Archivo | octubre, 2012

De lo que pasa cuando recuerdas recuerdos lejanos

20 Oct

Los niños de la secundaria a la que asistí adquieren una (horrible, he de decir) costumbre, la de caminar desde la mencionada escuela hasta el parque, un trayecto de varias cuadras cuyo fin es el de ir en compañía de los amigos, bromear, quejarse, todo ello. Espero que los niños caminen pendientes del camino pues parte de él transita a la par de la carretera y si son niños modernos, léase de esos que caminan embobados mirando la pantalla del celular y nada más, habría algún accidente, aunque no creo, ya se habría dado. Decía, yo también sucumbí a ello en varias ocasiones. Y lo relevante de esto es me llegó un recuerdo hace unas horas mientras volvía a casa. Es cierto eso que los científicos han comentado sobre que el cerebro en verdad nunca descansa y registra, cataloga y almacena todo, absolutamente todo, lo que vemos y oímos, aunque muchas de esas cosas jamás vayan a ser requeridas y se queden para siempre en el olvido. Alguna de esas cosas de repente consigue colarse y hace acto de presencia. Hoy mientras veía esa ruta que solía caminar, mientras sentía esta ya conocida añoranza de él, recordé, que hace ya años, muchos, más de 10, iba caminando con unas amigas, hablando quién sabe de qué, mi adorado primer novio había decidido tomar el transporte porque debía llegar temprano a su casa, íbamos caminando cuando de pronto escucho su voz, llamándome, levanto la vista y lo veo asomado en la ventana del camión, me lanza un beso y grita que me quiere, y se queda unos segundos sonriéndome, para luego volver a sentarse y por ende desaparecer de mi campo de vista. No recuerdo más, seguro me sonrojé y las amigas con quienes iban habrán comentado algo y los demás alumnos que vieron tan efusiva demostración de amor habrán dicho algo. No recuerdo. Lo recuerdo a él, con esa confianza que solo tenemos cuando jóvenes recién enamorados, lanzando ese beso que iba precedido por un sincero y ruidoso: «Te Quiero». Años mozos perdidos que jamás volverán ni a encontrar parecido en los venideros.

(Sí, ¿quién se creyó que no iba yo a salir con alguna incongruencia? Si «Contradictoria» es uno de mis nombres.)

No es Depresión, solo Nostalgia lo que siento hoy, con base al recuerdo ya mencionado. Voy a repetirme como casi siempre, sigo anhelando el tener un novio que sea romántico y cariñoso, que no tema ni desdeñe a la cursilería. Es parte de mi karma esa ausencia. Pero es uno de esos sueños que siguen rondando por aquí, es de esos que ya tienen su propia llave y entran cuando quieren. Con el paso de los años yo también he ido perdiendo ese «no temor» a la cursilería, recuerdo algunas de las cosas que hice y estoy segura de que no podría repetirlas, por más que el sentimiento que experimento ahora se parece al que en esos años me instó ha hacerlo, mucho tiene que ver que mi actual causante de suspiros sea todo menos el prototipo de «novio de mis sueños». Y sigo intentando convencerme de que no es necesario recurrir a esas cursilerías para que la persona note, sienta y sepa lo que sientes.

(Sí, rara vez consigo mantenerme totalmente firme en la idea/emoción que digo mantendré. Resulta que mis alas me mantienen a flote cuando «no deben».)

Tengo alma de Urraca Juntadora Compulsiva, guardo demasiadas cosas, y por más que lo intento no consigo deshacerme de las que ya no me sirven. Junto, guardo y atesoro instantes, y él en poco tiempo ha conseguido regalarme varios, una mirada, un beso, el simple hecho de tomarme la mano. Supongo que el saber, el tener la certeza, de que no se le dan de manera «natural», no de la forma en que yo puedo hacerlo, de demostrar lo que siente de manera romántica/tierna/cursi, por ello tienen tanto valor, para mi, esos pequeños gestos que hace de manera espontánea y tan natural, que por un instante paso de el enojo, porque no es así todo el tiempo, a la añoranza, porque no es así todo el tiempo. Yo lo quiero. Estoy enamorada. Así de simple.

(Si fuera posible, variar, tantitito mi realidad actual, solo un poquito…)

Pese a que Octubre va que vuela para terminarse, pese a que Pesadumbre me llevaría a conocer los rincones donde uno puede ocultarse para llorar, gritar, maldecir y pasar desapercibido, al menos por ahora, no tengo (tanto) de qué quejarme, que sí tengo, es un decir, pero son cosas mías, que no es resignación ni nada, que no culpa de su indiferencia, que quizá si nos esforzáramos por estar en la misma frecuencia más tiempo, pretextos y motivos sobran, pero sé que demasiada cursilería de mi parte alteraría el equilibrio que aún mantiene a flote nuestro barco, entonces, me aguanto y no me quejo, pero quisiera, pero no quemaré mis cartas, no aún, no por esto, aunque duele, poquito, pero duele, siento en alguna parte de mi corazón averiado, en ese sitio preciso que está justo al lado del que sufre, que en verdad no lo hace a propósito. Y callo a esa molesta vocecita que me susurra esa sarta de frases prefabricadas que van de:»Si te quiere lo demuestra», «Si le importas se esforzará», similares y conexas, no es el caso, él como yo es una excepción de esas ondas. Y es que «solo» serviría ese «cambio» para mejorar/facilitar(me) las cosas, ¿y de cuándo acá me han gustado las cosas que no tienen pinta de nefastas e imposibles?

(Estar y seguir con él es un eterno adaptarse o morir. Y no es queja, me gusta que sea así. Aunque más tarde reniegue de ello.)

De la de cosas que a estas horas ando pensando

18 Oct

Es ligeramente frustrante que uno «siempre» tenga que esperar «hasta estas horas» para poder ver las estrellas (a riesgo de que ellas también nos miren), eso sin contar que hay que tener un cielo despejado para poder apreciarlas. (Y ganas no me faltan de tener un iPhone con esa aplicación que te dice el nombre de las estrellas.) Que en el pedazo de cielo que tengo encima se ven varias, esa que sigo sin saber qué planeta será, la que parece planeta pero titila y entonces no ha de ser; veo dos pares de conjuntos de 3 estrellas, así que supongo alguno ha de ser el famoso y tan mentado cinturón de Orión, y ahora justo antes de entrar vi un estrella que está justo al lado/debajo de un «montoncito» de estrellitas, le calculo que hay como unas 6, es la primera vez que las veo.

(La tecnología nos va condicionando. Eso de poder poner la canción de tu elección como tono de llamada. El aleatorio llegó a esa que desde hace ya varios meses suena y se me acelera el corazón de pensar que con interrumpirla podré escucharlo. Sí, empezó la canción y volteé a ver el cel.)

Acabo de ver una peli que bien podría ser mi Película Favorita del Año si no fuera porque el año aún no acaba. Va de que el fin del mundo es inminente y los protagonistas se ven «unidos» por las circunstancias y emprenden un viaje para alcanzar a cumplir su último sueño. Sobra decir que surge el amor entre el caos. Y que es de esas con final «no feliz», pero que deja con una sonrisa pese a todo. De hecho la mayor reflexión es el típico (y hasta aburrido en ocasiones): «No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.» Y es que es cierto, el fin del mundo podría ser justo ahora y me agarraría escribiendo una entrada que quizá ni alcanzaría a enviar, en vez de estar con mi Ma y hablándole por el cel. Que soy realista y fatalista al mismo tiempo y adapto mi fin a mis actuales circunstancias, que ya antes he escrito cómo me gustaría pasar mis últimas horas (y días) si resultara que me entero de ello y puedo hacer algo al respecto. Yo soy de esas personas que nos dejamos llevar por la pereza y dejamos de hacer  «muchas» cosas, soy de esas que por no querer molestar nos mantenemos al margen esperando ser requeridas. (Debo hacer más llamadas, sin duda alguna.) Parafraseando: «…que el fin del mundo nos pille bailando.»

(Supongo que por la lluvia han proliferado los grillos. No es queja.)

Es bueno ser soñadora y romántica, pero hay que controlarlo, hasta contar con la cercanía (y el concerniente y necesario apoyo, respeto y amor) de la persona amada, que no vaya ser que por andar esperando por Ese se nos vaya Este que bien podría ser ese si no le anduviéramos viendo los defectos en vez de las virtudes. No es que baje mis expectativas sino que las pongo en niveles más «razonables», que bien sé que yo tampoco lego a los Top’s por las ya sabidas razones y cuestiones de mi personal personalidad. Puedo pasarme un rato fantaseando, pero debo asegurarme de que no sea más del que invierto en seguir haciendo real mi (nuestra) realidad.

(Hay que ver dónde dejamos olvidados los miedos. En verdad son peso muerto, no ayudan a que mantengamos los pies en la tierra ni evitan que nos lleve el viento.)

Me es bastante difícil seguir el ritmo de nuestra sociedad actual, seguirles el paso pese a mi reticencia a sucumbir ante la «necesidad» de dedicar mis horas a una actividad monótona que me redituará dinero. (Sí, yo sería feliz si nos basáramos en el trueque y el autoconsumo.) Me gustaría no tener que preocuparme por esas cosas y solo por el eterno «qué dirán», más que por no enojarlo y complacerlo, sino para seguirle pasando al lado y encima. Que yo quiero contar con tu compañía todos los días a cualquier hora y esa debería ser razón más que suficiente (y único requisito) para llevarlo a cabo, que hay que ver dónde «juntarnos», qué comeremos, con qué pagaremos las deudas, qué le diremos a la gente. Sin duda la vida era menos complicada antes. Pero bueno, que me gustan los «imposibles».

(Que te manda a decir mi corazón para mantener un buen ritmo.)

Son las tantas, hay estrellas fuera, no tengo sueño (pero me «molestan» los ojos), suenan las (mis )Preferidas, no hace calor… pero te echo en falta. Pero algún día, algún día.

Pequeño círculo «reflexivo»

17 Oct

Suele pasar(me) que más temprano que tarde me (des)convenzo de que la idea tomada no es la adecuada, de que mejor no hay que abusar de la suerte ni retar al destino y dejar las cosas como están. (Uno se trauma luego de haber tropezado tantas veces.) Que pese a ser impulsiva jamás le he tenido veneración a lo desconocido y no quiero aventurarme en ese sendero que no tiene un trazo visible. (Mis raíces están demasiado, válgase, enraizadas, como para suponer que sobreviviré a un trasplante.) Me arden los ojos de tanto entrecerrarlos, de tanto mantenerlos alerta, de tanto haber estado cerrados, por tantas lágrimas que los han ido horadando. (Hoy ni el Aleatorio consigue hacer variar mis emociones.) Y no es resignación, o al menos creo estar segura de ello, ser mitómana, depresiva y contar con un Doctorado en Sabotaje hacen las cosas harto complicadas. (Contradictorio e incongruente.) Debería pedirle identificación y presentación obligada de test de personalidad a cada segundo que pasa a mi lado, así igual y logro hacerme a la idea de lo que anden tramando, que no confío en los que cruzan con muletas ni en los que llevan patines. (Pareciera que mi corazón ha aprendido a latir a conveniencia.) Necesito unos lentes con visión infrarroja. Con visión nocturna. (Hoy no te quiero aquí a mi lado, pero si estuvieras no estaría nada mal.) Hay una estrella, que sospecho ha de ser (más bien) Venus o quizá Marte o Mercurio, aparece justo por sobre el edificio de enfrente-atrás y me queda viendo fijo cuando vuelvo al cuarto, me observa cuando salgo, sin pestañear, intentando (con éxito) conseguir mi atención, pero con ello de que el sonido viaja más lento que la luz, no me entero de sus planes, quizá por ello es hasta días después que termino de (des)convencerme de las cosas que planee infinidad de segundos atrás.

Breve reflexión del mismo tema

16 Oct

El Aleatorio, para variar, ha hecho de las suyas. Me dio por centrar la reproducción entre las 818 canciones que tengo marcadas como «preferidas», y casualmente llegó a sonar en esa que tenía rato sin oír, esa que me hizo recordar que no tenía el disco más nuevo, lo que me llevó al Google y teclear y dar clicks, para terminar ahora justo escuchando la segunda canción, pensando que todo indica que este disco está mejor que el anterior, que es justo de allí que salió la canción que me hizo recordar al artista y todo eso. Me gusta eso de escuchar a un hombre cantando romanticidades.

Me gusta ese escalofrío que aparece de repente y me recorre los brazos. No me gusta la panda de recuerdos que empiezan a colarse bajo la puerta. El dolor de cabeza regresó, sí, regresó, se había ido, no supe a dónde ni cuándo, solo sé que ha vuelto, al parecer no con muchas ganas, solo hace acto de presencia, como para confirmar su existencia pero nada más. Hay noches, como está, en que me gustaría no tener tan buena memoria, no tener tan presentes recuerdos pasados, para poder enfocarme de lleno en el pasado inmediato. En este aterrador pasado inmediato que mantiene la sonrisa en mis labios, las ganas en mi cuerpo y los sueños rozagantes, bien peinados, perfumados, alegres, esperanzados. Intentan hacer acto de presencia la Depresión y el Pesimismo, porque no es «normal» que haya tanto rosa flotando en estos lares. Ya se nos había olvidado el olor de las violetas de vainilla, el sabor del coco. Da miedo pensar que no es más que la contra, el complemento, de los malos ratos pasados, que cuando terminen la rueda volverá a girar y tendrá que venir de nuevo lo malo para valorar aún más estos momentos. Resignación. Se me olvidan las palabras de recordar tu mirada.

No sé cuándo dejaré de pagar por mi mal karma, que tampoco es que ande muy preocupada por no saberlo. ¿Cuánto tiempo pagas por un corazón roto? ¿cuánto por inmiscuirte? ¿Cuánto por dejar de intentarlo? ¿Cuánto por olvidarte de ti mismo? Me gusta pensar que eres mi karma, y no es queja, es esta extravagante idea romántica del amor que tengo, esta forma tan mía de concebir a la media naranja, que tu serías un medio limoncito agrio y yo una media mandarina de esas que no son totalmente dulces aunque lo parezcan. Quiero ya llevar a la práctica las órdenes de desalojo, quiero en verdad empezar «de cero», quiero poder ofrecerte la totalidad de mis ruinas.

Que no nos falten las ganas para seguir provocándonos sonrisa, para despertarnos las ganas de estar juntos. Que pasen los días sin faltar ese en que conseguimos estar en sintonía. Que aunque no lo diga haga que lo sientas. Dedicaré todo mi esfuerzo a no desmoronarme tan fácil. No dedicaré más tiempo del necesario descifrando los latidos que surgen por pensarte, te querré, así sin más, así con todo, lo que queda de hoy, lo que viene mañana.

Soñar no me desgasta, lo seguiré haciendo. Aunque sea un sueñicidio cada que lo hago. Mis sueños kamikazes saben a qué atenerse si no dejan de levantar la mano y dar saltitos con tal de ser elegidos. Estos sueños míos tan de plastilina que aguantan y aguantan y se van adaptando. ¡Qué falta me hacen tus manos a estas horas! Ese abrazo que nos damos en la noche antes de que el sueño nos venza, ese pequeño momento en que nos dejamos de tonterías y nos limitamos a estar. Seguiré soñando que es a ti a quien abrazo cada noche.

Late con ganas mi corazón averiado.

De las cosas que se me ocurren en la mañana

10 Oct

Conforme pasa el tiempo uno va aprendiendo a conocerse, se reconoce y hasta cierto punto se entiende y se acepta tal cuál es. Algunos dirán que esa es la clave de la felicidad. Podría ser. Algo que he descubierto de mi es que con el paso de los años me he vuelto cada vez más meditabunda, pese a que sigo actuando de manera impulsiva (siempre sin proponérmelo) me la paso pensando siempre, de más, las cosas, las posibilidades, de hecho sucumbo a la impulsividad porque en fracción de segundos pienso en todas las posibles vertientes de la acción y la gran mayoría me convencen. El caso es, que es cada vez más difícil no hacerlo, no perderme en mis pensamientos y pasarme horas (incluso días) dándole vueltas a las cosas, buscando la respuesta «adecuada», la solución «precisa», al punto en que suelo deprimirme por cosas que «ni al caso.»

(A estas horas «sigo» escuchando pop en inglés. Sigo, amanecí, de buen humor.)

Me asombra mucho «el resto de la gente», esa gente que a mi parecer actúa sin pensar, se deja llevar y al final se, digamos, resigna, y acepta lo que viene y espera, supongo, que las cosas no le vayan peor. Por ratos me gustaría haber actuado como esa gente, aunque mi presente fuera totalmente distinto al de ahora, aunque no estuviera en este momento tecleando ni me hubiera acostado tarde ni despertado hace poco, aunque siguiera tranquilamente en pijama sin preocupaciones. Son muchas las cosas que quisiera hacer pero que no consigo acomodar  en mi actual plan de vida, porque justo, no pienso dejarlo, y el debate se centra en esto, en el hecho de que estoy casi segura de que no es posible seguir haciendo (o no haciendo) lo que hago si quiero tener algo más. Es complicado, por ello me gusta.

(Me gusta hacer el intento y cantar, aunque termine «bailando» y dando saltos.)

 

Y extrañamente sigo estando de buen humor pese a que por escribir sobre mis dudas, que no claramente, claro, pero ya en mi cabecita andan rondando de un lado a otro, como burbujas aceleradas queriendo ver el mundo antes de explotar, aunque Depresión ya haya aparecido y me mire fijamente decidiendo qué peinado hacerme, a pesar de que mi alergia «matutina» ya hizo acto de presencia y me obligue a dejar mi cuarto y emigrar a la cocina donde automáticamente me dará hambre, pese a todo, sigo estando en un estado de aparente calma, y una parte de mi me recuerda, me insinúa, que ha de ser porque se acerca la tormenta, una nueva serie de baches. (Las trincheras me hacen ojitos.) Estoy escuchando música desde ayer, canciones que tenía un rato sin oír y otras que apenas conseguí. Estoy de buen humor, y ojalá me dure varios días, o al menos por las horas que tardaría en escuchar los 6 discos recién añadidos al iTunes.

