Llevo un buen rato queriendo escribir y no lo hago porque termino haciendo cualquier otra cosa. Me dan ganas de que existiera una manera de poder decir: «Todo esto que voy a pensar a continuación va para entrada del blog.» Pero nah, sería darle a la tecnología más poder del que ya tiene; y yo tan fatalista, con miedo a los robots, a los fantasmas y a los extraterrestres, que eso gano por ver y leer tanta ciencia ficción (y no es queja, es simple comentario, como todo y como siempre) nomás mejor me mantengo al margen y sigo juntando retazos de las ideas que van apareciendo para en algún momento hacer el intento de ponerlas aquí, porque una parte de mi aún tiene esa «espinita» de querer compartir esto con alguien, con quien sea, contigo. Un día, algún día, no sé cóm ni cuándo, finalmente encontraré las fuerzas que en algún cajón dejé guardadas y teclearé hasta que mis dedos se engarroten. Así como se me engarrotan las manos cuando intento escribir, que esto es como todo y si uno no lo practica se va oxidando. Esa horrible sensación de estar «casi» segura de que ese garabato es la letra que debía haber dibujado y a la vez no estar convencida de que se vea normal el asunto. Pero este pasa a ser mi sueño más preciad y por ende al que menos mimo, que así como yo fui una niña no mimada y fui (y soy feliz) así creo que no hay necesidad de más atención de la que va surgiendo. Estas ganas tan persistentes de querer decirlo todo y no lograrlo.
(Me he vuelto a enamorar, de una güerita llamada Ellie Goulding.)
Estoy entrando en una nueva etapa de vida.Luchando a diario con esa parte de mi que gusta y re gusta de hacer nada (cuesta un chingo) y ocuparse de cosas simples, embobarse, entretenerse. Me cuesta levantarme e intentar mantener una nueva rutina, (y él que no ayuda y si ve que no despierto no me despierta) que tengo la «loca» idea de que debo cambiar tantito para que esto dure. Qué difícil, yo que tengo genes predispuestos a la flojera. (Dice Depresión que no es por eso, y se ríe, y se aleja (de momento) a cazar pelusas entre las violetas.) Las flores son una de mis debilidades y una de mis cosas favoritas, aunque recordando esa escena de esa película, si me preguntaran cuál fue mi cosa favorita del mundo, me costaría contestar, soy muy momentánea, así, que si hay flores, son ellas, si hay busbujas, son ellas, si hay viento, si hay música, si hay libros. Fuimos al panteón con mi Mamá para dejarle flores a la abuela, y conocí a una perrita entre tanto, cuando fui en busca de agua y esos ratitos me dejaron pensando en cuán absurdamente afortunados somos los que tenemos agua potable y luz eléctrica en casa, y aún así tenemos harto de que quejarns, pero decía, que la perrita esa iba caminando con la lengua de fuera, y yo así, en esos ratos de iluminación y paz espiritual que suelen darme, bajé la cubeta para dejar que bebiera, y fue lindo verla tan contenta moviendo la cola mientras tomaba agua y la gente que nos veía y se veía entre sí pensando, quizás, en que no se les ocurrió que la perrita tuviera sed, en que es bien fácil hacer algo bueno, en que estaba yo loca, tantas cosas, y en nuestra estancia en el panteón la perrita anduvo dando vueltas cerca, hasta que nos toco irnos y ella se quedó tranquilamente echada a la sombra sobre una tumba de esas que tienen techo. Un poquito de agua sirve para ser feliz. Y sí, esa sería sin lugar a dudas otra de mis cosas favoritas.
(Ayer vi a unos adolescentes acnéicos, preparatorianos, que me hicieron retroceder en el tiempo y recordar mis aparentes (ya muy) lejanos años de estudiante. Esos mismos años en que eso, aquello y lo otro me llevó a escribir. Y nada qué ver esto con lo que pensé al verlos. Que ya están todas marcadas y llamativas sus caritas y encima van y se ponen piercings. Sí, esta juventud perdida. Y sí, yo ya tan con mis pensamientos de adulta.)
Sigue habiendo tanto lío aquí, en vez de acomodar y hacer espacio optamos por amontonar y encimar las cosas, ahora será más difícil encontrar lo que busquemos, y por ende será más fácil recoger cosas de fuera y aumentar el arsenal, así como ahora que por falta de música (la lap sufrió su cambio de sistema por portarse mal) y aprovechando que el wifi ya está cooperando, estoy escuchando cosas «nuevas» en el youtube y ya googleé algunas. Sí, no tenemos remedio. Y les lanzo una de esas miradas asesinas que hacen que las hadas vuelen y se escondan, que consiguen que el gato se erice, que hacen que aquél se haga el loco y gire sobre su propio eje y vuelva por donde venía, una de esas que hace que Depresión sonría y que Pesadumbre se de golpes de pecho, una de esas, que no dura, porque empiezan a llover pétalos y burbújas y viajo en el tiempo, y me lo imagino, y más caen. y revolotean, y el vestido flota, y él sonríe (él, no aquél, ósea no este) y los libros se asoman curiosos por sobre las cajas de galletas que los mantienen «a salvo», del polvo, de las garras, del olvido, aunque los de abajo se quejen que llevan rato sin cambiar de aires, suelo acordarme de ellos de tanto en tanto, pero lo dicho, hay tanto, tanto, tanto, que no da tiempo. Como las plantas del patio, que con estas lluvias que no acaban de empezar ya anda a más no poder, apareciendo, creciendo, fortaleciéndose, dando lata, que el naranjo tiene vocación de bonzai, que el jazmín es muy sentido y si me olvido de echarle agua a diario amenaza con morirse, que la de la flor rosa y perfumada que me gusta es el que mejor anda y no deja de crecer, que el chile de bolita continúa aletargado y los otros chiles van creciendo, que las guayas ya acabaron (las que se alcanzaban) y ya vienen las papausas y todo pinta a que habrá rete hartas como el año pasado, y es que sí, ahora resulta que ya pasó un año, ya va a pasar un año, falta poquitito más de dos meses, ya mero, y el mango que ya está de mi tamaño, o más alto, y la hierbabuena diabólica que ya bajó de su tronco, y el epazote que no quiere crecer si no es entre las grietas de los ladrillos, y esas hojas rojas con verde que crecen y crecen en esa maceta tan pequeña y cuando estaban en aquella maceta tan grande no se asomaban, y mis Lilys que sí estaban dormidas y ya van despertando, y mi rosal violeta que por tres lluvias que le han caído sacó tres ramas con rosas. Así está todo, con tanta vida. Con la tablet que la hace de radio para que mi Mamá amenice sus ratos de bordado. Aún me duele la cintura de repente, y siento que estoy echando panza, y debería ponerme a hacer ejercicio, mínimo mis 10min diarios, pero ya lo dije, la flojera, mi flojera, como siempre aquí tan embaucadora, tan latosa. 60 días y contando. Tanto por hacer. Tantos pendientes que empiezan a desfilar con sus letreros coloridos de mayor a «menor» importancia.
Empezaré a usar tacones de nuevo.
