Miedo vive en una simbiosis tan perfecta conmigo que solo cuando me atacan los escalofríos reparo en su presencia, en sus manos frotando mis brazos para que se vaya la sensación. Duerme conmigo (por ello no me siento tan sola en la inmensidad de la habitación a oscuras, en este sitio que jamás conocerás y que no obstante es tan tuyo, como yo), se adueña de la sábana y me despierto a deshoras buscándote donde sé que no estarás, pero es una rutina que ya se está volviendo tan rutinaria que empieza a pasar desapercibida, y me mira y me observa y sonríe al saberse mi único consuelo, pasa sus dedos por entre mi cabello y termino durmiendo con las dos lágrimas de siempre amenazando con rodar hacia la almohada y arrepintiéndose en el penúltimo instante.
(…escalofríos tan persistentes que hacen aún más apremiante la necesidad de tu abrazo.)
Reparto los contrartos de arrendamiento sin pararme a pedir referencias, y luego me pregunto por qué pasa lo que pasa, por qué sucede lo que sucede, por qué dices lo que no haces, haces lo que no dices, por qué se demuestra que en efecto a las palabras se las lleva el viento (y a los sentimientos también, cuando se han enraizado lo suficiente), me duele tu ausencia, con sus ojos que queman, con sus manos que lastiman, con su sola presencia que me asfixia de a poco (con el tanto miedo que le tengo a la asfixia…) Y es que pese a todo no me acostumbro al abandono, lo digo, lo repito, para terminar de convencerme y tomarlo como una realidad, para que ya no me sorprenda, pero el rostro de Soledad aún me toma desprevenida cada que asoma desde la ventana, en el instante previo a su intromisión imparable, tan presurosa por tomar los brazos de Depresión.
(Y yo aquí, echándote tanto de menos, y también de más.)
Empezaré a escuchar solo música sin letra, volveré a la instrumental y a la New Age “muda”, retomaré mi amor por Kenny G (aunque también hace sus estragos) para no quedarme analizando cada letra de cada canción de cada género nuevo, viejo, conocido, que no hace más que recordarme que estoy tan acompañada que mis pensamientos se tropiezan unos con otros por la falta de espacio (tan preocupante) que comienza a imperar en este sitio, que los sueños (rotos varios) y las ilusiones han optado por pegarse en la parte superior de las paredes y en el techo para minimizar los impactos, que los fantasmas foman una masa de gas, tan densa, que da igual mantener los ojos cerrados o abiertos (en ambas formas te sigo viendo), ya ni Morpheo puede convencerme de acompañarlo a salir a caminar bajo la luz de la luna mientras mi estómago ruge, quedito, por culpa de esta nueva (readquirida) costumbre de hacer una sola comida diaria.
(Vete, al menos eso concédeme.)

Deja un comentario