La Fe

11 Oct

En primer lugar va la lectura, en segundo la música y en tercero el cine. Me gusta ver películas (creo que se nota), pese a que no suelo variar mucho de géneros, de repente veo pelis que no caen en mis estándares de siempre, hace unos días vi una nueva: «The Tree of Life», y resultó demasiado conceptual para mi gusto. La vi en dos días porque nomás pude seguir viendo al pantalla, me quedé pensando. Porque tiene sus tintes religiosos, pero tomando a Dios como yo suelo verlo, un ente superior más allá del modelo específico que tiene cada religión, como diría Sabines: «me gusta Dios», y aunque no es uno de mis «temas» favoritos siempre lo tengo presente.

Pero a la par de esto me pregunto: ¿Qué es la Fe?

Nací en un hogar católico, entonces me inculcaron esa religión, pero desde que entré a la secundaria tomé mi propio camino. Uno pasa de la Primera Comunión y deja de sentirse “ligado” a la iglesia a menos que así lo quiera, de alguna manera supe que lo mío era verlo todo de lejitos, pero no por ello desdeñarlo, como suele pasar con muchos: rezo (no siempre), voy a misa (no con frecuencia), rara vez confieso mis pecados (y si lo hago, no los digo todos), no creo que Jesucristo sea (la imagen que nos “vende” la religión) el dios todopoderoso omnipresente, Dios es algo más, es un ente sin rostro, que solo se puede sentir, que uno sabe que está ahí, es algo que se intuye, y se acepta. Jesús es solo uno de los tantos rostros que en nuestro miedo a lo desconocido se le ha dado.

Por momentos soy politeísta y creo en Dios, en esa fuerza todopoderosa dadora de la vida, creo en la Tierra (más allá de la forma “física”), en ese ente que nos permite estar, existir, que con su fuerza (gravitacional, concretamente hablando) nos mantiene en este mundo que nos ha tocado habitar, creo que existe el Mal, que es, al igual que Dios, algo no tangible pero siempre presente, al acecho, no para alejarnos del “buen” camino, no para ponernos a prueba, sino porque como todo en el universo debe haber una contraparte y entonces está allí, sencillamente (para nuestra «mala» suerte), lo que hace nos afecta, y termina gastándonos tanto que la vida se nos acaba.

Volviendo a mi religión católica, creo en algunos santos, que fueron hombres que supieron mantenerse firmes a sus valores y por ello merecen no adoración sino respeto, el mismo respeto que uno le da a los padres o los abuelos, a las personas mayores que por ende saben más que uno y si prestamos atención nos ayudarán a no descalabrarnos a la primera. San José es mi santo patrono, a San Martín y a San Antonio les pido siempre por los animales, por esos seres que por no expresarse en nuestro lenguaje los hemos relegado y nos hemos puesto encima. Soy supersticiosa más que otra cosa, entonces cuando viajo me encomiendo a San Cristóbal, el patrón de los viajeros. Creo que por ser mujer no soy “fan” de la virgen, no sé explicar esto, tampoco es para que se lo tomen como blasfemia.

Vi la película “Guadalupe” y me removió algo, me sacó las lágrimas, creo que la “Morenita del Tepeyac” sí apareció mágicamente como lo dicen, que la “Virgen de Guadalupe” es la madre de todos pero que vela especialmente por los mexicanos (una razón más para estar más que agradecida de haber nacido en esta latitud del planeta), sí, contradictorio como siempre, INcongruente, ¿qué esperaban?

Creo que las religiones son necesarias (que no útiles, ya en alguna entrada expliqué mi punto de vista sobre “útil” y “necesario”) porque hay que creer en algo, si solo estamos nosotros, y no hay nada más, la vida se me antoja tan simple, vacía, sin chiste, si nosotros, los humanos, somos lo mejor que hay en el universo… No tengo qué explayarme más, debe haber algo más, debe.

Siempre he pensado que el tiempo transcurre de manera cíclica.

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