Espacios

21 Jul

Luego de horas creo que ya perfeccioné el arte de lanzar la piedra y hacer que salte, brinque, sobre el agua. Aquí se está cómodo, es lo malo de saber vivir en mi mente y aislarme del mundo exterior, todo está tan ad hoc y a mano para quedarse por tiempo indefinido y luego cuesta salir, uno se pregunta: ¿para qué? De buenas a primeras porque tú estás fuera. De segundas a últimas, porque el resto de mis amores está fuera. El Angemonio levanta la ceja pero sigue en lo suyo, le busca «el fondo» a la pelambre del gato, hace a un lado las hileras de pelo rosa sedoso pero nomás no encuentra de dónde salen, da la impresión de que el gato crece a cada toque pero sigue ocupando un pequeño espacio sobre las piernas del ya mencionado, no ronronea, pero sonríe, mantiene la vista fija en las ondas que crean las piedras que sigo lanzando.

Hoy a todos nos ha dado flojera, raro, porque por lo general alguien queda de guardia, pero desde hace días no nos han perseguido. Pesimismo abre la boca, levanta el índice, mas se queda callado y vuelve al deshoje de margaritas verdes en que está desde que nos instalamos. Extraño, no nos molesta ni preocupa algo en particular. Levanta el dedo nuevamente, pero lo baja al instante. Justo pasa flotando el carrito desnivelado en que viajo a menudo, cuando no ando con todos estos, no hay forma de ponerlo cabeza abajo para averiguar si es cierto que le cortaron los frenos, da igual, la verdad, me sigo subiendo. La Musa finalmente vino, se fue de paseo con un par de fantasmas desde la mañana y esta es la hora en que su melena negra oscura, hoy no tan oscura, asoman tras el enorme árbol que es el sueño del árbol que hoy finalmente plantamos, igual un día, con suerte, lo veremos grande y frondoso y ojalá se deje algunas ramas no tan altas para poder trepar, o quizá, esta vez, finalmente, colgarle un columpio.

Necesitaremos seguir abriendo puertas, vaciando armarios y baúles, averiguando qué tanto hay en las pilas de cajas que decoran los pasillos, la limpiaza «de primavera» ya nos está durando hasta otoño, y nuestra meta es llegar a limpios a la siguiente. Hay tantas cosas nuevas que queremos guardar, tantas cosas viejas de las que deberíamos deshacernos. El gato se ha hartado finalmente y con un sonido que pasa entre explosión de burbujas, apertura de lata abre fácil, quiebre de fritura y ajado de ropa aterrizó en el suelo junto al angemonio y se ha ido saltando hasta perderse entre las dunas de pétalos verdes en cuyo centro, supongo, dado que las dunas siguen creciendo, se encuentra Pesimismo muy ocupado. Soledad se empina queriendo ver algo que está más allá de esta orilla, sonríe a ratos, como que su vista que seguro es mejor que la mía alcanza a ver qué hay por ahí.

Los días transcurren rápido últimamente, el tiempo en sí se está volviendo corpóreo, es un ente igual de extraño que los que por aquí rondan, que se balancean al ritmo de la música nueva que brota del aparato musical que me sirve de respaldo, lo veo montando en la salamadra azul, volando bajo y en círculo, como ave de rapiña, cazando, sobre mi, aventando palomitad que en vez de caer suben, pero no desiste y sigue, y tanta cosa a formado nubes comestibles que las hadas han decidido aprovechar. Mi pequeño cuervo sube y baja agarrando una, posándose en mi hombre, complejo de perico tiene este pajarraco, se la come, levanta la cabeza, la ladea, extiende las alas, sube, toma otra, baja, se posa…

Y mi mano sigue lanzando piedritas dado que tú sigues pasándomelas, ¿quieres que construya un puente para nosotros?

Hoy, para variar, no dormiremos temprano, dormiremos de repente, sin darnos cuenta, nos amanecerá de pronto, y el nuevo transcurrirá, y resultará que empieza una nueva semana sin ti, contigo, una mas. Se me hace que al tiempo «le ayuda» cabalgar en salamandra, veré de comprarle por ello, de algún lado debo sacar para mantener los caprichos de mi tropa, aunque igual, podríamos hacer una venta de garage, aunque no tengamos uno, montaremos un puestesito al lado del camino, pondremos todo al 2×1, es más, dejaremos algunas cajas así al alcance para que cada quien hurge y se lleve lo que más se le antoje. Tenemos que hacer espacio, urge, tu recuerdo empieza a exigir más y más espacio, y a nosotros que no se nos da eso de ser hospitalarios, ya te cedimos el mejor cuarto de la mansión en ruinas, te dejamos libre acceso al balcón de la torre, puedes hacer uno del sillón menos apolillado y, lo sabes, el columpio siempre ha sido para dos.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar