Mi corazón tan atrofiado baila al mismo ritmo arrítmico en que el Angemonio y yo giramos y movemos brazos y cadera sintiéndonos unos grandes bailarines pese a que las grabaciones que luego nos enseña el Gato Rosa nos dejan en claro que si algo sabemos hacer, con todo el esplendor que precisa, es el no bailar, somos unos excelentes No bailarines, aunque eso es según los cánones de una sociedad en la que (también) sin esforzarnos gran cosa, no encajamos, entonces, podría ser, que en verdad sí bailamos bien.
12:21
29 NovMiedo vive en una simbiosis tan perfecta conmigo que solo cuando me atacan los escalofríos reparo en su presencia, en sus manos frotando mis brazos para que se vaya la sensación. Duerme conmigo (por ello no me siento tan sola en la inmensidad de la habitación a oscuras, en este sitio que jamás conocerás y que no obstante es tan tuyo, como yo), se adueña de la sábana y me despierto a deshoras buscándote donde sé que no estarás, pero es una rutina que ya se está volviendo tan rutinaria que empieza a pasar desapercibida, y me mira y me observa y sonríe al saberse mi único consuelo, pasa sus dedos por entre mi cabello y termino durmiendo con las dos lágrimas de siempre amenazando con rodar hacia la almohada y arrepintiéndose en el penúltimo instante.
(…escalofríos tan persistentes que hacen aún más apremiante la necesidad de tu abrazo.)
Reparto los contrartos de arrendamiento sin pararme a pedir referencias, y luego me pregunto por qué pasa lo que pasa, por qué sucede lo que sucede, por qué dices lo que no haces, haces lo que no dices, por qué se demuestra que en efecto a las palabras se las lleva el viento (y a los sentimientos también, cuando se han enraizado lo suficiente), me duele tu ausencia, con sus ojos que queman, con sus manos que lastiman, con su sola presencia que me asfixia de a poco (con el tanto miedo que le tengo a la asfixia…) Y es que pese a todo no me acostumbro al abandono, lo digo, lo repito, para terminar de convencerme y tomarlo como una realidad, para que ya no me sorprenda, pero el rostro de Soledad aún me toma desprevenida cada que asoma desde la ventana, en el instante previo a su intromisión imparable, tan presurosa por tomar los brazos de Depresión.
(Y yo aquí, echándote tanto de menos, y también de más.)
Empezaré a escuchar solo música sin letra, volveré a la instrumental y a la New Age “muda”, retomaré mi amor por Kenny G (aunque también hace sus estragos) para no quedarme analizando cada letra de cada canción de cada género nuevo, viejo, conocido, que no hace más que recordarme que estoy tan acompañada que mis pensamientos se tropiezan unos con otros por la falta de espacio (tan preocupante) que comienza a imperar en este sitio, que los sueños (rotos varios) y las ilusiones han optado por pegarse en la parte superior de las paredes y en el techo para minimizar los impactos, que los fantasmas foman una masa de gas, tan densa, que da igual mantener los ojos cerrados o abiertos (en ambas formas te sigo viendo), ya ni Morpheo puede convencerme de acompañarlo a salir a caminar bajo la luz de la luna mientras mi estómago ruge, quedito, por culpa de esta nueva (readquirida) costumbre de hacer una sola comida diaria.
(Vete, al menos eso concédeme.)
Sigue siendo tan fácil que ahí justo radica el que sea tan difícil
21 NovDebo, sinceramente, para preservar la escasa cordura mental que me queda, dejar de ponerle un velo rosa a mis ojos, de echarle miel a mis oídos para que ningún comentario estropee la sinfonía que van formando sus palabras, debo, úrgeme, hacer algo, aunque no sé bien qué, soy tan cobarde en ocasiones, lo cuál me lleva a sospechar que sé de sobra lo que hay que hacer mas yo misma, para variar, escondo la llave, tiro el instructivo y mando a tapiar las puertas. Úrgeme encontrarte, abrazarte para que te quedes quieto y desistas de alejarte, úrgeme recorrerte, aprenderme tus caminos, úrgeme quitarle este peso, cada vez más sobrenatural, a mis labios, tan cansados ya que hasta sonreír empieza a representar un gran esfuerzo, úrgeme terminar de olvidar, arrancar las páginas de bocetos inconclusos e iniciar de nuevo.
Mi cama se empeña en hacerme desaparecer.
Las canciones de siempre se suceden una a la otra en un orden tan perfectamente aleatorio que me lleva de un estado a otro, tan así que ayer me descubrí derramando un par de lágrimas que creía ya secas.
Te extraño, como una mujer extraña al hombre que la hace sonreír. Te extraño aquí a mi lado, aquí frente a mi. Te extraño mientras camino sin saber muy bien a dónde me dirijo. Te extraño porque hablar conmigo de todo y nada carece de sentido ahora que he descubierto que es más grato compartirlo. Te extraño en este sitio donde jamás has estado. Te extraño de una manera irracional, tan irracional que incluso a mi me lo parece. Te extraño y ojalá, al menos tantito, también me extrañes.
No sé bien lo que pretendo pero he de conseguirlo.
El gorgoteo de mi garganta se empeña en presentarse cada que tu nombre intenta asomarse por mis labios. He decidido ya no nombrarte, para que vayas desapareciendo, para que vayas encongiéndote hasta que por más que quiera no logre verte, quiero que salgas por donde entraste y te lleves tus tiliches, que sí, extrañamente son tantos, pero puedes tomarte un par de días, no hagas ruido, de preferencia, pero no te detengas hasta terminar y en ese momento apresúrate el doble para no dejar tiempo a las despedidas.
Esto es serio, me haces querer ser alguien de quien te sientas orgulloso.
No obstante, al final volvemos a lo mismo, siempre a lo mismo, Depresión y Soledad seguidas por Pesadumbre irrumpen en la habitación, aparecen de debajo de la cama y saltan sobre la misma, se acomodan una a cada lado y el otro se asoma por sobre la pantalla y me mira sin verme y me dice sin decirme que da igual, que lo que siento sigue siendo consecuencia del desperfecto congénito de mi corazón averiado, que observe el daño de las alas, tan atrofiadas que ni moverlas puedo, que no es reflejo de tu sentir este cosquilleo que me invade cada que escucho alguna canción de amor, que si te dejamos echar un vistazo saldrás corriendo en la dirección opuesta, que nuestro encanto es consecuencia, obvia, del halo de misterio con que envolvemos nuestra simple complejidad, pero que en verdad es un algo que no vale tanto la pena, que las ilusiones que cual enjambre zumban de un lado a otro se alejan con solo agitar la mano y así de fácil será que te vayas. Y no obstante, desde el rincón se dejan ver, intermitentes, esas señales de luz que jamás he sabido descifrar pero que juro son los indicativos positivos de que vale la pena esforzarse una vez más. Aunque esperar cansa, y actuar de poco nos ha servido. Contradicciones, bifurcaciones, los mismo enredos que se resuelven lanzando una moneda, un par de dados, y apegándose al resultado que el azar envía.
Cuando te pregunto, secretamente espero que me devuelvas la interrogante en vez de responderme.
La palabra de la semana fue: INÉDITO
21 NovLa semana pasada, desde el lunes pasado, asistí al 5º Festival Internacional de Letras – Jaime Sabines” y lamento decir que a mi ver va en decadencia. Recuerdo con mucho cariño y añoranza el primero, hace 5 años ya… En verdad fue internacional, recuerdo así sin mucho esfuerzo que asistió un escritor chino, uno sueco, alguien canadiense, alguien inglés, varios de otros países, hubo escritores del lejano DF, de otros estados, y 3 representantes del estado, de Chiapas. Hubo más variedad, esto es, casi igual número de escritores y poetas, sí, Sabines era poeta, pero incluso él leía cosas que no eran poesía y estar por horas escuchando poesía es solo para quienes en verdad disfrutan y conocen el género, la poesía se me hace tan sofisticada en ocasiones.
Por ello mi amor a la prosa, tan adaptable.
Podía presumir que conocí en persona a Fernando Vallejo, a Ángeles Mastreta, a Efraín Bartolomé y a quien luego sería mi maestro por algunos meses: Guillermo Samperio, sí, podría presumirlo, pero no se me da eso de ir por el mundo diciendo: «Lo conocí, platiqué con, me tomé una foto», no le veo el caso. Ya lo dije, la fama es efímera, entonces muchos nombres podrían no ser tan impactantes como uno piensa: conocí a Hernan Lara Zavala, asistí a un pequeño taller de cuento con H. Pascal, mis compañeros de taller con Samperio casi todos ya han publicado al menos una vez, sí, he conocido gente famosa y premiada, y no le veo la gran relevancia, son gente, al final de cuentas.
Pese a que me gusta la bohemia no veo frecuentando esos círculos.
Pero decía, esto iba entorno a la palabra «inédito», casi todos los invitados al evento que asistí optaron por promocionarse, escritores / poetas con afán trascendentorio y aparte de leer cosas «conocidas» de sus libros ya publicados leyeron varias cosas «inéditas», del futuro libro a salir, del libro en que están trabajando, o del libro que acaba de salir y por ende quizá no todos conocíamos. «Inédito», me gusta la palabra, igual casi todo lo mío lo es, y espero lo siga siendo por un buen rato; tiene un halo de misterio que ansía ser develado la palabra esa, «inédito», tan efímero en sí, en cuanto empiezas a leerlo o pronunciarlo deja de serlo, aunque no lo termines, se divide, el final queda como «inédito», desconocido, nunca antes conocido. Escuché tantas inediticidades que volví a pensar en eso de que cada vez son más pocos los temas originales que quedan para abordar y que el cuento «realista» sigue siendo lo de hoy.
Algún día tal vez vuelva a lo senderos cuentistas.
Como sea, fue divertido y enriquecedor pasar los días escuchando a esa gente de letras leyendo sus creaciones, la palabra escrita no muere, se resiste, lucha, tan combativa como la gripe que me quedó de regalo por mi puntual asistencia, ya lo dije, también, maldito aire acondicionado, pero bueno, que ha valido la pena, se agrandó la lista de autores pendientes de lectura y muchos seguirán allí por mucho más tiempo pues continúo con la premisa de solo leer a autores muertos ^^
Esos inolvidables
18 NovEn mi vida he tenido dos grandes amores, dos de esos amores con tendencia a la trascendentalidad, de esos que uno no consigue olvidar y que en algún punto se asoman a la memoria cuando el nuevo amor entra en escena, uno recuerda cosas, palabras, gestos, emociones, lugares, situaciones que ya ha vivido y, secretamente, uno desea que sean tan buenas o mejores que los recuerdos. Y justo por ser dos es que tengo la esperanza de que ya viene el bueno, se acerca, ni pronto ni perezoso, llegará cuando tenga qué hacerlo, ¿la tercera es la vencida, no?, dicen, entonces vale la pena todo el camino recorrido, y por mientras, los dos fantasmas rondan por aquí, aparecen para presentarse solos cuando alguien nuevo llega, se asoman en las ventanas y lanzan confettis y serpentinas cuando el mencionado toma sus maletas y vuelve sobre sus pasos, ¿será que el segundo no recuerda que alguna vez fue «nuevo»? Aunque igual pese a que cronológicamente sé quién fue primero han saltado tanto del marco de la puerta hacia afuera y viceversa que ya no sé bien, suele pasar, que terminamos los tres compartiendo el columpio y conversando sobre lo que fue, intentando siempre no pensar en lo que hubiera sido, que a nadie le hace bien estar pensando en los «hubiera’s», han pasado tantas cosas y seguimos aquí, los tres, tan amigos como puede ser posible, que la verdad es que no sé qué será de ellos cuando llegue el siguiente (y esperemos el último, que de lo contrario tendría que confiar en que «no hay quinto malo» y así), la ventaja del siguiente es que seríamos 4 y él y yo podríamos estar tranquilos dado que estos dos, tan acostumbrados que están el uno al otro, podrán seguir haciendo de las suyas.
(Hace unos días que me di cuenta que ya casi no te pienso.)
Ayer , mientras agonizaba a causa de la gripe que hoy está más leve, decidí ver dos películas que tenía ya rato sin ver, la primera no recuerdo cuándo la vi, dos de esas pelis que como mi favorita de siempre: «Serendipity – Señales de Amor», hacen que mi Fe se ponga más gordita y rozagante y baile y salte por toda la sala, sí, es posible que por ahí, en algún sitio, estés, esperando la señal, el momento, para que nuestras miradas se encuentren finalmente. Cuando ni siquiera un «borrado» mental es suficiente para olvidarse de alguien, para hacer que el corazón se haga de la vista gorda y finja que no recuerda. «Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos», cuando, aunque «tarde» uno se da cuenta de que olvidarlo todo, convencerse de que no pasó, no es la solución para el problema, es tonto, estúpido, tirar todo por la borda en la primera tormenta, ¿qué chiste tendría la vida si todo saliera bien eternamente? Lo bueno es que casi solemos ignorar las luces rojas, las cintas amarillas, las señales de «Alto – Peligro – No pase» y ahí vamos de nuevo, a sabiendas de que nos daremos el ranazo, seguimos adelante como si nada.
Por ello veo inútil el querer borrarse la memoria para olvidar a alguien. La única «utilidad» aparente es esa de que en el proceso, en el ver cómo todo va desapareciendo, lo bueno y lo malo, los recuerdos que nos sacaron una sonrisa, los que hicieron que el corazón saltara más de la cuenta, no, definitivamente, eso de borrarse la memoria no es para mi. Bastante tengo como mis eternas e infructuosas «Cacerías de Demonios».
(El cuerpo amarillo anda ahí arriba, solo, en un amplio espacio azul oscuro carente de estrellas.)
La segunda película: «Vanilla Sky», otra de mis favoritas. Y trae todo lo que decía antes que no debería uno tener: quedarse atrapado en el pasado, pensar en los «hubiera’s», lamentarse, y no obstante, muchas veces ese vivir en el recuerdo, en la fantasía, en un sueño, es lo que le ayuda a uno a seguir adelante, de alguna manera incomprensible, hasta que al final, terminas dándote cuenta de que, debe, haber mucho más, y decides ir a afrontarlo. Y siempre me quedo pensando en la pregunta crucial: «What’s happiness for you? – ¿Qué es la felicidad para ti?» Como bien responde el protagonista: «¿Qué es la felicidad?» La felicidad es un estado mental que conlleva reacciones físicas, uno ríe, llora, suspira, salta, cuando está feliz, e incluso uno puede quedarse sentado, tranquilamente, respirando, existiendo nomás.
Soy un ser muy afortunado, he sentido verdadera felicidad un par de veces, y otras tantas tristeza y desesperación, y justo por ello, por ese eterno equilibrio que debe existir, es que uno sabe diferenciar la felicidad, apreciarla, por muy efímera y pasajera que sea, allí estuvo, y uno la sintió. Mis dos amores pasados me dieron momentos muy felices, por ello los sigo aguantando y no pagan renta, porque al final de cuentas hay que quedarse con lo bueno, y lo malo, que darse casi con todo, porque solo así se puede distinguir la similitud de la ruina cuando vamos camino a ella, y así, si al final sencillamente la felicidad nunca llega, nos queda la certeza de que al menos ya una vez la tuvimos. Me atacan los recuerdos, que bueno que no muerden fuerte.
Por mientras, ustedes, los dos, sí, ambos, vayan a ver tenemos correo.
¿Quién demonios inventó el aire acondicionado?
