(A causa de las casi mil millones de cartas ke recibí de mis INnumerables fans ke me pedían seguir con la publicación de estas historias, jajaja, pues aki seguimos, xD Les sugiero volver a leer todo para reubicarse)
–Incompetentes… Debería enviar perros de caza, serían más efectivos que ustedes. ¿Y aun así se atreven a decir que son “Los Mejores”? ¡Por favor!
El hombre se dejó caer en el amplio sofá a su espalda, la luz lunar que iluminaba el sucio cuarto brilló por momentos a causa de las partículas de polvo que se desprendieron del sofá.
De pie, cabizbajos, dos seres se mantenían inmóviles, uno con las manos en los bolsillos y el otro con las manos a la espalda. El de la izquierda, en apariencia un hombre, era alto, de largos cabellos negros, vestía enteramente de negro y su porte, pese a dar la apariencia de sumisión, tenía un velo de insubordinación y sed de venganza. A su lado se hallaba un ser que pasaba por una mujer, un poco más baja, apenas un par de centímetros, poseía un porte más altivo, casi digno, llevaba el cabello tan corto que apenas y se notaban algunos rizos sueltos, la amplia y larga gabardina la cubría por completo.
–Hagamos un nuevo intento, haber si esta vez nos entendemos.– El hombre se revolvió en el sofá y fijó la vista en el ser de la derecha. Su rostro en penumbra no dejaba distinguir nada fuera de su fría mirada que brillaba con una luz rojiza. –Entonces, cuéntame, querida Eishet, ¿por qué Anryk aún no está con nosotros?
–Él es más poderoso de lo que…
–¿El es qué?– preguntó el hombre haciendo el ademán de levantarse.
–Yo, no quise decir. El vendrá a nosotros, la herida que le inflingí es un recordatorio de que somos superiores a el, es sólo cuestión de… Falta muy poco para que sea nuestro… Suyo.– Eishet retrocedió un paso y se aferró instintivamente al brazo de su compañero, el apenas y se volvió a verla.
-Bien, muy bien… El vendrá. Eso me tranquiliza… ¿¡Pero por qué le liberaron si ya estaba en nuestros dominios?!– El hombre se puso de pie con tanto ímpetu que el sofá rodó a su espalda.
–Fue su culpa, Señor, pero ella no sabía…– El hombre apartó a la mujer de su lado. –Desconocía que Anryk ya había estado una vez en nu… sus dominios. Cuando liberó al prisionero 7… Los demás nos enteramos demasiado tarde.
–¿Insinúas que debo perdonar y aceptar su estupidez… una vez más?
–No, Señor, claro que no. Pero, debería, quizás, darle una última oportunidad.
–Suena sensato. Meditaré sobre ello. Ahora retírate, Eishet.
–Pero, Señor…
–¡Que te retires!
El chirriar de la puerta al cerrarse tras Eishet dibujó una sonrisa en labios del joven. Apreciaba a Eishet, más que a cualquier otro, pero la sabía fácilmente reemplazable, no estaba dispuesto a sacrificarse por ella, por mucho que ella hubiese demostrado estar dispuesta a sacrificarse por el.
–Y bien, ¿cómo van tus jueguitos de hombre mortal?
–Tal como fueron planeados, Señor. Los humanos no sospechan nada. Pobres idiotas, están cegados por su propia estupidez.
–Como buenos seres humanos que son.
–Señor, quisiera…
–¿Si?
–No, no logro comprender aún, no del todo, ¿cuál es la importancia de Anryk en sus planes? ¿Por qué debe ser justo el? Hay tantos en nuestras prisiones…
–Observación. Te hace falta desarrollar esa cualidad. ¿Qué hace diferente a Anryk de los otros?– El hombre se sentó en los peldaños que conducían al pequeño estrado donde se hallaba.
–Su fuerza, su inteligencia… He oído…
–¡Su ser! El no es como los demás, no es como nosotros… Todos partimos de un antepasado común: El Castigo. El se rige por su propia voluntad. Es un…
–Desertor…
–El título de la película.
–Ciertamente.– El joven volvió a hundir las manos en los bolsillos mientras se dirigía hacia la puerta, antes de abrirla se volvió. –¿Y yo que gano?
–¿Te gusta que lo repita, no es cierto? Tendrás la única arma verdadera que existe: Conocimiento.
–Suena muy tentador.
La mujer corrió hacia el joven al verlo salir. El amplio pasillo en penumbra se alargaba varios metros al frente. A los lados, y de cualquier parte, se escuchaban gritos y lamentos, acompasados por estruendos de todo tipo y un sinfín de risas.
–¿Me ha perdonado, me dará una oportunidad más?– preguntó acompasando su paso al del joven.
–Siempre lo hace, ya deberías saberlo.
–Pero, es que esto parece ser tan importante.
–Déjamelo. Ocúpate de la chica y yo lidiaré con ese tal Anryk.
–Pero, es que esa es…
–Entonces deja de perturbarme con tus problemas.
El joven la apartó con un brusco movimiento al tiempo que su cuerpo comenzaba envolverse en tinieblas, ella lo observó un instante para luego lanzarse sobre el. Ocultó el rostro en su pecho mientras lo abrazaba con fuerza. En el rostro del joven se dibujó una siniestra sonrisa.
–Perdóname, sé que sólo deseas ayudarme. Tienes razón. Tú eres el indicado para esa tarea, yo me ocuparé de la chica.
–Sabia decisión.
La joven permaneció un par de segundos abrazando un espacio vacío antes de reanudar su camino, se limpió las molestas lágrimas mientras levantaba el cuello de la gabardina, no iba perder más tiempo, seguro el había salido ya en busca de Anryk. Y la idea era tenerlos a todos juntos para darles una lección.
–Cuánto he aprendido de ti, Shadriel– murmuró antes de internarse en la molesta luz matutina. Aún había tiempo, y aún tendría que esperar un poco más para que el propio Anryk le explicara sus escritos.
By: A.I.V.P.®