Luego de hace un rato, no sé bien, quizá un año, volví a ver «El lado oscuro del corazón», para quedarme pensando y repensando sobre ese tema. Encontrar con quién volar. Y es que en efecto, la manera más fácil de escapar de la muerte, o al menos de aplazar que nos alcance, es volar con alguien. ¿Sabes volar? Ya sabemos que yo lo único que hago es flotar, medio planear, pero en sí, volar, no creo, será que porque no he encontrado con quién hacerlo. No me he motivado lo suficiente para mentarle la madre a la gravedad y decirle: Ay’ te ves!! Y elevarme, elevarnos, hasta donde el amor nos lleve.
Y todo me lleva, como siempre, a lo mismo, el amor es sencillamente arriesgarse, una vez que nos damos cuenta que ya valimos, que estamos enamorados, hay que dar el siguiente paso, y el que le sigue, avanzar, ¿en serio alguien alguna vez se enamoró de una persona hasta luego de conocerla bien? ¡Claro que no! y no me citen casos de vecinos que juegan de pequeños y luego ya de adolescentes se enamoran y tal, porque no cuenta, al entrar a la pubertad uno se transforma en una persona nueva, entonces, te enamoras, siempre, sin saber gran cosa de la persona. Sí, conforme pasa el tiempo a uno le da por indagar y eso puede ser bueno o malo. Pero eso ya es otro tema. Yo estaba, como siempre, con mi eterno sonsonete de que lo que hay que hacer es arriesgarse. Hablar directamente, siento que ya voy por ese camino. Arriesgarse, saltar… estúpida fuerza de gravedad que siempre apuesta en nuestra contra.
Y ello me lleva a que quiero una cama como la de Oliverio, quisiera tener esa «facilidad» de cortar una historia y salir en busca de otra. Pero en mi caso es complicado, yo en mi eterna pendejada de enamorarme, el amor lo complica todo, deberíamos (debería yo) quedarme solo en el gusto, pero me es tan difícil, mi mente mojigata no concibe andar por la vida repartiendo afecto a diestro y siniestro. Como que siento que es andarlo «malgastando», mejor lo acumulo para ofrecerlo en un solo sitio, aunque luego me hagan el feo y me lo echen a la calle con todo y tambache.
¿Qué será de mi?

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