Cambios súbitos

20 Jun

Madre Mía, Cristo Bendito, Cielo Santo, Dios Todopoderoso, señal inequívoca del Apocalipsis, del fin del mundo, futuro colapso mundial. El momento estápor llegar, capáz ya llegó, lo siento al otro lado de la puerta, lo veo asomándose por la cerradura, ni se peinó, como que se aventó todo el camino a la carrera, salió en chinga, en chanclas,tanta prisa trae.

Dicen que me ha cambiado la mirada, dicen. «Yo no lo sé de cierto. Lo supongo.» Ventaja de uno no poder verse si no es con ayuda de una superficia reflejante. Desventaja de no poder saber con certeza si esa expresión de estúpida contemplación del universo es «real» y no solo obra de nuestra paranoia, si es cierto que nuestra expresión es de puro embobamiento, «lástima» no poder verse uno mismo. Suerte la mía de no tener tus ojos aquí enfrente. Seguro me asustaría comprobar que es cierto que me cambió la mirada.

La loca que vive tras mis ojos, esa que se va de boca a la menor provocación, esa, muy seguramente, se compró un vestido nuevo, se calzó unos tacones de vértigo y peinó el nido que llevaba por cabellera desde hace ya tanto rato, a mi que hasta se arregló las cejas. Por ello dicen que me cambió la mirada, la loca finalmente decidió quitar los focos fundidos y puso unos nuevos, venciendo su miedo a quedarse pegada a la corriente y consumirse hasta desaparecer, sí, así de exagerado el asunto. Hay ciertas manías que todas nuestras personalidades conservan.

Hasta podría ponerle fecha a la vez anterior en que me salieron con ese cuento de que mi mirada había cambiado, hace tantos años ya, con el cabello más corto y más ondulado, extrañamente, ahora que lo pienso y lo rememoro, hay ciertas similitudes entre ésta y esa ocasión, trivialidades varias que no vienen al caso, al menos no para ser citadas en esta ocasión.

También acabo de acordarme que hace ya tiempo escribí sobre esas miradas que hacen que uno quiera repetir, esas que hacen que uno se vuelva completamente para ver si es posible regresar en el tiempo y revivir el instante, y resulta que la otra persona también pensó en lo mismo y las miradas vuelven a encontrarse. Y el instante se extiende tanto que dura un par completo de segundos. Y la realidad nos rodea y nos estruja y nos descubrimos siguiendo nuestro camino justo como estábamos antes de estamparnos en esa pared color de tus ojos. Y me pregunto para qué recuerdo eso sí, nada qué ver, como siempre, con la situación actual, no se ha reptido, no me ha vuelto a tocar un encuentro de 4to grado con una mirada errante en plena calle. Añoranza, quizás.

Ya lo pregunté pero ahora lo digo, quisiera música, viajar con el viento y colarme descaradamente dentro de ti.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar