Archivo | junio, 2011

Muchas palabras

16 Jun

No son muchas pero tampoco pocas las cosas que en esta vida tras haberlas experimentado se han hecho de un lugar en mi ser. Buenas y malas. Pero entre mi dislexia y la falta de mantenimiento que le he dado a mi memoria, muchas pasan «desapercibidas» y otras, igual esas mismas, transcurren con la misma naturalidad con que mis pulmones siguen trabajando. El caso es, que hoy comprobé que la absorción sigue vigente, esto de volverme esponja y dejar que las cosas se cuelen, este esforzarme más bien poco en cerrar las ventanas y tapar las grietas. De lo más elaborado a lo más trivial. Si dices tengo frío, seguro al poco se te quita y yo comienzo a tiritar… No sé, mi dispocisión innata por ser de ayuda, por ver a la felicidad de cerca ya sea en tus ojos a falta de poder colgármela del cuello.

Intento definir qué cuentos pasa. Porque siento que algo pasa, me siento como los gatos que viven bajo la mesa y que de repente son sacados de su pequeños, oscuro y tranquilo mundo por una mano pequeña que se ha quedado desarmada (me he quitado las uñas) y no obstante sigue luciendo su amuleto de la suerte.¿Será que por ser el gato negro, negro, le dio por rasguñar mis dedos cercanos a la suerte? ¿Cómo es posible que sin hablar de esto, concretamente, contigo, me dejes divagando sobre ello?

Lo dicho, por tu culpa me desubico y nomás ya no sé de qué terminará esto.

Mi naturaleza felina gusta de los enredos, de la caza, del peligro y la intriga y me divierte esto de escuchar advertencias y evr señales e ignorarlas para luego sentirme cayendo nuevamente en uno de esos tantos baches que, muy seguramente, cavo yo misma durante alguno de los tantos trances a los que me llevan los recuerdos y la música que ni para dormir dejo de escuchar. Y en automático veo de escribirle. Y mi mano arde a causa de unos pequeñísimos rasguños que por ello mismo son tan lacerantes.

Tengo una muy buena vista desde aquí. Ignoro la naturaleza del paisaje, me enfoco en la claridad que me ciega el lado derecho, en la música que suena más fuerte desde la izquierda, en las sombras que se forman conforme mis dedos, los dos dedos de siempre, van tecleando, los trinos de los pájaros que por la brisa fresca que se cuela me hace suponer que comienzan a volver a las ramas donde permanecerán hasta mañana, entre las figuras sin forma que se forman entre mis pestañas creo reconocer rostros y fragmentos de sueños que han tenido la suerte o la desgracia de anclarse en las salientes filosas de los muros en derrumbe que me rodean.

Estoy comiendo turrones, siempre hay turrones en esta casa.

Voy a levantar un acta de restricción en tu contra, te voy a demandar por daños y perjuicios, pediré te detengan y encierren, lejos, para que luego no sea yo quien sea procesada por homicidio culposo en primer grado, por intento de asesinato, que te procesen por ladrón de instantes, por quedarte sin mi permiso con el colibrí que encontré esta mañana, con esa mancha verdosa que si no fuese porque tarareaba mientras se robaba la miel de las flores yo ni me percataba de su presencia. Así como me pasa con casi todo lo que me rodea, que voy por el mundo con una densa niebla sobre los ojos y un sinfín de notas musicales en los oídos, milagro y palancazo que no me haya caido a una zanja o me haya atropellado un carro. Así voy por la vida percatándome por ratos de lo que hay alrededor, cayendo en cuenta, presa y en las redes, de sonrisas y miradas que se cuelgan de mi cabello y lo han vuelto esta maraña esponjada que es ahora.

Y te busco y te encuentro. Y te robaste (¿o fui yo quien la robó?) la idea de mejor quedarse al lado del camino con el letrero de «Aquí estoy», aunque seguro el tuyo está mal escrito. El asunto es, que ahí estabas y ahí estaba y ahora aquí estamos sin estar y sin dejar de estarlo nos encontramos aquí.

Con todo en contra: el viento, los años y la distancia…

Y hoy lo digo, y luego veré de olvidarlo, porque es una sentencia, y mi masoquismo tiene ciertos límites: estaré contigo.

