Archivo | junio, 2011

Solo nosotros

30 Jun

Una de dos: todos los bichos estaban muy preocupados por mi aspecto y decidieron acicalarme y yo me sentía como Top Model con mi enorme séquito de achichincles, o los bichos nomás estaban jodiéndome la vida como siempre. Sí, la dos. En una parte indiferente del camino Aliks se quedó (la obligaron a) sentada, tuvo el tiempo suficiente para acomodar las piernas de una forma relativamente cómoda y tuvieron la delicadeza de dejarle una mano libre para sostener el libro que por un momento pensó en blandir contra sus atacantes, mas el libro qué culpa tenía… El Angemonio se apoderó de su cabello y haciendo gala de su nula habilidad estilística dejó dos cepillos redondo enredados en un lado y optó por hacer «trenzas» del lado contrario. El gato, servil y atento como nunca, se colocó a su espalda para brindarle algo de soporte, aunque de hecho era plan con maña, como todo, desde ahí podía jugar con los mechones de cabello que el Angemonio balanceaba de un lado a otro en su intento de trenzarlos. Soledad, con Depresión a su espalda, se apoderaron de su mano derecha y comenzaron a decorarle las uñas de tantas formas que perdió la cuenta, terminaban de poner el esmalte, colocaban las piedritas, le mostraban la mano y lo quitaban todo para empezar de nuevo… Un grupo de pequeños fantasmas se divierten pasando por los agujeros de las alas, entre las grietas, rozando los bordes desgastados, algunos intentan despegar las etiquetas, telarañas, migajas varias que se han ido acumulando en ellas. Una salamandra azul, perdida, pasó junto al Angemonio, quien por puro instinto le lanzó una mordida. La Musa llegó de algún lado del camino, caminando con ese pasito bailado que ya no sé quién le copió a quién, tarareando alguna canción que se me hace conocida y a la vez siempre nueva, envidio su pelo largo y negro tan bien peinado siempre, sus ojos tan oscuros que son más que negros y las enormes pestañas eternamente rizadas, y esa sonrisa tan traviesa que obliga a mis dedos a escribir y escribir y escribir…  Y las tres pequeñas hadas que llevaba rato sin ver hacen acto de presencia, cayeron de algún sitio desconocido en la comisura de mis labios, del pliegue que se forma en mi rostro por culpa de esta sonrisa que aún no consigo quitarme. Se alisan el vestido, uno negro, el otro azul, el otro verde, siempre me he preguntado: ¿por qué usan colores tan poco femeninos? Una se ajusta los lentes sin cristales, le gusta llevarlos pegados a la cara, la otra se echó la tres trenzas a la espalda, y la última se inclinó para limpiar el polvo de sus zapatitos de tacón. Que cada quién las acomode como mejor le vaya, yo la verdad no las distingo, las tres se parecen, y las tres son bien diferentes una de la otra. Es difícil sostener el libro y mantenerse atenta a la lectura con tanto jalón de cabello y con el peso de las uñas decoradas, estuve por jurar que se pasarían la eternidad con una sola mano, pero no, recordaron que tengo dos.

La Musa sacó una lámpara de su bolso mágico, unas sillas, los fantasmas están cansados de tanto jugar entre mis alas, pastelitos de manjar para Soledad y Depresión. Con esa sonrisa tan maligna, tan suya, el Angemonio se hizo a un lado ante el casi imperceptible elevamiento de mentón, agarrando al gato rosa que ya dormía se sentó a mi lado, recargándose en mi hombro, hojeando las páginas leídas del libro, poniéndose al corriente de la lectura. Un cepillo voló a la izquierda, el otro también. La Musa debió ser estilista. Quizá lo es en sus ratos libres, en esos ratos en que se desaparece por días y días y vuelve con el bolso tan llenito como siempre y subiéndose a la mesa se dedica a arrojar sobre nosotros tantas cosas que pasadas las horas perdemos el interés y ella sigue en ello, bailando y dando vueltas con los ojos cerrados, hasta que el sonido de algún objeto azotando limpiamente sobre el suelo la hace caer en al cuenta de que ya no estamos allí. Y sale, con los ojos bien abiertos, los labios apretados, y nos persigue, y nos golpea con el paraguas rojo que también guarda en la bolsa, y el Angemonio tiene que hacer gala de todos sus encantos para calmarla, y si estoy dormida, o por dormir, me despiertan, me espabilan, me dan papel, un puñado de lápices y a escribir y escribir y escribir… Me encanta la sensación del cabello a mi espalda, espero ansiosamente sentirlo en la cintura. Y ya estoy viendo la sonrisa traviesa que pone mientras lo acomoda en dos coletas y me las echa sobre los hombros. Y alguien, pudo ser cualquiera, ha encendido una fogata (seguimos teniendo una cantidad enorme de recuerdos maltrechos en espera de desaparecer) y las tres pequeñas hadas, como piezas de juguete, se han acomodado una sobre otra para ganarle en estatura al gato rosa que las observa con ojos curiosos desde el extremo opuesto, atrapado entre los brazos largos de Depresión, esos brazos tan serpentinos de los que es difícil escaparse. Soledad y la Musa se divierten arrojando puñados de combustible a la fogata, que se balancea y canta con cada nuevo aporte y por instantes nos deja ver qué andamos quemando, y el aroma, ese aroma de violetas de vainilla se va haciendo cada vez más fuerte. Y el Angemonio se abalanza sobre mi espalda y me abraza y me besa en la mejilla y de un salto se coloca en el columpio naranja que sostenido quién sabe de qué, o con qué, cae desde una pequeña nube grisácea que filtra los rayos de luna que me obligan a finalmente apartar la vista del libro.

La Musa saca del bolso un extraño aparato de madera que ya sabemos que sirve para escuchar música y sin mucha ceremonia atrapa a dos fantasmas y los mete por una pequeña rendija. Y la música suena, tan alegre como siempre, tan nostálgica como siempre, y tarareo, mientras me recuesto en la alfombra de flores secas y sueños nuevos que, dicen, estaban escondidos entre la maraña de mi pelo, y el pum pum que siento estoy segura no viene de mi corazón atrofiado, podría apostar, mi reino, como siempre, que se trata de un grupo de demonios que finalmente han dado con nosotros y en cosa de nada llegarán a perseguirnos. Ya nuestro carruaje-carreta ha hecho acto de presencia en el camino, ya los malvaviscos se doran, ya tu recuerdo se ha dibujado con tinta indeleble en el lado opuesto de mis párpados, ahí donde el Angemonio no podrá ponerle bigotes o dibujarle unos lentes. No podemos estar eternamente así de tranquilos. Hay que seguir con la rutina, la burbuja se materializa a mi alrededor, y al aire desaparece por un instante, cuando veo que todos se han metido junto conmigo y ni mover un dedo se puede, y el Angemonio extiende las alas y nos eleva y caemos sobre el tremendamente espacioso espacio de nuestro carruaje-carreta y emprendemos la carrera, apenas un instante antes de que el primer demonio ponga un pie en el sitio exacto donde el gato rosa ha dejado escrito a base arañazos: «Hoy no.»

Es demonio, es Incertidumbre la que llegó primera, seguida de cerca por Miedo. El lengua larga de Pesadumbre aparece jadeando tras ellos, nos delató como siempre, mañana seguro vendrá a jurarnos que lo obligaron, que no quería, y lo perdonaremos. Pasaremos la noche «escapando», cazando estrellas, las que teníamos empiezan a perder brillo, nada hay eterno.

Fatalismos

29 Jun

Espero que al decirlo (escribirlo) desaparezca, porque no tengo muchas ganas de que se vuelva tangible y real por ser pronunciado, aunque propiamente no lo estoy pronunciando. Estoy a la puerta del cambio, como me suele pasar casi siempre, si no pasa algo, algo que me convenza, cruzo esa puerta y vamos a lo que sigue. Sin saber muy bien cómo funciona, le doy un tiempo específico a cada cosa, sé que la vida es demasiado frugal como para quedarse clavado con una sola cosa, privarse de nuevas oportunidades por estar sentado esperando que las cosas lleguen. Debo seguir mis lecciones de Materialización. Aunque hay veces, como esta, en que me gustaría seguir sentada tranquilamente (la flojera es lo mío) a un lado del camino, dejé el cartel al lado y observo el camino, a derecha e izquierda, se está bastante cómodo aquí, me quedaré otro ratito.

El mundo se está acabando, los truenos, la lluvia, el cambio climático, son cambios evidentes que por lo mismo seguimos haciéndonos de la vista gorda. No soy ambientalista ni activista ni ecologista y végama (AMO la carne), pero me preocupa el entorno, tengo demasiadas ideas y argumentos para sostenerlo, de buenas a primeras no creo que ya el año que viene, pero eso de que en unos años nos quedamos sin petróleo, es cierto, eso de que en cosa de un par de años se nos acaba el agua dulce también, eso de que cada vez serán más marcados los períodos de seca y lluvias, también. Vamos que corremos directo al desastre.

Con lo que me gusta el mundo, tan azul. Mi color favorito. Con lo que me gustan los árboles y el viento, y ya hay menos, ¿qué sería de mí viviendo en un sitio sin árboles? Seguro, cuando menos, lo llenaría de plantas. Hay tanto mundo (tanto Chiapas, empezando por ahí) que no conozco, me va faltar vida para hacerlo. La vida es tan poquita, y nos pasamos la mayor parte  preocupados por trivialidades que ni al caso. Sí, lamentablemente vivimos en una sociedad que se mueve por el dinero, entonces hay que dedicar media vida a prepararse para conseguirlo y pasar lo que resta juntándolo y gastándolo. No sé, no me late la idea, por ello me sigo resistiendo (no por nada “la resistencia existe”) y me esfuerzo y hago todo lo posible por no dejarme arrastrar por esa espiral en la que casi todos a mi alrededor están presos. Hay días en que me dan ganas de encerrarme a cal y canto en el cuarto y quedarme aquí, sencillamente quedarme, ver si me seco o me evaporo.

Tengo tres gatitos. Si de algo me he hecho “responsable” es de mis mascotas. No me las tomo a la ligera, son vidas que dependen de mí, aunque los gatos son harto independientes y déjalos de alimentar un par de días y van y se buscan el sustento. Pero bueno, hay demasiados animalitos sin casa, que dije que los míos no tendrían familia, y por cuestiones de logística, léase mi inche vet se quedó sin suministros, no se le puso a mi gata su vacuna contra el celo (sí, esterilizar es mejor, y hasta más barato, pero yo le saco a cualquier operación, sea en mi o en una mascota, y sin con las vacunas se controla, mejor qué mejor, de ejemplo mi Iris que a la fecha sigue señorita, je) y conoció a un gato que le dejó 3 hermosos gatitos que actualmente son el deleite de mi Ma y míos, de Katrina que los adoptó. La vida en esta casa, en este ecosistema nuestro, es bien extraño y bien complejo. Mis vecinos son unos estúpidos que cuando les llegue el karma, tan grande y pesado, ni sabrán porqué, tienen la mala costumbre de matar gatos. Tengo 3 bebés gatos y la madre de estos y Nermal, que era un gato bien tranquilo, desaparecieron de golpe. Nomás no volvieron. Y el gatote negro fastidioso aquí sigue, no atentaré contra él, pues temo a que las consecuencias le lleguen a Iris o Mercurio, dos sobrevivientes. Uno nomás por su edad, creo que ya 5 años, y la otra porque igual un humano quiso quitarle todas las vidas y por buena alineación planetaria le falló y aquí sigue, tan hermosa como siempre. 3 gatitos, dos negros y un amarillo, no hay mucha variedad, la mamá era un leopardo invertido, léase fondo negro con manchas amarillas, ¿por qué ninguno de sus hijos habrá salido a ella? Y todo pinta a que se quedarán aquí, no confío en nadie, soy paranoica, pesimista,  nadie los va a cuidar y querer como nosotras, así que, sencillamente, a arriesgarse y ver a dónde llegamos.

Y el mundo cayéndose a pedazos.

Y yo echándote de menos.

Pasa, pasó y pasará

27 Jun

Por esos besos tan secos que ahogaban mis prejuicios.

A la fecha, jamás un “No” me había parecido tan hermoso. Aún no concibo cómo es posible que esa sonrisa sea una “No”, que en esa mirada haya un “No”, pero allí está y me inspira respeto. Pero por sobre todo, esto: Me inspira. Platicaba sobre ello, que hay personas que con su sola presencia inspiran, esta es una de esas personas, se me antoja tanto idealizarlo más, ponerlo en un pedestal y dejarlo allí para mi deleite contemplativo. Para mirarlo cada que me den mis ataques depresivos, para que ese “No”, irónicamente, me salve de la tentación de lanzarme de cabeza al abismo sin fondo de mis desvariados divagues. Me dijo “No”, y estoy feliz.

Y el coro dice: “yo, seguiré, con tanto amor, pensándote…”

Que quede escrito con negrita y mayúsculas: LO INTENTÉ, y eso es lo que cuenta, es lo que vale, gracias a esos momentos en que superamos nuestros miedos y decidimos arriesgarnos, a sabiendas o en total incertidumbre, de qué va a pasar, es que vamos mejorando, nos vamos volviendo más fuertes, más seguras. Así, cuando llega EL momento, una está preparada para saltar, sin la menor vacilación, casi como me siento ahora, estoy a una nada, sigo caminando hacia el borde, pero siento el peso del paracaídas a mi espalda, justo entre las alas maltrechas, que tampoco es intento de suicidio, hay que tener siempre un plan b, una ruta de escape, una puede equivocarse.

