuja para que nos siga durando.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar