Archivo | agosto, 2013

De que me sonríe, de que yo también

26 Ago

Conforme pasan los días hay ideas que van tomando forma. Hay sueños que reaparecen como recién salidos del salón de belleza. Conforme han ido pasando estos días una mezcla de melancolía y ansiedad han ido impregnando las paredes, dándole un toque verde metálico con olor a malvavisco. (Afuera llueve, fuerte, con ganas, parece que el clima estuviera de acuerdo y se mostrara solidario ante mi descontento provocando lluvia, que es una cruel ironía que lo bueno dure tan poco.) Sigo sin poder (y querer) creerme el cuento, que el miedo ya hizo su guarida junto a los libros y no lo veo muy dispuesto a partir, al menos no pronto ni por las buenas. (En cada sitio ha dejado un trozo de recuerdo.) Que lo pienso y lo pienso y estoy totalmente segura de que no cambiaré de idea. Que sí. Pero que me seguiré mostrando reacia a ciertos aspectos hasta que no quede de otra. Que me da coraje que por más que uno quiera hacer ciertas cosas siempre haya quien no esté de acuerdo y quiera que uno lo haga a su modo. (Que cada ocurrencia suya me hace sonreír, que con sólo cerrar los ojos entra un huracán y sólo los recuerdos que cuelgan de la lámpara se quedan a hacerme compañía.) He vuelto a escribir sobre papel, por esta y aquella razón. He vuelto a medio dibujar, por esa razón en específico. (Si la ausencia no se quedara haciéndome compañía cuando tiene que irse, seguro no divagaría tanto como ahora, que me llegan todas las certezas cuando veo sus ojos.) Hay tantas cosas que deben ser planeadas y posteriormente ejecutadas, tantas, que el primer paso, limpiar la mesa del centro, ya ha sido dado, ahora ya podemos apilar todas las ideas que surjan y ver si es posible salir de ello con vida.

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(Que te despierte con un beso y que te haga sonreír con estos detalles. Neta, espero que no descubran que fue un mero error de papeleo el haberlo puesto en mi camino.) Veré de hacer ejercicio en serio. Nomás. Una tiene sus debilidades y ciertos vestidos son más exigentes que otros. (Que el toloache no pierda su efecto.) Ojalá mi bendito cabello se dignara a crecer con ganas.

De que… Que pasan cosas y así

18 Ago

El alcohol es malo para la salud, para la salud mental sobre todo, porque es como una especie de alberca inflable en la que todo mundo se echa de cabeza sin importarle qué tan hondo esté, es un especie de trampa en la que todos terminamos cayendo. En mi caso cuesta que el alcohol abra la puerta en la que tengo escondidas la frase, las palabras, se necesita una cantidad absurda de alcohol para que deje desprevenido ese acceso y cualquiera pueda colarse, es una cantidad de alcohol que en una salida cualquiera es difícil de conseguir, pero aún así, no obstante, en ocasiones suele ser suficiente un poco para que la puerta se abra lo suficiente y ciertas palabras consigan escapar y hacer de las suyas. Hay frase que me resisto a pronunciar por el miedo que le tengo al efecto que provocan, hay veces en que lo que sucede tras ser escuchadas no puede dar vuelta atrás. Llevo ya rato sin pronunciar ciertas frases que sencillamente me dan pavor. Con el paso del tiempo uno sabe que no habrá vuelta atrás, porque se supone que son frases que uno no las dice a la ligera y por ende tienen toda la importancia que uno pueda siquiera imaginar.
Y bueh, en resumen, porque es una idea que ayer intentó emerger, y se vio opacada por una sandía, el hecho fue que ayer dimos un «gran» salto, se escaparon los: «Te Amo». Tan reales, tan sinceros, tan de erizar la piel.

