Que yo venga a hablar de la crisis es señal de crisis. Soy una persona bastante poco materialista, las cosas me importan solo si me reportaran algún beneficio y espero de ellas que duren años, esto es, me la vivo diciendo que compraré un celular nuevo y no lo hago, mientras el que tengo siga funcionando no lo cambiaré, y cuando sea el momento seguramente no compraré uno de última generación pues la novedad de eso es el acceso a las redes sociales y para eso tengo la lap, que es desde donde escribo ahora, y que la compré justo porque resulta más práctica para escribir por las noches en la tranquilidad del cuarto. En resumen, eso, que no soy muy materialista de las cosas tecnológicas, ni me obsesionan tanto las cosas que obsesionan a otras mujeres. La ropa «cara» de mi guardarropa no llega a ser ni el 20% de la que tengo y muchas prendas tienen varios años de vida, de hecho parte de la pijama la tengo desde hace más de 10 años, cuando la ropa en verdad era duradera.
Sí, tengo una obsesión por lo duradero.
Me desespera que las cosas no duren, que actualmente casi todo sea de usar y tirar, que muchas cosas que se tiran aún sirvan y que las demás se tiren porque de plano ya están irreparables, sí, entiendo que la economía se basa en la oferta y la demanda pero no debería manipularse el deseo de consumir, mucha gente se priva de cosas más elementales por estar ahorrando para comprarse ropa o zapatos caros, por cambiar el celular que adquirieron el año pasado y por ende ya pasó de moda, dicen que estamos en crisis pero la gente sigue consumiendo. A crédito, pero consumen, se endeudan, se consumen a si mismos. Deberían remodelar ese adagio que dice: «Hay que trabajar para vivir no vivir para trabajar», yo digo que no ambas, el trabajo remunerado debería ser sencillamente una actividad en la que uno se sienta a gusto, no un castigo, no ese añorar el fin de semana y sufrir la noche del domingo porque se volverá a la rutina, a la tortura. De repente me atacan mis ideas extremas y así, peor en serio pienso que sería posible dejar de lado esta forma de vivir: hay gente que gusta de cocinar, entonces nadie pasaría hambre, porque también hay gente a quien le gusta el trabajo de campo, entonces habría cultivos, hay gente que gusta de estudiar medicina, biología, química, gente que sí tiene vocación de enseñanza… Sencillamente habría que desaparecer todos esos trabajos que ni al caso, que desaparezca el dinero, que ya no exista, las civilizaciones antiguas pasaron mucho tiempo sin necesidad del dinero tal cual lo conocemos ahora, y de hecho lo adaptaron porque se les impuso.
El dinero es el malo. El que no lo tiene lo quiere y el que lo tiene quiere más.
Si es que no por nada me gusta vivir en mi burbuja, peor bueno, es el mundo, el tiempo y la sociedad en que me ha tocado estar, tons ha mimetizarse con el entorno lo mejor posible, a perfeccionar el arte de pasar desapercibido y a ignorar los comentarios y miradas de todos los que salieron del mismo molde. La vida siempre será tan poquita que de nada sirve estarse preocupando por imitar lo mejor posible a los demás, mejor hacer algo que inspire, que sea imitable, no hay chiste ni encanto es ser, hacer y pensar todo igual que los demás. Así pues, aquí seguiré, de repente echando vistazos en derredor para cerciorarme de que el mundo aún no se despedaza y que sigue girando, que el sol brilla y se va para que la luna aparezca y que esta marcha para que hoy se vuelva mañana y el ahora deje de existir en automático.
(Creo que veré de no quitarme (que me lo había quitado) el anillo de la suerte por lo que resta del año.)

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