Las palabras se están atropellando, tras mis labios, tras mis ojos y se conglomeran en cada dedo, incluso en los meñiques, todas luchando por salir, algunas como que no muy seguras, como que vinieron siguiendo a otras o las arrastraron sin querer o queriendo, muchas ya conocidas lanzas codazos, y puntapiés, para llegar a los primeros sitios, otras que tenía rato sin ver se limitan a esperar con las manitas cruzadas ya sea al frente o a la espalda y miran en derredor. Algo tendrán qué ver aquellos, no dejan de abrir puertas, estoy segura de que muchas de estas palabras estaban bajo llave y en el alboroto que arman las habrán dejado salir, son tantas que no sé qué hacer con ellas, esto de intentar ponerlas por escrito se está quedando corto, ayer hablé mucho y ni con eso, no me siento mal, ni siento que me libero, pero si me sofocan de repente, son tantas…

Ya veremos en qué queda esto, la inspiración, para colmo, se acaba de ir, prendado de la falda nueva de mi musa.

Pan y papel

15 Jun

Hoy el cielo estaba angemónico, dividido, sin decirdirse a estar despejado o lleno de nubes blancas, de esas que bien pasan por pedazos de algodón, para luego esas mismas empezar a juntarse y volverse una nubezota de color grisáceo que se apodera de la mitad del suelo. El camino a casa siempre está despejado. Al menos durante los últimos 25 años, lo más «complejo» ha sido llegar en la oscuridad cuando sabe ya cuándo se fue la luz y todo estaba bien oscuro, fuera de ello, siempre ha sido fácil llegar.

Hay caminos que uno siempre anda siguiendo, de esos que los pies recorren sin preguntarnos y que uno ni se percata de seguirlos, sencillamente llegamos.

Estoy de nuevo comiendo «mucho», la ansiedad me lo provoca, y por ende me hace luego querer hacer ejercicio, que hago o no hago, depende, pero el asunto es, que me dan ganas de comer, cosas dulces, chucherías, quiero fruta (no salgan con que eso no entra en la categoría de la comida chatarra), ya sea mango o jícamas o coco… Mmm, me gusta el Coco, je Pero nada qué ver, como siempre, de tanto pensar en los mazapanes ya los deslexio con todo, me encontré con una señora que recién acomodaba su enorme canasto con panes que olían a recién salidos del horno y por inercia mis ojos buscaron panes azucarados, mantecadas y polvorones. Y pedí un mazapán. Me dijeron que de esos no había y yo señalaba el polvorón, je, me dijeron que era un polvorón y solté mi ya automático: Eso. Y volví a casa con una bolsita llena de panes azucarados, mantecadas y un par de mazapanes… Es culpa de la lluvia que viene a resfrescar y que me dan ganas de tomar café con leche.

Tengo que hacer que entiendas que lo mío, lo mío, lo mío es esto, este no decir y sencillamente escribirlo, este quedarme con la mirada fija en un punto indefinido y luego volverme loca buscando papel y lápiz, servilleta y lapicero, panfleto, volante, ticket, cosa para escribir y cosa sobre la cuál escribir. Sí, ya sé que es bien fácil, al menos visto así, abrir las manos para que caigan todas esas cargas que uno trae de años atrás, pero lo fácil no es lo mío, a mi me gusta lo complicado, lo complejo. No es malo que yo te lo escriba y no te lo diga. Es lo mismo, aunque no es igual. Si quieres loescribo y lo memorizo y te lo recito con la mirada fija en tus ojos… Así como me da por cantarte ciertas canciones. ¿Ves que no es tan diferente?

Ya tengo mi blusa roja, es momento de conseguirme un vestido rojo.

Lo que provocas

14 Jun

Al que le quepa el saco, que aproveche y se lo lleve, al menos para mí con el inicio de las lluvias vuelve el frío y los mosquitos y ambos son buenos motivos para ponerse manga larga y no dejarse los brazos al descubierto, el sol hace de las suyas y tosta de más y se vuelve prácticamente imposible broncearse parejo y lo que siempre necesita más color son las piernas, así que habrá que atentar contra las reglas de la moda y usar manga larga con short. Nada de desviar la mirada a donde no, dado que aquí estamos tratando cosas serias, no pregunten para quién, que no sé, ya dije, el que se identifique, «bien» por él. Las camisas de once varas son un vicio que ya casi conseguí dejar.

Me pides que hable e irónicamente cuando quiero hacerlo no estás para escucharme.

Haces que desvaríe, de una manera que asusta. Consigues que me exprese en niveles que no pensaba me fueran posibles. El arte abstracto es lo mío, pero el dibujo no tanto, y a mi que es culpa de ese color indefinido de tus ojos que mis uñas encuentran el punto exacto de cada trazo y el loco en turno escapa de mi mente y se plasma en algún lado. El archivo quedó todo desarreglado, peor, jamás estuvo muy arreglado que digamos, a mi que montaron una fiesta cuando se cerraron mis párpados y ya nadie podía verlos. Huele a malvaviscos a medio quemar. Se me antojan unas galletas. Aunque ahora justo quisiera unas Barritas de Piña. No consigo dejar de escuchar a Auté.

