Vete

5 Jul

Dejé de leer horóscopos porque casi siempre encuentro cierto todo lo que ponen, bueno y malo, seguro encaja. Dice el de hoy que voy a encontrar al amor de mi vida. Me pregunto: ¿no ya lo había encontrado? Dice que voy a estar en la ruina a fin de mes, digo yo que es cierto pues no creo llegar ni a la quincena.

Digo yo que me muero por robarme el aire de tus pulmones, por guardar tu sangre en tarros que luego meteré al congelador, previamente azucarados, y les iré dando mate, de a poco, cada que Depresión venga de visita.

Sí, quiero que desaparezcas porque por ratos no soporto, en verdad que no soporto, que no pienses ni tantito parecido a mi, que no carbures de manera angemónica, que tu lógica sea tan diferente a la mía. Porque sí, se podría arreglar diciéndote exactamente qué hacer, que bien sé que lo harías, pero el caso no es ese, no, debes ser tu quien lo vaya deduciendo, no de vicio voy eternamente tirando migas, dejando muescas, colocando flechas en el camino. Esa vocecita que te dice que algo va mal, que pruebes a hacer esto o aquello, no es más que la “materialización” de mis deseos procurando que metes 5ta y me alcances en esta carrera hacia el abismo.

Sería bueno caer acompañada, al menos una vez.

Hazme el favor de salirte de mi cabeza, de paso dile a todos los demás que andan por ahí que te acompañen. Lárguense todos a jugar billar en otro sitio, les doy mis alas maltrechas para que se alejen más rápido, les doy el carruaje con tanque lleno para que los lleve tan lejos como sea posible, pero váyanse, de una buena vez, porque si no aprovechan ahora, les juro que no salen, que se quedan aquí para siempre y aténganse a las consecuencias. Me convertiré en algo peor que Medusa (no por nada siempre tengo los ojos a cubierto), mi canto será peor que el de las sirenas, practicaré en ti todos mis hechizos, para que mientras te ahogas la sonrisa no se borre de tu rostro.

El eterno latir de mi corazón me va quitando las ganas de respirar.

Podrías ser bueno y concederme la eutanasia, darme veneno, inyectarme un burbuja de aire, darme un tiro en el pecho (debes conseguir que mi corazón se muera), atarme a mi propia lápida y echarme al mar. Y si no obstante salgo a flote… atrápame (de nuevo) en tus redes, pero esta vez procura no dejarme como trofeo sobre la repisa.

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