El disco se llama “The Ocean And Me”, canta Sophie Zelmani, huele a vainilla, deliciosamente a vainilla con un toque de lavanda y barro. Carezco de encendedor, o al menos eso creo. Iré a revisar. Aromatizante ambiental esencia “Tierra”. Luego de revisar 3 bolsas apareció el encendedor. Junto con dos corchos de un vino que tomé hace meses y una liga lila para el cabello, que siempre cargo y nunca uso. Ya lo he dicho, me encanta mi melena eternamente esponjada. Me serviría tener uno de esos aparatos que anuncian en la tv a deshoras y temprano, ese en el que acomodas todas las cosas esenciales que una mujer lleva en la bolsa y solo lo sacas de una para meterlo en otra.
La vida sería más fácil si tuviéramos un organizador. Sería útil, pero a la vez, como todo lo que está diseñado para facilitar la vida, terminaría por quitarle el encanto. Huele a esencia “Tierra” y a incienso de lavanda. Suena a colgante de viento, por el viento, y porque choca con la puerta cerrada. Ya dejé de revisar bajo la cama antes de acostarme. Canta Sophie. Veo mi reflejo fantasmagórico en el espejo. Mientras pensaba en que ya no me duelen los brazos me han empezado a doler… Suena “Spring love” y yo me perdí en una bruma recuerdos e ilusiones que me dejaron con la mente en blanco. Tengo la sensación de que a los zancudos residentes de mi cuarto no les gusta el incienso y han venido a picarme en clara señal de desaprobación.
Es la hora, es el incienso, es la música, es el dolor… Divago y deliro por igual. Voy a empezar con mis querencias como no se me ocurra algo mejor. Resulta que mi pozo de los deseos funciona a la inversa, no se acude a él en busca de solución para un deseo, sino para agarrarlos, se encarga de escupir deseos, como un volcán, pero en forma de pozo… Las paredes de mi torre están tapizadas con sueños y deseos rotos, expectantes, cumplidos, por cumplir, descabellados, inocentes, románticos, anhelantes, imposibles.
Siento que algo me hace falta, que tengo algo pendiente, estoy dejando algo por hacer. El vacío deja de imponer su presencia por ratos. Cuando mi estúpido corazón remendado salta y brinca como loco y por cualquier cosa. Déjate caer, te juro que voy a sostenerte. Soy una mujer muy ilusionable. Soy demasiado crédula e ingenua. Demasiado sentida. Bastante obsesiva, irremediablemente enamoradiza y bastante paranoica. Soy por sobre todo un ser angemónico. Un soñador empedernido. Soy un monstruo ilusorio, pero no porque no existo, sino porque me alimento de ilusiones. Un día terminaré pensando que mi manera de trasgiversar las palabras es correcta. Algún día, algún día, algún día. Botas nuevas, blusas nuevas, faltan ganas y ocasiones para estrenar. ¿Eso que escucho es un gallo? Ya estoy leyendo el 7 de Harry Potter.
Sé que estás por ahí, quiero pensar que aún puedo encontrarte, pero he caminado tanto en círculos, me equivoqué tanto de camino, no soy capaz de distinguir este de oeste y siempre preferiré el sur, mis pies caminan por los mismos senderos. ¿Te parece si mejor me quedo aquí parada esperando? Podré un letrero con luces de neón sobre mi cabeza, acomodaré las cosas de tal modo que no te quede de otra más que pasar justo frente a mi. Te juro solemnemente que no puedo darte garantías.
La música sabe a sueños violetas.

Debe estar conectado para enviar un comentario.