Para variar, parafraseando a Sabina: «si alguna vez he dado más de lo que tengo, me han dado algunas veces más de lo que doy», yo tengo aún y aun fé en la gente, creo, firme y estúpidamente creo, confío, espero, anhelo, ansío, sueño, ruego, suplico, pido, mendigo, busco, por los hilos que le hacen falta a mi telar, por una buena cinta adhesiva que mantenga en su lugar las piezas de mi ser que amenazan con caerse en el momento menos pensado, quizá la próxima vez que me abraces sencillamente me desmorone… Qué ganas de haberme dejado secuestrar y descubrir que no e sincómodo viajar en la cajuela… Acbao de caer en la cuenta de que mi faro cambió de color, la luz que irradia cambió de color, obra de alguno de aquellos seguramente.

Últimamente siento que todo lo que escribo es para ti, que eres el único que en verdad entiende lo que intento decir.

Me obligaron a hacer limpieza de armario, podado de ley. Una rayita de batería en el celular. El pinche gato que muerde mi dedo. Mi consciencia que por ratos se vuelve tan chiquita que casi desaparece. Habían tantas cosas en es bolsa y fue, te fue, tan fácil abrirle un agujero al fondo y dejar que todo cayera, que saliera, que se fuera, tan fácil te fue, que espero en verdad no te arrepientas, lo espero porque yo tomé la decisión de no detenerte desde hace ya tanto. Ya sabes lo manipuladora que puedo llegar a ser. Se me da muy bien eso. La hoguera de ayer noche la empezaron quemando tus imágenes, nuestros sueños juntos.

Cuando te fuiste dejaste la puerta abierta, y yo ni de lejos me preocupé por cerrarla.

Tu ausencia, creo, da menos lata que la mía. La tuya, como tú, se queda sentadita en el rincón observándo, a mi que tomando notas cuando le doy la espalda, llamando a señalas a alguno de la plebe para sacarle información que agrega a sus apuntes, a mi que planeas robarme algo, o planeas matarme para quedarte con mi reino en ruinas y mi fortaleza voladora y mi torre sin puertas, a mi que quieres ver si es cierto que es más que posible ahogarse en esos charcos que tan estratégicamente se aparecen en el camino cuando uno tropieza, a mi que algo pretendes pero ni tu sabes bien qué es. Me viene a la mente Benedetti: No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca

(…)

no te salves pero si
pese a todo
no puedes evitarlo

(…)

y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

Yo quiero verte de nuevo, caer presa de tus pestañas tan rizadas y tu choro mareador que se repite y se repite casi que con las mismas palabras pero que extrañamente suena nuevo cada vez que lo repites. Yo quiero darme cuenta que me es imposible abarcarte completo con estos brazos tan cortos y estas manos tan pequeñas que no obstante encuentran el sitio exacto donde amoldarse a tu cuello para mantenerte cerca y poner a prueba mi capacidad de supervivencia con esos besos tan largos que se nos dan tan bien. Yo quiero olvidarme de todo y enforcarme, hacer que toda la plebe se calle y se siente y me deje lanzarme al abismo que me dibuja tu sonrisa. Estas sonrisas que ves y no ves, casi todas son tuyas.

Y si sólo tendremos instantes, me felicito a mí misma por haber dedicado el tiempo suficiente a crear un contenedor que los mantiene frescos para poder contemplarlos en cualquier momento.

Porque ganas de buscarte no me faltan, porque ganas de encontrarte siempre he tenido, porque fuerzas para retenerte he ido acumulando, porque trucos tengo aún hartos bajo las mangas: puedo hacer que sigas enamorado, puedo renovar mis pociones y releer los hechizos, rehacer los conjuros, desdibujar los símbolos para poner otros, porque una palabra tuya me serviría de detonante para volar medio mundo y ponernos a ambos en el espacio. Porque hace ya rato dejé de creer en el futuro, dejé de buscarlo, me olvidé de su rostro y el tuyo ocupó el sitio, tu cuerpo se volvió el mundo a explorar y tu sonrisa el premio a obtener en esa carrera sin sentido que va del sentirte sin verte hasta el momento en que mis ojos se cierran por inercia al encontrarse nuestros labios.

Este contar las horas se vuelve costumbre.

Aliso el vestido largo y cubro mis ojos con el recuerdo de tus juramentos. Caminaré, sencillamente caminaré, guiándome por la pura intuición, por esta misma que me hace confiarte los pedazos de mi corazón, con la esperanza de encontrarte, con la certeza de que en el viento está tu nombre, la plabra mágica que te hará retornar a mi abrazo. Con la certeza de que nada es eterno y por ello esto vale la pena, que mis tacones se hunden en las arenas movedizas de mis miedos y no obstante, por ti, vuelo.

Avanzar

10 Jun

En el DF la gente sueña, desde temprano hasta que anochece. Raro que uno llega a echar de menos el echarse una siestecita en el metro, en el camión, en el metrobús, bien tempra porque nada mejor puede uno hacer dado que el tráfico siempre será denso y tardará lo mismo, porque ya el cuerpo sabe cuánto tardaremos en llegar de la estación de abordo a nuestro destino. Semblantes serenos que mejor sueñan para no preocuparse por lo que vendrá, total que saliendo del metro, abandonando el refugio colménico que también ayuda a que todo esté en precario equilibrio deje de encerrarnos entre sus paredes. Cuando los enormes gusanos naranjas se alejan a nuestra espalda. Ya fuera, con el ruido, el calor o el frío, la contaminación y junto a miles de personas más, entonces ya podremos preocuparnos de todo lo que de momento ataña nuestra mente.

El DF de noche, aunque sea difícil de creer, arrulla, adormece, los asientos se bañan de somnífero y basta encontrar sitio para dormir y conectarse a la red de soñadores que van de un lado a otro en espera de llegar a casa y seguir soñando ya en la seguridad del hogar. Tantos sitios hay que uno, una, yo, podría llamar casa, tantos sitios a los que mis pies han aprendido a llegar por inercia y que me hacen olvidarme por ratos que estoy a kilómetros de lo conocido y de la gente que quiero y cuando menos me echa de menos. Y pese a todo, cuando no estoy allá me dan ganas de cambiar de aires, de alejarme, de irme, de perderme, de poner distancia, masoquista al fin, para sentir la añoranza, para sufrir de extrañamiento, para querer con cada célula de mi ser volver cuanto antes y ya no volver a salir, para luego de un rato echar a correr de nuevo.

La vida jamás dejará de sorprenderme, incluso cuando me muestre su cara oscura llamada Muerte me quedaré asombrada. Uno puede hacerse de mil y un conjeturas para esto o aquello y al final las cosas terminan siendo como deben ser, uno no puede sencillamente esperar que las cosas tomen el rumbo que uno imagina, que bien es cierto que muchas veces la forma en que suceden se parece rete harto a como uno las espera y supone, pero no siempre, por lo general algo desentona pero nos damos por bien servidos con lo que nos toca. Y no es que seamos siempre conformistas. De hecho la causa principal de nuestros problemas es que siempre queremos más, pero concretamente no sabemos definir ese «más», ¿más qué…? Es un proceso harto difícil llegar a ese punto en el cuál uno sabe lo que quiere, luego enfocarse a ello, a conseguirlo, no desviarse, no desistir, no conformarse.

Sé lo que quiero. Bien lo sé. Y también me he estado desviando, rezagando, por las tontas ilusiones esperanzadoras de siempre, no obstante, es cada vez menos, mantengo los ojos bien abiertos, para que ninguna señal se me escape, voy con la red a la mano para que ningún indicio clave escape, de hecho ya pese a mi espalda el costal de pistas que de momento parecen haberse convencido de que el camino a seguir es aquél, ese que hace poco y por puro azar encontré, que este tan conocido y agradable nada que ver con el asunto. Que resulta que este camino a parte de traerme dando vueltas está plagado de pozos de arenas movedizas. Una vez más hay que extender las alas, que a este paso jamás se repondrán, tanto las maltrato, y hacer el esfuerzo de llegar al otro lado, no mirar atrás, sencillamente seguir avanzando y en vez de virar a la derecha, tomar la izquierda. Raro que me «cueste» ir por mi lado favorito.

La búsqueda del amor bien podría compararse con el sueño de encontrarse un trébol de cuatro hojas al pie del arcoiris con el gnomo ofreciéndonos el caldero lleno de oro que para rematarlo contiene una piedra filosofal y un dispositivo de control del tiempo.

Seguro da igual que yo fuese ciega, sería cayendo presa de tu mirada.

Cosas de estos días

8 Jun

He visto la luz, más bien fue la rezolana del atardecer, pero se entiende, como decía, he visto la luz y vengo a decirles que debemos, sí, debemos, alabar a la Gran Galleta, creo que al angemonio tuvo mucho qué ver en mi conversión, me pegó su manía de comer las galletas amenazadoramente, amenazadoramente para las galletas, vigilándolas, viéndolas, recordándoles que su fin está próximo y es inevitable. Y es lo mismo que en otras religiones, comer galletas no atenta a la Gran Galleta pues ella es quien nos insta a comerlas, para sentirnos una con ella. La Gran Galleta que se camufla con la luna llena y deja caer chispas de chocolate sobre nosotros cuando dormimos y nos brinda buenos sueños y buena suerte si es que la alineación planetaria lo dictamina así. Salve Gran Galleta que de plano no te la traes contra mí como las leyes de la Balanza y la Compensación.

En mi maleta que está llena pero no obstante sobra espacio se empiezan a acumular las cosas. Esto de decir «quiero» o «dame» y que te sigan la corriente y te consientan es algo a lo que una puede acostumbrarse, pero sostengo que no es el caso. No me siento mal, porque tampoco es el caso. La última retrospectiva que hice, con lujo de detalle, me dejó en claro que soy de nadie más que de mi misma y que por ende estoy suelta y libre y ni de lejos atada en forma alguna. Incluso mi madre ya entendió que mis alas, atrofiadas y todo, están a mi espalda para ayudarme a emprender el vuelo cuando se me antoje y a donde el viento me lleve, tons en esas ando, viviendo, ¿qué más me queda? Lo soñadora no se me va quitar, con nada, estoy segura, lo romántica menos. Mi cultivo de esperanzas sigue floreciendo a más y mejor. Si el mundo se va a acabar al menos podré enfrentarlo con la frente en alto pues pocas son las cosas que no he hecho, ya se por desidia o miedo, pero en general, he hecho de mi vida un papalote, uno que vuela alto y bastante bien.

Hoy me desayuné un melón, para asombro, renovado, de la audiencia, me terminé el melón, esperé pacientemente a que lo pelaran y cortaran en cuadritos nada idénticos y a comer, desayunar. Soy un ente que sin desayuno no funciona, ventajas-desventajas de no cenar, despierto con hambre y puedo ponerme de pésimas si no me alimento. Me sentí pirata, a falta de tenedor picaba los trozos de melón con el cuchillo. Un pirata en pijama y con el pelo trenzado, pero pirata a fin de cuentas. Pirata y maleante rufián que ataca, aprisiona, hiere y mata a placer, a diestro y siniestro sin pararse a pensar, ya luego habrá tiempo de una nueva cacería de demonios, el momento no ha llegado, ya se fue, de hecho. Lo puse en la borda del barco y sin derecho a segundas oportunidades ni juicio se le dictó la sentencia y fue lanzado de la borda. Y allá se fue nadando el tiempo de los remordimientos. Mi conciencia se va haciendo chiquita, como que se encoje.

QUIERO, NECESITO una blusa roja.

Es obligatorio que mañana coma pan tostado. Hay muchas formas de comer pan tostado, algunas de mis favoritas son: pan tostado con queso crema y mermelada, aunque no soy fan de ella, mermelada de fresa, procurando que ningún trozo de fresa se deje caer sobre el pan. De hecho, sería mejor decir, y usar, que la jalea de fresa es lo mejor. Pero bueno, el punto es que esa combinación es muy buena para sentarse a pensar sobre la vida y la inmortalidad del cangrejo y esas cosas, pare recordar viejos, nuevos y presentes amores. Lo malo son las migas, pero uno podría dejarse caer sobre la cama y echar a volar con cada mordida de pan con queso y jalea-mermelada. También puede sustituirse la jalea-mermelada por cajeta o lechera, aunque claro, se obtienen diferentes resultados de ambas variantes. La primera es para ponerse más rocker, sí, la cajeta es para enseriesarse, no mucho, nomás tantito, para reflexionar, para tramar golpes de estado y asaltos imposibles, para planear derrumbes y lanzamiento de misiles. Con el segundo es para alegrarse, para divertirse, para bailar y brincar y saltar y escuchar música y cantar o tararear o silbar, o lo que sea que uno pueda hacer para seguir el ritmo, subirse a un columpio es lo ideal. Comerse el pan tostado solito es un acto de rebeldia, de liberación, demostrarle al mundo que nada nos hace falta, que no es que seamos conformistas sino que no necesitamos de mucho para estar bien.

También ME HACEN FALTA unos zapatos negros, cerrados.