Voy a saltar, sé que estás ahí para sostenerme.

Afirmo

26 Jun

Una que es masoquista y gusta de presumirlo.

Hace ya rato vi una película llamada «A él no le gustas tanto», acabo de verla hace rato, y me han quedado varias frases, pensamientos e ideas, rondando la cabeza, y rondando digo porque dentro ya no hay espacio y por ello no les da chance de meterse, siento que entre la Musa y el Angemonio los están cazando con redes y los están dejando colgar dentro de una bolsa que cuelga en las esquinas de mis ojos. Debemos siempre, todo el tiempo, o lo más posible, pensar que somos la expeción a la regla, si hemos escuchado esas historias tan rosas que parecen salidas de cuento, si nos cuentan historias que suenan tan imposibles y que no obstante el final feliz se ha anclado en ellas, ¿por qué no habrían de pasarnos a nosotros? Sí, hay que estar seguros de que somos la excepción a la regla. Ya saben, ese rollo de la Ley de la Atracción. Hay que luchar por conseguir el amor, pero tampoco se trata de desvivirnos corriendo frenéticamente tras él, hay que aprender a distinguir cuando en esa historia no somos más que mero adorno. Debemos dejar de trasgiversar las señales, de manipularlas (o inventarlas) a nuestra conveniencia.

…y yo pensando en tus ojos.

Estoy escuchando el único disco que tengo de un cantautor llamado Raúl Díaz, se llama «4ta vértebra», la canciones son cortas, románticas, pero en casi ninguna se escuchan los clichés de «amor», escuchas sus canciones y sencillamente sabes que van de amor, sin necesidad de que lo mencione:

«Tengo el sitio preciso en que nos conocimos,

el espacio y el tiempo en que supe de ti.

Hay pedazos de cielo que pintan tus labios

en las policromáticas puestas de sol.»

Es, ha sido y será mi tema favorito, el amor, el desamor, la búsqueda, encuentro y pérdida del mismo. Porque en el desamor hay tanto amor como en el enamoramiento. Eso de ir caminando por la vida con los ojos bien abiertos, con los brazos extendidos palpando en derredor, cargando a la espalda un aparato detector de amor, con una re en una mano, sosteniendo un cartel en la otra, y que vayas y en el instante en que parpadeas y por ende dejas de ver el camino te estampas de cara con el Amor. suele pasar, pasa bastante seguido, me ha pasado un par de veces.

En mi corazón de condomio siguen habiendo habitaciones disponibles, pero el encargado no les ha dado mucho mantenimiento últimamente, muchas puertas ya no cierran, hay que atrancarlas por dentro, yo no abriría las ventanas, empezando porque capáz luego no cierran y terminando con que quién sabe qué se meta, el suelo está agrietado en varias partes, las paredes y los techos lucen como inclinados,hay moho, telarañas, hormigas y escafandras que se instalan en la espalda… Nos hemos enfocado en mantener presentables solo un par de las habitaciones, un par de 3 más o menos.

Contigo me siento tan bien.

Veo pelis de amor, veo pelis rosas, veo dramas románticos, veo comedias de amor. Escucho canciones de amor y desamor, sin saber decir cuál gana, si es desamor o el amor, ambos me gustan creo que en igual medida. Me gustan tanto como me desespera que el celular no suene, o que suene, y vuelva a sonar. Soy masoquista, lo digo y lo sostengo, me encanta serlo. Me sienta bien, es parte de mi encanto, de este encanto que ha cobrado «fuerza» y del que saco todo el provecho necesario, je Sí, que el destino confabule a mi favor, no me opongo.

¿Eso en qué me convertiría? XD

Ventajas de ser yo

24 Jun

Vale que no quedo “muy” bien parada con lo siguiente (y sobre todo porque hay gente tan cínica que se cree que lo sabe todo por leerme, je), pero me causa gracia, espanto y admiración, todo junto: Definitivamente me sentaron bien los 25, o me mentalicé tanto a ello y por eso las cosas marchan bien, ni idea, el asunto es, que yo que era un ente antisocial a más y mejor ahora soy bien socialité, si es que en serio hay veces en que parece que es necesario sacar cita para verme, y luego me paro en pleno andador y encuentro a quién saludar, y en el cuartel general, je, no faltan amigos para saludar, me gusta, sinceramente me gusta esta nueva etapa. Pero, el asunto iba, a que de repente resulta que como ya hablo más, pues hablo más, ya no me gana la chintéz y platico tranquilamente con “desconocidos” y al parecer sonreír sí me sienta bien pues ya van varias que de una plática normal y quizás intrascendente me terminan tirando la onda, sí, a mi, con mi melena esponjada y mis combinaciones de vestir tan locas (y aquí de nuevo los cínicos hipócritas se creen que cuentan con armas en mi contra, chale, ¿de plano no carburan que no es posible usar en mi contra las cosas que yo misma digo?), y veo de mostrarme agradecida y ser política para batear gente, porque la verdad es que de momento no ando buscando pareja (tengo… ¿?), estoy bien como estoy, amigos puedo aceptar a todos los que quieran añadirse a la lista. Pero sí, hablando de quedar mal, ya comprobé que es cierto que cada vez gasto menos, je, mujer (gracias a Dios) tenía yo que ser, por que: ¿quién soy yo para decirle a terceros que no me inviten si quieren hacerlo? XD no, no, no, mi vida es bien loca, y me encanta.

Vamos a contar: una copa, otra copa, otra copa, dos copas, otra copa, otras dos… Con razón, XD

Me gusta esto de estar en penumbra, escuchar música, cantar. Sentir ganas de bailar, con música que no es bailable, más bien son ganas de balancearse tantito, dar vueltas, aunque igual podría saltar. Ya “tiene” que no salto, así en forma, solo me ha dado por brincotear por ratitos, por segundos, pequeños y fugaces instantes. Ando alegre. Da miedo. Estoy feliz. Da miedo. Sonrío. Doy miedo, je Todo lo mío es real, tan real y tangible como lo es mi mitomanía. Me gusta vivir en este eterno embrollo en el que ando. El encanto de mi vida son justo esos matices y bordes mal dibujados, mal recortados que se sobreponen en un collage tan informe por ratos, con muy buen lejos, tan esponjado como mi cabello con este calor. Algo se traen mis uñas que no quieren crecer, algo se traen mis dedos que no dejan de lastimarse, algo tienen mis pestañas que son bien difíciles de enchinar, resulta que les gusta la cuchara… Algo me traigo con la sombra negra, como que me trae suerte, como que ya estuvo bueno de mis sombras cafés y “lo de hoy” es ese negro negro carbón oscuro que ya estoy aprendiendo a difuminar a la primera.

Tercer intento, sigo cantando, se me van las ideas, el ventilador se las lleva, como que salieron a tomar la noche y andan allí recostadas encima de mi cabello y nomás no reaccionan a agarrarse bien cuando pasa el aire… Nomás no, aquí quedamos. El viento me acaba de hacer caer en la cuenta de que sigo con los aretes puestos. Gracioso que casi nunca se ven los aretes que ando, y pese a ello, me encantan los mismos, a más locos mejor, je, pero locos a mi gusto claro. Se me antoja algo dulce, pero ya comí un dona de chocolate hace rato, debo dejar de comer chocolate, con este calor que hace, debería retomar mi disco y mis lentes de armazón rojo que a la fecha siguen sin convencerme. Mi pose de faquir a la espera de que el cel suene, ignorando el dolor de mis piernas por estar dobladas. Me pica un ojo, como siempre. Debería reacomodar mi ropa, hice un verdadero desastre ayer, pa’ terminar saliendo casi como siempre, así es esto de ser yo, innovamos con los mismo, no es dfcícil, pero fácil tampoco, sencillamente es.

Veo sombras, inches fantasmas, dejen de estarse cruzando.

Un instante cualquiera

23 Jun

El ruido de las cosas cayendo, por inercia, gravedad u obligación, comenzaba a ser tan insoportable que por lo mismo nadie caía en la cuenta de que el gato rosa se estaba expandiendo… Soledad, Depresión y La loca eternamente mal vestida se encontraban muy entretenidas hurgando en los baúles que descubrieron luego de forzar una puerta con 36 cerrojos… El Angemonio se encontraba colgado cabeza abajo de una enorme lámpara de araña que más parecía ambientación de discoteca pues cada foco era de un color diferente, y giraba, lento, pero giraba… Los fantasmas agazapados entorno a una mesa que se mantenía en precario equilibrio observaban el contenido de una botella que parecía llevar ya rato oculta y visible entre una pila de libros amarillentos, unos aseguraban que algo dentro se movía, otros decían que eran sus propios reflejos, los demás insistían en que ellos carecían de reflejo… Cuatro demonios, aparentemente sin mucha inspiración para el día, se habían dejado caer pegados a la pared cercana a la ventana, masticando pedazos de recuerdos… La Musa va y viene por entre el desorden, ignorando y esquivando con agilidad los diversos objetos que le arroja el Pesimismo, agazapado tras un muro de cajas de cartón mal pegadas con cinta adhesiva (extrañamente no les ha dado por ver qué hay dentro de ellas)…

Empieza a nevar y nadie le presta atención, total, no es nieve, son pequeñas burbujas que caen, salen, de alguna parte indefinida, se pegan en el cabello del Angemonio y lo obligan a soltarse para caer a dos pasos de la Musa, y ya estando allí, en pleno centro del desorden, comienzan a bailar un polka. El gato ha adquirido tal tamaño que si no fuera por que uno de los demonios quiso ponerse de pie y algo se lo impidió nadie se entera. Soledad y Depresión han optado por esconderse bajo la mesa rodeada de fantasmas, a esos nada les afecta. La loca eternamente mal vestida es la única que ha visto de acercarse, se ha trepado sobre la masa felpuda y suave y busca la parte donde deben hallarse las orejas del gato, tras un par de intentos fallidos la encuentra, y se dedica a prodigarle mimos. El primer ronroneo fue la señal del desastre. Un torbellino de éter alcanforado, con toques de canela, aceite para choques y girasoles, los fantasmas fueron los primeros en salir volando, el Angemonio, demostrando nuevamente su falta de sentido común, su lógica extraña, extendió las alas, y se vio a si mismo girando de un lado a otro, extendió la mano, atrapó un libro y decidió leer un rato; Depresión, resignada, se agarró de la cola del gato y se dejó arrastrar, Soledad en cambio batallaba por no despeinarse, en vano, ya hay infinidad de cosas enredadas en su cabello: retazos de sueños, fragmentos perdidos y olvidados de antiguas ilusiones, hojas arrancadas, arrugadas, de diversas historias, envolturas de dulces, aretes impares, flores secas… Apenas se estaban acostumbrando a los giros cuando el gato retomó su tamaño original, se estiró, maulló y desapareció tras las cajas, y Pesimismo, farfullando en angemónico, provocando que el Angemonio asomara la cabeza tras el libro, sin preocuparse por acomodarse, las piernas le quedaron casi que al aire y un ala le sirve de alfombra.

…y el calor me despierta, y el hambre me insta a levantarme. Y por alguna razón tengo la idea de que mi cabeza es un desastre y no obstante me agrada que lo sea, me alboroto más el pelo e ignoro a la imagen que se asoma desde detrás del espejo, tengo la idea de que es un mundo de bichos el que me devuelve la mirada.

Según yo, son violetas de vainilla.

Del tiempo

22 Jun

Hace tiempo, no sé decir cuándo, razones, pretextos, de sobra hay para ello, había un árbol enorme en el patio de mi casa, un árbol que siempre pensé seguiría ahí cuando muriera, un árbol del que jamás colgué un columpio (con lo que me gustan los columpios), un árbol al que jamás trepé porque me daba miedo de tan alto que era y no obstante ver sus ramas, particularmente la enorme rama que invitaba a caminar por ella, o incluso sentarse y reclinarse y quedarse allí un rato, quizá dormir, bien amarrado. Ese árbol envolvía la casa en una penumbra agradable a causa de su grandeza. Y un día, sencillamente, dejó de estar. La vida es frugal, tan fácil se va.

Y ahora hay mucha luz, ahora  se ven las nubes y un enorme trozo de cielo que por años estuvo escondido. Y resulta que desde la cama puedo ver el amanecer. Resulta que si dejo la puerta abierta (a merced de que el asesino que vive bajo la cama invite a sus amigos a jugar a las cartas, a merced de que la jauría invada todo el suelo) a causa de la luz termino abriendo los ojos para encontrarme con nubes coloreadas de rojo y rosa. El mundo empieza y termina en los mismos colores. O eso dicen, ya llegará el momento en que lo comprobaré, no lo estoy invocando, aclaro, pocas ganas tengo (ahora, extrañamente) de irme por ese lado en estos momentos. Instantes raros y espontáneos que nos cambian.

Voy a retomar mi curso de Alquimia Avanzada para Inexpertor, quizás esta vez consiga realizar la Materialización.

El tiempo transcurre de manera extraña para mi, los días pasan, sencillamente, cada uno a su ritmo. Cada día es diferente, al igual que cada hora, que cada minuto, no es cierto que salgan todos del mismo molde, a mi que sencillamente hay un montón de entes encargado de recortar los minutos, digamos, muchos cuadritos, para cada persona y por lógica cada cuadrito ES un cuadrito pero ninguno sale igual al otro. Por eso hay días que son más largos, otros más cortos, cada día con sus bordes diferentes, con su textura diferente. Últimamente mis días han estado tan diversos que se me hace que mi ente encargado de recortarlos ya es otro, se habrá jubilado (¿se habrá aburrido, habrá muerto?), lo habrán despedido por inepto, jajaja, no pude evitarlo, recortaba círculos, rectángulos, formas amorfas, cualquier cosa menos figuras cuadrangulares. No me estoy quejando. Ente Que Corta, si estás por ahí, e intentaron convencerte, te amenazaron, para que seas más preciso y cortes solo cuadritos, resístete, no lo hagas, me gustan los que haces, son los que le dan encanto a mi existir, aunque estos últimos también, ¿o es que últimamente de plano has dejado volar tu imaginación y recortas sin ton ni son? Me gustan mis días, tan únicos ellos.

Mi dedo ya funciona de nuevo.

Creo que ha llegado el momento de hacer un nuevo recuento de daños, vamos, que para alguien como yo esas cosas se acumulan y es independiente de que no haya pasado “mucho” tiempo desde el último recuento, siempre hay nuevos fantasmas, nuevos derrumbes, más grietas, réplicas de antiguos sismos. A mi que esta vez sí llamo un arquitecto (ignoro al Angemonio que levanta la mano reclamando atención) para que le demos una zarpazo de dragón a este sitio, ya va siendo hora. Creo. Igual es algo que anoto en la lista de pendientes (el Angemonio en automático bajó la la mano y volvió a sus asuntos… me intriga no saber cuáles sean), ya veremos, apenas hace poco retomé la lista, pero siempre hago las cosas al azar, los que están anotados hasta arriba, los que están con lápiz y ya casi se borran siguen esperando.

Los enanos piden su cena. Sus caritas manchadas y escucharlos ronronear (porque ya ronronean) me hacen sonreír.

Y hablando de eso, de sonrisas, desde que te conozco no dejo de sonreír. Claro está que no sonrío todo el tiempo. He pasado por mis usuales ratos depresivos y neuróticos, pero al menos una vez en el día me descubro sonriendo, cuando mi cara me “avisa” que la expresión no es la de siempre. Uno, yo, se acostumbra fácil, basta ver un calendario para darse cuenta de que es una nada lo que he pasado contigo, no obstante parece tanto, ya estás anotado, inscrito y registrado en mi libros de vivencias, por ende ya formas parte de mi vida, ya habitas en mis recuerdos y puedes transitar a placer por la mansión en ruinas. Ya lo haces, de hecho. Me haces feliz. Da miedo. Mi masoquismo que aplica a todo, es feliz también.

De los tantos que tenía… me siguen quedando varios.

Algunas cosas

21 Jun

Quizá no todos coincidan en lo siguiente, pero escuchar a Sabina, poner el aleatorio tras haber especificado «joaquin sabina», ayuda a salir de la depresión, aunque toque escuchar «Peor para el sol», «Contigo» o «Ganas de», algo tiene la voz de Sabina. Si Sabina sigue cantando luego de haber pasado por todas las situaciones que lo inspiraron a escribir sus canciones, tontería tan grande sería seguir unos depre por nimiedades.

(Comer pan tampoco ayuda… Pero justo se me acaba de antojar «freír» un bolillo, jajaja, quizás un día te enseñe.)

Todo es culpa del calor. Todo. Y espero no estarlos invocando, pero qué milagro que no me ha dolido la cabeza pese a andar el cabello recogido en una colita desde la mañana, y eso que no desperté despeinada, o al menos esa impresión me dio el verme al espejo. Y cómo es que de el cabello llegué a dirigir mi mirada al restirador en busca de la cinta canela y terminé viendo la zapatilla que espera pacientemente reunirse con su par. Todos estamos esperando juntarnos con nuestro par. Pero nos gusta complicarnos. Se me han perdido los gatitos. Y la zapatilla de la que hablo es justo esa que usaba cuando nos conocimos. Y al cinta canela es para evitar que las fotos sigan cayendo. Y tengo que agregar nuevas fotos a la carpeta de fotos por imprimir. Y los gatos que estaban perdidos han reaparecido, la gatita, que ya se cree dueña del sillón, lo ha escalado para ir a reunirse con su hermanito negro tras el cojín, y el amarillo se ha quedado en el suelo, aquí cerca, decidido aparentemente en ir a explorar por ahí.