17 NovSupongo que a quien debería culpar es al mentecato agente genético que dijo que soy propensa a enfermarme de las vías respiratorias a la menor provocación y que mi garganta no aguanta gran cosa y encima vive en un eterno estado irritado que no me he decidido a investigar si tiene solución, la verdad es que solo cuando me molesta me preocupo por ella, ya dije hace poco, como tampoco es que me la pase hablando, no le afecta ese menester, pero sí el tomar o comer cosas frías, y por sobre todo el estar expuesta a sitios con aire acondicionado.
¿Quién, maldita sea, quién, me pregunto, una y otra vez, tuvo esa «fabulosa» idea? ¿Y por qué no hay un encargado que vea que si la gente está arrebujada significa que no está disfrutando de la frialdad impuesta y por consecuencia deberían templar el ambiente? Jamás me ha gustado estar en sitios con climas artificiales, si es que el frío no me gusta, ya lo he dicho, entonces eso de entrar a cines, bancos y plazas son cosas que suelo evitar, o para las que me visto como si fuese a viajar a un sitio frío, porque para mí son fríos, me pongo manga larga y veo de cubrirme la garganta, y no obstante, de repente, por la exposición prolongada termino enfermándome.
Enfermarme me recuerda mi condición de humano del montón, pese a mis muchos esfuerzos de mantener al margen, resulta que también soy vulnerable a los virus que siempre han sido los peores enemigos del hombre, si es que cuando reencarne igual y me pido ser un virus con una remota inteligencia y una increíble capacidad de adaptación, vería de volverme más famosa que el virus ese cuyo nombre no recuerdo y creo poder asegurar que no es tan complicado, ese que causó la Peste negra, sí, sería un virus peor que ese, vería de esparcirme por el aire, agua, contacto humano (de todo tipo), empezaría causando cantidades obscenas de mocos y luego me iría directo al cerebro y me comería el hipotálamo, y luego bajaría a los ojos y cambiaría los iris a color amarillo U_U Sí, sería el peor virus que la humanidad recordaría!!
(Estimados sujetos de investigación cibernética terrorista, les aseguro que no planeo un atentado bioterrorista, XD)
Si es que hasta los ventiladores no son objetos de mi devoción, cuando hace calor los enciendo y veo de taparme con una sábana. No, no, no, maldita garganta mía y maldita dejadez de la gente de mantenimiento que en serio debería estar pendiente de no poner los recintos más fríos de lo que deberían estar ¬¬ ¡Odio el aire acondicionado! ¡Lo odio! XD Mis divagues están sobre pasando sus niveles normales por culpa de esta sentirme mal, de este tener que respirar por la boca (y que en consecuencia hace que me arda la garganta) porque tengo la nariz congestionada y para colmo empiezo a sospechar que hasta mi temperatura corporal se eleva en claro reclamo por haberse visto expuesta a climas poco agradables.
Siempre lo he dicho, me gusta tener flojera, pero no que esta sea consecuencia de la enfermedad.
Bailando y cantando
16 NovHoy recuperé mi pasito bailado, ese que me hace retar a la gravedad porque de repente siento que mis rodillas bajan más de lo que deben o que el suelo de repente sube, hoy vine cantando y gesticulando y haciendo ademanes, cantando una canción que no se oía porque así suelo cantar, sin dejar que mi voz tenga mucho volumen, además que me molesta bastante la garganta, pero bueno, eso no quita que el aleatorio hace de las suyas y me divierto bastante cantando. De la parada del camión a casa me acompañó: «Can’t take my eyes off you», y me sobran ganas de que alguien me la cante y luego cantársela yo, y terminar cantando ambos así como en las pelis gringas, con coreografía y todo, jajaja Chale. Igual de camino mientras escuchaba «Oficio de enamorado» no pude evitar darme cuenta de que el «papelito» aromático de «Rosita Fresita» que colgaba a medio camión sostenido por un lacito más largo de un lado que de el otro danzaba bien a ritmo de la canción, dando vueltas y balanceándose con tanta sincronía que no me sentí sola bailando.
