Archivo | mayo, 2013

De futuros inciertos y libros

28 May

A diferencia de lo que suelen pensar (y parece suceder) las mujeres con pareja «segura» y las casadas, ya que están viviendo en pareja «se dejan» y se engordan y ya ni se arreglan porque el tipo ya es «suyo» y ya lo amarraron y entonces al.hombre no le queda más que aguantarse si es que la fulana se vuelve gorda y fodonga… Yo haría justo lo contrario. Y es que si me caso tendría que esforzarme para que mi esposo no se aburra y me deje por alguna que se vea mejor o se vea como yo era. Tons seguro hasta vería de hacer ejercio y todo eso. Y es que sí, no le encuentro la lógica a eso de por ya estar casada creer que ya el tipo no te va a dejar y se va aguantar con lo que seas. Digo, si se casó contigo y de por si eras así, pues sí, pero si ya luego de la boda y todo ese rollo ya no te arreglas… Igual y por eso hay tantos divorcios. No sé. Me surgió la duda y me ganó la certeza: haré justo lo contrario.

(Pasé los últimos días arreglando mis libros, son tantos (y tan pocos) que no bastó un día, y es que aparte de intentar acomodarlos por importancia y tamaño también los forro con papel de regalo. No me estoy quejando.)

El futuro es algo que ya he dejado por la paz. El día a día es.suficiente complejo como para preocuparse por más cosas, pero ello también conlleva que por ratos se me extravíe el norte y mis ganas jueguen al escondite (sin avisarme) y se queden ahí ocultas (porque nadie me avisó que debía buscarlas) y Depresión aparezca con su sonrisa dulce y me invite a columpiarme a su lado hasta que el horizonte adquiera un color más agradable. Vuelven los dolores de cabeza. El aroma a tristeza termina por embotar mis defensas y allá vamos, en picada a la trinchera. Hay cosas que me hacen falta, y tampoco es que me esfuerce gran cosa por conseguirlas.

(Mis libros pelean por la atención. Los «viejitos» y los ya leídos suelen ganar casi siempre. No se puede elegir, hay tantos conmigo, y tantos más aún lejos de mi.)

Hay ratos en que las ganas reaparecen, pero sólo se asoman, agitan todo y suben el volumen de la música y brincan y desordenan y yo aquí contando suspiros.

Con esta Luna Llena

25 May

Hoy no hacen falta luces o forzar la.vista, incluso con las nubes tercas en pasarle encima, la Luna ilumina tanto que bien podría ya estar amaneciendo y no ser apenas pasada la media noche. Se ha ido el calor agobiante y ha quedado un agradable frescor nocturno. La Luna brillando con fuerza allá arriba, y yo preguntándome si la estarás viendo, si la viste. La vida es un eterno misterio que creemos ya no nos asombra, a mi todo me asombra, desde el hecho de que mi cuerpo se haya acostumbrado a respirar «en automático» hasta que esto que «escribo» termine siendo visto cualquiera donde sea y cuando sea. Y es que hoy aunque esté nublado y no haya estrellas con esta Luna basta.
La Luna que se asoma de entre las nubes cuando decido bajar la vista y seguir escribiendo.
Pasa tanto y tan poco por mi mente en estos momentos, y en los momentos pasados, que por más que lo había intentado no había conseguido reunir las suficientes ganas para estar aquí. En esta soledad cuasi silenciosa, con el ruido de la.ciudad negándose a dormir, con el ruido de las aves que quién sabe se dirán, con el ladrido lejano de los perros, con el susurro de insectos que no he visto ni me he esforzado por ver. A esta hora se antoja la compañía. Quisiera no tener este «miedo» a quedarme a solas aquí a medio patio y echarme en el suelo y que la Luna vele mi sueño.
Me haces falta, tanto como estas Lunas que no aparecen cada mes.
Me voy a quedar aquí hasta que «el sereno» me haga huir, hasta que los insectos me desesperen o hasta que la Lunae diga. Lo que pase primero.

