No son muchas pero tampoco pocas las cosas que en esta vida tras haberlas experimentado se han hecho de un lugar en mi ser. Buenas y malas. Pero entre mi dislexia y la falta de mantenimiento que le he dado a mi memoria, muchas pasan «desapercibidas» y otras, igual esas mismas, transcurren con la misma naturalidad con que mis pulmones siguen trabajando. El caso es, que hoy comprobé que la absorción sigue vigente, esto de volverme esponja y dejar que las cosas se cuelen, este esforzarme más bien poco en cerrar las ventanas y tapar las grietas. De lo más elaborado a lo más trivial. Si dices tengo frío, seguro al poco se te quita y yo comienzo a tiritar… No sé, mi dispocisión innata por ser de ayuda, por ver a la felicidad de cerca ya sea en tus ojos a falta de poder colgármela del cuello.
Intento definir qué cuentos pasa. Porque siento que algo pasa, me siento como los gatos que viven bajo la mesa y que de repente son sacados de su pequeños, oscuro y tranquilo mundo por una mano pequeña que se ha quedado desarmada (me he quitado las uñas) y no obstante sigue luciendo su amuleto de la suerte.¿Será que por ser el gato negro, negro, le dio por rasguñar mis dedos cercanos a la suerte? ¿Cómo es posible que sin hablar de esto, concretamente, contigo, me dejes divagando sobre ello?
Lo dicho, por tu culpa me desubico y nomás ya no sé de qué terminará esto.
Mi naturaleza felina gusta de los enredos, de la caza, del peligro y la intriga y me divierte esto de escuchar advertencias y evr señales e ignorarlas para luego sentirme cayendo nuevamente en uno de esos tantos baches que, muy seguramente, cavo yo misma durante alguno de los tantos trances a los que me llevan los recuerdos y la música que ni para dormir dejo de escuchar. Y en automático veo de escribirle. Y mi mano arde a causa de unos pequeñísimos rasguños que por ello mismo son tan lacerantes.
Tengo una muy buena vista desde aquí. Ignoro la naturaleza del paisaje, me enfoco en la claridad que me ciega el lado derecho, en la música que suena más fuerte desde la izquierda, en las sombras que se forman conforme mis dedos, los dos dedos de siempre, van tecleando, los trinos de los pájaros que por la brisa fresca que se cuela me hace suponer que comienzan a volver a las ramas donde permanecerán hasta mañana, entre las figuras sin forma que se forman entre mis pestañas creo reconocer rostros y fragmentos de sueños que han tenido la suerte o la desgracia de anclarse en las salientes filosas de los muros en derrumbe que me rodean.
Estoy comiendo turrones, siempre hay turrones en esta casa.
Voy a levantar un acta de restricción en tu contra, te voy a demandar por daños y perjuicios, pediré te detengan y encierren, lejos, para que luego no sea yo quien sea procesada por homicidio culposo en primer grado, por intento de asesinato, que te procesen por ladrón de instantes, por quedarte sin mi permiso con el colibrí que encontré esta mañana, con esa mancha verdosa que si no fuese porque tarareaba mientras se robaba la miel de las flores yo ni me percataba de su presencia. Así como me pasa con casi todo lo que me rodea, que voy por el mundo con una densa niebla sobre los ojos y un sinfín de notas musicales en los oídos, milagro y palancazo que no me haya caido a una zanja o me haya atropellado un carro. Así voy por la vida percatándome por ratos de lo que hay alrededor, cayendo en cuenta, presa y en las redes, de sonrisas y miradas que se cuelgan de mi cabello y lo han vuelto esta maraña esponjada que es ahora.
Y te busco y te encuentro. Y te robaste (¿o fui yo quien la robó?) la idea de mejor quedarse al lado del camino con el letrero de «Aquí estoy», aunque seguro el tuyo está mal escrito. El asunto es, que ahí estabas y ahí estaba y ahora aquí estamos sin estar y sin dejar de estarlo nos encontramos aquí.
Con todo en contra: el viento, los años y la distancia…
Y hoy lo digo, y luego veré de olvidarlo, porque es una sentencia, y mi masoquismo tiene ciertos límites: estaré contigo.
Las palabras se están atropellando, tras mis labios, tras mis ojos y se conglomeran en cada dedo, incluso en los meñiques, todas luchando por salir, algunas como que no muy seguras, como que vinieron siguiendo a otras o las arrastraron sin querer o queriendo, muchas ya conocidas lanzas codazos, y puntapiés, para llegar a los primeros sitios, otras que tenía rato sin ver se limitan a esperar con las manitas cruzadas ya sea al frente o a la espalda y miran en derredor. Algo tendrán qué ver aquellos, no dejan de abrir puertas, estoy segura de que muchas de estas palabras estaban bajo llave y en el alboroto que arman las habrán dejado salir, son tantas que no sé qué hacer con ellas, esto de intentar ponerlas por escrito se está quedando corto, ayer hablé mucho y ni con eso, no me siento mal, ni siento que me libero, pero si me sofocan de repente, son tantas…
Ya veremos en qué queda esto, la inspiración, para colmo, se acaba de ir, prendado de la falda nueva de mi musa.

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