Intento reconstruir un recuerdo fragmentado. Quiero recordar algo de lo que medio tengo claridad. Necesito rememorar un instante que se me aleja cada vez más conforme pasan las horas. Estúpidos minutos suicidas, como los lemmings, que se dedican a avanzar y avanzar sin detenerse y se caen, tropiezan, los aplastan y mutilan y ellos siguen siguen siguen… Necesito vitaminas. Diría Soda «te hacen falta vitaminas», igual unas «pastillas para no soñar», porque de momento soñar no quiero, tengo tantos sueños en la repisa, que de seguro colapsa en algún momento y no quiero arriesgarme a que se quiebren, o se extravíen, así que mejor, de momento, dejarlo, ocuparme de los que hay. Difícil pedido el de hoy.

No dejo de pensar en ti, maldito.

Y llegué

7 Jun

Creo que hay cosas que son indispensables para sobrevivir al viaje de tantas horas de allá para acá. Una de ellas es ponerse ropa térmica, calcetas térmicas, al menos yo, los pies se me enfrían un buen, alguna vez hace no mucho me dijeron que es porque mi presión baja suele estar más baja de lo que debe, ja, pero decía, vestirse «apropiadamente» y llevar una chamarrita para ir bien tapado. Huelga decir que yo carecía de todo ello, verdad? Con el calor de allá apenas y aguanté el pantalón y mis calcetas largas, con las «carreras» de último minuto se me olvidó la manga larga que me pondría bajo el suéter, por suerte el frío artificial no ameritó la necesidad de maldecir la ausencia, con mi suéter rosa de peluche bastó, y mu bufanda negra de la suerte, y mis zapatos negros malditos para equilibrar. Iba traer el gorrito pero se me fueron los pensamientos en esa manía tuya de despeinarme pretextando la ausencia del mencionado y terminé olvidándolo.

Las ventajas de ser pequeña de tamaño es que quepo re bien en los asiento, ajusta para levantar ambas piernas e ir en posición de flor de loto como también acomodarlas ya sea a la izquierda o a la derecha, y ahí caigo en lo bien que me haría una chamarrita XD, y una almohada… Uno nunca tiene todo lo que quiere. Además luego de muchas peripecias conseguí música, aasí que ya con eso, el reproductor ya pasó la prueba de fuego, tocar por más de 12 horas consecutivas y seguir teniendo batería, jajaja Y para variar «sobraba» música, y para variar olvido que el punto es poner música relajante y no muy movida que me ayude a conciliar el sueño. Pero estoy hablando de mi, muchas canciones me despiertan, me reviven, hay momentos en que canto entre labios esa, y la que sigue, y la que le sigue, y la otra y la otra también. Me puse «rocker» cuando empezó a sonar Mägo, me puse a «bailar» mientras escuchaba, caí en la cuenta de que me faltó agregar dos.  De hecho yo creo que con un reproductor de 8gb ya la armo, XD

Dejaron en el cuarto, olvidada-acompañada de otra bolsa más grande y más llena, unos Sabritones, una bolsa de Pizzerolas que terminó en mi bolsa y que se encargó de entretenerme casi todo el viaje, en esos momentos en que despertaba y todo alrededor era oscuridad y gente durmiendo yo me entretenía comiendo, tronando las Pizzerolas dado que mi compañera de asiento era de sueño pesado y nomás no despertaba, o esa impresión me dio, iba sin lentes tons no garantizo ver lo que me supongo veía. Mi botellita de agua de medio litro, error, de 600ml acabo de ver en la etiqueta, XD sobrevivió, con el frío no me late eso de tomar agua, luego uno quiere ir al baño y tampoco me llama mucho hacer malabares para llegar al baño del bus, que ni lejos ni cerca me quedaba pues suelo viajar en el medio, pero de lado de ventanilla, tons hay que pasar  mover al de al lado y como ya dije iba bien dormida, así que mejor no, esperar a la parada de ley y bien que me fue pues encontré una maquinita de esas de pelotas de hule y dado que justo 10 pesos andaba en el bolsillo, una moneda, la tentación y el destino confabularon y ya tengo pelota nueva. Que bien caí en la cuenta de que no tenía una de ese sitio y «tanto» que he pasado por ahí.

¿De qué color es que son tus ojos?… Sí, nada qué ver, pero me asaltó, de nuevo, la duda.

Yo que arra vez hago planes diarios, resulta que ya tengo todos mis días hasta el lunes planeados. Ya veremos cómo nos va y qué tanto de lo dicho se hace y qué tantas cosas improvisadas se cuelan en la agenda y todo ello. Mi maleta viene llenita, pero siempre se le puede hacer espacio. Asómbrense, es solo una maleta, y una bolsa «de mano», ya de buenas a primeras «necesito» otra, jajaja, aunque igual podría ver de conseguirle accesorios y cositas a esa para que se vea más coqueta dado que es una bolsa simple de color celeste pero que ha demostrado con el paso de los días que me aguanta el paso y le puedo meter de todo, je Mil ocho mil pendientes y cosas en la mente como siempre.