(A menos que yo misma lo impida, iré al vivero «cercano», a buscar esas plantas que llevo rato queriendo tener.)

Quiero que las cosas funcionen y no echarlas a perder, quiero no dejarte arruinarlo todo, quiero que encontremos nuestro verdadero punto de equilibrio y que nos grabemos la ruta para siempre poder volver a el y reempezar cuantas veces sea necesario. sigo queriendo muchas cosas, y sigues estando presente en la gran mayoría.

De la sincronía y una canción que se repite

9 Oct

Por ratos me da miedo esta maquiavélica sincronía que nos une. Parece que él se diera cuenta del momento exacto en que comienzo a flaquear, en que las ganas se me escapan de las manos y estoy por gritarle al destino que ha ganado, pareciera que se entera de alguna manera y va y hace algo que me hace recuperar la esperanza. ¿Será cierto eso de las almas gemelas? Particularmente he de decir que justo en eso no creo. No creo que mi alma sea un alma incompleta y que necesito encontrar la mitad faltante para funcionar al 100. No, pero, contradictoriamente, quizá, creo en esa «tontería» de las medias naranjas, dirán algunos que es lo mismo, pero según yo y mi particular forma de ver la vida, no son lo mismo, la media naranja es ese alguien que no nos completa, sino complementa. Parece lo mismo pero no es igual. Él me complementa. Somos tan distintos que era de esperarse, suponerse y desearse que nuestras diferencias encontraran a su antagonista y que el equilibrio se fuera dando, lento a mi gusto, pero ahí va, ahí vamos.

(Como que ya se va yendo el calor bochornoso y sofocante. Y Noviembre se acerca que vuela, no sé qué prisa tenga, quizá sea solo para echarme guerra.)

No puedo dejar de pensar en lo poderoso de este asunto. De esta, llamándola como él la nombró hace ya rato, «conexión», porque no deja de sorprenderme eso, que a pasado ya varias veces, eso de que él aparece justo en el momento preciso, en el instante crítico en que si su ausencia fuera quien llegara, otras letras andaría andaría yo escribiendo. Y es justo lo contrario, me devuelve la sonrisa, le da brillo a mis ojos. Y jamás se entera, creo, pienso, sospecho, a ratos, que sí se entera, pero se hace el desenterado, va en contra de su naturaleza y por eso luego ve de echar tierra por sobre el terreno recién limpiado. Y así vamos, en esta montaña rusa que se va reconstruyendo sola y aumenta las crestas y los frenos se averían con asombrosa rapidez, y los cinturones y las bolsas de aire son cada vez más efectivas. Qué miedo esta sincronía nuestra. Qué miedo y qué gusto que exista y no desista.

(Me niego a ver el calendario, pese a que hay fechas que no quiero pasar por alto, me niego a aceptar que ya Octubre se encamina a su mitad.)

Va la frase «fatalista» del momento: Me esfuerzo por ser la mujer que quieres para que tu seas el hombre que necesito. Porque ya eres el hombre que quiero. Hoy el aleatorio no ayudó nada y cada canción me hace pensarte. Sigo repitiendo una en particular, una de esas de trova, canciónd e autor, que seguro conoces, y capáz ni te gusta, pero justo tenía que ser una de esas la que se haya colado en mi memoria con tanta fuerza, porque sí, «igual que una cosa sabida tomaste tu sitio en mi vida», así tal cual, y no me quejo, al menos no ahora, y es que sí, me habría vuelto a poner en tu camino si regresara en el tiempo, habría sucumbido al impulso de buscar tu mirada, otra vez, de nuevo, que en las buenas, en las malas y en las peores implica justo eso, levantarse al caer, aunque el tropezón haya sido intencionado.

(Aún no he decidido qué hacer cuando Octubre muera, cuando Noviembre asome la nariz y se cuele por la ventana sin que tenga la fuerza para impedírselo. Aún no sé. Improvisaré. Este bendito mes debería tener días más largos, o al menos debería haber más días que quisiera «usar» alejados de los días finales que intento evitar. Mala onda este Octubre que ni se ha acabado de acomodar y ya está pensando en irse.)

Con mi neurosis y tu mal humor.

