Casi nunca me detengo a pensar en el hecho (para mi tan natural) de usar lentes. Llevo 3/4 partes de mi vida usándolos, claro que no los mismos, de hecho tengo guardados todos los lentes que he usado, desde los modelos gruesos de la niñez, tenía 4 cuando empecé a usarlos, hasta los delgaditos cuando a una le da por sentirse fea y querer sentirse bonita, hasta nuevamente los de armazón gruesa. Me gustaban los anteriores a estos, los de armazón negra, que combinaban con todo, pero decidieron quebrarse de manera inverosímil y hubo que conseguir de repuesto los de ahora, los de armazón rojo (en mi vida pensé usar un color «tan» llamativo), que se logran equiparar a mis lentes de 3o de primaria que eran morados y redondos, XD
Sencillamente no me imagino no usándolos, los lentes de contacto no me atraen (tuve que ver un día un programa sobre enormes asesinos microscópicos y había uno que vive en las grietas que se van formando en el lente de contacto y que se va al cerebro y resumiendo te mueres y nadie sabe de qué fue a menos que te abran la cabeza y busquen por el encéfalo o por ahí cerca, xD Tons no, nada de lentes de contacto para estos ojos. Me gustan mis lentes de armazón, me gustan tanto que hasta he aprendido a dormir con ellos (bueno, con estos «nuevos» aún no) y son tan parte de mi que alguna ocasión me metí a la regadera con ellos…
Y todo el embrollo, la palabrería, el divague (a estas horas, ¿cuándo más podría ser?) surge porque me has visto sin ellos, porque has tenido la osadía de verme a los ojos y tan dada a la habladuría que soy, a mis ojos jamás he sabido callarlos, entonces no sé qué te habrán dicho, y es por ello que me gusta que estén tras las micas, tras el cabello, que nadie los vea para que no se entere de lo que pasa por mi corazón, porque por mi cabeza pasan cosas que pueden ser fácilmente refutadas, pero mis ojos son cómplices del atrofiado ese que aún se resiste a volver a su arrítmico ritmo natural (le ha gustado azotarse contra las paredes por culpa de tu cercanía) y reafirmo que me alegra que no estés para verlos.
(…vale, siéntate, platiquemos un rato y luego a dormir, ¿va?)
Si es que me pinto sola (siempre) para esto de escribirte a sabiendas de que no lo lees y que si lo haces no sabes si es para ti, sí, irónico, contradictorio, incongruente, hasta absurdo, pero ya lo he dicho (lo repito y lo sostengo) que tengo un doctorado en interpretación de señales a beneficio del observante, quizás no sea así, peor para mi lo es, total, mi otra gran especialidad es saber reponerme a los ranazos.
(Déjame pensar en algo que no sean tus labios… ni tus manos… ni tu mirada… ni… Salte de mi rango de visión, pues, pa’ que lo entiendas.)
Odio, odio, odio estas ganas que me dan de «reivindicarme» por tu culpa. Mejor me quito los lentes para ver de dormir (no tengo sueño, también para variar.) Y la sonrisa estúpida ha hecho acto de aparición ahora que una canción me hacho mal hablar por una frase tan tuya. Y la música sigue sonando porque la verdad es que nada en el fondo todo en la superficie no quiero acostarme en mi enorme cama donde seguirás haciendo falta. Mejor me balanceo, y giro (igual y salto) pensando en que tu recuerdo no está tan tridimensional hurgando en los cajones de la esquina.
(Pesimismo, tan enamorado de mi como yo de cualquiera que no es él, acaba de venir a preguntar, en voz alta: «¿pensarás en mi al menos la mitad de lo que yo en ti?» No sé, y de momento no me molesta la incertidumbre. Mi maestría en caza de certezas me tiene tranquila, será el sereno.)
Finalicemos con la pregunta que me ronda desde que le puse tema a la entrada (léase menos de un minuto antes de empezar a teclear esto): ¿Verdá que es gracioso que los lentes sean una palabra «plural» para un solo objeto? Vale, sí, el desvarío empieza, bien, me voy a la cama, a abrazar la almohada, total que ella no se mete con mi cabello.


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