Al frío de esta noche, a la inmensidad de esta cama, a la inutilidad de mis brazos, a la ausencia de sonrisa en mi rostro, le hace falta tu cuerpo. A esta noche, a estas horas no tan tardías, a mis ojos cansados, los anda persiguiendo un recuerdo reciente. Un atisbo de sonrisa intenta asomarse. La canción se repite de manera obligada. Ameniza esta noche sin tu presencia mis ganas de volver en el tiempo, a ese momento justo en que derribamos nuestras barreras y volvemos a encontrarnos, a vernos, sin nuestros escaparates de por medio. Quiero que ese momento en que nuestros cuerpos se acomodan para quedarse a merced del sueño se repita por más días, que lo único que impida nuestra cercanía sea el calor, el bendito calor que siempre hace de las suyas y es culpable de casi todo. Me haces falta, te echo de menos, pero me gusta este añorarte.
(Hay tantas cosas que no hemos pronunciado, y hay tantas que nos hemos dicho con solo mirarnos.)
Lentamente las cosas vuelven a su cauce, los extraviados aparecen. El gato rosa se balancea en la cornisa, agita la cola y ronronea esa tonada que calma los rugidos de los demonios encarcelados en cajas de papel maché, el color va asomando ahora que el polvo, las migas, el ruido, se van desprendiendo de las paredes. Una pila de pendientes se han instalado en la mesa, con pancartas y todo, y amenazan con no moverse de allí hasta que sus demandas sean satisfechas, o se les entregue una parcela para sembrar nectarinas, lo que suceda primero. El colchón ha sido rellenado con pétalos de margaritas, con flores de vainilla, con recortes torcidos de libros y revistas, estoy segura de que cuando menos dos de las hadas quedaron dentro y que la salamandra ya ha abierto un agujero en el extremo izquierdo inferior, para colarse dentro o comerse las migas que mágicamente van apareciendo y dándole más volumen a ciertas partes. Las notas musicales, efímeras y alocadas, saltan de rama en rama, se lanzan de cabeza sobre el tejado, algunas se hunden en la fuente, ha vuelto el caos, que es el equivalente de calma.
(No. Pero lo podemos negociar.)

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