Archivo | octubre, 2011

Mitomanía

5 Oct

Esto de la mitomanía tiene sus pros y contras, uno tiene que andar en un estire y afloja eterno, calibrando a diario la balanza para que el equilibrio sea tan perfecto que las mentiras se mantengan ellas solitas de pie pero que a su vez no se asienten tanto que luego sea imposible moverlas. Es un trabajo de tiempo completo, tengo muchos trabajos de tiempo completo, medio tiempo, ocasionales, por temporada, no doy abasto. Por eso luego me da tanta flojera. Por eso mejor no trabajo.

Voy a hacer cubitos el melón que mi Ma compró ayer, aprovechando que hay Lechera, aprovechando que aquí sigo. Me gusta el melón, el coco, el mango, la jícama, las naranjas, si no fuese porque me gusta la carne sería vegetariana, si las proteínas que da la carne no fueran indispensables viviría de frutas, verduras (que no pienso, tampoco, ni de lejos, comer cebollas, ajos, calabacitas igual y de repente), pan y leche (porque yo sería de esos seudo vegetarianos que comen derivados de leche, quesos… no me imahino estando sin quesos.) Sí, podría, ¿pero eso en qué me convertiría ^^? Melón!!!

Quiero gelatina, ya tengo más de una semana sin comer gelatina. Hay que hacer gelatina de mosaico, 3, 4 moldes de gelatina, MUCHA gelatina, la gelatina jamás sobra 🙂

Uno de los enanos está enfermo de la panza, lo peor del mundo es darle medicina a un felino, hay que envolverlo en un toalla para que no rasguñe, y aún así lo logran, no entienden que es bueno lo que uno intenta hacer y por ello se defienden, mi mano derecha luce un enorme rasguño, que duele, arde, y en cualquier momento me olvidaré, cuando toca dormir y me olvido de todo: del dolor de la mano, del dolor del ojo, del dolor de cabeza y del dolor de la panza. Los dolores se pueden olvidar, ignorar, y con mucha fuerza de voluntad seguro conseguimos que se encojan y en algún punto desaparezcan. Pero por mientras es vivir engañados, diciendo que no duele, repitiéndolo. Todos somos mitómanos.

Ya no te extraño, pero aún no sé cómo dejar de pensarte.

Voy a cambiar de aires, una vez más, por un rato, a la aventura totalmente, veremos qué pasa y en qué termina, debería dedicarme a ello, je, conforme avanza el tiempo me voy dando cuenta de que ya me hace falta salir a orearme por un rato, ,me gusta estar en casa, pero ya fue mucho estar en casa, lo mío es más contradicción que otra cosa, pero eso ya se sabe, aunque también se sabe que me gusta estarle dando vueltas a las cosas, es parte de esto, de mi, de ser yo y por eso mismo no ser otra, pero no cambian algunas cosas, como que me pasaré de aquí al 27 de Octubre escuchando a Sabina varias horas al día, como que me paso los días dando clics por ahí, como que intento (de nuevo) escribir algo todos los días (y por lo mismo las genialidades cuesta que salgan, se agarran del marco de la puerta y por más que tiro de ellas no se sueltan… termino dejándolas ahí y a reciclar palabras, el cesto de la basura jamás está vacío, siempre hay de dónde agarrarse, en eso vamos, ya a medias de la semana, el fin se acerca de nuevo.

Quiero unas papitas.

Empieza la invasión

4 Oct

La Musa, sentada (encorvada) sobre la alfombra con las piernas cruzadas y con una pila de libros y cuadernos, con un mundo de lápices al alcance, toma notas, subraya, dobla páginas, escribe, borra, tacha, resalta, busca (revuelve) entre la pila de papelitos que tiene al lado, no sé bien qué hace, solo sé que me cargará de trabajo un día de estos, y no acepta sugerencias, yo quiero que se enfoque en terminar lo que tenemos pendientes, pero ella anda con fuerzas renovadas y quiere escribir sobre un mundo nuevo de cosas que pese a que sí se pueden enlazar con las otras, costaría, y sería mejor terminar las que ya están, pero lo dicho, no acepta que le contradigan, ya lo intentamos, ahora estamos a resguardo en la habitación de junto, nos lanzó lápices como proyectiles y certeras bolas de papel aterrizaron en la cabeza del Angemonio cuando entró con la clara intención de dejar nuestro pliego petitorio a su alcance, de hecho creo que de ese fue que salieron las piezas irregulares en que deja notitas entre medio de los libros. En fin, que siga en ello, sirve que podemos dedicarnos a otra cosa.

Desde hace unos días, el Angemonio, el Gato, Rosa Pesimismo, Depresión, Soledad, Tiempo, un grupo de Fantasmas, un par de Demonios, las Hadas y yo, mientras observábamos las estrellas, particularmente ese punto amarilloso y brillante que no tittila y que suponemos es Venus, vimos cómo empezaban a caer a nuestro alrededor pequeños pétalos de margaritas tornasoladas, deseos aún inconclusos, peticiones lanzadas al aire, ecos de voces, caían despacio y en un abrir y cerrar de ojos ya estábamos sepultados, Pesimismo empezó a maldecir por lo bajo mientras sacaba de sus bolsillos los pétalos que como polvo se habían colado en cuanto sitio pudieron, la cabeza de una de las Hadas emergió por la izquierda y Soledad la sacó tomándola por la cintura, de sus pies venía colgada una y de los pies de esa la otra, se alejaron volando y aún no sé de ellas, el Gato dijo (no pregunten cómo) que se habían llevado un puñado de pétalos tan grande como una de ellas, será, eso explicaría la serie de anhelos que han estado pasando por la ventana de manera intermitente, Tiempo suspiró y comenzó a escarbar entre los pétalos, pareciera que buscando crear una brecha en la cuál meterse, el Angemonio me sacó a bailar, los fantasmas se balanceaban y tarareaban las canciones de siempre, la pareja de Demonios, aburridos, empezaron a  caminar con la clara intención de perderse de vista mientras masticaban (como siempre) un puñado de viejas ilusiones que (dicen) sabe a mazapán.

Cansados de bailar decidimos volver donde la Musa, que sigue afanada en su trabajo, como si le hubieran dado fecha tope para entregarlo, nos paseamos a su alrededor comiendo cajeta y saltando en un pie y luego en el otro, nos ignora, pero la mansión empieza a llenarse de letras, habrá que ver dónde las metemos, o cómo nos deshacemos de ellas, hay tanto cachivache por aquí que otros tantos más podrían hacer que nuestro desorden agarre orden y las paredes resquebrajadas se rellenen y las inclinaciones se enderecen, y mejor ya no le sigo, que los Demonios observan y se frotan las manos, no hay que darles ideas.

Inconforme con la inconformidad

3 Oct

Los humanos son criaturas siempre inconformes, el haber evolucionado y ser capaces de crear (y destruir) a diestro y siniestra, de aquí para allá, sin que haya quien lo impida, les ha llenado de tanta vanidad que si los pincháramos seguro explotan en miles de centellas de colores, para que ni al momento límite de la desaparición se diga que fue algo simple. Son complejos.

(Me gusta el brillo de mis uñas esmaltadas en cyan tornasolado, se ven tan sobrenaturales.)

Este querer siempre más, este quererlo todo, este no conformarse, aspirar a más, no estar contentos con haber subido ese escalón, querer subir el que sigue, y el que le sigue, y si ya no hay más, pues a hacerlos, el punto es siempre seguir. No está mal, pero tampoco está bien. ¿Qué nadie entendió (o conoce), la fábula de Ícaro? Ese que con sus alas de cera quiso llegar al sol…? No se puede todo. NO se puede. Este estar inconforme, estar siempre buscando, siempre queriendo más, nos lleva a no quedarnos quietos (uno debe estarse quieto alguna vez) y por ende no alcanzamos a apreciar lo que nos rodea, no se puede ver todo a detalle si no se toma el tiempo para verlo, tiempo, que tenemos tan poco, pero que emplearlo en la contemplación no es desperdiciarlo, tiempo para quedarnos escuchando una canción, tiempo para perder la vista entre las estrellas, tiempo para perdernos en el torrente de un beso.

Tiempo para amar.

Eso de que solo se ama una vez, ya lo he dicho hasta el cansancio que no es cierto, pero sí es cierto que jamás se ama de la misma manera, ni con la misma intensidad. Cada persona despierta en uno una forma de amar. Yo he amado de tantas (dice) maneras, que no sabría decir cuál fue más, mas sí cuál fue menos. Cuando amé sin pensar en nada que no fuese él, cuando me olvidé de mí misma, cuando me convencí de que su felicidad sería la mía (si ya desde el momento yo no era feliz y basaba mis esperanzas en algo tan efímero como esperar que quien no se daba cuenta de mi estado terminara haciéndome feliz…) y por ello valía la pena seguir, alejarme de todo, volverlo el centro de mi universo y girar a su alrededor, dejarlo moldear a su antojo, destruir, reconstruir, o dejarlo así, ruinoso. Uno no debe amar olvidándose de uno mismo. Pero tampoco hay que amarse más. Esto es, sí, pero no, hay que amarse un tantito más que al otro para saber reconocer lo malo, para darse cuenta de lo que está mal, de lo que no debe ser, para que cuando todas las señales digan: “Exit”, “Salida de emergencia” y “Peligro” sepamos que hay que abandonar el sitio, pero también hay que amar con fuerza, con toda la fuerza de que uno sea capaz, es como echarle harto limón a la carne (se me ha hecho agua la boca…), para que agarre más sabor. Al final uno puede acabar con el estómago irritado, pero es algo que se cura, uno se comió el momento, no puedes dejar pasar las cosas con la enmienda de que «la siguiente sí», la que sigue es justo eso, Otra, no es ni será la que dejaste ir, nada se repite, por más que lo parezca, cada momento es único, irrepetible, una vez que pasa desaparece.

El tiempo lo va dibujando un diestro con la zurda.

Ni las gotas de agua se parecen, no sé quién lo digo, pero le digo que no es cierto. Vale que tener “ésta”, y estar seguro de que no es la que queremos nos instará a querer ”aquella”, pero si una vez que tenemos aquella descubrimos que la que queremos es “ésa”, será el cuento de nunca acabar, uno tiene que decidirse, pero siempre estamos pensando que quizá nos precipitamos, o nos demoramos, vivimos el tiempo a destiempo. Y es que tampoco (círculos viciosos como siempre) se trata de ser conformistas, tampoco es ir probando todo y desechando así sin más, sí, hay que hacer prueba y error, pero hay que ponerse un tope. Pero la naturaleza inconforme hace que siempre sea “dos de tres” y “la siguiente es la buena”, que “no hay quinto malo” pero “más vale pájaro en mano”, ¿quién nos entiende? Hay que decidirse.

Yo por mi parte sigo sin saber. Que lo sé, pero la costumbre, creo, me tiene aquí, como siempre, estancada, por llamarlo de alguna manera, mi naturaleza incongruente al ataque: que sí, que no, que no sé, que quién sabe, que talvez, que quizá, que luego, que mañana, que hoy, que ahora, que mejor no, pero mejor sí… Y entonces eso, que al parecer una vez más lancé los dados, y aún no caen, ya rete que pasé del quinto malo y como que voy por el “11 de 13” porque ya todo lo veo apocalíptico, la prisa, que se había ido, ya volvió, ya me siento de nuevo como que se me acaba el tiempo y es un “ahora o nunca”, y el nunca me sigue sabiendo tan dulce, que pese a que me empalago, ahí sigo, dándole otra probadita luego de la última. Y es que esta costumbre de mis pies izquierdo de caminar en círculo y volver a los mismos lugares empieza a cansarme, se empieza a volver tan crítico, tan caótico, tan catastrófico, que a salir corriendo, a activar las intermitentes, ponerse el salvavidas, acomodarse el casco y asegurarse de que la ropa interior sea presentable.

