Ya varias veces he dicho que yo practico la religión a mi modo. Me considero católica, pero no lo practico tal cuál, no voy a misa cada domingo ni me confieso cada semana ni me siento mal por no hacerlo. Y de hecho, ese es el tema, que incluso en ese tema de la confesión no estoy de acuerdo, sí, se supone que el sacerdote es «un canal» hacia Dios, pero si Dios en verdad está en todas partes no hay necesidad de dicho canal, por ende un ser humano igual a mi no tiene ni debe escuchar tal cuál todos y cada uno de los pecados que haya cometido. Conozco bien el bien y el mal y sé diferenciarlos y, pecando de soberbia como siempre, no siento que sea necesario decir que pensé en esto y aquello o que dije cierta mentira o me hice de la vista gorda o levanté la voz, y demás demases, todos esos «pecaditos» cotidianos que se van acumulando que no afectan (o no en gran medida) y por ello no los digo, o de repente, cuando resulta que voy a misa con mi ma y ella al igual que yo se confiesa sólo ante Dios y confiando en que nuestras faltas son leves pasamos a comulgar. Si es que siento que es demasiado rígido y rebuscado todo el asunto y darle más «soltura» no sería malo y en vez de alejar a la gente la acercaría. Pero cada quién.
(Nadie sabe quién fue quien limpió el jardín. Limpió, literal, no hay ninguna brizna sucia ni mal acomodada, quedó todo tan limpio y acomodado que no hemos querido salir, las musarañas e ideas varias que quedaron en las ramas ahí siguen, no han aventurado el descenso, el columpio se quedó a media caída, indeciso sobre el hecho de si seguir bajando vaya a alterar el equilibrio en que quedó todo. Lo peor es la enorme pila de dulces de café que dejaron sobre los seis troncos alineados en media luna.)
Soy más de la idea de que Jesucristo fue un elegido de Dios, en vez que su hijo encarnado, que su mensaje es hermoso y que deberíamos ponerlo en práctica, sí, obvio. Por ello la incongruencia de lo que dicen y lo que hacen es lo que me mantiene al margen. Estar todos los días rezando y yendo a la iglesia no me haré mejor católica ni más merecedora de la salvación. Dios está en todos lados y todo el tiempo nos acompaña, creer que su presencia es más fuerte dentro de una iglesia me parece absurdo. Y aún así hay cosas que por el simbolismo que conllevan me gusta seguir. Ir a la iglesia a ver las imágenes, que dicho sea de paso son lo que más dijo Jesús no debería uno hacer pues es, sólo porque la Iglesia dice que está bien, una forma de idolatría, pero bueh, me gusta ir y verlas y de repente platicarles algo, pedirles favores, que soy de esos que se acuerda de Dios y de los santos cuando necesita algún favor y ayuda extra. Curioso, incongruente y contradictorio.
(El olor a lavandas de vainilla brota de la almohada. Ya decía yo que las migajas de galletas no eran mías.)
Hay que «aguantar» la tortura de que el padre te pregunte por tus pecados una vez, cuando eres niño y en teoría no tienes nada «malo» qué confesar: que le mentiste a tus papás, que te portaste mal con tus hermanos, te peleaste con alguien, te embolsaste unos pesos que había en la mesa. Sólo por aquello de que crecer con temor de Dios es bueno para los casos de esos pequeños que son malvados por naturaleza serviría para ubicarlos, esos que matan animalitos, ahí está bien enseñarles a temer, pero fuera de ello no creo que haga falta ni que sea necesario que se queden «espantados» todo el tiempo. Yo sé qué pecados tengo y cuáles son para que un humano vestido con sotana los escuche, y sólo para que me salga con la mia, como casi siempre y para variar.
(Libros e E-books enfrentados desde hace días reclamando mi atención. Seguiremos informando.)
Yo creo en Dios, y espero que Dios crea en mi.

