El árbol ahí sigue, imperturbable (más o menos) pese a los ires y venires de las hadas por entre sus ramas de hojas multicolor. Pese a ser un día soleado aquellos han hecho una hoguera con malos recuerdos (son los que mejor arden) y en el concurso de quién dora mejor los malvaviscos van empatados Pesadumbre y Depresión aunque ambos aseguran que el juego es una pérdida de tiempo, que no vale la pena, que ninguno es mejor que otro y que seguro empeará a llover y a todos les dará neumonía y tendrán que ir a enterrarse a sí mismos mientras aún les queden fuerzas porque nadie se tomará la molestia de enterrarlos. Es curioso cómo nadie repara en el gato rosa que se balancea en el columpio mientras lee un manuscrito intitulado de autor desconocido, y lo más curioso es que se pintó las garrasde color turquesa. Casi siempre las lleva en naranja.
(Se ha pasado sin pausa este mes de Enero. Con sus ires y venires, con el carrito intentando desbocarse y fracasando en el intento, Con hechos relevantes sucediéndose en cadena y de forma espontánea pese a la planeación previa, obligada y caelndarizada a que estaban sujetos. Pero se escaparon los días «irrelevantes» agarrados de las faldas de los que tuvieron relevancia.)
El último terremoto no registrado tiró la pared que nadie sabía estaba esperando caerse con un temblor. Luego que la nube de polvo decidió disiparse, aunque más que disipar la palabra fue emigrar (pues actualmente flota sobre los tulipanes que sostienen carteles de: «¿Por qué?») la habitación tras la pared se parece mucho a las otras aunque carece de chimenea pero en el espacio «disponible» cuenta con una mesa de tres patas que sostiene con admrable equilibrio un estractor de jugos que solo acepta betabeles. Los libros y demás papeles sueltos se han apoderado de la habitación, obvia decir que no hubo quién se opusiera, Alguien tuvo la osadía de hacer un mural con recortes desechados de fotos ya acomodadas en collages, y los pedazos de listón que estpabamos guardando para hacer un listón larguísimo hecho de pedazos de listón, ahora cuelga del techo en grupos de varios pedacitos. No puedo negar que se ve bien, pero el hilo y la aguja qie estaban contratados para la tarea antes mencionada exigen una indemnización inmediata y astronómica que no podemos cumplir por falta de cohete, nave o platillo volador disponible.
(Resulta que ya para la semana que viene debería empezar a darle (más) forma a los pendientes que llevan esperando desde el no tan pasado 2013. Debería ahora sí poner en práctica todas las técnicas de relajación existentes para que la paciencia no se me vaya tanto ni tan seguido, que si no, no sé cómo llegaremos a abril. Que de pensarlo me doy cuenta de ya en una nada será mitad de febrero y luego vendrá marzo y así. Y es que quién me manda a decir que abril es «el bueno». Maldito mundo que se mueve más y mejor con dinero. Ya vremos qué pasa, que por suerte la salud que se nos escapaba tuvo la buena obra de regresar quedarse, entonces a enfrentar lo que venga.)
En el curso de lenguas foráneas y fonotemática aplicada para pseudo expertos que imparten cada jueves en el claro cerca del estanque sin fondo, seguimos esperando voluntarios.
