Gritos… súplicas… lamentos… llantos… Repetidos sin cesar, una y otra vez, siempre al caer la noche… Dejándose escuchar por sobre cualquier ruido, atormentando, torturando, removiendo recuerdos y sentimientos. ¿Acaso todo era siempre así? ¿Las luchas de nada servían? ¿Algo había cambiado?, ¿algo, alguna vez, cambió?…
¿Era ella digna de llamarse "Guardián"?…
Una presencia a su lado, de pie junto a ella, la hizo levantar la cabeza y buscar el rostro que se ocultaba bajo la cascada de negros cabellos que brillaban con la luz de la luna. No sabía a que hora habría llegado, quizás segundos antes, quizás horas antes… ¿Cómo ella había llegado allí? ¿Cuánto llevaba allí?
El joven se sentó a su lado, con los pies colgando al vacío. Estaban sentados al borde del edificio, a tantos metros del suelo que un ser humano, por muy valiente que se dijera, habría echado pecho en Tierra y volvería sobre sus pasos en busca de "suelo más firme". Pero no ellos, el vértigo era algo desconocido en su ser.
El cielo despejado, la luna llena iluminando la por fin tranquila ciudad… Algunas estrellas dejándose ver… Era entrada la noche y el joven se veía inquieto, observaba a intervalos cada vez más frecuentes su alrededor, como si sospechase, o esperase, la presencia de alguien a quien no tuviese ganas de ver.
–¿Qué ha pasado… Anryk?…
El joven volvió su rostro a la joven que mantenía la vista fija en sus pies descalzos. La larga túnica ondeaba entre sus pies, al igual que el cabello que danzaba a su espalda mezclándose con el del joven.
–Tras… la noticia… te busqué… Y fue difícil, pero… te encontré…
–…pero, ¿yo dónde estaba? No recuerdo nada.
–Ellos llegaron antes que yo…
La joven sintió un escalofrío. Se frotó los brazos con las manos. Un frío extraño la invadió de pronto. Anryk pasó su brazo tras su espalda y la acercó a si. Ella se abrazó a su cintura y apoyó el rostro en su pecho.
* * *
Parecía que impulsadas por el viento, cerca de una veintena de largas y enigmáticas sombras avanzaban entre los edificios. Parecía que corriendo contra reloj. Preocupadas por llegar a un sitio que a cada paso sentían más cercano.
Las rejas de gruesos barrotes se hallaban cerradas, aseguradas con firmeza por una cadena en varias vueltas y un enorme candado. Sobre el piso frente a la puerta principal, reposaba el cuerpo de una joven, vestía un traje negro, largo. El cabello largo y rizado cubría su rostro y parte de la espalda. Se hallaba allí, parecía sin vida.
Comenzaba incorporarse, lentamente, cuando un puntapié certero a su brazo derecho la hizo girar sobre sí y quedar boca arriba. Inclinando un poco la cabeza hacia atrás alcanzó vislumbrar la bella y ornamentada fachada de la Iglesia que se hallaba tras ella.
Entrecerró un poco los ojos, le dolía la cabeza… Sentía la presencia de varios seres a su alrededor, creía identificarlos, sentía le necesidad de alejarse, pero su cuerpo no le respondía.
Una ola de energía conocida la hizo incorporarse hasta quedar en una posición semi sentada, alcanzó distinguir la figura de gabardina blanca que intentaba ir a su encuentro pero que fue prontamente frenada.
Dos brazos fuertes la hicieron ponerse de pie de un tirón y por un segundo se vio a si misma a espaldas de un ser, de apariencia humana, de gran tamaño y fuerza. Al segundo siguiente todo era oscuridad… Oscuridad y la sensación de escuchar su nombre en labios de alguien conocido…
* * *
En la habitación en penumbra, el silencio era casi total. En el extremo frente a la puerta, en una cama al ras del suelo, una joven de cabellos rizados parecía estar dormida, o inconsciente. Los ambarinos ojos observaban todo con claridad, como si estuviesen preparados para ver en la oscuridad. Llevaba más de dos horas trabajando en silencio, casi inmóvil, liberándose de las cuerdas que la tenían atada de pies y manos.
La única salida estaba custodiada por dos sujetos que observaban el interior de la habitación cada cinco minutos. Sus oportunidades de escapar eran pocas, contando además que la sed de eliminar sus dudas era agobiante, no sabía quien la había llevado allí ni por qué.
Suponía que todo sería más fácil. Una vez más se había equivocado. La única certeza que tenía, era que debía reunirse con quien había pronunciado su nombre, estuviese donde estuviese. Sentía que la cabeza le explotaría en algún momento. Pero no había tiempo de pensar en eso.
Antes de que terminase de desarrollar su plan de escape, la puerta cayó a menos de un metro de donde se encontraba. Levantó la vista y la visión la hizo ponerse en pie de un salto, extendió los brazos con la intención de liberar sus alas, más el ser frente a ella fue más rápido, la sujetó por ambas manos y la elevó hasta hacerla chocar contra el techo. La apariencia le resultaba familiar… esos ojos… ese modo de mirar…
* * *
El viento, algo frío, la hizo abrir los ojos y observar a su alrededor. Él estaba a su lado… Todo en su mente eran imágenes vagas, recuerdos cortados, pensamientos difusos…
–Te acostumbrarás…
Asintió sin decir palabra… Las voces no cesaban, pero habían bajado su intensidad, al parecer esa sería la carga que le tocaría llevar a partir de ese momento…
-No estamos solos… ¿Sabes?… Aún, hay alguien… no he podido encontrarlo…
Estaba por preguntar de quien se trataba cuando Anryk la hizo saltar sin aviso, sintió una horrible sensación invadiendo todo su cuerpo, desde la espalda hasta la punta de los pies.
Se aferró a Anryk mientras intentaba recuperar el control de su ser… ¿Cuánto llevaba el?… ¿Se había acostumbrado tan pronto?… ¿No le había afectado como a ella?…
Sus vuelos ligeros, gráciles, elegantes, habían quedado en alguna parte muy lejana de sus recuerdos, a cada movimiento esa sensación la invadía, aunque cada vez con menos fuerza… Dolor… Tantas veces había escuchado esa palabra sin poder darle un sentido, ahora lo entendía, ahora podía comprender la desesperación en esas voces…
Ambos cayeron rendidos sobre la cama. Apenas y tuvo fuerzas, Anryk, de cerrar todo el lugar. Al menos ella no había visto esa herida que tenía en el hombro y que resaltaba terriblemente a través de la tela blanca de la camisa. Aún no estaba lista para aprender de golpe todo lo que podía sucederle a partir de ese momento.
Cerró los ojos a la espera de que el amanecer llegase pronto, pero sin informarle, necesitaría mucho descanso antes de volver a salir, además que esperaba no lograsen encontrar su rastro. Hizo una mueca mientras se quitaba la camisa, observó su hombro de reojo, si no tuviese la certeza de que esa herida desaparecería para cuando despertase, habría corrido en busca de vendas.
La observó. ¿Qué razones había tenido?… ¿Acaso ella… no era… feliz?…
Habría que esperar para obtener las respuestas a esas preguntas. Por lo pronto, lo único que quedaba por hacer, era descansar… Intentar olvidar…
By.: A. I. V. P.®
