13 de Julio
Hace un rato cometí, según recuerdo, el primer acto vandálico de mi vida. Me robé el contenido de una bolsita de M&M’s de cacahuate. Neta pensé en comprarla, pero luego me dije: «Nah!» Ando en mi etapa valemadrista (bien criminal). Saben bien rico mis cacahuates, rondan por el fondo de mi bolsa y es divertido meter la mano y buscarlos y ver qué color va a salir. No hace tanto calor como otros días, pero la palma izquierda me ha quedado naranja, entonces no es cierto eso de que no se derriten en la mano…
Tengo en alguna parte, anclada, la idea de esto (de esta entrada, de este escrito), pero me muero por divagar.
Los retos de los dulces son crueles. Jamás he podido comer una Tix Tix sin morderla, en efecto no puedo comer solo una papa Sabritas, prefiero al Duvalin sobre la Nucita, desconozco con cuántas chuapadas llegas al centro de la Tutsi Pop, y podría seguir, pero la verdad es que ya no recuerdo más… y no puedo dejar de ver el cel, esperando que suene, además que siento que esta vez mi fiel amigo, el boli de gel azul, va a morir. Pretendo, en la medida de lo posible, documentar los hechos, contarles si gané o perdí o quedé igual.
Me he puesto un «nuevo» anillo, uno azul galaxia que compré ya no sé cuándo ni dónde. Simbolismos. Fetiche. Me gusta sentir la presión en mi dedo anular izquierdo. Los minutos pasan lentos, no sé si es buena o mala señal. La red parece haber sido reestablecida pues ahora mis llamadas entran mas es el Buzón quien me saluda. Extrañamente estar frente a una tienda de ropa que ostenta sendos carteles de REBAJAS no me hace mella, sé que ando más bien corta, harto limitada, y que solo una loca como yo haría lo que hago. Lo que haré (hice). Dos cacahuates verdes. En la zapatería de junto/abajo están las botas negras que desde que las vi me quedaron gustando. Hoy justo repararon mis botas de femme fatale, y decidí calzar los zapatos negros malditos.
(«Suena celular, suena!!!»)
Mi cabello más esponjado que de costumbre se asoma a ambos lados de mi rostro mientras escribo (hoy me dijeron «escritora» y no me esforcé por negarlo, lo dejé pasar), mientras veo mi mano derecha que traza caracteres por ratos irreconocibles. Suena de fondo una música que supongo de antro e imagino ha de ser la de moda. La gente sigue yendo y viniendo sin tregua y sin pausa; yo aquí ocupando espacio, tomando oxígeno.
Los hombres son las criaturas raras (creo que ya lo había dicho). Chiste feminista, pero en efecto Dios los hizo primero para checar prueba y error. Lo malo es que ya no se esforzó por componerlos. Así hacemos pareja (por eso). Como los jóvenes de aquí cerca que comen pan frente a los pobres. Hombres raros, cuando los busco o en su defecto me quedo a la vista para que me hablen, ni sus luces, y ahora que «no quiero» me ocupan toda una mano enumerándolos, locos, raros, y no, justo porque yo también soy loca y rara es que no cuaja el asunto.
Otro cacahuate verde. Uno azul.
El cel sin sonar.
Las horas que faltan.
Y Shakira diciendo que «las mujeres somos las de la intuición»
14 de Julio
Mi mochila huele a pan, mi esa madre (gabán le dijo mi Ma), ese mi como suéter negro enorme, mis «alas de murciélago», también huele a pan. Mi bolsa/lonchera de Pucca huele a chocolate. El alimento del día será pan. Pan de ese puestesito improvisado (no es más que un enorme canasto y la ñora) que me llama (el olor) cada que paso. Definitivamente en cuestiones de comida mi nariz es la que manda, podrá verse muy rico pero tengo que olerlo. Pan y agua, chido.
Faltan 3 horas por delante, digo. La aventura sigue, la verdad es que no ha empezado, está empezando, vamos rumbo a lo desconocido ^^ Es bien difícil escribir estando en movimiento. Sabina y un libro («La ladrona de libros») me acompañan. El cel sigue callado. Los planes B, C y D reciben al E. Empieza a soplar el viento, será que se acerca el nuevo huracán, quedaré varada, me llevará el agua… ¿dónde cuentos se ha metido mi fatalismo? El Pesimismo se quedó hasta allá, creo, por más que lo intento no puedo, sencillamente, pensar que la Suerte me hará una mala pasada. Todas las señales dicen: SIGUE, tons yo sigo.
El soundtrack es «Se fue» de Laura Paussini, para echarle guerra.
El mantra del momento: «Todo Saldrá Bien.»
* * *
Sostengo que la Ley de Atracción es la mayor estupidez existente, y me encanta que sea así. Para mentes pesimistas como la mía es de lo mejor, funciona a rogar de corazón, da igual qué tan nefastos sean los escenarios que creemos, la de piedras que nos metamos a los bolsillos, el final, extraña y aterradoramente, las cosas nos saldrán bien. Las cosas me salen jodidamente. Jamás dejará de asustarme que sea así, ¿será que por fin saldé mi deuda con el karma? Si es así, entonces de plano tengo que portarme bien para no desequilibrar la balanza, XD Es parte del encanto. Mi eterno 50-50 siempre luchando por inclinarse a algún lado, siento que le da igual a cuál, solo quiere inclinarse, pero no lo dejo, el vivir eternamente en este precario equilibrio es lo que nos lleva y trae a la fecha, es nuestro motor, nuestra razón de ser, estar y seguir.
