Lamento informar que esta vez su pesimismo y el mío (parece) se han visto anulados por alguna fuerza extraña y ajena a mi entender. Leyes matemáticas-físicas universales, no sé. No puse, tal cual, los puntos sobre las íes, pero básicamente sí las dibujé para ver si las acentuábamos o no, y en resumen, y todo indica que nos quedamos en absorta contemplación del infinito. Estoy aquí de nuevo, una vez más justificando, escondiéndole un pie al gato para ver que tiene 3, buscándole por qué’s y razones ocultas, oscuras, metafísicas, mágicas, poéticas, espontáneas en cada cosa que hace y dice, en cada gesto que decora su rostro. Si es que me pinto sola desde que estaba en la secundaria.
La vida sigue, igual de traumática e inentendible, pero es genial saber que no soy la única desubicada, jajaja, la vida es bien bien bien graciosa, no dejo de sorprenderme. Pese a todo, aparentemente, muy aparente en mi caso, no importa cuán importante o relevante sea aquél algo, si estoy pendiente de mis tragedias nada importa. Ya lo dije. Masoquismo mata todo. ¿Cómo se dice «piedra, papel o tijeras» (y no digan que así, no he terminado) en chino? ¿Chin, chan pu? una onda así, creo, el asunto es ese. Masoquismo mata Ganas, Masoquismo mata Quiero, Masoquismo mata Puedo, Masoquismo mata Voy, Masoquismo mata Ahora, y así me puedo seguir por horas. Estoy armando una asombrosa colección de Abandonos sin Estrenar. Por falta de coraje, valor, «ganas», por todos los sinónimos aplicables que haya, por exceso de miedos y temores, infundados (creo, espero) la gran mayoría, pero por todos ellos gana el Masoquismo (la pendejada…) le gana a estas ganas calcinantes de salir corriendo, de gritar, de hablarle, decirle.
Estoy en algo que bien titulado queda como «la pendeja», básicamente es este extraño revoloteo de zopilotes en el estómago, este sentirme quinceañera c(uando estoy más cerca de la segunda quincena que del desmadre rosa), este transformarme por ratos y enfrentarme a mi misma, pasar por sobre mi misma y caminar hasta él y abrazarlo «pese» a su voluntad. Y luego, apendejarme, cuando es él quien sale propiciando los abrazos. Odio enamorarme, XD En verdad lo odio, el hecho de y a él. Y es que hay ciertas cosas en esta vida (en mi vida) que jamás dejarán de sorprenderme pues parece que a la par jamás dejaré de hacerlas. Concretamente hablo de mis manías espontáneas. De ese empeñarme en hacer algo sencillamente porque ya dije que lo voy a hacer (para bien o para mal, un día despertaré con la idea de tirarme del puente…)
Demasiadas ideas y planes frustrados, saboteados, danzando en mi mente.