Será que esta manía mía de andar bailando, cantando y sonriendo de repente es la que genera que la gente de repente me mire, caiga en cuenta de mi existencia, les intriga, seguramente, aunque hoy mi facha sí que estuvo curiosa: los «nuevos» zapatos negros, el pantalón de estilo militar que es pegadito, mi blusa blanca con imagen de «Pucca», al hombro una bolsa de mezclilla muy femenina con listones rosa y plata, y para el frío mi manga larga roja que alguna vez fue de mi Ma, sí, como que llamaba la atención, y era sin querer, me gusta pasar en el anonimato.
Un día de estos me va a ganar la locura y me voy a poner una falda con vuelo para que las vueltas de mi danza improvisada se vean más vistosas. Añoro el día en que mi cabello esté tan largo que se balancee también a ritmo. Mi sombra, sospecho, así ha de tenerlo, si es que ella se ve más delgada y más grácil, la envidio, y seguro ella me envidia por mi tridimensionalidad, así suele ser siempre todo, uno quiere lo que tiene el otro mientras que el otro quiere lo que tiene uno, deberíamos ir por la vida con un letrero que enumere lo que tenemos y así sencillamente hacer trueque con quien se acople a lo que buscamos y que resulte que tenemos lo que quiere. Pero igual, si así fueran las cosas, querríamos estar como estar ahora…
Así que mejor sigo bailando tranquilamente, me pongo una falda y doy vueltas por la habitación, distrayéndome del dolor de garganta, de la nariz que se quiere unir en los malestares y de mis ojos que cada vez aguantan menos el estar frente a la pantalla, ay, la vejez.
Lo efímero de la fama
15 NovSi la fama de un escritor radica en la cantidad de publicaciones y reconocimientos que posee, he llegado a la conclusión de que ninguno es en verdad famoso. La gente ubica a algunos por sus nombres: Homero, Shakespeare, Juan Rulfo, Sabines, por citar algunos, pero no conoce toda su obra, ni sus premios y reconocimientos, o en algunos casos, ni siquiera los ha leído, sencillamente sabe que son “gente que escribe”, lo bastante bien como para que bastante personas los hayan recomendado (de ser el caso) y otros tantos más los leyeron luego y así. Uno escucha de “Don Quijote de la Mancha”, “La divina comedia”, “Ulises”, “Los tres mosqueteros”, “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, “Cien años de soledad” o “Romeo y Julieta” y ubica a la primera que se trata de libros. Pero igual puede que no los haya leído. Entonces, resulta que si esa es la base de la fama de los escritores, lo sostengo, ninguno es en verdad famoso.
Por ello yo no soy un escritor que ansíe ser publicado y premiado.
Un libro trasciende cuando uno recuerda, con el paso del tiempo, pasajes del mismos, frases, cuando incluso el personaje es tan significativo que terminan poniéndole el nombre a alguno de sus descendientes, cuando por leer algo uno lo adopta como parte de la rutina diaria. Les cuento, a mi me dio por comerme las manzanas completas, corazones incluidos, por un libro que leí. Quizá no recuerdes quién escribió el libro que tanto te marcó, pero lo recuerdas, y esa es la señal inequívoca de que uno ha trascendido, quizá no eternamente, pero lo ha hecho.
A mi que me gustan las películas apocalípticas, “2012”, hay un pasaje que me gusta bastante, cuando uno de los personajes, mientras está “a salvo” viajando hacia el arca donde le aseguran la salvación comenta que entre sus valiosas posesiones lleva el libro de un autor para muchos desconocidos, uno que únicamente publicó un libro, que tantos libros se perderán y no habrá forma de recuperarlos, pero ese, por su elección, por azar del destino, se salvaría y llegaría a trascender.
