A mi Corazón de Condominio hay cosas que se le hacen fáciles aunque le resulten difíciles. Quizá por la familiaridad de ciertos aspectos, que el tiempo y la distancia siempre han sido relativos en este rumbo (que las constantes siguen siendo las mismas y sólo han cambiado ligeramente) y en esencia todo es lo mismo. Que se me hace difícil confiar y por ende amar (aunque me enamore fácil y me desenamore aún más fácil), que decir(le) «Te Amo» se me escapó de repente, y en teoría estuvo bien (pero que a él no puedo dejar de pensarlo (no siempre, nomás de repente, pero aun) y saber que «también» lo amo, no de una manera tan distinta, y sí de una manera tan intensa, que nomás no sé (o sí sé, y me hago la loca, como siempre)) y olvidar creo no está en mi lista de habilidades porque lo único que he conseguido a la fecha es crear resentimientos y distraerme en el proceso, pero al final recuerdo (y siento) con la misma fuerza que el momento de partida. El caso es, que hoy me dio un ataque de extrañamiento como tenía rato no me daba, y mi megalomanía se puso a tope e hice uso de todos los recursos a mi alcance y heme aquí, sin lamentar lo que hice pero pensando en que me gusta la mala vida y podría haberme ahorrado la sobrecarga de sentimientos si me hubiera (estos benditos hubiera) esforzado tantito más y buscado con qué distraerme. Pero no, fiel a mi naturaleza busqué sabotearme (otro poco más) y más que haber coseguido aclarar algo sólo le di más cuerda a esos fantasmas y ahora hasta pueden saltar con ella. Ya pasará (se supone) y podré volver a distraerme de su recuerdo.
(Sin buscar (como casi siempre) me topé con este álbum http://www.youtube.com/watch?v=WRusolMsXIM y ese sirve de soundtrack justo ahora.)
Se supone que saber que la falta de ganas fue la causante de todo el asunto debería servir (já, justo acabo de acordarme de ese motivo justo y exacto que hace que yo ya no piense como ahora, ¡ah, bendito cerebro mío!) para que ya no me remueva el tapete, pero no, pero sí, y es que el hecho de que cada que yo diga o pida o solicite o requiera algo de él, él vea de ponérmela fácil, pues tampoco ayuda. Si es que hoy le dije que justo no hace falta darle sentencia al acusado y pasarlo directo a la guillotina, pero nos gusta la mala vida pues. Aunque bien, poco a poco esa misma distancia que no afecta se hace presente y mi mente encuentra el modo de distraerse, y la música «nueva» cumple su cometido y las palabras empiezan a marchar hacia caminos diferentes. De un paso bailarín a otro, pero vamos retomando el camino, que ya tanto habíamos andado que aunque sea poco lo que desandamos en este rato, hay que poner el doble de distancia (o más a ser posible) para que la llamada salga más cara y nos duela el codo y con eso ya desistamos. Que a las palomas mensajeras se las escabechó el Gato Rosa y Pesadumbre dice que ningún otro medio de comunicación sirve, entonces, sea que no sea (de nuevo).
(Empieza el frío y los niños de la cuadra migran a nuestra banqueta con sus cuetitos y demás artilugios tronadores. Es queja.)
«Conociéndote», me dijo. Y esa sencilla palabra engloba tanto. Y es que sí, en efecto, si hay alguien que me ha conocido bastante es él, y por ello es imperdonable (y admirable) que haya sabido justo dónde y cómo asestar la estocada y sin embargo dejarme con vida. Conociéndome, esto era de esperarse y es que soy volátil como el viento (aunque sea signo de agua) y flamable como el gas y así, y entonces no tardaré mucho cargando las mismas certezas, que más que cargarlas es acomodarlas de nuevo entre los sitios que ya marcaron en mis manos, por ello también es difícil acomodar certezas y sueños nuevos aquí. Pero decía, que era «lógico» que no tardara gran cosa es «retomar» el camino «de siempre» y viera de echarle mano a toda la poca paciencia que tengo y me marchara saltando en dirección contraria. Porque él sabe y conoce cuándo, cómo y dónde. Fuerza de voluntad es lo que nos falta. Fuerza que espero encontrar en otro lado, en otro ente, más pronto que tarde, y no porque me urja olvidarle sino porque ya es tiempo.
(Esta es la penúltima Luna Llena del año. Deberían aprovecharla.)
En algún momento de mi vida debí haber hecho algo tan relevante (bueno o malo, da igual) que por ello a la fecha tengo tanta suerte (buena o mala, es lo mismo) y si todo sigue como hasta ahora, tengo casi un año para terminar de acomodar las cosas.
No hay prisa (nunca la hubo).
