Estaba yo leyendo hace un rato sobre que en nuestro país no ha subido el nivel de lectura, sigue, con suerte, en 2.3 libros por años, pero que no obstante ese “pequeño” detalle cada vez son más los que dicen haber encontrado su vocación en la vida: Ser escritores.
Yo me considero escritora y me creo en el derecho de decir que muchos de estos recién definidos escritores no han leído ni de lejos la mitad de lo que yo. A mi ver, pues no sé si es (debería, pienso) una contante o un requisito indispensable el ser ávido a la lectura, pero por lo menos debería serlo. De las obras de otros autores uno se inspira. Necesitas leerlos para saber “de que va este rollo”, porque, por más que lo parezca, no es simplemente escribir por escribir.
Me decepcioné muchísimo del ganador del concurso que hacen aquí, el de novela Breve Rosario Castellanos, pues el supuesto Autor dijo, así sin más, que el no había leído a los clásicos y que de momento no pensaba hacerlo, que allí seguirían´para cuando le diera la gana (no con esas palabras, pero la idea es esa, xD), y yo pienso: What a fuck???? Nos invaden los libros de thriller y las obras de CiFi Futurista Realista, las novelas de conspiraciones religiosas, las de vampiros ya se multiplican, pero, ¿es ese motivo suficiente para no leer a los clásicos antes? Esto es, yo misma no he logrado acabar La Divina Comedia ni he leído el Quijote pero sí he leído a otros tantos autores de obras inmortales. ¿Cómo yo aspirando a ser escritor no voy a leer El Conde de Montecristo si justo pretendo escribir, publicar y vender a miles mi historia? Sí, quizás lo que yo estoy escribiendo no se parece en nada a ese libro, porque en la mía son varios personajes, o es en otro tiempo. Borges no es del siglo pasado, García Márquez tampoco, y así otros tantos.
No se puede, sencillamente, aspirar a ser como los grandes escritores de miles de libros traducidos a tantos idiomas sin antes haber leído al menos uno de sus libros. La clave de su, llamémoslo éxito, está justo allí, en su forma de escribir. Por que de ello depende. Por que bien puede ser que mi obra “me parezca” súper original y resulte que simplemente estoy diciendo con otras palabras, quizás simples, cosas que ya otro autor abordó, y que los expertos, los conocedores, identificarán rápido, y no faltará el que se anime a decir que tu obra es una copia mal hecha del libro tal de tal.
Sí, está bien soñar con ser escritor, querer serlo, desearlo con todas las ganas. Pero es una profesión, no es un hobbie. No es algo para matar el rato, no es la fórmula mágica para volverse rico. No de cualquier cabeza saldrá un Harry Potter y este incluso es un personaje que dista de ser complejo y añorable como otros tantos hay antes de el. Hay que recordar que la mercadotecnia sirve mucho. Nos venden libros de tramas sencillas y ultra digeribles como las obras del siglo, del milenio, nos presentan a los autores como los descendientes, los predestinados a ocupar el lugar de otros a quienes hasta que salió ese libro se les consideraba los mejores.
Un autor, la obra que ha logrado trascender de un autor, es algo eterno. No importa que la oleada vengan con cien, mil nuevas obras derivadas y “más” emocionantes, uno siempre acaba volviendo a lo básico. Hay mucho vampiro por allí. Y todos en algún momento buscarán a Drácula y a Carmilla.
Debemos leer más. Leer mejor.
Y pensar bien para qué y por qué queremos publicar. La obras de ciencia ficción, las mías de hecho. No tienen ninguna “utilidad” práctica en el mundo, ¿entonces valen la pena? La escritura es un arte, es algo que queremos sea admirado, aunque quizás no comprendido. Dicen que la obra de Kafka, rara para muchos de nosotros, en su ciudad natal se lee como realismo histórico. Nadie se convierte en bicho allá. Mi obra verá la luz, ¿para mi placer (mi beneficio económico) o para el de otros? Bien podría yo volverme Cuentacuentos y en vez de andar soñando en publicar (y usar papel, tinta, dinero, tiempo para que quizás nadie compre mi libro porque resulta que mi título no tuvo el gancho que yo esperaba, porque resulta que mi portada no llama suficiente la atención, porque me pasé de bestia y mis precios son muy altos) podría mejor hacer lecturas, podría, como antes, dar a conocer mi obra contándola yo mismo, ¿quién mejor que yo para expresarla y explicarla “como se debe” xD
Cada quien decidirá, todos esos Nuevos Escritores saben por qué resulta que quieren ser escritores, cada uno tiene calculados los millones que espera recibir y en lo que lo va a emplear. Pero igual deben tener en mente que los Sabines y los Cortázar no surgen a cientos. Creo no desvariar mucho si digo que la mayoría de los escritores que han trascendido su muerte no imaginaba que lo haría, que aún habiendo disfrutado de las mieles de su éxito no acabaron de creérselo, y que, por sobre todo, por sobre el dinero y la fama, lo que en verdad los llenaba, lo que los satisfacía y hacia sentirse realizados era el simple hecho de que las historias que por tanto tiempo les pertenecían ahora son conocidas, que esos personajes a los que uno les toma cariño acompañan e inspiran a otros.
Necesitamos, siempre, de un medio de escape de nuestra realidad. Las películas, el teatro, la música, todo sirve para distraernos. Pero un libro es sencillamente mágico. Nadie sabrá a ciencia cierta cómo se imaginó el autor a sus personajes, porque pese a que nos los describe, no todos formamos la misma imagen al leer: Era alto, casi calvo, pero el poco cabello era hirsuto, y la nariz parecía demasiado ganchuda, demasiado ajena al rostro, demasiado dispar con la mirada añorante”… No, apuesto lo que sea a que nadie imaginó el mismo rostro que yo veo. Y allí está la magia, en que no hay nada mejor para escaparse de este mundo que un libro.
Y por ello es bueno leer, leer, leer, leer, leer… un chingo re te harto, y entonces hasta estar seguros de que lo que se nos ha ocurrido es nuevo, original, entonces ver de hacerlo físico, o contarlo, actuarlo. Pero no hay que escribir sólo por los millones que creemos llegarán en cuanto se ponga el punto final a nuestra historia. No. Quizás te toque, quizás seas tu el nuevo elegido y esa historia que ahora estás terminando y mañana enseñarás a los editores sea “la obra” que tanto esperaban leer, y ganes millones. ¿Pero sabes que sería lo mejor? Que el millón que vas ganar, no se ni la sombra de los millares de ojos que leerán y disfrutarán de tu historia.