Señales. Fieles a su naturaleza se aparecen de pronto y se encargan de hacerse visibles y llamativas para que uno no se desvíe. Fui la única que bajó en esa estación. Mis pies caminaron en la dirección correcta, pedí información con las personas justas, llegué sin problemas. Me informaron y me hicieron sentir con más energías (raro, físicamente me estaba muriendo, horas y horas y más horas por delante), subí, bajé y caminé rete harto, sólo a mi se me ocurre, caminar tanto; mis zapatos negros se reivindicaron, y ahora exigen jubilación, se quedaron con las puntas verdes, tanta agua, tanta humedad, tanto lodo, tanto caminar, tanto ir dejando huellas por allí. Seguir avanzando, siempre hacia delante.
Sentir que iba a explotar por tanto aguantar las ganas de saltar a tus brazos.
Te gusta complicarte, sí, ya sé que a mi también. Es cierto eso de que el diálogo es la clave, pero me cuesta tanto. La paciencia tampoco me sobra. Sé que no debo pedirte (exigirte), pero es algo que puedes hacer, entonces hazlo. Ya vimos que sí se puede, poniendo cada quien de su parte, aunque no dejen de bombardearnos, nuestro botecito seguirá a flote, su coraza se irá endureciendo, se irá blindando. Sí, con nadie me siento tan bien que como contigo. Te pasas, pero bien sabes que al decirlo no pecas de presunción, sencillamente haces obvio lo evidente, aún tengo tanto qué aprender. Habremos de tenernos paciencia, pero por esa mirada tuya de color indefinido, por esa sonrisa que me desarma, por el eco de tus caricias que sigo sintiendo en la distancia, vale la pena, lo siento en esta parte de mi corazón, en esta misma que me decía que había de hacer oídos sordos y mejor seguir rellenando la maleta.
Puedo hacerlo (la pregunta siempre será: «¿Quiero?») siempre, o cada que sea necesario. Soy fiel abogada de las causas perdidas, me gusta pensar que soy tan poderosa que puedo evitar su deceso, que incluso puedo devolverles la vida. No mucho me cuesta darle fuerzas renovadas a esto, que mi imaginación y mi impulsividad sirvan para algo útil. Se puede. Sí, podemos. Maldita sea, es cierto, yo te… más de lo que pensaba (quería aceptar), así es esto.
¿Cuánto tiempo podrá tu mirada doblegar mi fatalismo? Pregunta al aire, me gusta pensar que la respuesta es demasiado compleja (obvia, quizás) como para ser dicha al trancazo y a la primera.
15 de Julio
Lo mío es una eterna búsqueda de la gota que derramará el vaso, sin lugar a dudas, es una de mis razones principales, afortunadamente sigo sin encontrarla, pero por ratos me siento segura de que el paso siguiente es el último y que la caída empieza para detenerse sabe hasta cuándo (si es que se va a detener).
Tu recuerdo se quedó haciéndome compañía, me abrazó cuando decidí invadir tu lado, buscándote donde ya no estabas, y nos dormimos de nuevo.
Dado que siempre estoy yendo a la guerra (o algo muy parecido), dado que yo todo lo planeo a detalle para que luego mi impulsivilidad pueda hacer de las suyas, el destino se encarga de ponerme al alcance (siempre tan acomedido, algo ha de querer) los medios necesarios para efectuar mis planes. Me encanta y me da miedo.
Te fuiste, me dejaste, y no me siento sola.
Me pesa en los labios el sabor de nuestro último beso. Mi cuerpo añora el espacio entre tus brazos. Uno de estos días, no sé por qué le doy largas (si sé), quiero de plano morirme de ganas, sentir que ya no puedo más, darme cuenta (temblar de miedo) de que no puedo seguir estando sin ti, y entonces te abrazaré para no volver a soltarte, haré que las huellas de mis brazos se marquen en tu piel. Lo digo, lo repito y los sostengo (contradiciéndome con ello, cosa más normal no podría hacer): por ti lo hago, me doblego, te buscaré (te dejas encontrar, he ahí la ventaja) y te cazaré hasta que ya no podamos más. La recompensa lo vale, decir que voy a ceder es usar palabras mayores, porque no es cierto, este estira y afloja nos mantiene dando a tantos iguales, no alteras mi desequilibrio. ¿Cómo es que…? Otra pregunta sin sentido. Tenía que ser, sencillamente.
Odio que me hagas pensar en futuro, pero tus ojos me invitan a soñar, a aventurarme, a seguir lanzando la moneda y a interpretar a mi total conveniencia lo que caiga. Ahora tengo una mochila-paracaídas, mi dispositivo del fin del mundo, estoy preparada, lista, para enfrentar lo que venga. Curioso que basten solo unas horas (un montón de minutos) para hacer tantas cosas. Ojalá pudiera darte parte de mi tiempo para que así te así te sobrara.
Arrojé mis miedos y preocupaciones a tus pies, y tú me cargaste los brazos de promesas nuevas.