No me gusta esto de estar a merced del tonito del cel.

Me encuentro dividida entre mis ganas de leer, entre mis pendientes a escribir y transcribir, y entre la tentación de seguir viendo series. Tengo tantas ganas de mantenerme ocupada que ya vino, la invoqué, lo dije, un dolorcito de cabeza «que se llama soledad», je, acaba de hacer acto de presencia en lo que creo suelen llamar la coronilla, en los costados de mi cabeza, leve, como nomás pa’ decirme que no la extrañe, que aquí sigue, que no se ha ido ni se piensa ir. Mi Soledad y yo somos inseparables, pero no sé si es con ella o con Depresión que tengo más simbiosis. Se antoja tanto echarse en el suelo.

Comer, mucho, pan

20 Jun

Tengo una debilidad fuertísima por el ajonjolí, esas semillitas me vuelven loca y me da por comerlas a cucharadas si toca la ocasión de encontrarlas así solitas. En este caso, desde que desperté me encontré con una bolsa con rosquillas decoradas con ajonjolí y terminñe poniendo la bolsita aquí junto a la compu y apenas hace un rato me las terminé, igual eran rosquillas pequeñas, pero eran varias, como uno docena, quizá más, y me las comí todas… Sí, yo con mis ondas de que luego estoy gorda es bastante contradictorio, bastante yo, por eso es, que me de por comer tanto pan. Aparte compré bolillos. De hecho, iré por uno.

Esta vez no es que tenga un vacío qué llenar, es nomás que intento no perder mi intento de costumbre de escribir todos los días…

Pero se me antojan unas galletas.

Cambios súbitos

20 Jun

Madre Mía, Cristo Bendito, Cielo Santo, Dios Todopoderoso, señal inequívoca del Apocalipsis, del fin del mundo, futuro colapso mundial. El momento estápor llegar, capáz ya llegó, lo siento al otro lado de la puerta, lo veo asomándose por la cerradura, ni se peinó, como que se aventó todo el camino a la carrera, salió en chinga, en chanclas,tanta prisa trae.

Dicen que me ha cambiado la mirada, dicen. «Yo no lo sé de cierto. Lo supongo.» Ventaja de uno no poder verse si no es con ayuda de una superficia reflejante. Desventaja de no poder saber con certeza si esa expresión de estúpida contemplación del universo es «real» y no solo obra de nuestra paranoia, si es cierto que nuestra expresión es de puro embobamiento, «lástima» no poder verse uno mismo. Suerte la mía de no tener tus ojos aquí enfrente. Seguro me asustaría comprobar que es cierto que me cambió la mirada.

La loca que vive tras mis ojos, esa que se va de boca a la menor provocación, esa, muy seguramente, se compró un vestido nuevo, se calzó unos tacones de vértigo y peinó el nido que llevaba por cabellera desde hace ya tanto rato, a mi que hasta se arregló las cejas. Por ello dicen que me cambió la mirada, la loca finalmente decidió quitar los focos fundidos y puso unos nuevos, venciendo su miedo a quedarse pegada a la corriente y consumirse hasta desaparecer, sí, así de exagerado el asunto. Hay ciertas manías que todas nuestras personalidades conservan.

Hasta podría ponerle fecha a la vez anterior en que me salieron con ese cuento de que mi mirada había cambiado, hace tantos años ya, con el cabello más corto y más ondulado, extrañamente, ahora que lo pienso y lo rememoro, hay ciertas similitudes entre ésta y esa ocasión, trivialidades varias que no vienen al caso, al menos no para ser citadas en esta ocasión.

También acabo de acordarme que hace ya tiempo escribí sobre esas miradas que hacen que uno quiera repetir, esas que hacen que uno se vuelva completamente para ver si es posible regresar en el tiempo y revivir el instante, y resulta que la otra persona también pensó en lo mismo y las miradas vuelven a encontrarse. Y el instante se extiende tanto que dura un par completo de segundos. Y la realidad nos rodea y nos estruja y nos descubrimos siguiendo nuestro camino justo como estábamos antes de estamparnos en esa pared color de tus ojos. Y me pregunto para qué recuerdo eso sí, nada qué ver, como siempre, con la situación actual, no se ha reptido, no me ha vuelto a tocar un encuentro de 4to grado con una mirada errante en plena calle. Añoranza, quizás.

Ya lo pregunté pero ahora lo digo, quisiera música, viajar con el viento y colarme descaradamente dentro de ti.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar