Archivo | mayo, 2012

El caos vuelve, no es queja

30 May

Al frío de esta noche, a la inmensidad de esta cama, a la inutilidad de mis brazos, a la ausencia de sonrisa en mi rostro, le hace falta tu cuerpo. A esta noche, a estas horas no tan tardías, a mis ojos cansados, los anda persiguiendo un recuerdo reciente. Un atisbo de sonrisa intenta asomarse. La canción se repite de manera obligada. Ameniza esta noche sin tu presencia mis ganas de volver en el tiempo, a ese momento justo en que derribamos nuestras barreras y volvemos a encontrarnos, a vernos, sin nuestros escaparates de por medio. Quiero que ese momento en que nuestros cuerpos se acomodan para quedarse a merced del sueño se repita por más días, que lo único que impida nuestra cercanía sea el calor, el bendito calor que siempre hace de las suyas y es culpable de casi todo. Me haces falta, te echo de menos, pero me gusta este añorarte.

(Hay tantas cosas que no hemos pronunciado, y hay tantas que nos hemos dicho con solo mirarnos.)

Lentamente las cosas vuelven a su cauce, los extraviados aparecen. El gato rosa se balancea en la cornisa, agita la cola y ronronea esa tonada que calma los rugidos de los demonios encarcelados en cajas de papel maché, el color va asomando ahora que el polvo, las migas, el ruido, se van desprendiendo de las paredes. Una pila de pendientes se han instalado en la mesa, con pancartas y todo, y amenazan con no moverse de allí hasta que sus demandas sean satisfechas, o se les entregue una parcela para sembrar nectarinas, lo que suceda primero. El colchón ha sido rellenado con pétalos de margaritas, con flores de vainilla, con recortes torcidos de libros y revistas, estoy segura de que cuando menos dos de las hadas quedaron dentro y que la salamandra ya ha abierto un agujero en el extremo  izquierdo inferior, para colarse dentro o comerse las migas que mágicamente van apareciendo y dándole más volumen a ciertas partes. Las notas musicales, efímeras y alocadas, saltan de rama en rama, se lanzan de cabeza sobre el tejado, algunas se hunden en la fuente, ha vuelto el caos, que es el equivalente de calma.

(No. Pero lo podemos negociar.)

Conclusiones sencillas

29 May

Conforme pasa el tiempo uno va creando refugios, sitios especiales donde uno se siente seguro, ese lugar al que uno siempre anhela volver, ese espacio que usualmente llaman «hogar». Puede ser, tal cual, un lugar con 4 paredes, pero también puede ser algo más metafórico. Mi sitio a volver sigue siendo mi pueblo, la calle donde está la casa, mi cuarto, que con el paso de los años he ido transformando en una guarida que se encarga de quedarse con la mayor parte de las horas de mis días, me gusta volver a casa, a mi Ma que como yo (herencia tenía que ser) sabe adaptarse y retomar el hilo de las cosas tal cuál queda, sin desgastarse en querer reorganizar las cosas, continuamos la convivencia como si jamás hubiera habido partida.

Pero conforme ha ido pasando el tiempo (también) empiezo a echar en falta el tiempo que paso buscando de acomodarme en sus brazos (tardo más tiempo encontrando la pose perfecta a que él se mueva y valga mi esfuerzo). He descubierto que los rezagos de paciencia que me quedan los gasto esperando a que salga a la superficie esa parte de su personalidad que hace que valga la pena «aguantarse» su torpeza y mal humor. (Soy una persona difícil, lo sé.) Ya aprendí (descubrí) que lo mejor es desaparecer por ratos, ocuparme de mis cosas, como siempre he hecho, y esperar pacientemente, y sí, sé que visto desde cierto ángulo parece conformismo, pero no. Y es que no, en efecto, sigo firme a mis convicciones y no pienso ceder en ciertos aspectos, pero por más que quiera «ya no» puedo aspirar a conseguir todo lo que anhelaba, quería, y es más un negociar que un resignarse, entonces (me digo) no es tan malo.

(Hoy, ahora, como muchas otras veces, te pintas tan naturalmente en este espacio, que tengo que parpadear un par de veces, frotarme los ojos, entrecerrarlos, aspirar profundamente y convencerme de que no, en efecto, estás en cualquier sitio menos aquí.)

En apariencia no es difícil retomar la «rutina», hay ciertas cosas que aunque se vuelvan habituales parecen ser resistentes al desgaste y conservan su encanto. Esto tiene pinta de eso. Y es que ha habido cambios, ambos sabemos cuáles son (los propios, porque no hemos hecho comentarios al respecto), porque por más, parafraseando: «nada es eterno, todo se transforma», y si nos lo proponemos será para mejor. Aunque mis lágrimas hacen sus estragos: no «deslucen» ni quitan el brillo, por el contrario, le dan más claridad a ciertas cosas, ciertos aspectos, la corriente se lleva todo lo que andaba bien anclado, encallado, se ha ido, quizá, si me lo propongo, conseguiría reencontrar los pedazos perdidos, pero sigo fiel a la filosofía de que: «Todo pasa por algo», cada cosa sucedida es necesaria, entonces nada, «lo que pasó, pasó» y hemos de reanudar el asunto, retomar la marcha, pero no me pidan que me olvide, que entre mis defectos más visibles está justo ese, el de no olvidar para luego usarlo en contra.

(Hay nueva música en el iTunes. Pasó el Cuarto Creciente y mi cabellera sigue igual. Aún sigo muriendo de a poco.)

La Musa se retuerce los mechones de cabello con los dedos, mientras mantiene la mirada fija en algún punto, cosa, que está a una distancia incalculable, las palabras no saldrán, al menos no ahora, siguen espantadas, siguen esperando el contraataque, se sienten sobre aviso y están pendientes y alerta, incluso acechan, se atrincheran en mi cabeza, justo a los lados, allí por donde los bostezos se sienten. Me voy a guardar esas palabras, las usaré como repello y relleno para las tantas grietas de la mansión, que sigue conservando su precario equilibrio, resulta que esto de dejar que el corazón se lance contra todas las paredes de manera indistinta y aleatoria funciona mejor que dejarlo azotarse solo contra una.

(En algún momento, por alguna razón, se me va a escapar esa frase, y espero tener el salvavidas y el paracaídas a mano.)

28 May

Cronológicamente, a estas horas hace un año. Temporalmente fue ayer, pues este año fue bisiesto.  El asunto, es que ya pasó un año. Particularmente para mi fue uno de esos años en que más de una vez estuve segura de que el carrito se iba a descarrilar finalmente, ya me sentía presa de la gravedad a causa de la súbita, intempestiva y vertiginosa abandonada de carril y la caída en picada, inevitable, hacia ese abismo que a veces se me antoja tan cercano. Pero aún así, en teoría, va el primero. Y los que faltan, chale.

(Estoy en la Pc (casi siempre ando en la Mac) y aquí no hay mucha variedad musical, pero aquí está Santiago Cruz y su «Cruce de Caminos» sigue causando el mismo efecto en mi… Te pienso.)

Saliéndome por la tangente, para no perder la costumbre de abordar varios temas y porque ando sufriendo de un gravísimo déficit de atención en estos precisos instantes, ando escuchando por enésima vez una canción de Raúl Díaz, esa que no logro conseguir: «Tu Ausencia».  Ya he dicho que me gusta cómo canta y por sobre todo las letras de sus canciones, pero esta por sobre todo me hace bastante eco, porque es justo la ausencia lo que me anda rondando, un ausencia vasta y curiosamente corpórea que da el gatazo de presencia si entre cierro los ojos y la miro de ladito. QUIERO los discos de este hombre.

(Tengo miedo, un miedo que raya con el pavor a cualquier intento de comunicación de su parte. Sí, yo y mis eternas contradicciones, que primero quería que se comunicara, que hablara, se expresara, pero ahora no quiero, porque su mente se pinta tan compleja como la mía que sencillamente no sé qué va a decir. Y hago mil conjeturas y de entre todas ninguna me agrada, así que hago gala de mis habilidades desviatorias y consigo el objetivo de no hablar…)

Cada cosa que pasa en este bendito mundo, en este pedazo de espacio que habito, esta magia eterna de los segundos que basta con que pasen un par de ellos para que el mundo casi que se ponga de cabeza.

Velitas olor vainilla

24 May

Tenía una tía, la última sobreviviente y a su vez la hermana menor del grupo de hermanos que eran, los hijos de mis bisabuelos, hermana de mi abuela, que tenía una nariz aguileña, mi nariz no se le parece, pero siempre hacía alusión a ella cuando de detectar olores se trataba, dice mi Ma, a su vez, que tengo esta costumbre de «olisquear» las cosas, la comida, antes de decidir comerla, porque así hacía la tía, que esto de andar detectando, queriendo y sin querer, aromas, olores y fragancias, es herencia genética de esta tía.

Y hago alusión a ello porque hoy, por azares del destino, terminé «vagabundeando»  por la sección de «cosas para decorar el hogar» olisqueando velas. Me gustan las velitas perfumadas. Me gusta andarlas oliendo hasta encontrar el olor que me atrajo a ese espacio, casi siempre suele ser la vainilla, algún otro aroma dulzón, aromas frescos, no soy muy de olores no dulces, y entre el oler esta vela y aquella encontré una que me hizo pensar, de nuevo, en las casualidades de la vida, encontré una velita de aroma: Lavanda-Vainilla, muy parecido al olor de violetas de vainilla que suele pulular por este ambiente. A la par encontré otra que es más frutal. Las tengo ambas en esa parte de la cabecera de la cama donde hay cosas varias, ahora huele a diferentes cosas: vainilla, lavanda, coco, canela, pétalos de rosa y demás, es lindo y agradable, aunque seguro en algún punto terminaré hartándome y veré de repartir las velitas por distintas zonas del cuarto para no asfixiarme.

Y no hay más novedades, de hecho, sí, las hay, pero no son para teclearlas a estas horas ni con este calor.

(sobre)Viviendo

23 May

Hay veces en que pienso que se me daría bastante bien eso de ser religiosa, o fanática de alguna religión, de esas extremistas que piden sacrificios y privaciones para purificarse y estar en comunión con Dios, me «encanta» esto de no comer, y nada tiene que ver con que sea anoréxica, ni de lejos, me veo al espejo y sigo estando igual que siempre, a ratos me parece que más «gorda» pero parece que no, pero bueno, que no ayudan los comentarios, pero decía, me gusta sentirme «fuerte», irónico, cuando a estas horas siento dolor de cabeza y mi estómago reclama por la falta de alimento y yo me limito a seguir aquí, tecleando en la semi penumbra, con la luz de la pantalla como única fuente de luminosidad. No, aún no es hora de comer, mañana a medio día, algo, lo que sea, servirá para volver a enfrentar el día. Y es que sí, en verdad estoy mal de la cabeza, pero dado que soy yo quien me mete en líos es a mi a quien debo castigar. Mi lógica es lógica únicamente para mi misma.

Pero el caso no era ese, sino que finalmente conozco la causa de mis llantos más recientes. En efecto era lo que pensaba, tuve que recurrir a prosa enredada de siempre para averiguarlo, pude sacar varias cosas en limpio, como que siempre tengo razón (me guste o no) y que así son las cosas. No es el fin del mundo, no es el fin de mi mundo, pero sin duda fue el fin de algo. No recuerdo si es una cita o algo así, pero la frase va de que para que haya nueva vida debe haber muerte, entonces esto era necesario, si renacerá la misma planta pero con nuevas capacidades, con más fuerza que antes, eso es algo que solo a la larga se verá, si nacerá una planta nueva, igual con el tiempo veré si me gusta o no, de momento he limpiado la maceta, la arranqué de raíz y la aventé lejos, tan lejos que ni la escuché caer. No hay forma ya de ver lo que era, si era tan linda como me lo había parecido, o sencillamente me lo había parecido. Me gustaba. Pero al parecer esos entes de los que hablé la vez pasada ya pedían la cuota de cambio requerida, hicieron de las suyas y lograron su cometido. Mis «profecías» se cumplen. Ese viejo adagio, esos, me rondan: «no todo lo que brilla es oro» y «nada es para siempre». Cierto, la nada es lo único que está siempre.

Mi Doctorado en Sabotaje no deja lugar a dudas o reproches, soy buena en ello, soy excelente haciéndome tropezar.

Tengo (para variar) tantas ideas y pendientes en la cabeza. Tengo un pequeño regimiento de sueños maltrechos, cubiertos de canela, mal envueltos en celofán, esperando a que los esconda entre las hojas de algún libro. (Me) Suele pasar que mi emisión de vibras negativas es tremendamente eficaz, y siempre consigo atraer lo opuesto a lo que (según) ando deseando, una parte de mi dice estar segura de que eso, lo que no llegó, es lo que quería, otra dice, repite, la cantaleta de siempre, de que todo pasa, o no pasa, por algo y que por algo es que no lo conseguimos, de nuevo. Me dan ganas de rendirme, de tirar la toalla, pero no puedo, porque hace varios meses escondí dicha toalla y no logro encontrarla como para tirarla. Cada cosa que me pasa, y no me pasa. Quizás lo más recientes divagues y delirios tengan que ver con este nuevo régimen absurdamente estricto, da igual, el resultado será el mismo, mis pasos me siguen encaminando al mismo rumbo, de una forma u otra llegaré.

Ya no pesa, y se nota su ausencia, allí donde parecía que siempre había sido su sitio.

Lo mío, lo mío, lo mío… es esto.

18 May

Hacerla de mártir se me da fácil, ser la víctima (la cara me ayuda), pero la verdad (del día, del momento, de esta situación) es que no quiero serlo, porque sé que no «merezco», aunque esa no es la palabra que ando buscando, ser la víctima de esta historia, soy víctima, sí, pero solo de mí misma, no de terceros, soy víctima de mi eterna e infalible campaña de sabotaje (y sí, me estoy repitiendo demasiado en tan poco, pero es lo que hay), estoy segura de que mis lágrimas no se me están acabando, pero hay ratos en que siento la sensación de la inminente lagrimeada y no corren, no escapan, se aferran y se quedan allí, bajan hasta mi pecho, o se quedan en mi garganta, y hacen presión, empujan, con fuerza, con las uñas, como si no quisieran dejarme sin «disfrutar» de su presencia.

Ya no sé qué hacer. Y es que sí, es mi temor reverencial a las palabras, son ellas (soy yo) quienes me han metido en este lío, pero es que (repetición), las señales de «Alerta» y «Peligro» nunca se han apagado, siempre están intermitentes y de repente brillan con más fuerza, e igual y sencillamente ando en Negación y no es que no se haya dado cuenta de cómo andan las cosas sino que soy yo quien quiere pensar que no lo ha notado y que aún hay arreglo. Ya no sé qué hacer. No es que las palabras no me ayuden, es que sé cómo usarlas en mi contra. Decir algo más equivale a empezar a echarme tierra sola, ya bastante bien acomodada ando en esta zanja, como para empezar a enterrarme, tengo esperanzas (desas siempre tengo) de que optes por extender tu mano y me ayudes a salir. Ya no sé qué hacer. Siento que decir nada tampoco ayuda.

(Aplica tanto esta frase: Esta abstinencia (forzada) de ti me está volviendo adicta a tu recuerdo.)

La verdad es que no quiero rehabilitarme, esta conciencia de saberme incompleta, rota, maltrecha y quebrada, me insta a seguir con la búsqueda de las piezas faltantes (y no todas, me temo, las encontraré) de mi ser, algunas puede que las haya arrancado y arrojado lejos en un ataque de tristeza o ira, otras puede que las haya obsequiado en un arrebato de amor, quién quita y otras me fueron robadas. Funciono (bien o mal, queda a criterio) así como estoy, con piezas sueltas y faltantes, pero de repente me da la duda de cómo serían las cosas si tuviera (no todas, pero sí algunas) las piezas que hacen falta. Un tantito más de seguridad y un poco de menos empeño en el sabotaje. Es que me quiero tanto que siempre veo de hacer todo lo posible para no desairarme. Quiero tanto, que por ello pasa todo, incluso lo que no. Los años no me han dado experiencia, la verdad sea dicha, sigo creyendo (y cayendo) con la misma facilidad, mis pies izquierdos ya ni permiso piden para dar los pasos. ¿Que al mal paso hay que darle prisa? Nah, soy depresiva pero sigo sin ser suicida, no me atrae tirarme de cabeza en la puerta del matadero. Soy masoquista, entonces seguiremos en ello, ya veré de sobrevivir, como hasta ahora.

Duele, duele justo aquí donde siempre ha dolido.

Debo aprender a nadar

17 May

Mi multipolaridad es de esas cosas problemáticas que están tan intrínsecamente ligadas a mi, que aunque yendo por la tangente, uno termina llegando al mismo sitio, al mismo estado (de ser), no puedo hacer que mi melancolía se vaya, se aparte, de mi, sin riesgo a dejar de ser yo a consecuencia. Y es que se supone que esta yo es quien se gana los favores y fervores, y esta yo es tan absurdamente sincera, que por más que hago memoria, estoy totalmente segura de no haber ocultado (ni trasgiversado la verdad) sobre mi depresión, siempre, en algún momento, en ocasiones demasiado pronto, termino lanzando la advertencia (la sentencia), así soy yo, esto soy yo, y en efecto, suelen seguir mi consejo y ven de dar la vuelta y alejarse. Sí, mi campaña eterna de sabotaje es realmente eficaz.

(Preguntaría para qué te quedas si no quieres, pero ya te fuiste…)

Entre mis pendientes, reciclados, de esos que uno ve de volver a agregar a la lista de propósitos cada que toca cambiar de año, está el de: «Aprender a Nadar», porque ya es absurdo que me ahogue tanto y tan fácil con todo: me hago en miradas, me hago en risas, con llantos, en charcos, en zanjas, en pleno invierno, en primavera, con canciones, de noche, con la ropa puesta, sin zapatos. Siempre (invariablemente) me ahogo. Mis brazos en vez de moverse a ritmo para cuando mantenerme a flote ven de aferrarse a mi garganta. Tengo la idea de que para nadar hay que hacer exactamente lo contrario.

(¿Qué necesito hacer para que entiendas que te necesito?)

Siempre he dicho que mi pecado capital «favorito», ese en que siempre caigo y recaigo, es la Pereza, pero la Soberbia se me da bastante bien y además jamás he sabido reaccionar «como la gente normal» a ciertas situaciones «normales», si me ignoran suelo ignorar a mi vez, pero más que ello, opto por recurrir a todas las artes camuflatorias que conozco y busco desaparecer, mimetizarme con el ambiente, desaparecer. Me subo a mi burro y me voy por donde llegué. (Estoy más que cansada de buscar, de seguir.) Quizá debería actuar como antaño y buscar(te) y decir(te) que aquí estoy, al borde del abismo, segura (como casi siempre) de que esta vez sí me muero y que sería fácil para ti salvarme, pero (suspiro) el hecho de que me ignores me hace reducirme, a riesgo de que tu indiferencia consiga desmoronarme, hago las cosas una vez, intento enmendar las cosas lo más pronto posible, y si no recibo respuesta, es de imaginarse, dejo que Pesadumbre y Depresión me lleven a jugar a los columpios.

(Bien sabes dónde estoy, las luces neón de mis anuncios siguen encendidas.)

Te Extraño.

Catarsis

13 May

Espero algún día encontrarle lo gracioso a las ironías de la vida. Estoy segura de que la vida y el destino, el cosmos, el karma, hacen apuestas con nosotros, ven nuestra existencia como una delgada y frágil línea que pese a ser continua no va en línea recta y entonces les parece irresistible ver de andarle echando mano, nomás por ver qué pasa, decoran los senderos, arman trampas, cavan zanjas, todo por ver qué hacemos, nos hacen ir cual polillas tras una luz para luego alejarla totalmente de nuestro alcance, eso o nos dejan estamparnos y morir achicharrados. Son seres que no tienen conciencia del bien o del mal, existen, sencillamente, por ello es hasta tonto enojarse con alguno. Actúan e interfieren porque pueden hacerlo. Punto. Lo mismo aplica para cuando nos la pasamos pidiendo por un milagro, por una ayudadita, y nomás nada, nuestra petición no llama su atención y nos ignoran.

De entre todas las emociones que conocemos y manejamos creo que la única que compartimos con esos seres es la Ironía.

Me desespera la forma en que funciona la «Ley de la Atracción», da igual cómo se le invoque el resultado siempre es lo que no queremos, ¿será que en serio soy taaan pesimista y aunque me haya convencido de que «sí» la verdad es que «no»? Si hubiese nacido un 13 podría echarle la culpa a la numerología, pero al parecer no cuento con esa excusa, aunque bueno, cualquier excusa sirve. Los números me meten en líos, no estamos hechos del mismo material, lo mío son las letras, todas ellas, con sus signos de puntuación, en todas sus variantes y estilos. Letras. Porque los números siempre ven de jugarme malas pasadas, justo como la última que me han hecho. Sé que debo dejar de influenciar, sabotearme y somatizar todo a niveles extremos, pero es difícil, sobre todo cuando cosas que no quería se presentan tan factibles y ya vista desde esa perspectiva más real y cercana no lucen tan descabelladas como originalmente las concebía, razón justa por la que no me gustaban, hay cosas que me desesperan, que me sacan de quicio, que me mueven el suelo, y que luego me hacen debatirme, preguntarme, consultar y hacer encuestas, sondeos, la respuesta se vuelve simple, incluso lógica: no es tan malo.

Pero sigo siendo fiel creyente de esos seres y creo en el 50-50 y que todo en la vida son los dos aspectos de una moneda,y dependiendo de las circunstancias podemos pedir «2 de 3», quedarnos con el primer resultado, o justo con la moneda al aire cambiar las opciones, al final siempre terminamos haciendo lo que mejor nos parece, lo que más se nos antoja. Y a mi ya se me había antojado, me habían dado ganas de hacer un cambio radical, de derribar paredes, levar anclas, aunque llevaba en la maleta el salvavidas, aún así. Quería. Pese a la cantidad de baches que aparecieron en el camino, mágicamente, de a montón. Porque así como se dan las cosas, así es también cuando no se dan, «todo pasa por algo», y hay que aceptarlo, pero es tan desesperante que sea así. Sobre todo cuando las señales son claras y estoy segura de no haberlas alterado ni estarlas leyendo a mi conveniencia.

A la fecha aún me equivoco.

Intento quitarme esa costumbre de planearlo todo, de querer sentir que tengo total dominio de mis actos y emociones, esta necesidad de hacer listas para todo, porque la experiencia me demuestra que no funciona, que este querer mantener algo a resguardo es la excusa perfecta para dejar la puerta entre abierta para que se cuelen las malas vibras y hagan de las suyas. Pero todo tiene un propósito, un tiempo, y no era este, por muchas razones que comprendo y que me gustaría no existieran para que hubiera sido «Ya», «Ahora», «De una (buena) vez», pero pues así fue, osea, no fue. Y si lloro es más por impotencia y enojo contra todo y contra mi misma, por ser tan voluble y tan estúpidamente sensible, por jamás dejar de sabotearme. Al menos ahora tengo una convicción nueva y seguiré firme con ella, haré y no haré ciertas cosas. Que venga lo que haya de venir, me prepararé para ello.

Y es que no es que la siguiente sea la vencida, pero esperemos que sí.

Fragmentos reflexivos

11 May

Conforme avanza el tiempo, conforme pasan los años, de repente voy cayendo en cuenta de que varias de mis actuales certezas han ido apareciendo así, mágicamente, de la nada, pero se anclado con fuerza y dan la impresión de haber estado desde siempre, por ello rara vez me detengo a pensar en su origen y temporaridad. Algunas cosas que años atrás no me interesaban o no me parecían tan relevantes han ido emparejando su camino al mío y aquí estamos, amalgamados en este actual Yo que de repente da el gatazo de que así nos quedaremos. Al menos por un rato tan incalculable que luego, cuando de nuevo seamos algo más, ni nos enteraremos de cuándo, cómo, por se dio y terminó la transición. Antes antes no me gustaba el maquillaje, decía que eso no era para mi, luego me volví afecta de las sombras, del delineador (sigo fiel a mi no cariño por el rímel, por el oscuro, el negro, «siempre» suelo usar transparente, que incluso sirve para mis cejas rebeldes), de hecho, hacía unas combinaciones bien raras, lástima y no que no haya fotos de esos tiempo, je Y luego, a la fecha, ya no me da por maquillarme, entre porque con eso de ir con la dermatóloga y descubrir que mi problema de acné era más que nada por que mis poros tienen la mala costumbre de obstruirse y luego no desobstruirse con la misma facilidad y que ello era en parte por el maquillaje, que he de decir que yo jamás fui de usar base de maquillaje, sino solo un poco de polvo y rubor, pero bueno, que entre por ello y sencillamente por falta de interés, ya casi no me maquillo, cuando lo hago me entretengo rizándome las pestañas de semi aguacero, delineando el párpado superior, poniendo sombra, viendo de delinear el párpado inferior (que al parecer ya perdí práctica o mi técnica ya no funciona, porque casi que no puedo hacerlo), poniendo más sombra, acomodándome las cejas y de ahí a usar el Labello de cereza, que ya me quedé «para siempre» usándolo en vez de labial, aunque hay veces que me da por usar labial. Pero sí, de esas cosas que de repente me da por pensar. Uno va cambiando, se va adaptando sin siquiera darse cuenta.

(No suelo ponerme a pensar cómo es que llegamos a esto, tu y yo, porque este no saber es parte del encanto.)

En mi dedo anular izquierdo, en ese que siempre suelo fijar la mirada, hay un anillo que da el gatazo, que «impone», según me dijeron. Alguien igual me dijo que usar un anillo ahí era rendirle culto a Afrodita, tons que por ello luego terminó siendo el dedo en que el hombre coloca el anillo de compromiso y que luego pasa a ser el dedo en que se coloca el anillo de matrimonio. Y por alguna razón siempre me ha gustado usar un anillo en ese dedo. No recuerdo desde cuándo me dio por usar un anillo en ese dedo cada que estaba enredada en una relación que para mi era seria, no un anillo que diera el gatazo, pero sí un anillo siempre, en alguna(s) ocasión(es) mi novio «en turno» vio de comprar el anillo, ya fuera por su voluntad o a sabiendas de lo que significaba para mi, como no. Mi actual anillo imponente brilla bonito. No es un diamante porque pese al «romanticismo» que implica que sea un diamante, por el hecho de que la dureza del material simboliza la fuerza, el compromiso, el amor inquebrantable de la relación, sigo sin ser materialista y creo que gastar varios miles en un anillo es derrochar demasiado (que tras la pedida de mano hay otros gastos en puerta, tons no tiene lógica empezar a «despilfarrar» en cosas que no) y basta con que ambos le den a las cosas el simbolismo y el significado, llamémosle, adecuado. Entonces eso, que aunque a ratos me ha dado por querer volver a ver mi dedo libre del anillo, me gusta ver el brillo que desprende y termino dejándolo ahí, al menos por la mayor parte del tiempo. Sí, esas cosas que hago, digo y pienso.

(Tenemos que llegar al punto en que entiendas que la única opinión que debe importarte sea la mía.)

Hace ya rato empecé a hacer planes con alguien, planes que de tan prácticos y posibles que parecían, adquirieron una cierta materialización que conllevó a su deteriore y desaparición, como era de esperarse. Por ello a ratos me preocupa que mis nuevos planes vayan a seguir un camino parecido, porque conmigo todos son señales y precedentes y que haya pasado, aunque sea una sola vez, me hace pensar, repensar, preocuparme, pero aunque vea de lanzarme de cabeza en la primer trinchera que vislumbro resulta que ya estás en ella, esperando a que me digne a salir para que continuemos el camino. (Suspiro.) He perdido: por deterioro, mala suerte, saña y dejadéz, varios sueños, pero los que quedan ya caminan solos, saltan, hacen gestos, se abrazan a mis piernas y piden la oportunidad (la exigen) de volverse realidades, por ello, por ellos (por Mi) he decido no soltarlos, no vaya ser que un torrente de lágrimas se los lleve, o se ahoguen, no sea que en uno de mis berrinches acabe aplastándolos, rompiéndolos, por ello me subo a mi mula y ando terca en seguir sosteniendo lo ya dicho, repitiéndolo para no olvidarme y para que a fuerza de repetición lo aceptes como una realidad. No quiero que acates mis «órdenes», quiero que compartas mis sueños, quiero que te entusiasmen como a mi. Estos sueños caben justo en mis manos, son los suficientes, no me estorban para abrazarte, así que no deberían parecerte obstáculos.

(Hay un cantautor llamado Miguel Inzunza. Que me gusta cómo canta, su voz y la letra de sus canciones. Y actualmente cuando ando con ganas de dejarme embargar por el enamoramiento pongo sus canciones y hasta canto…)

No sé cuánto tiempo falte para que este camino paralelo que seguimos se vuelva un camino más amplio y ambos lo compartamos. no sé quién acompasará sus pasos a los del otro, no sé cuánto tiempo iremos de la mano, cuánto abrazos, cuánto podré ir caminando abrazada a ti y dándole la espalda al camino, no sé, la verdad, son tantas cosas que no sé, pero me gusta no poseer todas las respuestas, me gusta pensar que algunas de ellas me las darás tu, con palabras, con besos o con tu mirada. Porque cierro los ojos y te veo mirándome, sonriendo, y parece que Depresión y Pesadumbre sacaran sus lentes de sol y se atrincheraran tras mi melena alborotada. Lo tuyo conmigo será siempre una montaña rusa, me gusta que tengas fe en que tu paciencia podrá con ello.

(Quiero estar contigo por un tiempo indefinible.)

…chale! >_<

10 May

qué poca madre la mía, en verdad, pero se me fue el avión, la verdad, además que sé que mi madre no entra a la red a leer lo que pongo en este blog. Tons, dejémoslo así, pero quede la constancia de ello: Te Quiero, Mamá 🙂

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