Gracias a ti he readquirido el gusto por varias manías, por mis eternas manías, tengo muchas, y siempre ando recogiendo otras (creándolas como dices, resulta que tengo la asombrosa capacidad de voler manías las cosas más inverosímiles), mi manía (obsesión) por comprar libros está desatada, el saberme con poco dinero ayuda bastante, pero el saber que hay tanta librería de libros viejos no ayuda, mi manía por comer galletas con leche, mi manía con las calcomanías, xD Debería sospecharlo, de que sería de las peores, si llevan en su nombre la terminación mania… Pero bueno. De hecho todo esto se me ocurrió mientras sentada en el colchón zopeaba en el café con leche una canelita… Se me está volviendo manía el pensarte. Y el dirigirme a ti en particular en este espacio virtual supuestamente dedicado a todos mis fans, que los tengo, claro (mi megaloManía, xD me impide pensar de otro modo), no debería, se vuelve elitista este asunto al dirigirme a ti, vuelvo vouyeristas a todos mis lectores, los vuelvo metiches insolentes, y me vuelvo a mi vez (más) exhibicionista.
Me estás acostumbrando a tu presencia. De alguna manera, y no estoy haciendo mucho por evitarlo. La verdad sea dicha. He recuperado mi hablar rebuscado para ejercitar mi cerebro, la búsqueda constante de sinónimos, de adjetivos. Esas cosas se pegan, ya ves. Volví a mi hábito de la música por la noche (la situación lo amerita, el ruido del agua y de los aviones y las ambulancias o patrullas se encargan de ello), de dejar la música sonar hasta ya no oirla. Se me hace difícil, qué más da que se enteren, el no dormir contigo, a tu lado. Empiezo (te golpeo si sonríes) a necesitarte. Tu estrategia funciona. Tu tácnica está rindiendo frutos. Pero mi toloache también hace estragos contigo. No puedes negarlo. Parafraseando a Sabina: "…amor se llama el juego en el que un par de extraños juegan a hacerse daño", porque así es, los dos intentamos lo mismo, que el otro nos necesite, volvermos indispensables para la persona, enloquecerle. Voy ganando, mi locura es mayor que la tuya así que no me afecta tanto. O me afecta más, pero lo noto menos.
Tengo tanto que hacer, en verdad, y no puedo concentrarme. Aquí estoy, escupiendo a teclazos estas ideas que se agolpan en mi cabeza, que se lanzan contra las paredes de mi cerebro, como pequeños arietes, hasta lograr hacer agujeros por los cuales colarse y dejar que las demás se cuelen. Me sabotean. Me destruyen de a poco, por eso las dejo hacer, que piensen mejor que ellas solas escapan para que no empiecen a usar métodos más extremos, ya sé bien que ignorarlas no ayuda. En estos ratos me siento bien, eufórica, plena… Tan llena de vitalidad, que me asusto por momentos, que las palabras se vayan agolpando en mi mente tan de prisa que mi habilidad bidedal para escribir se queda corta y tengo que poner pausa, tablones, obstáculos, para que la perorata verbal de mi cerebro no se siga de largo y llegue un punto en que pierda el hilo y me vuelva oyente de mi misma. Esquizofrénica con todas las de la ley. Me asombra (asusta) descubrier que aún puedo hacerlo, soltarme a decir cuanta babosada pasa por mi cabeza y poder plasmarla aquí donde sabe dios si alguien o tu lo leerá, porque la verdad es esa, la repito siempre (me la repito, como un mantra, para que a fuerza de repetición se vuelva verdad, credo, guía y razón a seguir, ley inquebrantable de verdad verdaderamente absoluta e irrebocable), no me importa si no lo leen. Soy egoista. Soy tantas cosas, tantas que no creo que llegue el día que las descubras todas, porque soy egoista y siempre me guardo para mi misma más de la mitad del todo. Porque lo mío, es mío. Porque tu también eres mío, aunque no lo creas y menos lo admitas. Quizás es cierto que no saliste de mi imaginación, quizás es cierto que no es cierto que no saliste de mi imaginación. Un año tuve para crear todo esto. No te olvides.
Necesito esta necesidad de necesitarte.
La cabeza me duele. Irónicamente no e spor el esfuerzo mental que implica escribir de corrido (sin pensar) todo esto, sino por el hecho de que parece que los cables estuviesen sumergidos en lodo, en barro, en fango, en una sustancia material de esas, como arena movediza, que te impiden una movilidad a placer, y que de repente se liberan y el empuje de la liberación es lo que provoca el dolor. Porque el dolor se va (se ha ido) tan fácil y fugazmente como ha llegado. Y entonces te quedas así, lúcido de repente, libre para abrir la puerta de tus ideas y dejarlas salir en desvandada, despreocupado de que salgan todas y te vacies (porque sabes, de algún modo sabes, tiene esa estúpida confianza, que no será así) y se te quede vacía la cabeza y la gravedad la jale y quedes embarrado al suelo, porque así es, el estar vacío te apesa (agreguen el nuevo término) y vas para abajo. El tener ideas te aliviana, te afloja, te eleva, te mantiene por sobre el resto de los mortales que hacen todo lo posible por tener los pies en la tierra, sobre, con… Y yo no puedo.
Quiero, quiero tantas cosas. Cuando me preguntas que quiero el botón de Enecedido de la Divagación se activa. Quiero tantas cosas. Tantas. Tengo que luchar contra mi mente, contra mi misma. ¿Te acuerdas? Contra mí misma, contra mi gemela maligna, contra mi bipolaridad, contra mis múltiples personalidades, agarrarme a golpes con todas, derribarlas de a una (o convencerme de haberlo hecho si fui yo quien quedó tirada) para volver ala realidad en la que estamos, a este universo paralelo en el que mi mente, esta mente que escribe ahora, que me tiene vuelta una utónoma que de lo único que está cociente, más allá de la tenuidad de su respiración, es de que una de sus canciones favoritas está sonando, de que tiene comezón por el codo derecho, del sabor a café en la boca y del olor a vainilla que empieza a empezar a bajar del techo. En este universo soy una que (siento y quiero creer) no pude mejorarse en otro. Empeorar claro que sí. Pero mehorar no. Soy la perfección de mi misma en este universo. ¡Narcisa! A wiwis. Desvariante de oficio, divagadora de medio tiempo. Yo, la Aliks que el mundo empieza a conocer. Porque, más allá de ti, al parecer empiezo a existir, amparada por esta máscara que tras años ha adquirido una consistencia difícil de resquebrajar. Existo. Ahora y mañana, hasta no sé cuándo (no me importa no saber) existo como Aliks. Como la yo que dijo: Ahora. Agarra esta estúpida (¿yo) oportunidad y haslo. Vuelve a escribir. Porque esa es Aliks. La que me hizo volver al ruedo. No con la fuerza de antaño. Con la vitalidad desbordada de la niñez años ha degradada, porque no está perdida. Aún salto. Brinco. Bailo. Río. Sueño. Aun soy. Esa Aliks (que soy yo, también) existe. De hecho es ahora que empiezo a darme cuenta, es ella la que ha estado haciendose presente por ratos desde hace rato. La que se pone violenta porque en su naturaleza (que yo le cree y ahora simplemente asumo como verdad incuestionable) está el ser así. Soy arrebatada. Estoy loca. Lo admito y me enorgullezco de ello. Tengo bastante roídas las cadenas que intentan mantenerme pegada al gentío de gente que pulula por allí, sin rumbo ni destino.
Soy.
Estoy.
Existo.
Madlita sea. Me he vuelto cosciente de mi existencia. Y mi planta, mi flor, mi Lilie, sigue viva.