De que no sé cómo le voy a hacer pero ái la llevo

16 Ago

Columpio.
Tengo una obsesión con los columpios, con esa sensación pasajera de ingravidad que provocan. Este sentir que vuelo. (Que los dolores de cabeza nunca pierden oportunidad para llegar, pero no importa, sirven de señal de que mi cerebro aún funciona. De repente siento que sí es posible que me desintegre por tantos suspiros.) Intento con todas mis fuerzas no pensar a futuro, dejar de imaginar, dejar de perderme en ensoñaciones (y él lo vuelve tan difícil) que no es que no le crea, si todo lo contrario, le creo, lo veo posible, y me asusta, que no puedo hacer callar a estos seres «negativos» que viven en mi Corazón de Condominio, que sabemos de las maldades que somos capaces y siempre le temeremos al karma, que se ve más posible que al final no pase nada. (¡Quiero y no quiero!) Es tan difícil mantenerme alejada de Pesimismo, tan difícil como conseguir el columpio que llevo años queriendo. Quiero un columpio de esos que el asiento es como una silla, para sentir que vuelo y que a la vez no podré caer tan fácil. (A mi que a mi me dieron toloache.) Que me puse a ver una película «de terror» para distraerme y está funcionando. La Musa se ha dejado caer en el sillón con un tazón enorme de palomitas, aquí ya nadie me hace caso.

Gelatina.
Siempre digo que voy a averiguar quién inventó la gelatina, pero nomás qqueda en el intento, es de esas cosas que sólo están presentes en mi mente por instantes. (Lo quiero matar por darme esperanzas, por remendar (tan bien) mis sueños, por «arruinar» mi rostro con esta eternamente lela sonrisa.) El día menos pensado voy a llenar el refrigerador con gelatina, así cada que me ataque la ansiedad por pensar en él, en nosotros, me comeré una. Es tan difícil, que hasta duele, este tenerle lejos, este saberlo tan posible. Y para variar se me fueron las ideas, que de plano no puedo, no puedo, no puedo (ni quiero) ya no pensarle, pensarnos.

Del extrañamiento y otros males menores

12 Ago

Desde que sucumbí a eso de tener un celular «inteligente» me he desconectado de algunas cosas, en este caso concreto de checar mi correo electrónico pues sobre todo rara vez alguien me escribe, por lo general es como respuesta a algo que yo haya escrito y así, ya no lo uso tanto, así que no es hasta que vuelvo a la pc que abro la bandeja de entrada y me entero de las «novedades». Pasé un fin de semana bastante movido, en cosas «nada qué ver» a las que en algún momento pude llegar a suponer que estaría haciendo, sobre todo ayer, pero ese no es el caso, el caso es, que siento que no tengo nadie con quién hablar de estas «trivialidades», con algunas sería dar cachetada de guante blanco y con otro sería un «ni al caso», así que termino cayendo aquí y tecleando, porque algo tiene el sonido de las teclas que me inspira a seguirlo haciendo, aunque al final el resultado sea algún desvarío incoherente y dolor en dos dedos, que el caso era, de nuevo, que ya me acostumbré a no encontrar novedades en la bandeja de entrada que encontrarlas me saca de onda, que por el título pensé que era todo menos lo que era, una palabrería (y no lo digo despectivamente, aclaro) que vino a echar al suelo los castillos de naipes que pasé toda la mañana levantando, que según yo ya me había librado de la mayor cantidad de polvo y resulta que no, fue un acto deliberadamente maquiavélico (sí, así me gustan) y una parte de mi está encantada con el asunto y la otra ya anda con traje de Cenicienta viendo de volver a poner todo en orden. Por aquí «todo» estaba bien. Pero bueno, si le hacemos caso a las profecías recientemente redactadas, aún falta para el inminente final.

Así que pasemos a otra cosa.

(Tengo una Lily, un Pistacho y el Naranjo va creciendo. De hecho son dos Lilys, pero la rosa «atigrada» está hermosa como ella sola y no sé dónde cuentos hemos de ponerla para que siga así de bella. Al Naranjo finalmente le está gustando estar en el patio y anda aprovechando el agua de lluvia. El Pistacho (que ni sabía que era árbol) y la flor esa que no sé cómo se llame, andan en su primer día como nuevos inquilinos. Hay tanto por hacer y ahora menos que antes me dan ganas de hacerlo yo sola. ¿Cómo es posible que cambie tan «rápido» de opinión? Lo pienso y me lo dijeron, y la verdad es que yo no cambio de opinión, sigo queriendo y deseando lo mismo, exactamente lo mismo, cambia el con quién porque así se han dado las circunstancias, pero yo no he cambiado de opinión, sigo queriendo lo mismo. Y ahora tengo claveles, y rosas.)

Peco de soberbia cuando en serio me convenzo de que nadie sufre tanto como yo, que soy la única que se ha quedado pensando y añorando y que todas las trincheras que hay en el mundo están para que solo yo me esconda. (Tuve que poner electrónica porque esto ya se andaba poniendo medio lúgubre.) Al final el tiempo y las circunstancias no hacen más que darle la razón a los dichos populares, como ese de: «Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido», y es que es cierto, el que pierde sufre y el que «se perdió» como que siente un «cierto» alivio. Es difícil para ambos dos aunque uno piense que es el único que sufre y así. (Resulta que la electrónica ha funcionado y la Musa ya se puso a bailar y las ideas han salido volando…) Me voy a repetir (como siempre) si sigo escribiendo sobre lo mismo.

(El día menos pensado, aún no sé de dónde, pero sacaré el dinero para comprarme un refrigerador que siempre estará lleno de gelatinas de todos los sabores y con todos los diseños posibles. Con un frigobar ajusta. Seguramente.)

Si hace frío lo echo en falta. Si hace calor lo echo en falta. Así es esto,

De que todo varía, todo cambia

11 Ago

Conforme uno crece (independientemente del largo y el ancho) va queriendo diferentes cosas. (Cada que entro a mi cuarto te busco, aunque sé que no voy a encontrarte, no pierdo la esperanza de que quizás, chance, pueque, mágicamente aparezcas y estés aquí, ahí. En este lado de la cama que hoy, ayer y mañana te echará de menos.) La búsqueda del «¿Qué?», ósea «El Amor», sigue invariable, lo que se transforma es el «¿Con quién?» y el «¿Para qué?» Uno en principio simplemente busca alguien con quien estar, alguien que sea un tantito más que los demás amigos que uno tiene. Y ya. Luego a uno le da por querer a esa persona cerca y por más tiempo, uno empieza a jugar la idea de compartir más que «simples» momentos, compartir toda la vida. A las mujeres nos meten esa idea desde una edad muy temprana, y no es que en serio crea eso de que si en algún punto de mi vida no soy «la Señora de Tal» ya valí, sino que no concibo mi vida sin alguien a mi lado para compartir los buenos y los malos momentos, alguien con quien reír por tonterías y con quien enojarme por nimiedades. Ya no es tanto el: «¿A dónde iremos?», sino el: «¿Dónde nos quedamos?», porque la sola compañía de esa persona ajusta y sobra. (Sigo volviendo la vista hacia el lugaar donde estabas.) Y es que mucho tiene que ver que las ideas que una se va haciendo se esfuercen por no ser y resulte que las ideas que las amigas se hacen tampoco sean para que una se replantee las cosas. Yo siempre lo he dicho (predico con el ejemplo, que así de soberbia y presumida soy) y si las fiestas no son lo mío y si me vale lo que la gente piense por ende no quiero ni pretendo armar escándalo cuando el pobre incauto quiera arriesgarse a estar conmigo «para siempre», (¿por qué, por qué, por qué tienen que gustarte los abrazos tanto como a mi?), yo quiero mi final feliz, vi demasiadas caricaturas y he leído suficientes libros para que se me «antoje» mi propio final (principio) feliz. Se puede, sobre todo como yo lo imagino (ya dije que lo mío lo mío es ser una presuntuosa engreída). Algún día.
