28 May

Cronológicamente, a estas horas hace un año. Temporalmente fue ayer, pues este año fue bisiesto.  El asunto, es que ya pasó un año. Particularmente para mi fue uno de esos años en que más de una vez estuve segura de que el carrito se iba a descarrilar finalmente, ya me sentía presa de la gravedad a causa de la súbita, intempestiva y vertiginosa abandonada de carril y la caída en picada, inevitable, hacia ese abismo que a veces se me antoja tan cercano. Pero aún así, en teoría, va el primero. Y los que faltan, chale.

(Estoy en la Pc (casi siempre ando en la Mac) y aquí no hay mucha variedad musical, pero aquí está Santiago Cruz y su «Cruce de Caminos» sigue causando el mismo efecto en mi… Te pienso.)

Saliéndome por la tangente, para no perder la costumbre de abordar varios temas y porque ando sufriendo de un gravísimo déficit de atención en estos precisos instantes, ando escuchando por enésima vez una canción de Raúl Díaz, esa que no logro conseguir: «Tu Ausencia».  Ya he dicho que me gusta cómo canta y por sobre todo las letras de sus canciones, pero esta por sobre todo me hace bastante eco, porque es justo la ausencia lo que me anda rondando, un ausencia vasta y curiosamente corpórea que da el gatazo de presencia si entre cierro los ojos y la miro de ladito. QUIERO los discos de este hombre.

(Tengo miedo, un miedo que raya con el pavor a cualquier intento de comunicación de su parte. Sí, yo y mis eternas contradicciones, que primero quería que se comunicara, que hablara, se expresara, pero ahora no quiero, porque su mente se pinta tan compleja como la mía que sencillamente no sé qué va a decir. Y hago mil conjeturas y de entre todas ninguna me agrada, así que hago gala de mis habilidades desviatorias y consigo el objetivo de no hablar…)

Cada cosa que pasa en este bendito mundo, en este pedazo de espacio que habito, esta magia eterna de los segundos que basta con que pasen un par de ellos para que el mundo casi que se ponga de cabeza.

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