Archivo | junio, 2007

Mujer = Loca

2 Jun
Sips, suena muy machista mi comentario, jeje, será por ke ahora justo ando en el cyber del billar donde 4 de mis primos, ke son con kienes ando dando la vuelta ahora, me han dicho loca.
 
Estoy en San Cris, y empieza a hacer un frio de la… vine por ke son los 15 de otra prima, pero luego d ela misa y la keske comida estabamos aburridos, asi ke salimos a dar una vuelta, pero empezo a llover, de modo razonable, pero las calles se llenaron de agua y yo como buena chica semi glamurosa andaba unas lindas sandalias doradas a juego con mi blusa… Mala idea, xD
 
No podia caminar a gusto y el cuarteto de malvados me daban lata, jeje, y luego para colmo los tres billares ke pasamos a ver estaban cerrados, asi eke les dije ke mientras esperaban a ke abrieran, ke ibamos a ir a una zapaterias a comprarme unos zapatos…
 
Creo ke creyeron ke estaba loca por sugerirlo, y mas cuando les dije ke si, ke hablaba en serio, jeje, asi ke tomamos rumbo a una zapateria, con intencion de comprar unos tennis sencillos he de decir… Pero vamos… nomás no se pudo, ellos armaron su relajo solos mientras ke yo me kede literalmente embobada con unas botas de gamuza azul, xD
 
No compre esas botas, pues me dijeron ke por el tacon tan delgado tampoco podria caminar, xD
 
Asi ke simplemente cuando alce la vista vi unas botas de modelito harto raro ke en el acto me gustaron, jeje, y ellos mas con su cara de esta chica esta loca…
 
Resumire el caso con decir ke gracias a los Dioses tenia mi tarjeta de debito, y habia botas de mi talla y para ke dejaran de molestar incluso me compre unas calcetas por ke me decian ke como iba yo a ponerme las botas sin calcetas, xD Asi ke si, ando estrenando botas y calcetas en este momento ^^
 
Y ya, eso es lo mas relevante de este dia, al menos hasta ahora.
 
Tengo frio, pero mis pies estan calientitos, y segun palabras de ellos, mis botas no fueron "tan mala idea", xD puesto ke por el color combinan com mi chamarra de piel, ambos cafés ^^

Esos Viejos Recuerdos…

1 Jun

Estaba yo arreglando unos libros que nunca leo pero que extrañamente me niego a delegar a alguien más, cuando, mientras revisaba una caja llena de polvo y papeles, me encontré con 2 cuadernos de la primaria, jeje, lo curioso es que ambos eran “Chismógrafos” No sé, pero en las escuelas hay un momento en que se ponen de moda, y me doy cuenta de que yo también sucumbí a ello…

Es chistoso ver, desde el tipo de letra, hasta el pensamiento que uno tenía por esos años ^^

Ahora bien, el tercer descubrimiento, que me resultó más grato por lo inesperado que fue, un cuaderno de la secundaria que al parecer decidí usar como intento de Diario…

Si alguna vez llevé un Diario, fue durante la Secundaria, tenía 3 pequeños cuadernillos que me gustaban tanto, que no quería ensuciarlos con nada, además que eran de esas monerías de hojas perfumadas y tal, xD Pero bueno, conocí a mi primer amor en la Secundaria y fue un acontecimiento de tan vital importancia que las hojitas de mis diarios se vieron afectadas por ello, xD

De mis diarios no queda más que la cubierta… Como mis primeras historias amorosas no terminaron muy bien que digamos, arranqué todas las hojas y estoy casi segura de haberlas quemado… En fin, creo que de ahí dejé esa costumbre de escribir diarios… Por que creo que de antemano sabía que las demás historias acabarían igual, xD

Incluso en este blog hay entradas que delatan lo estúpidamente romántica que puedo llegar a ser, y sí, he sentido la imperiosa necesidad de borrar dichas entradas, xD Creo que la última prueba escrita de mis amores ya fue eliminada, al igual que al principio, era un Diario al que pretendía guardar por siempre sin mancha alguna…

Pero el amor me pegó duro en mi primer semestre de la Prepa… De ese Diario queda la mitad de las hojas, xD Y bueno, más que un Diario era un de vez en cuando, y en vez de la anécdota de lo que pasó en el día tenía una sarta de confesiones sobre lo que sentía en ese entonces…

Decía pues, que creí eliminado todo vestigio de mis pasados amores cuando me topé con ese cuaderno azul, el cual, está escrito de atrás a adelante, xD Detalle que no recordaba en absoluto y al querer leerlo en el orden correcto todo el tiempo tenía la sensación de que las cosas de una a otra hoja no coincidían en lo más mínimo.

Ese prototipo de Diario cuanta algunas de las aventuras de la secundaria, cuando anduve con un chico llamado Harvey que actualmente ya se casó y hasta donde se sólo tiene un hijo, xD En fin… Era un amor muy lindo ese, el típico amor de estudiante, mi primer amor, jajaja… Terminó trágicamente un día que el susodicho llegó y me dijo, así sin más:

-Anita, ya no quiero andar contigo, porque me gusta Erika y quiero andar con ella.

Creo que se pueden imaginar lo que pasó luego, logré mantenerme fuerte y le dije que estaba bien, que si eso quería pues bueno, pero en cuanto se fue me puse a llorar desconsoladamente, xDD Y claro que le conté a Erika la causa de mi rompimiento, y la pobre me juró que ella no tenía nada que ver.

Ains… Grave error el de este sujeto, planeamos una venganza. Erika se hizo del rogar todo lo que creyó que el sujeto resistiría, lo cual fue bastante, xD Al final aceptó andar con el, y apenas pasada una semana llegó y le dijo:

-Harvey, ya no quiero andar contigo, Miguel me gusta más y mejor voy a andar con el…

Jajajajajajajajaja!! Cuando ella volvió donde las demás chicas estábamos, y de ver la cara de miseria de Harvey, estallamos en risotadas sin par, xD Me dio lástima verle tan abatido, pero mi orgullo herido se impuso y yo estaba feliz ^^

Así pues, tiempo después, cuando creyó que ya había olvidado el percance, Harvey intentó volver conmigo y de plano le dije que no. Cúlpenle a el queridos ex novios que alguna vez quisieron enmendar sus errores, pues a causa de ese primer tropiezo tomé la decisión de jamás regresar con alguien luego de haber terminado.

La vida… Mi vida amorosa… Es una eterna montaña rusa, que tan pronto me veo feliz en la cima tengo que aferrarme a algo porque sé que en poco o más comenzaré a caer de nuevo… Si tan solo hubiera una forma de ponerle alas al carrito para poder escapar de la inminente caída…

Temores ®

1 Jun

 “¿Qué es lo que temes, Anryk?”

La pregunta no dejaba de rondar su mente, obligándole volver la vista a cada paso.

Si la gente lo había tomado por un ser humano “normal” en algún momento, sin duda eso estaba cambiando, lucía desaliñado y sucio, el par de cosas que sabía que los humanos detestaban y que pese a apartarse de su camino lo escudriñaban descaradamente.

 

Llevaba perdido poco más de una semana, no recordaba por qué. Tenía la leve impresión de haber sentido la voz de Angelyc llamándolo, buscándolo, rogándole volver. No lograba recordar que había pasado el día anterior, ni el anterior a ese, ni el anterior a ese… Se había limitado ponerse de pie cuando el vagabundo que ocupaba ese rincón comenzó a atosigarlo con un rollo de periódico, golpeándole la cabeza para que se fuera. Había caminado sin rumbo. Sabía que en los bolsillos llevaba bastantes papeles importantes, que con ellos podía subir a un vehículo amarillo o comprar algo. Pero sabía que ambas cosas serían difíciles de realizar por su actual aspecto.

 

El cabello negro, brillante pese al polvo y demás basurillas que se le habían adherido, hondeaba a su espalda y le cubría parte de la cara. Sus inmaculadas ropas blancas tenían tantas manchas y rasgones que no recordaba donde los había adquirido. El hombro le dolía y cuando se digno quitarse la gabardina para ver de que se trataba descubrió un especie de punta de flecha incrustada firmemente, peligrosamente cerca del hueso. Con sólo tocarla el dolor que le invadió lo hizo trastabillar y quedar de rodillas a media acera.