De las cosas que no cambian y está bien que así sea

3 May

Hay veces en que siento que el tiempo es como un grifo, y me parece que por ratos como que lo dejo abierto porque el tiempo como que se va y no hay forma de detenerlo, pasa y pasa y resulta que no fueron minutos sino horas, y que ya se fue un día, una semana, un mes. Y así hasta juntar años. Lustros. Una década. El tiempo es algo que nunca sabremos valorar. A mi particularmente me pasa seguido que «me pierdo» y no sé ni en qué día estoy, pero no es que me ande quejando, sólo me hizo gracia, que sigue sin caerme bien el veinte de que ya son casi treinta.

(Han vuelto los días de calor. Las noches estrelladas. Las rositas del rosal.)

Pero ese no era el tema. Estaba reflexionando sobre el hecho de que por casi una década  (que pasa a ser casi un tercio) de mi vida, hubo siempre tres constantes, había un ser que estaba tan siempre presente que estaba segura de que no habría forma de moverlo, pero resulta que sí, resulta que puedo y pude bajarlo del pedestal en que lo mantenía, resulta que no me era tan indispensable como pensaba, resulta que la verdad es que sólo hay dos eternas constantes en mi vida. Él ya no es una. Y pasó como pasan las cosas, sin que uno se de cuenta, así de repente, sencillamente noté que llevaba rato respirando sin su presencia, resulta que bien que puedo vivir sin él, así como viví todos los años antes de su arribo  y es que las cosas se acomodaron de esta manera justa, cumpliendo un ciclo, ya no hay más. Es verdad, nuestra relación ya no daba para más. Irónico que lo haya vaticinado aunque seguro ahora dirá que ésta no era la idea. Pero así es. Así fue. Fuimos y ya no seremos.

(Por las noches el viento sopla, refresca, dan ganas de tener una hamaca y dormir a la intemperie. Eso. Y un columpio.)

Empecé este año sin muchas expectativas, sin muchos planes, con las mismas preocupaciones. Con la certezas a media luz. Las cosas fueron tomando su rumbo, agarrando su cauce, esto llevó a aquello y así hasta terminar en que luego de un rato mi colección de zapatos mermó y volvió a recuperarse pero con más uniformidad. Mis zapatos «viejos» y «gastados» llenaron una bolsa que no sé dónde ande ahora pero tengo la idea de que algunos (la mayoría quizás) anden en los pies de alguienes. Me quedé con dos pares de zapatillas que casi nunca uso. Me quedé con esas botas que casi no me pongo. Pero lo demás se fue. A cambiar de aires. Tengo suficiente con los que tengo. Para lo que salgo, para lo que los uso, así estoy bien, como siempre, estoy bien. Pequeños cambios que terminan en grandes acontecimientos, el «efecto mariposa» dirán algunos, sí, puede ser, esa pequeña acción que derivará en toda una serie de acontecimientos futuros, inmediatos o no. (Esa película, «El Efecto Mariposa», la primera, donde actúa Aston Kutcher, esa sí vale la pena. Véanla.) Dejan de molestar los «hubiera», pero su primo hermano el «¿qué tal sí…?», ocupa su lugar. Probaremos eso de sonreír más. Eso de escuchar mejor, de hablarlo y no escribirlo. A ver qué pasa.

(Con este clima, y en estos tiempos, se me antoja más que antes que la casa estuviera en una terreno más descampado, que hubiera más de un columpio, que mi naranjo ya diera sombra, que los rosales siempre estuvieran floridos.)

Aunque lo intente, aunque me resista, siempre vuelvo a este sitio, a este rumbo, a este tranquilo y relajante sonido de las teclas mientras las palabras se van formando, que el papel en blanco, a ese aún le tengo miedo, pero que a los lápices de punta fina y a los lapiceros de puntos suave les sigo teniendo afecto y cada que están al alcance veo de garabatear algo, aunque nada relevante, me frenan las ganas de querer dibujar cosas que no puedo, como siempre. La Musa aquí anda, el resto de la compañía también, ellos son más diligentes cuando se lo proponen y han colgado tantos columpios como son ellos y se pasan día y noche balanceándose, haciendo malabares, saltando de uno a otro sin tocar el suelo, mientras yo los veo, aquí con mis pies anclados a esta tierra (no es queja) y los brazos extendidos a la espera de que el viento arrecie lo suficiente para llevarme a donde estar, o para traerlo a mi lado. Lo que pase primero.

Lo que haya de pasar.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar