Noticizsiazs, xD
28 JunMudanza®
28 JunUna joven pareja avanzaba por las transitadas calles buscando un balcón en particular. Él les había dicho que a esas horas siempre solía estar en el balcón, no había pierde, Anveriel lo vería al instante. Dijo que le gustaba estar allí para ver a los humanos que caminaban por las calles o las cosas que sucedían más allá. En ocasiones simplemente se quedaba absorto observando el cielo. Y otras veces, usaba el objeto mágico; una cámara fotográfica le había explicado Enrique. El angemonio pareció contento con ese descubrimiento. Fotográfica, al parecer le gustó la palabra pues se limitó a repetirla varias veces.
Pero esa tarde no había rastros de un ser remotamente celestial asomado en un balcón. Quizás era el día en que vagaba por las calles a la caza de galletas. O quizás había acudido en busca de esa humana de la que no quiso dar detalles.
Aunque inseguro, Enrique sostuvo a Anveriel por el brazo y le señaló un balcón que se veía diminuto por la distancia. Apenas y alcanzaba perfilarse la figura de una joven de larga cabellera que recargada en el barandal daba la impresión de esperar la aparición de alguien.
Ambos sonrieron y se dirigieron al edificio. Anveriel recordaba que habían dicho piso 47. Subieron a la carrera al elevador, por miedo a que alguien los acosara con preguntas que no pudiesen contestar.
Para asombro de Enrique, el piso 47 estaba dividido en 7 apartamentos. Se imaginaba que serían el triple del tamaño del lugar donde vivía, a la vez que imaginaba la exorbitante suma que debía suponer la renta. Ni pensar en el precio de compra. Anveriel se mostró segura de que el apartamento que buscaban debía ser el del final del pasillo, el que representaba el límite del mismo.
Apenas se hallaban buscando una excusa para su presencia en ese sitio cuando la puerta se abrió y Angelyc se arrojó a los brazos de Anveriel, comenzando a llorar desconsolada. La hicieron entrar de nuevo y ella los llevó hasta el balcón. Entre sollozos les dio a comprender que Anryk llevaba más de tres días sin aparecer, que estaba preocupada por lo que pudiera haberle pasado, que incluso lo había buscado en casa de la joven humana, en vano. Temía, porque ellos ya habían visto a extraños seres una vez, el día de su arribo, que sabían lo peligrosos que eran. Que Anryk era fuerte pero no podría hacerles frente si lo atacaban en grupo.
Anveriel, incapaz de hacer algo para consolarla, se limitó a contarle las historias que ella debía conocer de memoria, sobre la grandeza de Anryk, el ser del que todos hablaban y al que la gran mayoría deseaba conocer. Que un ser del que tanto se ha dicho a los largo del tiempo no podía ser aplacado por un puñado de seres malignos… Quiso decirle que ella también los conocía, que ella había pasado toda su existencia luchando contra ellos, que habían sido ellos los que acabaron con su batallón, con sus amigos, con Angerel… Pero eso no ayudaría en nada, le daría la razón de temerles y la haría preocuparse más. Siguió contándole todas las cosas que alguna vez había escuchado sobre Anryk, y poco a poco ella comenzó interesarse, afirmándolas o negándolas, completando algunas.
Por su parte, Enrique, sabedor de que el no pintaba nada en esa escena, se limitó a recorrer el apartamento, que en verdad era enorme. Le llamó la atención la pila de monedas que había cerca de la entrada. Todo estaba muy arreglado pero daba la impresión de que eso era obra de algún mortal, una persona de limpieza sin duda. No lograba imaginarse a Angelyc o al propio Anryk sacudiendo y arreglando todo. Es más, se imaginaba a Anryk haciendo un caos despreocupadamente puesto que sabía que alguien volvería las cosas a su lugar.
No tenía idea de cuánto tiempo llevaban allí, había encendido las luces un par de horas antes, ellas seguían en la habitación, el se había sentado en el enorme sofá de la sala y había encendido el televisor, por un momento tuvo la impresión de ser el primero en hacerlo, pero luego le pareció absurdo, a Anveriel le gustaba ver el televisor; aunque una vez intentó romperlo para sacar a “las pobres personas que estaban atrapadas dentro”…
–¿Enrique, puedes ir por nuestras cosas?
Se puso en pie de un salto, estaba tan absorto en sus cavilaciones que eso, junto al ruido del televisor, le habían impedido escuchar a Anveriel acercarse.
–Claro, pero, ¿cuántos días estaremos aquí?– preguntó con sentido práctico, para saber que “cosas” debía traer.
–Los necesarios– se limitó a responder Anveriel volviendo la vista a la habitación. –Hasta que Anryk vuelva… si vuelve… Mañana te ayudaremos a traer todo lo que debas sacar de ese lugar. Pero ahora vete ya, anochece. No queremos estar solas por la noche.
Enrique se limitó a asentir y enfiló a la puerta tras apagar el televisor, advirtiendo hasta ese momento que acababa de comenzar la serie de ciencia ficción que lo tenía enganchado desde hacía más de dos meses, tendría que ver la repetición.
Mientras bajaba en el elevador no pudo evitar sentir un escalofrío, ellas dos parecían débiles y frágiles pero eran infinitamente más fuertes que el, ¿en qué iba ayudarles estando con ellas? ¿A qué se había referido Anveriel con eso de que no querían estar solas de noche? Un escalofrió le recorrió la espalda al pensar en los seres del relato de Anveriel, los seres contra los que decía luchar.
Sacudió la cabeza mientras paraba un taxi, se estaba dejando afectar por cosas inexistentes. Dio la dirección, y mientras se alejaban, se preguntó si las maletas seguían sobre el armario o se las había llevado su hermana.
By: A.I.V.P.®
Trascender
28 JunHace unos días leí esa palabra en un blog… Y desde ese día no he podido sacármela de la mente. Sí, de forma conciente o inconciente uno hace ciertas cosas con el afán de que alguien las vea, de que sean notadas, que con el pasar de los años, quizás, al menos una vez, alguien diga: "esto lo hizo El/Ella"
¿Cuál es el encanto de preservarnos en el tiempo? ¿Acaso esa frase de que los recuerdos perduran? A mi ver, el afán de la trascendencia radica en el temor a ser olvidado, totalmente olvidado como para con la gran mayoría de los humanos, de hecho, ni siquiera es olvido… Nadie nunca supo que existimos… ¿Si un árbol cae enmedio del bosque y nadie lo oye, en verdad ha caido? Justo es lo mismo con nosotros, por intentamos dejar señales de nuestro paso por el mundo.
Hay quien escribe para ello… Diré que yo no soy de ese grupo, yo escribo para mi, sólo para mi, comparto con extraños y desconocidos cerca de la décima parte de mis creciones… Cuando mis amigas preguntan: "¿Cuándo publicarás algo?" Yo respondo invariablemente: "El día que me muera, te lo pondré de cláusula en el testamento" xD Y es que sí, no espero cosechar en vida los frutos de mi trabajo literario, menos aún en muerte.
Quizás habrán quienes piensen que como a grandes personas recordadas del pasado, su familia es quien sigue ganando con el trabajo de ellos… Pues, yo familia, no pienso ponerla en mi testamento, de hecho, quien sabe si tendré algo que heredar, mis tres pocesiones más valiosas son: El DD de la Mac, mi colección de Libros y mi colección de DVD’s. No son cosas importantes para gente materialista como ellos, aunque igual son cosas, podrían venderlas y conseguir algunos pesos, xD Por ello eso, mis valiosas poseciones se las heredaré, supongo, a mis amigas.
No tendré hijos, lo tengo más claro que cualquier otra cosa… Pese a todo lo que me han dicho, pese a que mi Ma me dijo que debo tener al menos uno, como en su caso, para que a la larga no me quede sola. Pero a mi me gusta estar sola… Por eso escribo, por eso leo, por eso veo pelis extrañas, xD Una vez lo dije, le temo a la Soledad Impuesta, pero a la Soledad Adquirida a Voluntad, a esa le extiendo los brazos para que me acompañe.
La trascendencia… me ha hecho pensar en tantas cosas y en ninguna, me ha demostrado que mi mente es un caos de ideas contrapuestas e irreverentes, cada idea nueva es antagónica de la anterior, así secesivamente hasta jamás hallar el final.
Corazón de Condominio
18 JunTerror, miedo , pavor y similares
18 JunSomething
15 JunBendita música
12 JunEstoy en San Cris… y no tengo frío
9 JunAnaís®
8 JunAnaís se hallaba sentada frente a la ventana que daba a la calle, con el teléfono inalámbrico aún en las manos, acababa de decirle a su mejor amiga que se hallaba enferma y el doctor le había exigido reposo, que posiblemente se tomaría toda la semana. Que lo lamentaba mucho, pero sabía que su salud estaba primero. Ella le había creído y le aseguró que hablaría con su superior para informarle, aunque Anaís ya le había dejado un mensaje en la contestadora al no encontrarla.
Se acomodó en el sofá, sintiendo la calidez del sol que se filtraba por la ventana. Por momentos sentía que estaba perdiendo la razón. El médico se lo había advertido, luego de la tragedia, que se sentiría desorientada e incluso deprimida, que lo mejor sería que viviera con sus padres o con alguna amiga, que no estaba bien que siguiera viviendo sola. Pero a ella le gustaba estar sola.
Claro que por un momento se había sentido perdida cuando le confirmaron que jamás recuperaría la vista. Su madre le había rogado volviera a casa, pero ella, obstinada como siempre, le dijo que no era necesario, que siempre había demostrado poder valerse por sí misma y esta vez no sería la excepción, ella confiaba en que las cosas pasaban por algo, para bien o para mal. Y que la mejor forma de sobrellevarlas era verlas desde el lado positivo.
Así, con su madre en casa, todo el tiempo que duró la terapia, demostró de nuevo que ya era una mujer independiente que le hacía frente a todo. Aunque la vida pareciera no sonreírle, ella no se dejaba envolver por la pesadumbre.
Ya se había adaptado a su nueva vida, había conservado su trabajo como maestra de canto para niños pequeños. “La música se ve con el alma”, siempre lo decía, le sonaba irónico que ahora ella fuera un ejemplo tangible de ello. Conocía la ciudad como las palmas de sus manos, le encantaba caminar, siempre lo hacía. Seguir las rutas de siempre ayudada de un bastón no sería un inconveniente.
Podría decirse que vivía en una feliz rutina, hasta que una tarde, lo conoció.
Un profundo suspiro escapó de sus labios, se revolvió en el sofá y terminó cayendo sobre la alfombra, se echó a reír mientras alcanzó una almohada y se acomodó en el suelo.
Estaba tan inmersa en sus rutinas que la presencia de Anryk en su vida vino a destruir todo, de un modo positivo. Desde el principio se presentó ante ella como un joven servicial y atento. No pudo evitar tomarle cariño. Era extraño, pero siempre advertía su presencia, de algún modo. Había ocasiones en que se “veían” a diario, el siempre solía estar en la misma banca del parque, comiendo galletas y jugando con los patos. A veces pensaba que era un desobligado o y otras que se trataba de un joven y caprichoso niño rico que no sentaba cabeza. Del modo que fuera, Anryk era especial.
Los hechos más recientes la habían dejado con muchas cosas que pensar, con muchas dudas, y con muchas cosas que necesitaban ser replanteadas. Podía resumir todo en una frase que resultaba inverosímil e incluso blasfema:
“Él es un ángel, en verdad, es un ángel…”
En una ocasión, cuando su mejor amiga le sorprendió perdida en sus pensamientos y con una enorme sonrisa en los labios, sólo había atinado decirle que había conocido a un chico que era un ángel. Pero claro que su amiga no se imaginó a un ser con alas y celestial…
Estaba tan segura de que todo lo concerniente a Anryk era real, tangible, verdadero, que no osaba dudar. Sentía que sería una ofensa hacerlo. Tras checar la despensa y hacer cálculos, supo que bien podría tomarse una semana libre de obligaciones. No había tomado vacaciones desde que había perdido la vista, quizás porque temía volverse inútil.
Lo había decidido, disfrutaría esa semana de libertad, con suerte y Anryk se dignaría volver a visitarla y le contaría algo más de esa maravillosa historia. Ella por su parte no contaría nada a nadie, en parte por que nadie le creería, y en parte por quería ser egoísta y guardarse esa maravilla para ella sola.
* * *
Era la tarde del tercer día cuando alguien llamó a la puerta, nada más abrir tuvo la impresión de que se trataba de Anryk, pero al instante siguiente se dio cuenta de que no era así.
–¿Anaís?
La voz sonaba dulce. Cariñosa y dulce, con un tono reconfortante.
–Si, ¿quién eres?
–Yo, ah, necesito saber si conoces a Anryk.
–Lo conozco, ¿qué pasa? ¿Le ha pasado algo?– preguntó Anais, preocupada y desconcertada al mismo tiempo. ¿Quién era esa mujer que había ido a su casa a preguntarle por Anryk?
–Lo que pasa es que… pensé que estaba contigo.
Anaís no tardó mucho en atar cabos. Debía haberlo supuesto desde el principio, ángel o no, cualquier ser que no advirtiera a Anryk y se sintiera prendado de el debía estar mal… Ella… ese ser, debía ser, su compañera. ¿Qué había pensado ella, Anaís, al intentar aspirar a ser la compañera de un ángel, cómo había llegado a imaginar que un ángel estuviese con ella?
–¿Te encuentras bien? Debes disculparme, no quería molestarte ni hacerte sentir mal. Es que, estoy preocupada. Lo siento, en verdad.
Sin duda esos dos eran tal para cual, dispuestos a ayudar a otros por sobre lo que ellos quisieran. Anaís sonrió para luego negar con la cabeza.
–Deberás ser tu quien me disculpe, es que, no supe cómo reaccionar. Verás, yo aprecio mucho a Anryk. En verdad espero no ser yo quien te haya causado problemas. Ahora, tendrás que disculparme, tengo algunas cosas que hacer.
La joven vaciló un momento, tenía la impresión de que Anaís no le estaba diciendo la verdad. Pero debía seguir con su búsqueda. Se mordió el labio inferior pensando en que quizás estuvo mal haber acudido a buscarla. Sin más, se acercó a ella y le dio un cálido beso en la mejilla para luego de decirle un casi imperceptible gracias reanudar su camino hacia cualquier parte.
Anaís cerró la puerta, más desorientada de lo que jamás se había sentido. No podía estar enojada con ninguno, por más que lo intentara, simplemente no podía… Y sentía que eso era lo que debía hacer para poder liberarse de la enorme cantidad de sensaciones que la atormentaban en ese momento.
Se dejó resbalar por la puerta hasta quedar sentada en el suelo, abrazó sus piernas con los brazos y hundió la cara en ellos. Dejó correr unas lágrimas mientras se repetía a si misma que todas las cosas pasan por algo.
By.: A.I.V.P. ®

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