 

Algunos humanos lo observaban entre preocupados y desconfiados; el ya había visto veces en que alguien fingía necesitar ayuda y luego robaba e incluso golpeaba a los que habían querido ayudarle. No los culpaba, el mejor que ellos sabía que había seres malignos rondando por todos lados. Volvió observar en derredor, se sentía observado pero no lograba captar ninguna presencia.

 

Comenzaba ponerse de pie cuando un niño, de unos cuatro años, se le quedó mirando, estaba tan cerca de el, con su carita de asombro, que sintió ganas de abrazarlo. En cuanto la madre del pequeño reparó en lo peligrosamente cerca que estaba de el, se apresuró tomar el pequeño en brazos y murmurarle algo que sonaba horrible viniendo de una mujer tan bella. El niño le sonrió antes de perderse entre la sedosa cabellera de su madre.

 

Siguió caminando y se encontró ante el enorme edificio donde Arthur trabajaba, al parecer sus pies habían decidido a donde querían ir sin consultarle. Extrañamente, en ese sitio envuelto por enormes edificios, se sintió a salvo.

 

Estaba seguro de que lo echarían a patadas, como habían hecho todos los humanos que le habían visto desde que había adquirido ese aspecto desaliñado, pero para su asombro, los guardias parecieron reconocerle y se apartaron para dejarle pasar, apenas y tuvo tiempo de reparar en la presencia de la joven recepcionista cuando ella le indicó al hombre de la caja metálica que lo llevara donde el señor Arthur.

 

La caja comenzó subir. Parecía que demasiado lento, o quizás era el quien volvía a dejar de percibir el tiempo. La luz brilló sobre la puerta y esta se abrió, dejando ver la misma oficina amplia de hermosa vista, perfectamente limpia.

 

En cuanto Arthur lo vio, se acercó a el indicando al hombre de la caja que se retirara, lo invitó sentarse en un diván y se sentó frente a el, en un banco pequeño, acolchonado y cuadrado que le pareció la cosa más curiosa que había visto hasta ese momento.

 

Se encontraba absorto en la contemplación del paisaje cuando reparo en la presencia de Arthur, había olvidado por completo donde se hallaba. Se volvió a verlo y advirtió en sus ojos la misma expresión paciente y serena, ligeramente melancólica, esperando que se dignara decir algo.

 

No se que ha pasado– dijo, asombrándose un momento por el tono de su voz, llevaba días sin decir una sola palabra.

Pero, ¿estás bien?– le preguntó Arthur escudriñando su rostro.

Supongo… eso creo… Aunque… no se quitar esto– dijo mientras se quitaba la gabardina, cerrando los ojos por el dolor que sentía al moverse.

Arthur dejó escapar una expresión de asombro para luego dirigirse al aparato de llamar personas y exigir la presencia del médico.

Si fueses humano…– le dijo mientras volvía sentarse frente a el.

¿Es malo?

No… supongo que para ti no lo es… ¿No recuerdas que pasó?

Temo que no… Recuerdo que… conocí a alguien… Y, luego iba… a ver a alguien, pero… no llegué a verles… Luego, estaba en algún sitio, ya tenía esto… Y ahora estoy aquí.

El angemonio hizo una mueca de enfado, jamás había perdido noción del tiempo ni de sus actos. Malditas galletas, sin duda era obra suya. Pero seguro a Arthur no le parecería una buena hipótesis.

 

Arthur iba preguntarle algo cuando el médico salió de la caja y se encaminó hacia ellos. Anryk tuvo la impresión de que ya lo había visto, quizás era el mismo hombre que lo había atendido la vez en que Arthur se había hecho cargo de el. Pobre Arthur, sólo acudía a el cuando tenía problemas.

 

Se limitó a dejarse hacer mientras los hombres le quitaban la camisa y lo hacían tenderse sobre el diván. Los escuchó cuchichear sobre el objeto que tenía en el hombro pero no alcanzó entender lo que decían. Arthur le sostuvo los brazos mientras el médico, ayudado por un par de pinzas, extrajo de un sólo tirón el objeto que tanto dolor le había causado.

