Conforme avanza el tiempo, conforme pasan los años, de repente voy cayendo en cuenta de que varias de mis actuales certezas han ido apareciendo así, mágicamente, de la nada, pero se anclado con fuerza y dan la impresión de haber estado desde siempre, por ello rara vez me detengo a pensar en su origen y temporaridad. Algunas cosas que años atrás no me interesaban o no me parecían tan relevantes han ido emparejando su camino al mío y aquí estamos, amalgamados en este actual Yo que de repente da el gatazo de que así nos quedaremos. Al menos por un rato tan incalculable que luego, cuando de nuevo seamos algo más, ni nos enteraremos de cuándo, cómo, por se dio y terminó la transición. Antes antes no me gustaba el maquillaje, decía que eso no era para mi, luego me volví afecta de las sombras, del delineador (sigo fiel a mi no cariño por el rímel, por el oscuro, el negro, «siempre» suelo usar transparente, que incluso sirve para mis cejas rebeldes), de hecho, hacía unas combinaciones bien raras, lástima y no que no haya fotos de esos tiempo, je Y luego, a la fecha, ya no me da por maquillarme, entre porque con eso de ir con la dermatóloga y descubrir que mi problema de acné era más que nada por que mis poros tienen la mala costumbre de obstruirse y luego no desobstruirse con la misma facilidad y que ello era en parte por el maquillaje, que he de decir que yo jamás fui de usar base de maquillaje, sino solo un poco de polvo y rubor, pero bueno, que entre por ello y sencillamente por falta de interés, ya casi no me maquillo, cuando lo hago me entretengo rizándome las pestañas de semi aguacero, delineando el párpado superior, poniendo sombra, viendo de delinear el párpado inferior (que al parecer ya perdí práctica o mi técnica ya no funciona, porque casi que no puedo hacerlo), poniendo más sombra, acomodándome las cejas y de ahí a usar el Labello de cereza, que ya me quedé «para siempre» usándolo en vez de labial, aunque hay veces que me da por usar labial. Pero sí, de esas cosas que de repente me da por pensar. Uno va cambiando, se va adaptando sin siquiera darse cuenta.
(No suelo ponerme a pensar cómo es que llegamos a esto, tu y yo, porque este no saber es parte del encanto.)
En mi dedo anular izquierdo, en ese que siempre suelo fijar la mirada, hay un anillo que da el gatazo, que «impone», según me dijeron. Alguien igual me dijo que usar un anillo ahí era rendirle culto a Afrodita, tons que por ello luego terminó siendo el dedo en que el hombre coloca el anillo de compromiso y que luego pasa a ser el dedo en que se coloca el anillo de matrimonio. Y por alguna razón siempre me ha gustado usar un anillo en ese dedo. No recuerdo desde cuándo me dio por usar un anillo en ese dedo cada que estaba enredada en una relación que para mi era seria, no un anillo que diera el gatazo, pero sí un anillo siempre, en alguna(s) ocasión(es) mi novio «en turno» vio de comprar el anillo, ya fuera por su voluntad o a sabiendas de lo que significaba para mi, como no. Mi actual anillo imponente brilla bonito. No es un diamante porque pese al «romanticismo» que implica que sea un diamante, por el hecho de que la dureza del material simboliza la fuerza, el compromiso, el amor inquebrantable de la relación, sigo sin ser materialista y creo que gastar varios miles en un anillo es derrochar demasiado (que tras la pedida de mano hay otros gastos en puerta, tons no tiene lógica empezar a «despilfarrar» en cosas que no) y basta con que ambos le den a las cosas el simbolismo y el significado, llamémosle, adecuado. Entonces eso, que aunque a ratos me ha dado por querer volver a ver mi dedo libre del anillo, me gusta ver el brillo que desprende y termino dejándolo ahí, al menos por la mayor parte del tiempo. Sí, esas cosas que hago, digo y pienso.
(Tenemos que llegar al punto en que entiendas que la única opinión que debe importarte sea la mía.)
Hace ya rato empecé a hacer planes con alguien, planes que de tan prácticos y posibles que parecían, adquirieron una cierta materialización que conllevó a su deteriore y desaparición, como era de esperarse. Por ello a ratos me preocupa que mis nuevos planes vayan a seguir un camino parecido, porque conmigo todos son señales y precedentes y que haya pasado, aunque sea una sola vez, me hace pensar, repensar, preocuparme, pero aunque vea de lanzarme de cabeza en la primer trinchera que vislumbro resulta que ya estás en ella, esperando a que me digne a salir para que continuemos el camino. (Suspiro.) He perdido: por deterioro, mala suerte, saña y dejadéz, varios sueños, pero los que quedan ya caminan solos, saltan, hacen gestos, se abrazan a mis piernas y piden la oportunidad (la exigen) de volverse realidades, por ello, por ellos (por Mi) he decido no soltarlos, no vaya ser que un torrente de lágrimas se los lleve, o se ahoguen, no sea que en uno de mis berrinches acabe aplastándolos, rompiéndolos, por ello me subo a mi mula y ando terca en seguir sosteniendo lo ya dicho, repitiéndolo para no olvidarme y para que a fuerza de repetición lo aceptes como una realidad. No quiero que acates mis «órdenes», quiero que compartas mis sueños, quiero que te entusiasmen como a mi. Estos sueños caben justo en mis manos, son los suficientes, no me estorban para abrazarte, así que no deberían parecerte obstáculos.
(Hay un cantautor llamado Miguel Inzunza. Que me gusta cómo canta, su voz y la letra de sus canciones. Y actualmente cuando ando con ganas de dejarme embargar por el enamoramiento pongo sus canciones y hasta canto…)
No sé cuánto tiempo falte para que este camino paralelo que seguimos se vuelva un camino más amplio y ambos lo compartamos. no sé quién acompasará sus pasos a los del otro, no sé cuánto tiempo iremos de la mano, cuánto abrazos, cuánto podré ir caminando abrazada a ti y dándole la espalda al camino, no sé, la verdad, son tantas cosas que no sé, pero me gusta no poseer todas las respuestas, me gusta pensar que algunas de ellas me las darás tu, con palabras, con besos o con tu mirada. Porque cierro los ojos y te veo mirándome, sonriendo, y parece que Depresión y Pesadumbre sacaran sus lentes de sol y se atrincheraran tras mi melena alborotada. Lo tuyo conmigo será siempre una montaña rusa, me gusta que tengas fe en que tu paciencia podrá con ello.
(Quiero estar contigo por un tiempo indefinible.)
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