Debo recordar no olvidarme de las cosas.

Sabina

6 Jun

Canta Sabina, dime: «¿Quién me ha robado el mes de abril?» y el de Mayo, dado que Junio está en veremos.

Vamos caminando «por el boulevard de los sueños rotos» en las «noches de boda«. «Y sin embargo» «así estoy yo sin ti» ya que «amor se llama el juego» y es «peor para el sol» este «eclipse de mar» con «siete crisantemos» que hacen «ruido» en los “juegos de azar”.

«Y nos dieron las diez» con unas «medias negras» «ahora que…» «cerrado por derribo» tu «ponme un trago más«, si, «a ti que te lo haces» dime unas cuantas «mentiras piadosas«.

«Y si amanece por fin» «quédate a dormir» porque «contigo» por «19 días y 500 noches» no se me van las «ganas de«…

Llovió

4 Jun

Hay una canción que es de esas que nomás se me antoja escucharlas y escucharlas y escucharlas una y otra y otra vez así sin cansarse. «Llueve sobre mojado» de Sabina y Páez, incluso el video está bien padre. Pero decía, hoy se me juntaron varias cosas, como casi siempre, solo que esta vez todas eran cosas «tagibles». Decidí, pese a las señales tan claras del destino, ponerme mis zapatos negros, vi un montón de zapatos que me dan ganas de comprar, XD, caminé bastante, di hartas vueltas, probé a subirme a combis de rutas desconocidas, y caminé, y caminé. He hice varios de mis pendientes. Conseguí un arbolito por mi buena acción del día, je, reciclar. Aventué a comer algo nuevo, más relevante, comí.

…y la maldición es cierta!! No es cosa de mi imaginación!! Llovió, me llovió, ni cuenta me di cuando ya estaba lloviendo. Se nos da muy fácil a las mujeres eso de babosear por tiempo indefinido viendo ropa. Estaba buscando una mini, no encuentré ninguna que me convenciera, de hecho parece que los shorts son los de hoy, je, casi no vi minis en todas las tiendas que visité, que fueron muchas, les digo que caminé. Pero decía, que llovió, así bien fuerte, la primer lluvia fuerte del año que me toca ver. Lluvia que rápido formó corrientes y ríos en las calles y que se encargó de encharcarse y salpicar. Estaba bien fría. Y los carros salpicando todo a su paso. Y yo con mis ganas de seguir caminando terminé con el pantalón bastante mojado, las calcetas mojadas, los zapatos mojados, elcabello mojado, los lentes salpicados. Me pregunto: ¿si hubiese usado sandalias habría llovido igual?

Se me está yendo este día y mis ganas de escribir nuevamente diario luchan a muerte con mi tedio y mi flojera y mi falta de inspiración. Mis ganas homicidas están a full, quiero matar al gato negro de mi madre (ella también quiere matarlo, lo sé) porque no deja de hacer ruido, je, maulla, el menso, buscando pareja, dentro de la casa, como que no acaba de convencerse, luego de muchos días, que en la casa no hay gatas interesadas en él.

Voy a cazar uan estrella hoy, más tarde, quiero anclar en ella un deseo.

Inalámbrico

3 Jun

Hay veces en que uno se espanta, se asusta, le agarra el miedo y opta por hacer lo contrario a los que la lógica dice que debería hacer. Naturaleza angemónica siempre contradictoria. Es genial porque luego cuando se logra vencer esa parte pesimista que esa que nos hace desistir (la maldita tiene un telescopio y no es que uno la venza, sino que nomás se da cuando sabe que ya es tarde y ha ganado) ya de poco sirve. Se nos fue el tren. Llegamos corriendo al andén con la maleta a rastras a punto de abrise y dejar regado su contenido. Así es mi vida.

De «consolación» escucho a Sabina, los discos del 2000 en adelante, para actualizarme, para no quedarme sin saber qué cantar a la mera hora, escucharé todos los discos completitos mil ocho mil veces, no sólo las canciones que me gustan. Sabina no aburre, tiene de todo, para suspirar y querer cortarse las venas a mordidas, para bailar, para gritar, para mentar madres, para pensar, para soñar. Sabina es Sabina.

Pedí que los días pasaran rápido. Parece que ya me andan haciendo caso, siento que es como cuando se congela el teclado y uno oprime varias veces una tecla y al final salen el montón de letras. algo así pasa con el tiempo, uno está dice y dice que pase rápido y a la hora cuando ya va llegar (y llega) el momento que uno quiere el tiempo pasa todavía más rápido. ¿Pero cómo tener suficiente paciencia para pedir solo una vez lo que se quiere? ¿No se supone que la onda esa funciona por que uno lo está repite y repite? Inches mantras doble cara.