El mundo se sigue acabando, y yo ya perdí mi mapa.

Otro recuento musical

2 Oct

Son muchas las canciones que están grabadas en mi memoria, que me las sé completitas y de repente me encuentro catándolas, o «peor» aún, escuchándolas, así de repente, como música de fondo, cuando me da por recordar, queriendo y sin querer, son 3 de momento, una que se acaba de agregar y no se va. Escucho «Wonderwall» (de Oasis) y años y años de mi vida se suceden como en esas películas que se proyectan en las paredes. Suena «Kamikazes (de Raúl Ornelas) y la tragicomedia que fue hace años mi vida amorosa me invita a quedarme rumiando recuerdos, viendo de sacar cosas en limpio, viendo de secar los papeles mojados e intentar devolverles la utilidad. Suena «Déjame entrar»  (de Moenia) y recuerdo, reafirmo, recalco, que el Destino es canijo, se ensaña de repente, cuando dice: «Voy» es porque ya está encima, y me sorprendo, como siempre, de que sea así, y me digo, me repito, que todo pasa por algo, que así es, así debe ser, así será de aquí a me toque emigrar a otro mundo.

Escucho «Eres para mi» (de Julieta Venegas) y me dan ganas de cantarla, la canto, de hecho, de dedicársela a uno que otro fulano, me dan ganas de ser como esos que pasean por la calle con la música en las bocinas del celular y poner música de fondo cuando hablo con la gente. Escucho «Sexo, pudor y lágrimas» (de Alex Sinteck) y siento los mismo escalofríos que la primera vez que la escuché, tan relevante fue que ya no recuerdo qué momento definió, pero la sensación sigue. Escucho «Inevitable» (de Shakira) y sostengo que esa mujer con su larga melena negra se veía más guapa que como ahora, y también me da por querer cantársela a alguien, pese a que no es la que más me gusta de Shakira, es la que más me viene a la mente. Me siento identificada con gran parte de la letra. Yo también suelo empezar a hablar de mi cuando hay que hablar de dos… Escucho a Juan Luis Guerra y me entran ganas de bailar, con él, para que me de vueltas, y sonrío ante la visión tan fumada y bizarra, porque no va a pasar, tengo la extraña certeza de que no pasará, aunque toda la música parecida me lo recuerda.

Me gusta tanto la música, pese a que no se me da ni la cantada, ni la tocada y la bailada menos. Soy de esos que la disfrutan. Me gusta más la música no bailable, por eso seguro me gusta tanto Sabina, aunque él también tiene sus melodías que dan para que uno se balancee y mueva las manos y los pies, para que siga el ritmo con la cabeza (ya en breve veré a Sabina, de cerquita, lo escucharé en vivo ^^).

Me gusta la trova, mi música depresiva diría. La música sin letra, con poca letra, la instrumental. Tengo que escuchar música diario o me siento densa. No sé explicarlo, necesito la música para poder volar, elevarme, descubrirme sonriendo por los recuerdos que cada tonada me deja caer en la cabeza, tantas cosas, alegres o tristes, que me hacen sonreír sin mucho esfuerzo. Cada momento importante de mi vida a tenido su música definida, aunque muchos momentos se hayan perdido en el olvido. Hay música que se desenrosca del ADN y me trae balancéandome sin ton ni son: la tonada de los Parachicos, el «Cielito lindo», cuando empiezan los acordes de «El Son de la Negra». Me gusta la electrónica que es repetitiva y me relaja.

De momento, podríamos decirlo, intento seguir los preceptos de «Yo no sé mañana» (de Luis Enrique), porque no se sabe qué pasará mañana, podría ser que nos toque recorrer este sendero en el que andamos, o que un viento fuerte, un terremoto, un deslizamiento extraño, la gravedad, nos manden a otro lado, y eso de irse quedando con pendientes, con «hubieras» y con «qué tal sis» es nomás agobiante. Así que mejor arriesgarse, decirlo todo de una, hacerlo todo, arrepentirse luego, aunque de preferencia es mejor no hacerlo, lo hicimos porque queríamos, nadie nos obligó, es de tontos arrepentirse, cada cosa nos va llevando a donde hay que llegar, hay que decirlo ya, aunque claro, sí puede uno, debería uno, detenerse un par de segundos para decirlo de la mejor manera posible, no como yo que todo lo dice al trancazo y mal y por ende luego tiene que explicarlo de nuevo y así…

Son tantas cosas por hacer, que en serio una vida no alcanza.

¿Dónde podré conseguir un «gira-tiempo» como el que usaba Hermione para ir a todas sus clases? XD

El honor

1 Oct

Hay una película de reciente estreno llamada «The Eagle» («El águila de la legión perdida», la nombró alguno de nuestros traductores, para más detalles, que «el águila» daba para pensar en cualquier cosa), que va, como bien indica el nombre en español, de romanos, es una película de romanos, «una de romanos», diría Sabina en una de sus canciones, harto me gustan las películas de ese tipo (de ese género, desconozco el que la dirigió, al que la produjo y de los que actuaron solo uno se me hizo conocido), porque siempre tocan de alguna manera una parte de mi ser, esa que se siente tan enraizada con mi país y con la imagen que tengo de él. Una frase célebre de la película es, justo de las que ponen en el trailer: «El águila no es solo un pedazo de metal, el águila ES Roma». La gente de antaño tenía los valores bien enraizados y decir: «te doy mi palabra» parecía  invocar magia tan poderosa que ni de lejos se te ocurría incumplir con lo que habías pactado o jurado. La gente tenía «honor», y sobre eso quiero desvariar.

¿Qué es el honor?

Actualmente, podría jurarlo, si alguien te dice, te jura, te promete, esto, aquello o lo otro, seguro no lo cumple, no importa qué entidad (madre, vida, cosa) invoque para sellar el juramento, poco importa cumplirlo. Uno no se siente impulsado por fuerzas sobrenaturales que te insten a cumplir. Al parecer la conciencia también se queda muda. ¿Será que como ya no le tememos a Dios es que ya no creemos tampoco el poder de nuestra propia palabra? Dado que muy poca gente es honorable, ya no hay que esforzarse por serlo. Es una lógica que hasta yo encuentro ilógica. Acabo de terminar de leer un libro llamado «La Espada de Fuego», donde justo el protagonista cada rato se ve en grandes dilemas pues su orgullo, que se traduce como su concepto de honorabilidad, lo tira por un lado y sus convicciones por otro, el honor del guerrero. Volvemos a lo mismo, antes la gente no concebía vivir si había quebrantado un juramento, hacían lo posible por cumplir, o por compensarlo, si era posible. El miedo a los dioses en gran medida tenía qué ver en ello. Pero a mi gusto era mejor así. Hasta los ladrones y asesinos tenían honor. Así de jodidos estamos que ahora hasta la lealtad de los animales la desdeñamos.

El honor es algo harto complejo que dudo poder entender.

Por mientras, ha seguir viendo pelis «exageradas» de tiempos remotos. Se acerca a cartelera una nueva adaptación de «Los 3 mosqueteros» que pinta a hacerme pagar 40 pesos por verla en pantallota y varias que por alguna razón no vi y que seguro veré, sigo estando segura de que mi encarnación anterior se quedó con ondas pendientes en esos años ya lejanos y por ello siento tanta fascinación por los mismos. No sé, no sé, pero una cosa y otra me llevaron a decidirme por «pirata», veré de disfrazarme de ello de aquí a 30 días ^^

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