Estoy haciendo acopio de toda la paciencia que he ido encontrando y desempolvando, porque quiero que viva toda la experiencia que conlleva el «sufrir» por estar con Esa Persona hasta llegar al punto de ya no soportarlo más y empezar a maquinar la solución, aunque le tome más tiempo del que quisiera. No es queja. (Que yo ya saque callo en esto de querer y extrañar y de repente me dan ganas de decirle que no hay que pensarlo tanto, que hay que dejarse llevar, que la improvisación me sale bien y aunque a mis palabras muchas veces se las haya.llevado el viento esta vez en serio es en serio y si lo intenta con ganas y de corazón yo también lo haré. Ya, ahorita. No hay imposibles.) Pero no, que sufra, que lo anhele y lo desee tanto que hasta dude de mi seriedad cuando a la primera me muestre dispuesta a echarme la soga al cuello.
Y es que así es esto. Así está este asunto. Que no idea sobre cómo o cuándo se empezó. Se dio, y ya. Es como si llevara ya rato esperando por suceder. Y en cuanto vio la oportunidad nos saltó encima y ni las manos alcanzamos a meter. (Que aunque luego se le bote la canica y se le vayan las cabras al monte (y haga más bien poco para olvidarlo) esas reacciones tan «inocentes» consiguen ir tirando lad barreras que he construido, que aunque mi reacción inmediata (o no tanto aveces, hace que se me vaya el avión) sea echarle guerra por ello me dan ganas de saltar a sus brazos y querer quedarme allí por tiempo indefinido, que yo aquí estoy tan ocupada recordando que las ideas se han asqueado y las que no quedaron pegadas al piso y al techo por tanta miel, que quisiera encontrar el modo de poder decirle sin temor a que se asuste.
Que no es que se me quede la mente en blanco sino que tu imagen se aparece vestida de horas recién pasadas y pierdo el hilo que andaba desenredando (que el aleatorio tampoco ayuda y se me van las fueras procurando no pensar «tanto» a futuro) y acabamos columpiándonos por sobre donde nuestros pasos se han estado cruzando.
El asunto es, en resumen, que ya es casi (y digo «casi» sólo para no desesperarme) es oficial que ya valí de nuevo. Que yo estoy    de él. Y sí, me da miedo tener estar certeza que él también de mi. Y que si el karma llegará a hacer de más suyas (¿qué sería yo sin mis ratos depresivos y mis ideas funestamente nefastas?) me echaría a reír a falta de algo «mejor» por hacer, pensando en lo buena que me la hizo. Aunque intente empeñarme en demostrar lo contrario, aquí el que manda y tiene la razón y me tiene en sus manos, es él. Muy a mi pesar. Y gracias a Dios, ya era hora de quitarme «algo» de responsabilidad, aunque ello conlleve un escudo más pequeño y vulnerable, además de la camisa con dianas estampadas. Ya qué.
(¿Sabes? Yo sí te hubiera dado mi número aún a riesgo de que nunca hubieras llamado.)

De que me desespera la gente que habita este mundo

8 Ago

En este mundo en que todos somos presas del ir y venir de los minutos, que pensamos que no podemos ni debemos perder ni un sólo segundo, siento que deberíamos replantearnos seriamente sobre qué cosas valen la pena para ser aplazadas. No entiendo cómo luego de haberle arrebatado la vida a algún animalito el culpable siga su camino quitado de la pena, y luego los demás autos que vienen hacen exactamente lo mismo y uno y otro y otro siguen pasándole encima hasta que no es más que una masa informe, una mancha, o luego algunos lo esquivan y el cuerpo se va hinchando y así hasta que algún auto despistado le pase encima y lo mismo, van todos a pasarle encima, ¿qué acaso es ley que tenga que reducirse el cadáver hasta que se vuelva una mancha irreconocible? ¿En serio nadie tiene el pinche tiempo para detenerse y jalar el cuerpo, ya ni decir que lo recojan y lo lleven a la basura, simplemente no pueden sacarlo de la carretera y orillarlo? ¿El chiste es que todos los coches se lleven un pedazo del animalito? No lo entiendo. Y es que incluso ya tomándolo por un lado práctico, ni siquiera la peste les hace sacar el cadáver de la carretera. Estamos perdiendo lo que se supone nos hace humanos, ya nada nos conmueve, todo nos vale.
Y es que no es por darme mis aires de superioridad, pero siempre que hablo de algo procuro tener algún ejemplo de refuerzo, en esta ocasión así es; hace ya rato nos tocó ver a un perro morir frente a la casa, nunca sabremos de dónde venía ni a dónde iba, el caso es que no pudo seguir caminando y calló a media calle. El que era mi novio en ese entonces salió y tomó al perro y lo dejó en la banque, que como se quedara ahí seguro los carros le habrían pasado encima, «suerte» que no pasan tantos por esta calle y que ese día no fue la excepción, intentamos darle un poco de agua, apenas y pudo tomarla, nos limitamos a acariciarle, y no tardó más que un par de minutos en morir. Me gusta pensar que al menos sus últimos minutos fueron, si no felices, al menos sí tranquilos y se habrá sentido seguro, cuidado. Asumo que lo envenenaron, tosió/vomitó un pongo de sangre, de ahí que esa parezca la causa de su muerte. Era un perro que si lo hubiéramos visto antes y se hubiera cuidado y arreglado habría quedado tan hermano que habrían hecho fila para quedárselo. Hipocresía pura, si es bonito todos lo queremos, pero así, ya hecho. Un perro de esos tipo lobo de pelaje blanco. Tan delgadito.
Igual hace poco un carro atropelló a mi gata, o la de mi mamá, más bien, el caso es, que la atropelló un carro, no le pasó encima pero ella quedó tirada a media calle, por «suerte» los.niños vecinos estaban en la calle y nos dijeron, salí por ella, la envolví en un trapo, era pequeña aún, le gustaba salir a la calle a ver si había animalitos, insectos, para cazar, venían dos carros, que sólo porque soy una persona no me pasaron encima, los.hice esperar, la envolví y la acomodé en mis brazos y entre a la casa, la llevé a la cocina, la dejé en el suelo, no había nada qué hacer, la sangre salía y salía de su cabeza, pero seguía despierta, viva, consciente, como muchos más animales que mueren hasta tiempo después, bajo las llantas del coche número tres, deI cuatro, tantos que seguirían vivos si se tomaran unos minutos para ayudarlos. Le dije a la gatita que no tuviera miedo, que estuviera tranquila, aunque lad lágrimas corrían por mi rostro y mi mamá había huído a esconderse a su cuarto. La gatita murió como al minuto. La envolví en otro trapo, la hice bolita, la puse sobre un cartón. Me dediqué a limpiar la sangre que había quedado de camino a la cocina, la que quedó en el lugar donde la recosté. Me dediqué a ignorar el olor de la sangre que se secaba en mis manos  brazos y en mi blusa. Sangre roja, igualita a la mia. A la tuya.
El más reciente fue un gatito al que «maté» por quererlo ayudar… Estaba llorando en una calle, así casual, gatito llorando en la calle, gente pasando sin prestar atención. Cuando lo abracé y queríamos tranquilizarlo vimos que estaba ciego, se le veía una «piel» encima de los ojos, supongo que como las cataratas en los viejitos, era un gatito pequeñito, de un par de meses cuando mucho, no podía traerlo a casa, teníamos 5 gatos en ese entonces, decidimos llevarlo con un veterinario para que lo valorara y de ahí lo llevaríamos a una fundación para que le buscaran un buen hogar, queríamos lo mejor para él, con la de.buenas que era macho y sería «más fácil» que alguien lo adoptara aunque estuviera ciego, teníamos la esperanza. Pero al cruzar avenida, que era necesario cruzarla, el ruido de tantos coches lo asustó, se escapó de mis brazos, saltó justo a media calle, corrió de un lado a otro, éramos 3 personas intentando agarrarlo y un sinfín de estúpidos automovilistas que querían atropellarnos también por estar a media calle, no pudimos, un taxi lo alcanzó, cuando llegamos a su lado ya había un buen de sangre derramada, movía sus patitas, lo abracé y me llené de sangre, le pedí perdón, quizá si no hubiera intentado ayudarlo no habría muerto, quién sabe, no me enteré cuándo murió, lo tenía abrazado contra mi pecho y no veía nada.por las lágrimas. Casualmente ese día andaba una «bufanda», sirvió más que bien para envolverlo en ella. Me lavé las manos y los brazos mecánicamente. Caminé sin prestarle atención al olor de la sangre que había manchado mi blusa, entré en una tienda de ropa y apenas y me fijé en cuál compré, allí mismo me quité la que llevaba y me puse la nueva.
La vida no es más que una serie de instantes que pueden dejar de sucederse en el momento menos pensado.
¿Qué chingado le pasa al mundo?
¿Qué chingado nos pasa que nos creemos tanto siendo tan poco?
De repente siento que la Muerte me ronda por pura buena onda y porque quiere hacerme el favor de ya evitarme seguir en este mundo tan lleno de gente insensible.
Si creemos en ello, este no es un buen mundo para ser Piscis.

De que tropecé de nuevo, pero esta vez con otra piedra

5 Ago

El Universo obra de tal manera que dudo que hasta él (o ella) se entienda (si es mujer seguro no tiene idea), el asunto es, que se tardó un buen (o lo justo) para finalmente ponerme en LA senda (la que, obviamente, yo considero es LA senda) y más me vale no empezar a sabotear (de más) el asunto y quedarme aquí, que mi naturaleza me impulsa a hacer siempre lo contrario y ahora que finalmente encontré lo que tanto dije buscar soy capaz de echar a correr en sentido contrario (u obligarle a regresar por donde llegó, también), que a mi el doctor no me recetó nada pero seguro lo habrían «medio» mencionado en la receta, quién sabe, pero aquí está, tan como quizá me lo habrían recetado, con esa forma de mirar que tiene y con esa sonrisa que me contagia y con esa facilidad para meter la pata y luego decir la más adecuado en el momento justo.

(Se cuelan por la rendija de la ventana una fila de suspiros.) 

Alguna vez dije y escribí que cuando estoy «así» no me inspiro mucho para escribir «aquí», y lo confirmo y lo sostengo, la inspiración se me va a sitios más «impersonales» o a lugares donde sea él y sólo él quien se entere, (Por ratos, ratitos, pienso en que todo esto que siento, se siente tanto y más, por todo lo que me obligué a callar antes, por todo lo que aquél no me dejó expresar y que ahora puede fluir libre y sin temor a disgustar en vez de agradar), me gusta pensar en la sonrisa que se dibuja en su rostro cuando me lee, me gusta imaginar su expresión y sus ojos respondiéndome. Mi carrito sigue desbocado pero tomó rumbo fijo, la colisión es inminente y se producirá (de eso no hay duda), pero todo pinta a que será «luego» y que ya no me va a importar tanto (nunca me ha importado «tanto») ahora. Las ideas vienen, entran, dejan sus abrigos y se transforman, dan media vuelta, toman sus abrigos, y se van. Una tras otra, y yo aquí en la lela, observando la misma Luna de hace ya días, cuando su mano tomó la mía y mi corazón cambió de ritmo.

(Estoy, de nuevo, una vez más (espero la vencida), absurda, total y locamente enamorada. Con la «diferencia» de que es total, plena y agradablemente correspondido. Ya no más paredes.)

Las cosas triviales han sacado sus mejores galas y pasar las horas uno al lado del otro sin nada qué decir se me antoja más interesante que cualquier cosa. Todas las canciones pelean por ser elegidas para ambientar cada minuto y la monotonía jura y rejura que se portará bien y que no la descartemos, que el desearnos cada día un «Buen Día» jamás será aburrido ni obligado. Que aunque por ratos me parezca que tanto suspiro y tanto escalofrío puedan resultar contraproducentes no será así y que basta un abrazo para que todo se vuelva a equilibrar. Los abrazos… sus abrazos, ese sitio donde parece que de toda la vida me anduvieron esperando y yo jugando a saltar cada vez más alto y más lejos, que un recorrido en redondo que me llevó años me haya devuelto a un senda «conocida» es de las ironías más absurdas y hermosas que me ha pasado. Que saber que se refiere a mi sin usar mi nombre y que mi mano siempre encontrará la suya. De que empiezo a creerle eso de que sí hay más tiempo que vida y los minutos se alargan aunque las horas pasen igual de rápidas, que sus labios congelan los instantes y yo aquí remodelando todo y sacando finalmente los despojos pasados, metiéndolos a la trituradora y planeando qué hacer con los restos, si usarlos de abono o reciclarlos y con ellos tapar las grietas, disimular las cuarteaduras. Tanto por hacer y yo aquí con el recuerdo más reciente sentado en mis piernas y desacomodándole el cabello.

(«You’re just too good to be true». Por primera vez le encuentro el total sentido a la frase.)

Mi corazón late, brinca, salta, se zarandea.

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