Sabines

4 Oct

Ando pensando en Sabines. Me gustan sus poemas, pero rara vez los recuerdo, esto es, no recuerdo las líneas que los componen, quizá algunas, pero no párrafos, no podría citar sus poemas al completo. De hecho hay uno que aún me causa «repeluz» por que me lo anduvieron dedicando. Y uno, el más corto, sigue siendo, sin duda, mi favorito, de hecho, creo que ese sí lo recuerdo completo.

Entonces, me limitaré a poner los que más me gustan.

No es nada de tu cuerpo

No es nada de tu cuerpo,

ni tu piel, ni tus ojos, ni tu vientre,

ni ese lugar secreto que los dos conocemos,

fosa de nuestra muerte, final de nuestro entierro.

No es tu boca -tu boca

que es igual que tu sexo-,

ni la reunión exacta de tus pechos,

ni tu espalda dulcísima y suave,

ni tu ombligo, en que bebo.

No son tus muslos duros como el día,

ni tus rodillas de marfil al fuego,

ni tus pies diminutos y sangrantes,

ni tu olor, ni tu pelo.

No es tu mirada -¿qué es una mirada?-

triste luz descarriada, paz sin dueño,

ni el álbum de tu oído, ni tus voces,

ni las ojeras que te deja el sueño.

Ni es tu lengua de víbora tampoco,

flecha de avispas en el aire ciego,

ni la humedad caliente de tu asfixia

que sostiene tu beso.

No es nada de tu cuerpo,

ni una brizna, ni un pétalo,

ni una gota, ni un gramo, ni un momento:

Es sólo este lugar donde estuviste,

estos mis brazos tercos.

No es que muera de amor, muero de ti 

No es que muera de amor, muero de ti

Muero de ti, amor, de amor de ti,


de urgencia mía de mi piel de ti,


de mi alma de ti y de mi boca


y del insoportable que yo soy sin ti.

Muero de ti y de mi, muero de ambos,


de nosotros, de ese,


desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,


en mi cama en que faltas,


en la calle donde mi brazo va vacío,


en el cine y los parques, los tranvías,


los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza


y mi mano tu mano


y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire


para que estés fuera de mí,


y en el lugar en que el aire se acaba


cuando te echo mi piel encima


y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,


dichosa, penetrada, y cierto, interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos


entre los dos, ahora, separados,


del uno al otro, diariamente,


cayéndonos en múltiples estatuas,


en gestos que no vemos,


en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre


que no muerdo ni beso,


en tus muslos dulcísimos y vivos,


en tu carne sin fin, muero de máscaras,


de triángulos obscuros e incesantes.


Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,


de nuestra muerte, amor, muero, morimos.


En el pozo de amor a todas horas,


inconsolable, a gritos,


dentro de mi, quiero decir, te llamo,


te llaman los que nacen, los que vienen


de atrás, de ti, los que a ti llegan.


Nos morimos, amor, y nada hacemos


sino morirnos más, hora tras hora,


y escribirnos y hablarnos y morirnos.

Me doy cuenta de que me faltas

Me doy cuenta de queme faltas


y de que te busco entre las gentes, en el ruido,


pero todo es inútil.


Cuando me quedo solo


me quedo mas solo


solo por todas partes y por ti y por mí.


No hago sino esperar.


Esperar todo el día hasta que no llegas.


Hasta que me duermo


y no estás y no has llegado


y me quedo dormido


y terriblemente cansado


preguntando.


Amor, todos los días.


Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta.


Puedes empezar a leer esto


y cuando llegues aquí empezar de nuevo.


Cierra estas palabras como un círculo,


corno un aro, échalo a rodar, enciéndelo.


Estas. cosas giran en torno a mí igual que moscas,


en mi garganta como moscas en un frasco.


Yo estoy arruinado.


Estoy arruinado de mis huesos,


todo es pesadumbre.

Va el que me dedicaron, nomás porque también está lindo.http://www.youtube.com/watch?v=G037PqsAlxs

Y finalicemos con mi favorito:

Hay una forma de que me hagas completamente feliz, amor mío: Muérete…

De «siempres»

2 Oct

Es difícil crear una nueva rutina sin bases o consejos, mi improvisar día a  día se basaba en una premisa fija, ahora toca experimentar más. Es difícil. Así pues, la relevancia de hoy es la hora de esta entrada, que ayer a media noche ya estaba pensando en escribir algo pero me detuve, solo por hacer un cambio, y decidí dejarlo para luego, y ese luego es ahora, apenas va llegando. Aunque la inspiración no sé dónde ande. La Musa ha cambiado de ocupación y desde hace poco más de una semana a decidido volverse estilista, peinadora, hemos hecho desaparecer mi peinado de «siempre» y le hemos dado una ligera variante, que aunque, lo dicho, ligera, sí que se nota la diferencia, y es que algo me traigo con el lado izquierdo que siempre veo de hacerlo resaltar.

(Me rehúso a extrañarte, a echarte de menos. Me rehúso, pero termino haciéndolo.)

A estas horas comienza a hacer calor, el andar con los pies calientitos por as pantuflas se va volviendo un pequeño infierno doble. El andar con el cabello suelto empieza a causar estragos, el sudor y el calor, esa sensación de que urge amarrarlo y ponerlo lejos de mi nuca. Pero me gusta mi melena suelta. Debería vivir en un clima un poco más templado. Pero si en verdad tuviera la oportunidad de escoger, seguiría escogiendo este sitio, este calor, este no saber, esta rutina que se va reinventando a si misma porque no queda de otra.

(Deberíamos dejarnos de payasadas, de excentricidades, de complicarnos. Pero ahí está el chiste.)

Ya han hecho acto de presencia los estornudos de siempre, esta alergia «matutina» que aún desconozco su causa y origen, que no llega a diario, pero por lo general sí cada dos días. Empiezo a acumular servilletas a un lado, al izquierdo, siempre, y así ando, estornudando, pensando que me extrañas, hasta que en algún momento de la tarde termina. Y a esperar al día siguiente. Como que el aumento de temperatura, al aparición del calor, es lo que hace que los estornudos empiecen, aumenten, disminuyan y desaparezcan. Será. Al menos esa parte de la rutina se mantiene inmutable, pero me gustaba esta rutina nueva que apenas terminó, era linda, algo, tantito, parecida a mi estar de hace muchos años, varios, ese aprovechar y disfrutar de la tecnología y del internet y sentirme menos sola que de costumbre. Yo siempre aquí buscando compañía pero resistiéndome a salir a su encuentro.

(Ya lo he dicho, no soy bipolar, soy multipolar, porque ahora justo, quiero y no quiero, como casi siempre, pero me siento dispuesta a negociarlo, estoy segura de que me enfadaría. Lo mejor de este asunto es que aunque consigues provocarme sensaciones negativas, consigues lo contrario, y eso es la clave: que me provocas.)

Hace calor. Te extraño. Estoy estornudando. Iré a buscar aires más frescos.

Empieza Octubre

1 Oct

He descubierto que tenía una entrada guardada como borrador, de mediados de Septiembre, ya «medio» intenté ver si no la publiqué finalmente en un día posterior como parte de otra entrada, creo que no, así que la añadiré por aquí, en algún lado, que para variar y no perder la costumbre, casualmente, coincide y combina con lo que quiero tratar en esta ocasión, con este nuevo miedo que me ha dado el saber que ya empezó Octubre y que en cosa de nada se va ir el mes y llegaremos al que sigue… No quiero llegar a Noviembre.

(¿Cuántos días llegará el dolor de cabeza y sacudirá la silla donde mi Musa dormita? supongo que hasta que mi Naranjo se decida a crecer, y tenga mi columpio. Y me deshaga de algunos miedos. Osea: nunca.)

Creo que está más que demostrado que soy masoquista y que creo en el Destino. Pese a que me la paso quejándome por prácticamente todo lo que me pasa y deja de pasar, tengo la firme convicción de que todo pasa por algo y bla bla bla. Así pues, jace ya varios días terminé viendo una película llamada: «Propuesta de Año Bisiesto» , que va justo de proponerle matrimonio al ser amado aprovechando que Febrero trae 29 días, justo en ese día de más. Casualmente este año es («fue») de esos, bisiesto. (Y yo ya «enamorada» del bisiesto que vendrá.) Resulta que los protagonistas son bien dispares: ella es una romántica y él es un pinche bruto, y yo (obviamente) pensando en que había demasiadas «absurdas» similitudes pero mejor me callé y seguí viendo la peli. Tiene final feliz, como era de esperarse. Pero yo me quedo pensando en todos esos detalles que «hicieron» que la relación entre esos individuos tan diferentes se fuera dando. Como que me quedaré pensando en que en serio no hay imposibles y todo está en saber (mal)interpretar las señales y aprovechar los momentos. (Aún así no quiero que llegue Noviembre.) Y entonces pienso, y re pienso, en todo, como siempre, hasta que empieza el dolor de cabeza.

(Quiero flores, para sembrar, quiero muchas, pero de esas, de las que me gustan, quiero llenar la jardinera nueva con esas flores en específico, verlas crecer. Quizá. No quiero gastar mi suerte pidiendo flores.)

De pronto me descubro ya en la última recta de este año que muchos consideran fatídico, catastrófico, decisivo. Me quedo con la última palabra: decisivo. Tomé varias decisiones importantes, pero ni de lejos tomé LAS decisiones. Aún hay cosas que me frenan, esos miedos y esos sueños que están tan enraizados en mi y que no me dejan (ni les permitiría si quisieran dejarme) finalmente dar el salto, quitar mis manos de las correas del paracaidas, y ver cómo se han quedado mis huellas marcadas, y saltar, sin pensar en jalar la cuerda, sin pensar en el trancazo. El ranazo se ha ido posponiendo, tanto, de repente, que hasta me da la impresión de que igual y sí es paranoia mía y no llegará, no esta vez. Quizá debería dejar de preocuparme, darme chance y dejar que mi impulsividad haga de las suyas, que nunca nos ha ido tan mal cuando es ella quien decide. Quiero, y no quiero. (El aleatorio, como siempre, no es de ayuda.)

(Hoy hay Luna Llena, la primera de este mes. Cuando llegue la segunda y última me deschabetaré.)

Hoy, por mi sacrosanta voluntad, he decidido que no quiero dormir (aunque ya tengo sueño), porque desconozco qué haré mañana, y es que no se trata de que por lo general no sé qué haré, ni es una duda existencial con un trasfondo más metafísico y elaborado, se trata, sencillamente, de que la rutina que había adquirido desde hace más de un año (más de un año, ¿quién lo diría?), llegó a su fin, y aquí entramos con bongo y platillo yo, mis sueños, mis fantasías y las ilusiones que aun sobreviven, todos los que pensábamos que a estas alturas no iba a estar preocupada por lo que pasará mañana, porque, sencillamente, no habría de qué preocuparnos, tendría, claro, otras preocupaciones, pero esta de ahora, no existiría. (Estaríamos junto, así de simple.) No obstante, existe, y no sé, porque una cosa es querer hacer las cosas, en mi caso, o no hacerlas, como también es mi caso, a que por fuerzas ajenas no pueda hacer algo. Jamás me ha gustado que me restrinjan. Creo que a nadie le gusta que lo restrinjan, pero yo, más que la mayoría, he luchado por conservar total autonomía de mis actos, entonces siempre lo resiento, cuando por algún motivo me veo sucumbiendo ante las circunstancias. No quiero dormir, no quiero que sea Octubre porque le sigue Noviembre.

(Hasta el dolor de cabeza se ha presentado tenue, sin ganas, aliado de Morpheo que quiere que vaya ya a acomodarme en ese extremo de la cama que por designio cósmico es el contrario al que siempre escoges, hasta en eso.)

Odio que me haya tocado nacer y vivir en y a merced de una sociedad capitalista, que tengamos que depender tanto del dinero, que el dinero sea más que básico, indispensable, para poder hacer realidad sueños y deseos anhelados. Simple ejemplo: para vernos hacen faltan varios cientos de pesos, a fuerza y sin excepción. Y es que a la par no puedo dejar de preguntarme cómo le hace la gente para hacer que esas cosas que para mi son «inconcebibles» las hagan ver tan fáciles, sencillas, y naturales. Quizá soy yo quien en el afán obsesionado y saboteador de ver (y querer) mi vida de esta y no de aquella forma es que he complicado cosas que por naturaleza son más simples. Puede ser. Pero siguiendo la filosofía de que todo pasa por algo, entonces, por algo es que sigo firme (terca) en que así han de ser, y a este paso, creo, así serán, entonces toca esperar, seguir luchando, ver de hacer que la siempre escasa paciencia que tengo alcance, y sobre. (Estúpido dinero.) ¿Será posible? Me gustan los imposibles. Debo encontrar el modo de conciliar todas estas alternativas, debo mantener los ojos abiertos para darme cuenta del momento exacto en que hay que actuar, cuando haya que ceder. Esperaré (sacaré a flote mi naturaleza gatuna) y estaré al acecho del momento justo para dejar que todo fluya, con suerte, con  la mezcla de mi mala suerte y la tuya que parece no serlo tanto, conseguiremos seguir y mantenernos a flote.

(Resulta que esta es la entrada 900, con 1111 palabras, eso debe traerme suerte.)

Si alguien tiene días guardados, aquí los acepto, igual me invento unos meses intermedios o hago a Octubre eterno.

 

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