Me pregunto yo, preguntándome a mi, ¿cómo es que hay gente que inspira confianza así nomás porque sí? Sí, ya había hablado de ello, o mencionado el tema cuando menos. Esas ondas, esos sentimientos tan densos, no son para analizarlos ni buscarles pies y manos, uno debe confiar (pese a todo) y dejarse llevar, se vale rezar, lanzar hechizos. Me gusta lanzarme de cara hacia lo desconocido. Mi anillo de la suerte (espero) seguirá funcionando por tiempo indefinido, ya con eso la armé.

Vale, el internet inalámbrico tiene su encanto, me puedo acomodar meramente como se me antoje, pero me dan ganas de estar «bailando» y es difícil escribir así. Necesiro un programita de esos que convierten las palabras en texto. Sabina está cantando «Con lo que eso duele». Debo hacer ejercicio (sí, nada qué ver) y aprender a bailar, já, tendré que admitir que aquella sale ganando, pero, pues, todo sea por una buena causa, por cuando menos saber seguirle el paso, no arruinarle todo el show, porque luego me sale con que conmigo (con la que no baila) es con quien quiere bailar.

Hay tantas trivialidades en qué ocupar mi mente que yo creo que empezaré a ignorarlas para no atentar al destino ^^

Zapatos negros malditos

2 Jun

Hace ya un tiempo, un día que recuerdo pero cuya fecha desconozco, alguna estrella se equivocó en el paso y resultó quedando donde no debía y por ende las cosas no salieron como estaba previsto y oh, sorpresa, me vino a afectar el asunto. Mis tenis negros dan mala suerte. Si es que no por nada me resisto a usar zapatos que carecen de tacón o están muy cerca del suelo, mis pies no están hechos para ese tipo de calzado, me siento incómoda. Desde la primaria uso zapatos con tacón, je, aunque más bien me tocó vivir la etapa de las plataformas y fue genial, ya pasó, ya no hay más plataformas, solo intentos de. Pero decía yo, que desde hace años tomé el camino de los tacones y he visto de mantenerme en él. Pero por diferentes razones también he visto de tener siempre un par de zapatos tipo tenis (que los tenis no me gustan, ya dije por qué) para cualquier ocasión, creo recordar que los primeros fueron unos negros que tenían un enorme adorno amarillo que era más como un escudo sobre la lengüeta, luego de esos, otros negros, luego unos cafecitos que eran bien cómodos y de ahí unos celestitos y creo que hubo otros y ahora los actuales, esos negros malditos hace poco.

A mi que también es culpa del calor.

Mis zapatos negros que me ayudan a recorrer grandes distancias sin cansarme. Me han hecho perder apuestas, je, me han hecho trastabillar y tropezarme y recientemente caer, caer sin gracia, con harta gracia de hecho, caer con estilo diría una amiga, caer al fin de cuentas, pero ayudan también a levantarse rápido, sin trabas, aquí cayó, aquí se levantó. Sirven para correr, pero casi no corro con ellos, sirven para saltar, y salto con ellos, sirven para caminar y dejarse llevar y ver dónde termina uno, quizá en los altos, je, en el mirador ese seudo que hay por ahí, para despeinarse con el viento, para sentir el fresco, para observar y ver y mirar y buscar y encontrar cosas que están sin estar o que ya no estan, que estuvieron sin estarlo o estando singuen. Tantas variantes posibles.

Había una vez una yo que podía vivir de pan tostado y melón. Creo que escribí un cuento, y si no era un cuento, cuando menos eran varias líneas que formaban un texto seudo decente sobre el tema, en algún lado lo tengo, en algún cuaderno allá en el cuarto o aquí en la sala, ni idea dónde, pero tengo la certeza de que por ahí anda. Pero el asunto no es ese,  sino que puedo vivir de pan tostado y melón, si la ocasión se diera, si de escoger tuviera, ya se me antojó.

Y no da para más mi cerebro, al menos hoy no, intento no seguir con mi tema de siempre (pa’ no salarlo también ^^), una hora con el Word esperando palabras nuevas que no llegan es más que suficiente, ha seguir con la vida, seguro una de estas noches la musa viene a jalarme el pelo para que me ponga a escribir mientras sostiene mis párpados para que no se cierren y engarrota mis dedos para que no dejen de escribir. Qué linda ella, bien simpática. ¿Y tú dónde andas? Aquí deberías de estar, o allá debería de estar yo. Todo es relativo ^^

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