A la fecha puedo asegurar que un hombre me ha amado.
Uno solo.
De hecho, creo estar segura de que aún me ama, de una manera diferente, pero el amor sigue. Sí, seguramente mi primer novio, mi primer amor, llegó a amarme, pero, pese a arriesgarme a generalizar y restarle importancia a los sentimientos que uno experimenta en la pubertad y la adolescencia, pese a los casos comprobados de que los amores que surgen en esas etapas son los más puros y fuertes y reales, los míos se fueron como llegaron. Mi novio de la prepa seguro también me amó en algún momento. Pero no fue él, ni su amor, el que perduró, el que a la fecha sigue. Y pese a que actualmente mis expectativas recaen en un hombre diferente, espero que ese hombre que aún me ama siga haciéndolo. Que yo le amo también, ya no de la misma forma, pero lo hago.
Ahora bien, hablemos del “nuevo”, y es que es cargarle tantas, llamémosles, peticiones, es poner mis expectativas de él tan altas, que espero no funcione a la inversa y desista sino que persevere y consiga el cumplir el objetivo y que a partir de ahí él solo siga avanzando. Porque pese a que por ratos me ha asustado el hecho de que esa maligna frase de dos pequeñas palabras a amenazado con querer escaparse de mis labios cuando estoy con él, porque por ratos siento que él también está siendo arrastrado a este nuevo estar de él y yo, este nosotros, nos hemos “conformado” con decirnos: “Te Quiero”. Y es que lo analizo, y él también por su lado, y de repente lo comentamos, que no hay una explicación “lógica” para esto que nos pasó, surgió así de repente y prácticamente de la nada. Un día éramos dos extraños, al siguiente un par de conocidos y luego ya éramos un intento de pareja que a la fecha ha ido sorteando obstáculos y tejiendo castillos que asombran por su fortaleza. Sí, aún no me ama “tanto” como me han amado, pero por ahí va. Y yo a la par por ahí voy, que no voy a preguntarle qué expectativas debo llenar, pero espero hacerlo.
En algún lado leí, entre otras, que “debes” quedarte con quien te ame por esto o aquello, razones en apariencia simples pero que conllevan mucho de cierto, como esa de que si te dice que te ves linda cuando andas recién despertando o en el caso inverso te motiva (sin querer) a ponerle pausa al videojuego para prestarle atención, llevan su carga de razón, al final, sin dejar de lado el romanticismo, la coquetería y la eterna lucha por mantener al otro enamorado de uno, la convivencia diaria conlleva cierta rutina que es necesaria: el dormir y despertar juntos, el compartir las comidas, el espacio vital (léase la casa, estar por horas, días, bajo el mismo techo), compartir incluso el baño, y no me refiero al cachondeo que podría derivarse del bañarse juntos, sino del: «Usaré el baño mientras te bañas», y cosas así, uno nunca sabe, quizá hay prisas y el tiempo apremia para ir algún sitio… Si pese a todo ello sigues sintiéndote a gusto y feliz con la otra persona, así informalmente hablando: Ya la armaste.
Quiero aprender a amarte en el día a día.
Deseo que pese a que me jales las sábanas, que dejes la tapa del baño arriba, que no cierres la llave del agua, rezongues y remilgues por mil cosas, discutamos porque ni tu ni yo pretendemos doblar las manos y queremos que el otro acepte nuestro punto de vista y acate nuestras “órdenes”, que me fastidies para que abandone la cama, que me hagas cambiarme la ropa (o los zapatos), y todas las demás cuestiones cotidianas y domésticas que hayan de surgir, al final termines (y termine) dibujándome(te) una sonrisa, entonces habremos superado el día y estaremos listos para el siguiente, así, hasta que se nos acabe la vida.
Porque sé (lo intuyo) cuán mal puedo llegar a verme recién levantada o cuando enfermo, y que aún así te inspire a darme un beso y que me digas que me quieres, no diré que ya puedo morir porque mi gran anhelo de tener un amor correspondido se ha cumplido, sino que me esforzaré para que pasados los años y el tiempo haya hecho estragos en nuestros cuerpos siga agradeciendo la chispa de valentía que me instó a dirigirte la palabra y a que nuestras miradas por fin se hubieran encontrado y reconocido.
