En este mundo en que todos somos presas del ir y venir de los minutos, que pensamos que no podemos ni debemos perder ni un sólo segundo, siento que deberíamos replantearnos seriamente sobre qué cosas valen la pena para ser aplazadas. No entiendo cómo luego de haberle arrebatado la vida a algún animalito el culpable siga su camino quitado de la pena, y luego los demás autos que vienen hacen exactamente lo mismo y uno y otro y otro siguen pasándole encima hasta que no es más que una masa informe, una mancha, o luego algunos lo esquivan y el cuerpo se va hinchando y así hasta que algún auto despistado le pase encima y lo mismo, van todos a pasarle encima, ¿qué acaso es ley que tenga que reducirse el cadáver hasta que se vuelva una mancha irreconocible? ¿En serio nadie tiene el pinche tiempo para detenerse y jalar el cuerpo, ya ni decir que lo recojan y lo lleven a la basura, simplemente no pueden sacarlo de la carretera y orillarlo? ¿El chiste es que todos los coches se lleven un pedazo del animalito? No lo entiendo. Y es que incluso ya tomándolo por un lado práctico, ni siquiera la peste les hace sacar el cadáver de la carretera. Estamos perdiendo lo que se supone nos hace humanos, ya nada nos conmueve, todo nos vale.
Y es que no es por darme mis aires de superioridad, pero siempre que hablo de algo procuro tener algún ejemplo de refuerzo, en esta ocasión así es; hace ya rato nos tocó ver a un perro morir frente a la casa, nunca sabremos de dónde venía ni a dónde iba, el caso es que no pudo seguir caminando y calló a media calle. El que era mi novio en ese entonces salió y tomó al perro y lo dejó en la banque, que como se quedara ahí seguro los carros le habrían pasado encima, «suerte» que no pasan tantos por esta calle y que ese día no fue la excepción, intentamos darle un poco de agua, apenas y pudo tomarla, nos limitamos a acariciarle, y no tardó más que un par de minutos en morir. Me gusta pensar que al menos sus últimos minutos fueron, si no felices, al menos sí tranquilos y se habrá sentido seguro, cuidado. Asumo que lo envenenaron, tosió/vomitó un pongo de sangre, de ahí que esa parezca la causa de su muerte. Era un perro que si lo hubiéramos visto antes y se hubiera cuidado y arreglado habría quedado tan hermano que habrían hecho fila para quedárselo. Hipocresía pura, si es bonito todos lo queremos, pero así, ya hecho. Un perro de esos tipo lobo de pelaje blanco. Tan delgadito.
Igual hace poco un carro atropelló a mi gata, o la de mi mamá, más bien, el caso es, que la atropelló un carro, no le pasó encima pero ella quedó tirada a media calle, por «suerte» los.niños vecinos estaban en la calle y nos dijeron, salí por ella, la envolví en un trapo, era pequeña aún, le gustaba salir a la calle a ver si había animalitos, insectos, para cazar, venían dos carros, que sólo porque soy una persona no me pasaron encima, los.hice esperar, la envolví y la acomodé en mis brazos y entre a la casa, la llevé a la cocina, la dejé en el suelo, no había nada qué hacer, la sangre salía y salía de su cabeza, pero seguía despierta, viva, consciente, como muchos más animales que mueren hasta tiempo después, bajo las llantas del coche número tres, deI cuatro, tantos que seguirían vivos si se tomaran unos minutos para ayudarlos. Le dije a la gatita que no tuviera miedo, que estuviera tranquila, aunque lad lágrimas corrían por mi rostro y mi mamá había huído a esconderse a su cuarto. La gatita murió como al minuto. La envolví en otro trapo, la hice bolita, la puse sobre un cartón. Me dediqué a limpiar la sangre que había quedado de camino a la cocina, la que quedó en el lugar donde la recosté. Me dediqué a ignorar el olor de la sangre que se secaba en mis manos brazos y en mi blusa. Sangre roja, igualita a la mia. A la tuya.
El más reciente fue un gatito al que «maté» por quererlo ayudar… Estaba llorando en una calle, así casual, gatito llorando en la calle, gente pasando sin prestar atención. Cuando lo abracé y queríamos tranquilizarlo vimos que estaba ciego, se le veía una «piel» encima de los ojos, supongo que como las cataratas en los viejitos, era un gatito pequeñito, de un par de meses cuando mucho, no podía traerlo a casa, teníamos 5 gatos en ese entonces, decidimos llevarlo con un veterinario para que lo valorara y de ahí lo llevaríamos a una fundación para que le buscaran un buen hogar, queríamos lo mejor para él, con la de.buenas que era macho y sería «más fácil» que alguien lo adoptara aunque estuviera ciego, teníamos la esperanza. Pero al cruzar avenida, que era necesario cruzarla, el ruido de tantos coches lo asustó, se escapó de mis brazos, saltó justo a media calle, corrió de un lado a otro, éramos 3 personas intentando agarrarlo y un sinfín de estúpidos automovilistas que querían atropellarnos también por estar a media calle, no pudimos, un taxi lo alcanzó, cuando llegamos a su lado ya había un buen de sangre derramada, movía sus patitas, lo abracé y me llené de sangre, le pedí perdón, quizá si no hubiera intentado ayudarlo no habría muerto, quién sabe, no me enteré cuándo murió, lo tenía abrazado contra mi pecho y no veía nada.por las lágrimas. Casualmente ese día andaba una «bufanda», sirvió más que bien para envolverlo en ella. Me lavé las manos y los brazos mecánicamente. Caminé sin prestarle atención al olor de la sangre que había manchado mi blusa, entré en una tienda de ropa y apenas y me fijé en cuál compré, allí mismo me quité la que llevaba y me puse la nueva.
La vida no es más que una serie de instantes que pueden dejar de sucederse en el momento menos pensado.
¿Qué chingado le pasa al mundo?
¿Qué chingado nos pasa que nos creemos tanto siendo tan poco?
De repente siento que la Muerte me ronda por pura buena onda y porque quiere hacerme el favor de ya evitarme seguir en este mundo tan lleno de gente insensible.
Si creemos en ello, este no es un buen mundo para ser Piscis.