 

Dejó un par de profundos rasguños sobre el diván antes de que Arthur le soltara. Le limpiaron la herida y la cubrieron. Quería decirles que no era necesario, que no había cicatrizado por ese objeto pero que estando libre en el transcurso de las horas desaparecería. Pero no quería espantarles más. Ambos observaban el objeto mientras lo limpiaban con un algodón. Desentendidos del sujeto a quien atendían.

 

Anryk sonrió mientras se ponía la gabardina, le maravillaba ese aspecto de los humanos, como podían dirigir toda su atención a cualquier cosa olvidando por completo lo que hacían momentos antes.

 

Fue hasta el momento en que recargó su barbilla en el hombro de Arthur para ver lo que ellos contemplaban cuando volvieron a reparar en su presencia. Estaba seguro de que por un momento ambos sintieron la necesidad de salir corriendo pero lograron controlarse. Le contaron que en efecto el objeto parecía una punta de flecha, que parecía antiguo, pero que un pequeño casquete añadido daba la impresión de que se trataba de algún tipo de joya extravagante.

 

Anryk extendió la mano por sobre el hombro de Arthur y tomó el objeto. Los pensamientos revoloteaban en su cabeza sin dejarse ver y sin ordenarse. Tenía la ligera impresión de haber visto ese objeto en algún lado. Que alguien se lo había enseñado. O quizás lo había visto…

 

Ambos hombres se apartaron de un salto al ver al angemonio erguirse en toda su estatura y triturar la pieza con sólo apretar el puño. Dejó caer el polvo fino sobre la alfombra y volvió la vista a la ventana. El cabello enmarañado se agitaba con frenesí, al igual que sus gastadas ropas, como si a su alrededor danzara un campo de fuerza a punto de estallar.

 

¿Anryk?

Volvió la vista hacia Arthur que lo observaba, temeroso, como la primera vez que lo había visto. El médico se había dejado caer sobre el diván y se limitaba observar la escena con su rostro pálido por el miedo.

Ya he recordado. Tu, crees en mi, Arthur. Sabrás también que el bien y el mal existen. Yo y los otros… algo, unos seres, nos amenazan. Esto es obra suya. Debo irme. No quiero arriesgarte. Gracias por su ayuda, a los dos.

Arthur intentó acercarse para evitar que se marchara tan pronto.

No. Debo hacerlo ya. Quizás luego vuelva a verte. Cuídate, Arthur Harkhings. Gracias por tu ayuda.

Ante el asombro de ambos hombres, que esperaban escuchar un estruendo de vidrios quebrándose y cayendo al vacío, el angemonio se limitó atravesar el vidrio de la ventana y dejarse caer. Con los brazos extendidos y la gabardina ondeando a su espalda. Cayó a media calle, de pie, cuarteando ligeramente el pavimento, y echo a correr hacia el edificio del piso 47, enfureciéndose más a cada minuto.

 

En la oficia, Arthur y el médico se habían servido un buen trago de whisky y sentados en el diván trataban de dar coherencia a todo lo que había pasado en los últimos minutos. Los guardias trataban de hacerse creer cuando decían que el tipo que había entrado había caído del cielo y había echado a correr como si nada.

 

Mientras corría, sin prestar atención a los reclamos de la gente que se veía afectada por su irrefrenable carrera, Anryk logró contestar la pregunta que lo aquejaba. Sabía a que temía: a ser tomado por sorpresa, a perder la noción del tiempo, a que en el tiempo que anduvo perdido y sin rumbo esos seres se hubiesen acercado a “sus niñas”, que era la forma en que solía referirse a Angelyc, Anais y Anveriel.

 

Aún no lograba dar coherencia a las cosas, pero había atado cabos mientras corría:

Debieron haberlo interceptado en algún punto camino al piso 47, aprovechando su aparente distracción. Acabaría con ellos, con todos, no le importaba atentar contra el equilibrio. Habían cometido el error fatal de ponerse en su camino.

 

 

By.: A.I.V.P.®

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