Así es, hay tantos libros aún desconocidos, tanto viejos como nuevos, tantos nuevos que van surgiendo día a día, algunos que se parecen a otros (cuesta mucho ser original a estas alturas), es sencillamente imposible que uno los lea todos, los conozca todos, guste de todos. Hace poco lo escuché, ayer, de hecho: “Deberíamos dejar de escribir, hay tantos autores a quienes no se le ha dado la oportunidad”, es cierto, hay tanto de dónde escoger, pero igual habemos tantos humanos, una solución, se me ocurre, debería ser que todos, absolutamente todos, cultivemos el gusto por la lectura, y además los libros deberían estar al alcance de todos, así quizá todos los libros ya publicados conseguirían, cuando menos, una lectura, y cumplirían su cometido, quién sabe cuántas historias geniales hay extraviadas por ahí. Es difícil, pero no imposible.
Por eso a mi, definitivamente, no me gustaría viajar al pasado para conocer a los escritores que admiro, porque seguro no entenderían de mi gusto por llamarme “escritora” y no anhelar la publicación. No, siempre lo he dicho, escribo para mi (principalmente) y para extraños, ustedes, y solo de repente (muy de repente) dejo que lean algo de lo que tengo escrito por diferentes sitios. No, eso de publicar no es mi meta, puedo pasarme el resto de mis años así, escribiendo nomás por hacerlo, aunque claro, a veces sí se me antoja eso de tener entre mis manos un libro mío de mi, sería todo un evento, a mi parecer, pero igual luego, no ahora, ni mañana, ni el año que viene, aún no.
Seguiré viendo de ayudarle a los libros a cumplir su cometido, seguiré intentando leer tantos como sea posible, recomendando algunos, perdiéndome en las “librerías de viejo” para ver qué tesoros se encuentran por ahí extraviados, pese a que mis ojos cada vez se quejan más, veré de hacerme de más ebooks, para tener aquellos libros que ya sea por rareza o costo no puedo tener en físico, el asunto es seguir leyendo.
Leyendo.
Leyendo.
Soy una habladora
14 NovSí, como que eso de hablar se me da bastante bien, con mucha naturalidad, hasta mi Ma dice que cuando era pequeña parloteaba bastante, veía a los adultos hablando y yo parloteaba, bien entretenida en la conversación también, aunque yo soy más de hablar solo con poca gente o con una sola, eso de hablar con muchas no se me da, y tiendo a acaparar las conversaciones, a soltar opiniones y comentarios todo el tiempo, me gusta platicar, conversar de temas diversos (contigo es bien divertido siempre), pero es una costumbre que estoy dejando, que no es como andar en bicicleta, o igual sí, pero esto de hablar por varias horas seguidas me deja la garganta resentida, como que me molesta, me pica, será que se irrita, yo que tengo alguna «palabra médica incomprensible para mentes comunes» que se traduce en que mi garganta tiene tendencia a la irritación a la menor provocación, si es que por eso no seré una cantante famosa, je, porque mi modo de cantar me pide forzar la voz en ciertas partes, por eso no soy una «Cuenta cuentos» porque eso de hacer mil ocho mil voces se me da con cierta habilidad pero ya dije, mi garganta, por eso no como helado tan seguido como me gustaría, pero yo que creo que es cierto eso de que hay que hacerse adicto al arte de la conversación porque a la larga es lo que va quedando, pues veo de disfrutarlo, aunque luego mi garganta se queje.
Por eso ahora escucho canciones que no sé completas, para solo deleitarme los oídos y me abstengo de cantar.
…aunque se cuelan algunas canciones que me sé de memoria, bendito (maldito) aleatorio que no ayuda ni tantito. Suele pasar, bastante seguido, que el azar se pone siempre en mi contra, como que el Destino lanza apuestas más substanciosas que yo (acabo de ver el reloj y todo indica que no terminaré esta entrada para postearla hoy y no «mañana», a menos que la publicara y la editara luego, como he hecho en otras ocasiones, pero luego me quedo pensando en que no es una muy buena idea, además que bien puedo escribir algo luego, pues al final qué más da que haya dos entradas publicadas con la misma fecha, hace ya mucho tiempo hubo veces en que publique hasta 3 veces por día, tiempo lejanos…) y todos apuestas en mi contra porque saben que al final termino saboteándome y veo de conseguir mi derrota, porque bueno, hay que aceptarlo, yo también apuesto en contra, que las ganancias son mejores.
Vale, lo intenté, pero Insiración, la hermana pequeña de mi Musa acaba de salir corriendo persiguiendo algo parecido a una corcholata voladora, creo estar segura de que de refresco no era, allá se acaban de ir ambas, una de cacería y la otra nomás pa’ no perder de vista a la primera. Y nos quedamos aquí sin saber qué hacer, así que optaré por ir en busca de mis cuatro paredes, de la comodidad de mi cama y que luego vuelvan (si es que vuelven) o que pierda la noción del tiempo con las canciones que el aleatorio me deje escuchar cantando bajito, como casi siempre, hasta que a tu recuerdo le den ganas de hacerme piojito y me duerma.
Unas cuantas contradicciones
12 NovEste masoquismo, tan mío, tan terco, tan rosa, esta adicción tan brutal que le tengo a sentir el martilleo de mi corazón, su alocado frenesí espasmódico, azotándose contra las paredes que se resquebrajan cada día más pero que siguen en pie, quizá ya no verticales (¿alguna vez lo estuvieron?), pero allí, sosteniendo la mansión en ruinas (que igual me pregunto, por momentos, ¿cuándo se «a-ruinó»?), esta yo, tan dada a seguir rutinas, que ahora gusta de estar despierta (como hace ya tiempo no lo hacía) a horas asolares viendo películas de amores que se cumplen. Mi esperanza empieza a volverse monstruosa, tan gordita ella, a causa de estas ideas que se van quedando grabadas (me asombra que siga habiendo espacio) tras mis párpados y en sueños cobran vida, se desprenden, y me vuelven partícipe de historias, aún mejores, de amores posibles, sublimes y eternos.
Un día me voy a convencer con la fuerza suficiente para seguir durmiendo por más de 12 horas, nomás por la curiosidad de ver qué pasa, o deja de pasar. Sí, le atinaron, quiero ver si con ello se activa la alarma de mi príncipe perdido y se pone las pilas y viene corriendo a revivirme con un beso de amor verdadero, en efecto, la frase sale de una de esas pelis, y se queda aquí, cincelada con hartos garigoleados, como recordatorio de que los besos son algo a lo que le guardamos un temor reverencial. Sí, guardo mis labios a la espera de ese beso que me convenza de que vale la pena seguir luchando. No hace tanto (ni tan poco) desde la última vez que sentí un beso de esos que congelan el tiempo, de esos que lo dejan a uno suspendido en un limbo arrullado por el baile de dos corazones, de dos miradas que se sostienen con los ojos cerrados, de unos brazos que se empeñan en mantener los cuerpos unidos, de unos pies que luchan a muerte con la fuerza de gravedad para no dejarnos caer.
Pobre de aquél que reciba este beso que ando guardando.
Que estoy triste, sola y abandonada porque así lo quiero… ¿Será? Bajen la mano, ustedes que alguna vez me han ofrecido algo y les he dicho que no por andar terca en mis sueños, no les doy permiso de opinar. El día que vista mi vestido rojo hablamos. Justo vi uno, más barato que el último que compré pero igual un poco caro, pero mis zapatos lo ameritan, esos que ya no son nuevos pero siguen igual de lindos. Tan bonitas se ven mis uñas con sus capas de esmalte nuevas, la nácar, la celeste tornasolada y la durazno brillosa, solo falta tu mano aferrando la mía. Que los fantasmas dejen de estarse apareciendo, tanto que por ratos siento que se me nubla la vista, sí, quizás, estoy sola por voluntad propia, pero también es cierto que quisiera dejar de estarlo. Ya veré de encontrar el equilibrio en esto.
A esta sonrisa mía sólo le faltan tus labios.


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